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¿CÓMO AFRONTAN LOS NIÑOS LA MUERTE DE UN SER QUERIDO?…

¿CÓMO AFRONTAN LOS NIÑOS LA MUERTE DE UN SER QUERIDO?

Por Ángela Peco Psicología.

MUERTE… una palabra muy grande… demasiado grande, para seres tan pequeños…

Nos descoloca tanto, nos duele tanto a los adultos… que a veces, para evitar ese dolor, intentamos no hablar de ella con nuestros niños… Y sin embargo a ellos, les duele igual.

A veces, intentamos hasta evitar mostrar cómo nos sentimos ante un hecho así… “para que los niños no sufran”, decimos… pero realmente… es para evitarnos el sufrimiento de verlos sufrir…

Otras veces… nosotros no somos capaces de sostenernos a nosotros mismos, ya que también estamos afrontando nuestro propio duelo…

Por muy TABÚ que nos parezca este tema… el proceso de DUELO es algo normal… y necesario.

Vivimos en una sociedad tan sobreprotectora con los niños, que tendemos a apartarles de las realidades incómodas de la vida. Sin embargo, de esta forma… no les preparamos para aprender a afrontar muchas de las situaciones que tendrán que vivir a lo largo de su vida.

Cuando aceptamos la pérdida que supone la muerte de un ser querido, nos adaptamos al presente en el que la persona que ha fallecido ya no está, y nos preparamos para continuar el camino.

Un duelo normal puede durar entre uno y dos años. Aunque depende mucho de las características del fallecimiento, y de la fortaleza de la persona que afronta el duelo, entre otras cosas…

En los niños… esto se diversifica más aún, ya que, según su edad, van a afrontar la pérdida de una forma u otra, ya que depende de su momento evolutivo… pero también de la actitud de los adultos que lo acompañan.

Os dejo algunas PAUTAS para cada franja de edad…

  • Sobre los 2 años: El pequeño no conoce el significado de la muerte… sólo entiende la pérdida como separación. Sabe que le falta alguien.

Si el bebé pierde a una persona significativa para él… Aparecen sentimientos de abandono, miedo y desasosiego.

Las reacciones suelen ser de: llanto, intranquilidad, inseguridad, desapego, retroceso en el aprendizaje, rechazo hacia otras personas, irritabilidad…

  • Entre los 4 y 6 años: Para los niños de esta edad las personas tienen una duración atemporal, indefinida… No comprenden el concepto de dejar de existir.

En esta etapa los niños conciben el mundo de forma literal… por eso la explicación de la muerte ha de ser con un lenguaje muy concreto… por ejemplo: “su cuerpo estaba muy enfermito y el doctor ya no ha podido arreglarlo”. La idea de morir que puedes transmitirles a esta edad es que el cuerpo de la persona ha dejado de funcionar…

Aquí… hablar con el niño sobre la muerte es clave… no huir de estas conversaciones… explicarle al niño que la muerte está presente diariamente en la naturaleza, en los animales…

Y por favor… teniendo en cuenta que los niños de esta edad se toman todo de forma mágica y literal… evitar expresiones como “se ha ido al cielo”… o “se ha marchado…” o “está durmiendo”… puede que el niño quiera saltar desde un piso muy alto para ir al cielo él también… (caso real), o quizá le estemos alimentando la idea de que puede volver… o desarrolle una fobia a dormir…

Suelen expresar el dolor con tristeza, rabia, incertidumbre, enfado, falta de atención, miedos…

  • Entre los 6 y los 9 años: En esta etapa los niños ya distinguen perfectamente entre fantasía y realidad. Pueden comprender la muerte y las consecuencias de la misma.

Son conscientes de que algunas cosas ya no vuelven a ser igual, y que además son definitivas…

Con la muerte de un ser cercano, querido, desaparece la estabilidad en su mundo, su protección. Y ante esta pérdida, la reacción suele ser: Rechazo.

Nos encontramos en la edad de la “personificación” … por eso hay que tener precaución con el sentimiento de CULPA en esta etapa.

El haber oído frases con anterioridad tales como: “Me vas a matar a disgustos”… ó “Mi gran problema eres tú…” pueden guardarse en el interior del niño y creer en un momento dado que han podido ser el motivo del fallecimiento.

