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Ángela Peco Psicología

Niña triste
Artículos Depresión, Artículos Etapas Vitales, Artículos Infancia

DEPRESIÓN INFANTIL

Niña triste

DEPRESIÓN INFANTIL

Por Ángela Peco Psicología.

¿La depresión infantil existe? SI.

La depresión es el problema de salud mental más común en todo el mundo. Las cifras son tan altas que han alcanzado proporciones de epidemia.

Es curioso que, en nuestro mundo de adultos, creemos que este tipo de trastornos sólo nos afecta a nosotros, los adultos… sin embargo, la tristeza, la pérdida de capacidad de disfrutar, el llorar de forma diaria y recurrente, también les pasa a nuestros niños.

Al menos 1 de cada 100 niños sufre depresión, y pasa lo mismo con 1 de cada 33 adolescentes… Eso es mucho.

Pero lo peor es que estos niños pueden no ser tratados nunca, ya que podemos restar importancia a su problema, o incluso pueden ser tratados por otras cosas… ya que podemos fijarnos en el bosque en lugar de mirar el árbol.

Uno de los diagnósticos erróneos más habituales es el de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) en lugar de depresión.

Con este artículo no quiero que patologices las emociones de tus hijos. Las emociones es normal sentirlas. Todos los niños y adolescentes pueden estar tristes, igual que nos pasa a los adultos, incluso pueden sentirse deprimidos, pero un trastorno depresivo es mucho más que esos episodios puntuales.

Es decir, que tristeza no es lo mismo que depresión, por esto creo que es fundamental que aprendas a diferenciarlo. Para esto es clave que tengas en cuenta la frecuencia, intensidad y duración de las conductas, así como también el malestar que siente tu hijo y cómo ese malestar le afecta en su día a día.

CARACTERÍSTICAS DE LA DEPRESIÓN INFANTIL

La depresión en los niños se manifiesta de forma diferente a como lo hace en los adultos… algo normal, ya que los niños en muchas ocasiones carecen del lenguaje y las palabras suficientes para expresar lo que sucede en su mundo interior.

La tristeza es una emoción que aparece frecuentemente en los niños, sin embargo, pueden presentar dificultades a la hora de expresarla, y por eso tienden a exteriorizarla de una forma diferente a como podría esperar un adulto… Esto sucede porque los peques requieren estrategias de afrontamiento que han de adquirir a medida que avance su desarrollo psíquico y neurológico.

Síntomas típicos

  1. Baja autoestima.

Estos pequeños tienden a expresar aspectos negativos de sí mismos. Se muestran muy duros con ellos mismos, muy autoexigentes y se juzgan de una forma muy severa, como si tuvieran un pequeño juez implacable dentro de ellos. Esto hace que su autoestima quede dañada.

Por ejemplo, pueden no querer jugar con otros niños de su edad “porque no les sale tan bien…” o por miedo a que les digan algo o les rechacen. Esto puede hacer que se aíslen o que lleven a cabo actividades que no son apropiadas para su edad y que son más típicas de los adultos, y evitar otras, como el juego con iguales, que son necesarias para su correcto desarrollo socio-emocional.

Suelen ser niños que se describen a sí mismos incidiendo en lo que no les gusta, y con mucha ansiedad y pesimismo sobre el futuro, con tendencia a sentirse culpables por cosas que han sucedido en su entorno o que ni siquiera han ocurrido aún. Esta sensación se alimenta de la rumiación continua de pensamientos en sus cabecitas, de este tipo: “Todo me sale mal” “Soy un desastre” “Esto o aquello es por mi culpa”…

Es decir, tienen problemas a la hora de atribuirse la responsabilidad, y a la hora de generar expectativas. Esta manera de pensar su mundo les genera un gran estrés y además les genera problemas cotidianos: conflictos familiares, rechazo escolar…

Esa pérdida de confianza en sí mismos, de no abordarse correctamente o afrontarla con el escape y la evitación, tenderá a generalizarse cada vez a más áreas en la vida cotidiana del niño.