Cuando un niño de esta edad no expresa sus sentimientos, no canaliza la rabia de forma positiva, no siente cercanía y apoyo, no es validado su dolor… puede llegar a desarrollar: Agresividad, rechazo a las personas que le quieren ayudar, necesidad de permanecer con las figuras más cercanas por miedo a que mueran, odio a la persona fallecida, pesadillas nocturnas, falta de concentración.

Incluso aparecen los primeros síntomas psicosomáticos: Estrés postraumático, dolor de estómago, no quieren comer…

  • De los 9 a los 12 años: Su cerebro a esta edad, está completamente preparado para tomar conciencia de la realidad. Los sentimientos que presentan son ambivalentes: Curiosidad sobre la muerte y miedo hacia la misma…

En esta etapa es muy importante estar alertas y vigilar posibles ideas suicidas. Es una etapa donde es muy importante hablar con el niño, mucho, preguntarle, escucharle… observar sus cambios de comportamiento…

A esta edad, el silencio es uno de los mayores problemas… el silencio tapa las emociones, las ahoga, las aplaza, las enquista…

En esta etapa de la vida, tan dura para todos… SOBRE TODO…

ESCÚCHALO… Que exprese sus emociones, que te cuente como se siente, cuáles son sus recuerdos más bonitos junto a la persona que ha fallecido…

ACÉRCATE FISICAMENTE, permítele que te sienta cerca: abrázalo, tócalo, acarícialo, llora con él…

TODO ESTÁ BIEN… no hay una manera correcta o errónea de sentirse… No todos muestran la pena de la misma forma que lo hacemos los adultos… Un niño pequeño puede que no llore, pero que lo exprese con hiperactividad o portándose fatal. Un adolescente, puede que se exprese enfadado y se encuentre más a gusto con sus amigos… Todo es expresión… lo importante es que salga.

TRANSMITELE SEGURIDAD… Asegúrale que por muy triste que te vea, seguirás siendo capaz de cuidarle y quererle.

MANTENTE ALERTA sobre todo si el niño cambia con radicalidad… si de ser un niño sociable se vuelve retraído… si comienza a rendir poco en el colegio…, si se mete continuamente en problemas con otros niños… Quizá en estos casos, el niño no esté elaborando adecuadamente su proceso de duelo… y tengas que buscar ayuda.

POR OTRO LADO… ¿ES BUENO QUE EL NIÑO ASISTA AL FUNERAL…?

Depende de cada niño, de su madurez, de sus temores…

Puede ser bueno que el niño asista, pero siempre antes con una preparación previa en cualquiera de los casos.

Los niños al participar en el funeral, comenzarán a entender la muerte y lo que conlleva, el “no retorno”… y les ayudará a procesar el duelo.

Pero antes han de estar preparados para saber que van a ver a mucha gente llorando (o riendo otros… y eso le dolerá), que algunos familiares estarán muy afectados, que habrá flores… Aun así, es recomendable que siempre haya alguien, una figura de referencia que lo acompañe y lo atienda en todo momento.

ALGUNOS “MITOS” QUE DEBEMOS EVITAR…

Intenta no caer en algunos MITOS… que solemos escuchar:

  • “El sufrimiento de los niños dura poco”. Su dolor, como el tuyo… no termina nunca. El niño va a crecer y se va a desarrollar viviendo con esa pérdida. Has de darle importancia a que exprese sus sentimientos, a que hable sin miedo, a sentirse seguro…
  • “Los bebés no sufren ni saben lo que es el duelo”. No te lo creas… sienten las emociones con mayor intensidad que nosotros, los adultos. Lo que les diferencia, es que su expresión verbal está menos desarrollada y eso no les permite expresar lo que sienten,… y por lo tanto al no expresarlo los adultos no reconocemos esas emociones… Aprende a “leer” la expresión emocional de tu hijo, en sus “no-palabras”.
  • “El trauma por la muerte de un ser querido siempre ocasiona trastornos emocionales a largo plazo”. Cuando un niño siente atendida su necesidad de expresión de sentimientos, cuando se siente acogido, acompañado, validado… tiende a desarrollarse con normalidad.
  • “Lo que hay que hacer en estos casos es terminar con el dolor del niño”… El duelo es un proceso que nunca termina… reaparecerá sin duda a lo largo de la vida. La receta: cariño y comprensión para ir procesando la experiencia de la ausencia en cada una de las etapas vitales.