Es decir, si ante los episodios de tristeza y ansiedad por miedo a afrontar una determinada situación, el niño evita esa situación, esto le confirmará al niño que “no puede”, de modo que internamente el mensaje que llega a su cerebro es el de confirmación de que las creencias que tiene sobre sí mismo son ciertas… entrando así en un círculo que daña cada vez más su autoestima y sensación de valia personal.

  1. Creencias disfuncionales

Los niños, desde muy pequeños pueden adquirir creencias profundas con las que interpretan su realidad.

Una de las que más problemas genera es la que dice algo como “Si no eres el primero eres un perdedor, y si eres un perdedor entonces no vales nada y no te van a querer”.

Cuando un niño cree esto en lo más profundo de su ser, vive en una frustración continua, en una continua comparación, ya que siempre habrá alguien que lo hará sentirse frustrado, triste, incompetente, inútil… porque siempre encontrará que alguien es mejor en algo, o más alto, o más guapo, o más gracioso, o ha sacado mejor nota…

Este es uno de los aspectos más importantes a la hora de trabajar con nuestros niños. Trabajar los términos medios. Graduar sus estados, sus opiniones… lidiar con los extremos. Trabajar con ellos que no existe ni la perfección absoluta ni el desastre extremo. Explicarles que entre el blanco y el negro hay muchos matices, en todo, y eso es perfecto.

  1. Quejas físicas

Los niños que padecen depresión, suelen expresar quejas físicas, de hecho, pueden ser motivo de muchas visitas al pediatra con el consiguiente problema a la hora de asistir al colegio.

Las quejas más habituales son: dolor de cabeza (frente, sienes y nunca), molestias gastrointestinales, cansancio, vómitos y náuseas…

La expresión de sus caritas suele ser de tristeza, e incluso tienden a no mirar al rostro de la persona que les habla, dejando sus miradas perdidas en un punto al infinito…

  1. Ira e irritabilidad

Son niños que al no tener habilidades para expresar su tristeza como puede hacerlo un adulto… suelen expresar su malestar con violencia y con irritabilidad.

En la depresión infantil es muy frecuente la aparición diaria de enfado y de irritabilidad. En los adultos normalmente los síntomas típicos de la depresión son la tristeza y la apatía. De ahí que no sea tan fácil identificarla en los peques.

De este modo, la agitación es un síntoma muy típico en la conducta de niños deprimidos (de ahí que se confunda con TDAH). Sin embargo, en adultos lo que cursa es el enlentecimiento motor y el aturdimiento mental.

Esto es muy importante papás y mamás… Si vuestro peque expresa una irritabilidad fuera de lo normal, preguntaros ¿qué hay debajo de esto? Que no os ciegue el malestar que os genera que vuestro hijo responda de esa forma y eso haga que vosotros respondáis de la misma manera.

  1. Problemas de sueño, apetito…

Generalmente en un niño con depresión, pueden aparecer problemas de conciliación del sueño, pérdida de peso o dejan de coger peso…

En la escuela puede haber problemas a la hora de mantener la atención y problemas de concentración.

  1. Pérdida de su capacidad de disfrutar y aislamiento social

Para los niños con depresión, dejan de disfrutar con lo que antes les hacía felices, y les producía alegría: ver una peli, jugar en el parque, salir con amigos, cantar, bailar…

Es como si hubiese dejado de interesarles todo eso que antes les generaba bienestar, como si no estuviesen interesados por vivir, como si cada vez se fuesen distanciando más de lo que les hace bien y se acercaran más al “no hacer”, a la inactividad.

Este síntoma es uno de los más reconocibles por los padres, ya que los anteriores suelen confundirse más con problemas de conducta, sin embargo, este síntoma es como que hace evidente a los padres que algo diferente le está pasando a su hijo o hija.

Cuando aparece en los niños esta tendencia a no disfrutar, también suele darse la tendencia a negarse a participar en actividades con otros niños, a perder el interés con el colegio (a todo lo que conlleve compartir tiempo con otras personas de su entorno).

¿POR QUÉ APARECE LA DEPRESIÓN EN LOS NIÑOS?

No existe un por qué claro y definido… como en casi cualquier trastorno lo que hay es un cúmulo de factores de riesgo: biológicos, genéticos, psicológicos, sociales…

Aquí te dejo algunos factores que pueden ser relevantes:

  • Estilo cognitivo de los padres: Algunos niños pueden tender a interpretar de forma catastrófica y desproporcionada lo que sucede en sus vidas debido a un aprendizaje por imitación. Es decir, el niño utiliza la forma de interpretar el mundo de uno de sus padres para afrontar las adversidades, y acaba adoptando como propio ese estilo de afrontamiento.

Los estudios sobre este fenómeno señalan que existe un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar depresión y ansiedad en los niños cuando uno de sus padres padece estos síntomas, en contraste con los que no tienen antecedentes familiares de ningún tipo.

  • Conflictos entre las figuras de cuidado: Cuando se dan continuas discusiones entre los padres, hace que en los niños aparezca la sensación de desamparo.  Es como si sus cimientos de protección se tambalearan, y se hicieran más grandes los miedos que son típicos de la edad.

Las muestras de afecto entre ambas figuras de apego reducen el riesgo de que los niños experimenten depresión y además actúan como variables de protección (independientemente de si los padres están unidos o no como pareja).

  •  Violencia familiar: Experiencias traumáticas como el maltrato o el abuso sexual son factores de riesgo muy importantes a la hora de que el niño o niña desarrollen depresión infantil.

Los niños que viven en ambientes con un estilo de crianza muy autoritario en los que se impone todo por la fuerza y en donde el conflicto se gestiona con más conflicto, tienden a vivir en una hipervigilancia e hiperactivación que les genera una sensación de indefensión (no está en sus manos controlar lo que sucede…). Esto desemboca en ansiedad y depresión e incluso con problemas de agresividad en la adolescencia y en la adultez.

  • Acontecimientos estresantes:  Cuando un niño vive dentro de situaciones estresantes como, por ejemplo; divorcio de sus padres, cambio de colegio, pérdida de un ser querido… puede ser el desencadenante de un trastorno depresivo en la infancia.
  • Rechazo social: La evidencia científica también muestra, que los niños con pocos amigos y con entornos sociales y familiares débiles socialmente tienen mayor riesgo de desarrollar depresión.

Aquí podemos incluir también a niños que han sufrido conflictos con su grupo de iguales, o que han sufrido bullying (humillaciones constantes, castigo o rechazo en el colegio) …

  • Rasgos de personalidad y otros trastornos mentales o del neurodesarrollo: En algunos casos, la presencia de un rasgo de personalidad de alta afectividad negativa puede estar relacionado con un componente genético.

TRATAMIENTO

La terapia psicológica COGNITIVO-CONDUCTUAL se ha mostrado eficaz a la hora de abordar la depresión con niños.

Se trata de un trabajo de equipo. En este trabajo, el profesional adquiere la información más fiable en relación a sus pensamientos y emociones del propio niño, mientras que los padres nos van a informar mejor de las conductas que el niño tiene y de problemas específicos en su día a día.

Con el NIÑO:

  • Escucharle y apoyarle en su expresión emocional. Utilizamos sobre todo técnicas proyectivas, dibujos, juegos, etc.
  • Ayudarle a mejorar su estado de ánimo diario: expresión de la ira, de la tristeza… de una manera adecuada.
  • Entrenar sus habilidades sociales: Resolver problemas, enseñarle a decir “no”, comunicarse de forma asertiva, fomentar la inteligencia emocional…
  • Trabajar el afrontamiento: estrategias para solucionar problemas, manejo del malestar emocional…
  • Manejo de su pensamiento: estrategias para identificar los pensamientos que le provocan malestar, enseñarle a debatirlos y transformarlos, a la vez que se introducen de forma progresiva actividades gratificantes en su día a día.
  • Mindfulness: Se trabaja con estos niños la importancia de centrar la atención en el momento presente, en la inmediatez, con el fin de reducir su nivel de abstracción y de predecir hechos futuros de forma negativa.