ALGUNAS MANIFESTACIONES DEL DUELO MAL ELABORADO EN LOS NIÑOS…

Inseguridad, rabia, sentimiento de abandono. No aceptan lo sucedido:

  • Ansiedad por todo lo inesperado: Cualquier cambio en sus vidas lo afrontan con dolor y miedo.
  • Adoptan el rol de la persona fallecida. Si es el papá el que ha fallecido, empiezan a comportarse como si tuviera que ser ahora él esa figura. Intentan que todo siga igual…
  • Se convierten en niños irrespetuosos, no llevan a cabo sus obligaciones, culpan de lo sucedido a los demás…

A MODO DE CONCLUSIÓN:

  • Comunícale al niño pronto la noticia, pero poco a poco. Antes de que otros se lo cuenten de mala manera. Cuéntale lo que pueda soportar, sin detalles macabros… de forma breve.
  • Dile la verdad… no va a volver. No utilices eufemismos con él del tipo “se ha convertido en una estrella”, “está en un mundo mejor…”
  • Ofrécele apoyo afectivo. Importante contacto físico.
  • Muestra tus emociones delante del niño. No es malo, eso sí, siempre que no pierdas el control…
  • No recomiendo que asistan al entierro… pero sí al funeral (al acto religioso, civil…) Siempre que el niño decida que quiere ir. Siempre en compañía de alguien muy cercano de la mano. O si es adolescente, acompañado de sus amigos.
  • No fuerces que exprese emociones, pero sí has de estar totalmente disponible para escucharle cuando las vaya a expresar.
  • No le des consejos… les producirá más malestar. Sólo ofrece tu apoyo.

“No diré no llores… porque no todas las lágrimas son malas”

 J.R.R Tolkien

Artículos Duelo, Artículos Etapas Vitales

A PESAR DEL OLVIDO…

Por Ángela Peco Psicología.

A pesar del olvido…

A pesar del Alzheimer…

Cuando veo a una persona que sufre la enfermedad de
Alzheimer y a sus familiares más directos… no puedo evitar pensar en todos los
momentos que “mal usamos” a lo largo de la vida…, las palabras que no decimos y
el tiempo que no aprovechamos para decir lo que sentimos a quienes más
queremos…

Veo tanta ternura en los ojos del enfermo, como
tristeza, rabia y amor… en los ojos de quien lo cuida.

abuela alzheimer

Cuando la enfermedad
de Alzheimer
aparece en el cerebro de una persona…, tanto ella, como las
personas que la rodean, desde ese momento tienen que acostumbrarse a vivir bajo
su sombra.

La enfermedad de Alzheimer es una de las
enfermedades neurodegenerativas más conocidas y frecuentes.

Actualmente, es una enfermedad irreversible, cuyas causas se desconocen a pesar de las muchas
investigaciones que se centran en lograr este descubrimiento que cambiaría la
vida de tanta gente.

Al no conocerse las causas… el diagnóstico
definitivo de esta enfermedad, se realiza post mortem, es decir, una vez que la
persona fallece, al analizar los tejidos cerebrales. Por eso, los diagnósticos
que se llevan a cabo hablan de “posible o probable enfermedad de Alzheimer”…

Esta enfermedad, como  media de edad, comienza a aparecer alrededor
de los 65 años. Aumenta su prevalencia con la edad.

También puede aparecer en personas más jóvenes.
Cuando es así, se considera una “demencia pre-senil”.

A menor edad de comienzo… peor diagnóstico, ya que
avanza mucho más rápidamente.

Al comienzo, el deterioro se centra sobre todo a
nivel de la corteza cerebral, pero a
medida que avanza el deterioro puede afectar también a niveles subcorticales
(bajo la corteza cerebral).

Se dice que esta enfermedad es de “inicio insidioso”
… eso quiere decir que a lo largo del tiempo y hasta que “da la cara”, van
pasándole cosas a la persona… se desorienta un día en su propio dormitorio, en
otra ocasión se le olvida el nombre de su hija, en otro momento puntual no es
capaz de saber el año o el mes en que se encuentra… Pero al ser olvidos
normales, ocasionales… todo es normal.

Sus síntomas…

  • Alteraciones
    COGNITIVAS:

    • Pérdida de Memoria: Afecta sobre todo a la memoria reciente, y a medida
      que avanza la enfermedad se van afectando otros recuerdos más lejanos en el
      tiempo… Afecta también a la capacidad de atención, comprensión, adquisición de
      nuevos aprendizajes…
  • Afasia-Apraxia-Agnosia: Estos nombres nos indican que el enfermo de
    Alzheimer va perdiendo poco a poco su capacidad de hablar, entre otras…:
  • Se les olvida el
    nombre de las cosas, empiezan a utilizar palabras-tipo para nombrar todo… por
    ejemplo “chisme”, “trasto”, “eso”, “cacharro”, “aparato” … o por otro lado,
    pueden explicar para que sirve algo, porque no encuentran en su mente el nombre
    del objeto… por ejemplo, “trae aquí el cacharro ese que sirve para cortar el
    papel”…
  • Se les olvida la
    realización ordenada y adecuada de acciones que conllevan secuencias… por
    ejemplo: vestirse (primero ponerse la ropa interior, después la ropa de calle,
    después abrigo…), preparar una comida (primero se calienta el agua, se pone la
    sal, se añaden las patatas…)
  • Las fases
    finales de la enfermedad conllevarán mutismo e inmovilidad…
  • Desorientación Temporal-Espacial: En un principio se da la desorientación en el tiempo…
    les cuesta recordar el año que es, o el mes, o el día… para poco a poco
    desorientarse también en el espacio… no saber si se encuentran en su pueblo de
    siempre, o en una ciudad porque están de vacaciones, buscan continuamente su
    casa, porque en la que se encuentran no la reconocen como tal…
  • Alteraciones
    CONDUCTUALES y EMOCIONALES: Éstas están muy relacionadas con los descuidos o
    conductas extrañas no habituales en la persona, olvidar el valor de las cosas,
    no reconocer incluso a personas cercanas. Estas alteraciones son muy
    significativas en las primeras etapas de la enfermedad, donde además el enfermo
    tiende a “disimular” lo que le está ocurriendo y a “negar” evidencias ante
    familiares directos con los que pueden darse continuos conflictos.

Estos síntomas resultan muy complicados de manejar
por parte de los cuidadores y familiares…

  • Alteraciones
    SOCIALES: Para evitar situaciones desagradables debido a sus problemas de
    memoria… el enfermo de Alzheimer tiende a aislarse socialmente, a no querer
    salir de casa, a no querer participar en actividades a las que solía asistir
    antes…
  • Alteraciones
    FISIOLÓGICAS: A medida que la enfermedad avanza, el enfermo va perdiendo poco a
    poco su autonomía a todos los niveles, también a nivel fisiológico, dependiendo
    con el tiempo del cuidado de una tercera persona:
  • Ritmo del sueño
  • Alimentación
  • Control de esfínteres

Las fases…

Aquí os voy a hablar de las tres fases más
características.

INICIO

Son los momentos en que la persona sólo muestra
pequeños olvidos, pequeños problemas de memoria que hacen saltar las alarmas…
problemas al no recordar lo que ha comido, lo que acaban de decirle… Aparecen
síntomas como la anomia, o la imposibilidad de recordar el nombre de algunos
objetos (síntomas explicados más arriba).

Por otro lado, observa como rinde menos en su
trabajo habitual, o en sus tareas normales diarias…

La persona se da cuenta de que “algo le está
pasando” y esta sensación es lo que va a originarle síntomas de depresión,
ánimo triste, anhedonia (incapacidad de disfrutar), ansiedad… aparecen la
apatía, la irritabilidad, el retraimiento social… la persona pierde el interés
por lo que antes le gustaba.

Aparecen alteraciones del pensamiento: delirios de
robo, de abandono, de que los intentan perjudicar o envenenar… Se inventan
historias sobre su pasado, mezclando anécdotas…

La persona se defiende del mundo. Sus familiares no
entienden lo que sucede y le “piden explicaciones” de por qué hace lo que hace…
suele ser una fase donde los conflictos familiares se acentúan.