Con los PADRES:

El apoyo de los padres es fundamental en todo el proceso. A ellos:

  • Se les da pautas para que puedan manejar las conductas del niño.
  • Se trabaja el fomento de la escucha empática.
  • Se enseñan estrategias para controlar su propia ira y evitar la conflictividad ante las conductas del niño.
  • Trabajamos estrategias para comunicar sus sentimientos.
  • Se abordan las formas problemáticas de interacción entre todos los miembros de la familia.

También pueden serte útiles estas PAUTAS:

  • Establece y mantén rutinas: Las rutinas dan seguridad a los niños, les permiten sentirse parte de la actividad diaria de la casa y potencian su sensación de valía y autoestima.
  • Presta atención a su autoestima: estar atentos a cuando el niño dice cosas como “soy tonto”, “eso no puedo hacerlo”, “soy feo”, etc… No se trata solo de decirle que no diga eso, sino de reflexionar con él sobre si ha pasado algo en algún lugar o con alguien que le haya hecho tener ese pensamiento y trabajar formas alternativas de ver esa situación.
  • Intenta que las actividades que el niño realiza no sean motivo de estrés. En muchos casos los niños están sobreestimulados con tantas actividades que más que disfrute les genera una sobrecarga. Si es el caso de tu hijo, plantéate reducir el número de estresores en sus días.
  • Genera experiencias agradables y potenciar todas las cosas con las que disfruta y de divierte: comida favorita, salir a sitios que le gusten, jugar a cosas que le diviertan…
  • Estad atentos a que descanse y tenga un sueño reparador: Establecer un horario fijo a la hora de ir a la cama, realizar actividades relajantes y que le gusten, que no use pantallas al menos dos horas antes de ir a dormir…

REFLEXIÓN FINAL…

La depresión siempre se relaciona con indefensión… es decir, con sensación de que no puedo controlar mi vida, mi realidad…

Como adulto te pido que no colabores en generar niños indefensos. Me explico, generas niños indefensos cuando un día los premias por una cosa y al día siguiente le castigas por lo mismo y otro día esa misma conducta te da igual…

Generas un niño indefenso cuando en tu mundo y en el suyo pasan cosas, y haces como que no existe, que no se entera y no le explicas, siempre respetando su edad, lo que sucede.

También le generas indefensión cuando no le pones límites ni le enseñas a manejar su frustración, cuando no le enseñas a esperar y cuando no le dices “no”.

Es muy importante que enseñes a tu hijo a esperar, a esforzarse, a dedicar tiempo a las cosas, a equivocarse y a volver a empezar, a afrontar lo desagradable, a pesar de que sea incómodo.

Cuando acostumbras a tu hijo a tener lo que quiere, cuando lo quiere, cuando le permites que no afronte lo que le asusta o lo que le preocupa… es ahí cuando vienen los problemas (estallidos de ira, estado de ánimo inestable, falta de control de impulsos…)

Y lo más importante, sea cual sea la conducta del niño es esencial que siempre se aborde desde el AMOR INCONDICIONAL de sus padres hacia él. Es decir, el mensaje que los padres han de transmitir al pequeño es que pase lo que pase, y haga lo que haga, SIEMPRE lo van a querer y van a estar para apoyarlo. Amor sí, siempre, y además, todo lo anterior, por eso también es amor.

«Las lágrimas de un niño, son balas directas al corazón»

Anónimo.

 

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Mis propósitos de año nuevo

Por Ángela Peco Psicología.

¿Qué tal van esos nuevos propósitos para el año nuevo?

¡Otra vez esa idea en nuestra cabeza de voy a proponerme a partir del día 1 de Enero… lo que sea!