PÉRDIDA DE LAS CAPACIDADES

Es en esta segunda fase donde aparece el síndrome afaso-apraxo-agnósico, del que
os he hablado anteriormente.

La persona además de los problemas de memoria, comienza
a mostrar problemas en su comprensión, en el lenguaje, problemas para realizar
actividades secuenciadas, reconocer objetos, personas…

Son típicas en esta fase las ilusiones y
alucinaciones: percepciones distorsionadas o falsas. Pueden ser visuales,
auditivas, olfativas…

Anímicamente aparecen explosiones de ansiedad: sentimiento
de pérdida de control, mezcladas con euforia: carcajadas exageradas o alegría desproporcionada…
Todo es cambiante en su mundo mental, se dan episodios de irritabilidad, cambios
de humor injustificados…

También comienzan los problemas para recordar
algunos hechos pasados…

El enfermo empieza a necesitar supervisión con mucha
mayor evidencia. Necesita apoyo para vestirse, comer… puede ser habitual que
incluso se pierda en su propia localidad.

FASE AVANZADA

Se trata de la última fase de la enfermedad.

El deterioro aquí es muy intenso y evidente. Su
pérdida de memoria se remonta incluso a la infancia.

La persona ya no reconoce a sus familiares, y la
pérdida de la memoria semántica también es evidente.

Puede incluso no reconocerse a sí mismo cuando se ve
delante de un espejo…

Puede llegar a darse un mutismo total,
descoordinación y alteración de la marcha.

Esta fase se caracteriza por una pérdida de
autonomía total, siendo incapaces de sobrevivir sin los cuidados de una tercera
persona.

Tratamientos

Hoy día, la enfermedad de Alzheimer sigue siendo
incurable.

Los tratamientos se basan sobre todo en la
prevención y retraso del deterioro cognitivo.

  • Tratamiento farmacológico:
    Trata de alargar el tiempo de la enfermedad, para que la persona esté más
    tiempo con menos síntomas o éstos sean menos graves. Los tratamientos actuales
    retrasan el avance de la enfermedad alrededor de medio año.
  • Tratamiento psicológico:
    Suele utilizarse la terapia ocupacional y la estimulación cognitiva como estrategias
    para frenar el avance del deterioro. Por otro lado, la psicoeducación es
    fundamental en las primeras fases de la enfermedad, cuando el paciente es aún
    consciente de lo que le está sucediendo.

Es
fundamental también trabajar con el entorno familiar, los que serán los
cuidadores directos del enfermo de Alzheimer, el segundo enfermo, el cuidador.
El asesoramiento, e información a la hora de afrontar el proceso degenerativo de
su familiar… será clave a la hora de “cuidarse adecuadamente para afrontar el
cuidado” y tomar las mejores decisiones en cada momento.

EL CUIDADOR: EL SEGUNDO ENFERMO DE ESTA HISTORIA…

Esta es una enfermedad muy complicada de afrontar
por las familias…  El cuidador principal
ha de afrontar un doble duelo en vida… el duelo por la pérdida psicológica de
su familiar, que derivará en el duelo por su pérdida física final.

El día y la noche se juntan en muchas ocasiones con
un único objetivo: vigilar continuamente a nuestro familiar enfermo, controlar
su higiene, su alimentación, su piel, sus cuidados…

Poco a poco el cuidador va dejando su vida para
dedicarse en cuerpo y alma a la vida de su familiar enfermo.

Esta situación de estrés continuado por el hecho de
tener que cuidar a otra persona, se agrava en el momento en que aparecen otra
serie de problemas habituales en la vida de 
cualquier persona…, tales como descuidos laborales (faltar al trabajo
por tener que cuidarlo…), problemas económicos (pagar a cuidadores externos…),
de pareja (tu mundo se reduce a tu familiar, descuidando a amigos, pareja…),
con hermanos, cuñados (surgen muchos conflictos familiares sobre quién se
encarga de administrar los cuidados, herencias…), etc…

En su vida afloran conflictos diarios, así como
emociones negativas y autodestructivas tales como la ira, la tristeza, la culpa
por desear incluso, en ocasiones, la muerte de tu ser querido… porque ya no
puedes más…

Además de encontrarnos en esa espiral de negatividad
emocional, físicamente aparecen problemas derivados también de toda esta
situación: trastornos psicofisiológicos
la mayoría de las ocasiones. Estos son enfermedades físicas que se causan o
empeoran por motivos emocionales o psicológicos.