Dejar de fumar, apuntarme al gimnasio, trabajar menos, pasar más tiempo con mi hijo, adelgazar, comer sano… etc…

Normalmente siempre que se va acercando un final de ciclo nos vienen los pensamientos que nos plantean si estamos en el camino que queremos, o si tenemos que llevar a cabo algún cambio en nuestra en vida…

Normalmente nos planteamos si podemos hacer algo o no para mitigar esa especie de “incomodidad” que nos asedia cada día.

Es en ese momento, cuando aparecen los famosos “propósitos de Año Nuevo”.
Imagino que ya tienes la experiencia de que ese ímpetu desaparece dentro de unos meses… ¡toda esa fuerza se va desvaneciendo!

¿Pero por qué nos pasa esto? ¿Por qué se desvanecen nuestros propósitos?

Ya os he hablado en otros artículos de lo que a nuestro cerebro le gusta las rutinas y trabajar ahorrando toda la energía que puede, para eso usa el “modo automático”. Esto supone que cualquier novedad que queramos introducir nos generará dudas, inseguridad… y mensajes o pensamientos de “para qué…?”

A pesar de esto, hay un pequeño porcentaje de personas que logra ese cambio de hábitos. Eso significa que puede lograrse.

Entonces… ¿Qué podemos hacer para ser más constantes?

Aunque tenemos claro lo que queremos y dónde queremos llegar, siempre nos pasa “algo”, y ese “algo” puede llamarse:

– Nunca encuentro el momento para empezar.
– Siempre tengo una excusa de algo mejor que hacer.
– No tengo constancia.

Intenta responderte a esta pregunta…. ¿DE VERDAD ESOS PROPÓSITOS SON TUYOS?

Es posible que los objetivos que nos estamos marcando, respondan a modas impuestas, respondan a necesidades que realmente no se adaptan a ti ni a tu forma de vivir, es decir, que no tienen un PARA QUÉ en tu vida.

Lo que te propongo es que cuando desees alcanzar un propósito, éste responda a una reflexión tuya, propia.

Hay una frase que me encanta compartir porque me parece que dice tanto en tan poco, que es fantástica. Es ésta de Gandhi:

Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos porque se convertirán en tu destino.

Y así es… un hábito es el resultado de una conducta que está tan arraigada en nosotros… que lo repetimos por inercia.

Y normalmente los hábitos no se eliminan. ¡Los hábitos se sustituyen!

El primer paso para sustituir un hábito insano o problemático es “darnos cuenta” de que existe, y que aparece y cuándo aparece.

Lo primero siempre es “pillarnos”. El siguiente paso es no reaccionar como siempre lo hemos hecho. Se trata de poner consciencia a la inconsciencia. Y de cuando te pilles, “llevarte la contraria” a ti mismo.

Si ya tienes tus objetivos o propósitos fijados, los tienes claros, y además eres capaz de detectar y pillar esos hábitos problema, pero aún así no te ves fuerte para cambiarlo… entramos en el terreno de la motivación.


¡¡No te quieras comer toda la tarta de golpe!! Ve poquito a poco y a tu ritmo… pero siempre adelante.

Pasito a pasito.

Y prémiate por los pequeños pasos que logres ir dando en la dirección correcta. Y si algún día no lo has logrado… escucha esto: ¡¡¡NO PASA NADA!!!!, mañana es un nuevo día y lo lograrás. Estos baches nos sirven de aprendizaje.

Es importante que te focalices en lo que consigues, y que dejes de focalizarte en los fracasos. Tu sentimiento de autoeficacia y de capacidad de lograrlo es directamente proporcional a lo que creas en ti y a donde focalices tu atención.

En resumen:

– Busca, en principio, centrarte solo un objetivo. No te disperses. Elige el que más te motive.

– Busca objetivos que respondan a tus intereses personales, que no tienen por qué coincidir con los de los demás.

– Busca objetivos medibles, acotados en el tiempo y que te reten, pero no te desanimen.

Cuando vayamos dando esos pequeños pasos y nuestro cerebro vea que es posible vivir así también de forma segura… lo va a aceptar. Verá que no pasa nada y te “permitirá” seguir adelante.