¡No permitas que la corriente de negatividad te arrase
¡

Bastante difícil es la situación por la que estás
pasando, como para añadirle aún más ingredientes que la empeoren…

Lo principal es que valores que SI TÚ NO TE CUIDAS…
NO VAS A PODER CUIDAR BIEN… Así es que, por favor, si te ves sobrepasada (y
hablo en femenino porque la mayoría de las personas que cuidan son mujeres y
mayores de 50 años…) ¡PIDE AYUDA!…

Cuando cuentas con unos vínculos sociales fuertes,
con los que puedes afrontar relevos en los cuidados, conversar sobre tus emociones,
tus sentimientos… Personas que reconozcan la función que cumples… (sé que
puede no ser necesario… pero todos necesitamos un aliento…), todo esto hará que
la sensación de “carga” disminuya.

Exprésate también con él o ella, con la persona
enferma. Háblale en el único idioma que aún preserva, el último que pierde, el
que está almacenado en su Sistema Límbico… el idioma del corazón: caricias,
música, tono cariñoso de voz.

Aprende a ver el blanco dentro del negro… aprovecha
cada momento para acercarte emocionalmente a esa persona para la que eres TODO…
ayúdala a salir a ratitos de su mundo de sombras para traerla por instantes al
tuyo… lo que no puedes hacer bajo ningún concepto, es abandonar tú este, para
entrar también en la oscuridad…

 “Morimos en
las palabras que no llegamos a pronunciar, morimos en la tristeza de los que
pierden la vida esperándolas”

Gustavo Martín Garzo

Artículos Duelo

DUELO… EL DOLOR QUE MÁS DUELE

Por Ángela Peco Psicología.

La palabra DUELO, viene del latín “duelum”, y significa dolor.

flores secas

Se trata de un dolor que no se puede comparar a ningún otro que hayamos podido conocer… y todos, más tarde o más temprano experimentos este sentimiento, ya que ante la pérdida (muerte, desaparición, vínculos rotos…)  de un ser querido es imposible evitar el dolor… el quid de la cuestión está en ¿qué nos permitimos hacer con ese dolor?… Normalmente, solemos optar por tomar una de estas tres direcciones:

  • DEJAR LA HERIDA ABIERTA: Quedarme anclado en la pena, en la impotencia, en la rabia…
  • CERRAR LA HERIDA EN FALSO: Volver rápido a mi estado anterior y hacer como si no hubiera pasado nada.
  • CURAR LA HERIDA Y ACEPTAR LA CICATRIZ: Trabajar ese dolor, esa impotencia y esa rabia y seguir caminando…construirse a uno mismo de nuevo.

Pero… ¿Podemos elegir lo que hacer? ¿sabemos qué decisión tomar en esos momentos? ¿y todo lo anterior no cuenta entonces?… Normalmente y… es natural, ante este gran dolor, tan profundo, tan atávico, se une otra emoción que nos termina de desajustar, la confusión.

El duelo es un camino… y como todos los caminos hay que caminarlos, a pesar de las piedras, a pesar de los charcos, a pesar de tener que ir dolorido o descalzo, porque nunca antes has llevado esos zapatos y te quedan grandes…

Ese estado de confusión, de desamparo, de indefensión se refleja físicamente también… porque así es nuestra psique… y aparecen síntomas como insomnio, falta de energía, y otras enfermedades que ven la oportunidad de aparecer porque nuestro sistema inmunitario también se deprime.

Emocionalmente surgen emociones como: irritabilidad, inapetencia, pérdida o ganancia de peso; apatía, problemas de memoria y concentración; tristeza, ira, culpa, aislamiento social, bajo rendimiento laboral, depresión…

La confusión es como un estanque de agua al que de repente empiezan a tirar piedras… inevitablemente el agua se remueve, y todo es caótico, el barro del fondo empieza a subir y todo es turbio… ESPERA… cada cosa volverá a su sitio… poco a poco el agua volverá a ser clara de nuevo… no hay prisa. Todo está bien. Porque en ese momento la confusión es una respuesta normal.

 Todos los días vivimos rodeados de mensajes de vida: ¡Vive, gana dinero, viaja, disfruta!… En nuestra sociedad, hablar de la muerte aún es un tema muy tabú, nos da miedo, por desconocido, porque la asociamos al dolor, porque es despedida… Esta forma de ver la muerte hace que aparezca un amigo que la acompaña… es el SILENCIO. Un silencio que hace que a lo largo de la vida se hable muy poco de la muerte… y cuando esta llega a nuestras vidas, nos falta preparación para abordar el duelo con salud. Al duelo hay que darle su espacio, no reprimirlo, porque nos guste o no nos guste, ser vulnerables es parte de nuestra naturaleza humana.

¿Y es malo ser vulnerables?

¡Claro que no!, Ahí es donde reside tu verdadera fuerza.

 Imagina que te haces una herida… si tu niegas que esa herida existe… ¿qué te pasa?… la herida se infecta y se empeoran las cosas ¿verdad?… pues a nivel psicológico es lo mismo… Para avanzar, para mejorar, para sanar… lo primero que tenemos que aceptar es que estamos heridos… que hay algo que nos duele, que somos vulnerables.

Si afrontamos un duelo desde la indiferencia, vivimos la realidad con una máscara que nos ponemos para disfrazar nuestro miedo, y entonces “mal-afrontamos” este estado de confusión.

La indiferencia es una “muleta”, que utilizamos para caminar ese sendero. Hacemos como si no nos afectara lo que acaba de pasar, queremos volver a recuperar el control del rumbo de nuestra vida, y sólo queremos volver a la normalidad: queremos hacer lo mismo que hacíamos, hacer como que la pérdida no hubiese pasado… Sin embargo… Sí ha sucedido. Ha habido un cambio. Ahora ya no es como antes. No se puede disimular ante uno mismo por mucho tiempo… la muerte irrumpe en la vida y a partir de ese momento, las cosas, la vida y nosotros, cambiamos.

Nadie va a llorar por ti…, nadie va a reorganizar tus pensamientos y aliviar tu dolor… TU PAPEL es clave… TU RITMO… TU TIEMPO… porque tú eres único… Es necesario tener mucha paciencia y compasión CONTIGO mismo en este difícil período.

Y mientras… sigues viviendo.

Y mientras… todo te reclama algo: La SUPERACIÓN.

Siempre lo digo… y es que… no todos somos iguales y, además, cada pérdida es diferente… Cada uno de nosotros reaccionamos como sabemos o como podemos…

La superación de estos duros hechos, va a depender de nuestra RESILIENCIA. Esta palabra significa, la capacidad que cada uno de nosotros tenemos para afrontar la adversidad y poder crecer a pesar de todo.

Sobre todo, NO TE CREAS:

  • Que tienes que ser fuerte. No tienes que… nada.
  • Que la medicación es necesaria para aliviar el dolor y la ansiedad asociada al duelo. El duelo no es una enfermedad que debe ser curada. La medicación muchas veces actúa como una gran alfombra pesada debajo de la que metemos todo lo que no queremos limpiar…
  •  Que lo mejor es no sacar el tema. Las personas que sufren, necesitan hablar y elaborar lo que ha sucedido. Cuando relatamos lo que ha pasado, lo argumentamos… nos ayuda a elaborarlo en nuestra mente, a no fantasear…
  • Que si no lloras es que no estás triste. El llanto no es la única respuesta de la tristeza.  El dolor se puede mostrar de muchas maneras.
  • Que el tiempo lo cura todo. El duelo es una respuesta adaptativa, pero nunca “termina” realmente. Aprendemos a vivir con ello sin excluir lo demás.  Pero algunas emociones pueden resurgir en cualquier momento que recordemos nuestra pérdida. El duelo no es un proceso lineal.

Cada persona deberá encontrar su propia forma de encarar el duelo, de no cerrar en falso su herida, de no ignorarla… Ha de encontrar sin miedo, su propia y personal y única manera de encontrar alivio, para levantarse de nuevo, para ver de nuevo luz y acabar con el vacío interno que nos duele en el duelo.

“Nuestros miedos no detienen la muerte… sino la vida”

Elisabeth Klüber Ross