– Busca la manera de llevar a cabo ese reto disfrutando… no lo veas como una obligación. ¡Ya tenemos muchas!

– Repite, repite, repite, repite… El cambio de hábitos es un entrenamiento como cualquier otro. No te canses. Dosifica. Pero sobre todo no abandones. Adquirir un hábito cuesta entre 21 y 60 días.

Recuerda que el comienzo de año, aunque es maravilloso, no es nada mágico… somos producto de nuestras decisiones, de nuestras circunstancias… y si, cada año comienzan 365 nuevas posibilidades de aprender, de equivocarnos, de seguir avanzando, de seguir viviendo, aunque sea a partir de un “borrón y cuenta nueva”.

Siempre existe esa posibilidad. Tienes la capacidad de elegir, de diseñar tu vida, tu destino… y todo empieza en el pensamiento. Así que… piensa bonito, piensa bien, piensa en ti.


“Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

Santiago Ramón y Cajal

 

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DISTORSIONES COGNITIVAS QUE PERJUDICAN NUESTRA VIDA

Por Ángela Peco Psicología.

A lo largo de un día normal vienen a nuestra mente entre 60.000 o 70.000 pensamientos, de ellos más del 70% son negativos, repetitivos y del pasado…

Los pensamientos automáticos nos llevan a interpretar la realidad de manera errónea. A esa forma equivocada de interpretar la realidad se le llama: “distorsiones cognitivas”.

Se trata de una serie de mecanismos de actuación mental que normalmente nos pasan desapercibidos, pero que utilizamos con normalidad y que incorporamos a nuestro modo diario de pensar, potenciando en nosotros actitudes que hacen que vivamos envueltos en espirales de baja autoestima, depresión, ansiedad, obsesiones…

Ya os he comentado en varias ocasiones, este esquema:

PENSAMIENTO – SENTIMIENTO – CONDUCTA

Nuestra forma de actuar está condicionada por nuestro pensamiento en primera instancia.

La realidad que es neutra, para mí es una cosa y para ti puede ser otra bien diferente, todo va a depender de la INTERPRETACIÓN que tú y yo hagamos de esa misma realidad.

Nuestro pensamiento va a determinar cómo va a ser esa interpretación.

Casi siempre decimos algo así: “Me siento mal (o bien), porque me ha pasado esto (o  aquello)”, es decir, como si una cosa nos llevara a la otra de forma inevitable… Sin embargo, no nos damos cuenta de que hay un factor determinante aquí, que no se ve, pero está: ¡el pensamiento!, sí, el mensaje interno que nos decimos a nosotros mismos después de percibir la realidad a través de los sentidos.

Y como hemos visto en el esquema de antes… los pensamientos dan paso a nuestras emociones.

Si nuestros pensamientos son negativos, catastrofistas, terribles… nuestras emociones irán en esa misma línea. Sabiendo esto… ¡podemos modificar nuestro estado de ánimo si cambiamos nuestra forma de pensar! Es únicamente entrenamiento.

Seguramente alguien pensará que todo esto es imposible, que son charlatanerías… (estamos cómodamente incómodos…), la razón es que en estas personas el pensamiento negativo está tan integrado en su mente que se ha convertido en automático (inconsciente: no necesita consciencia para aparecer).

Para que esto NO nos suceda, es importantísimo que cuidemos el diálogo que tenemos con nosotros mismos, esto es, darnos cuenta de cuáles cosas de las que pensamos son racionales o irracionales.

Lo racional es pensar sin tintes ilógicos, basarnos en lo real.

Lo irracional es pensar de forma falsa, irreal. Cuando pensamos así, no nos permitimos alcanzar nuestras metas,  tener buenas relaciones con los demás o ser personas con sana autoestima.

PERO… ¿QUÉ SON LAS DISTORSIONES COGNITIVAS?

Estas comienzan cuando incorporamos a nuestra vida de forma natural ideas irracionales. A esto la televisión, la publicidad… ayudan bastante… ya que nos lanzan mensajes que ni siquiera nos paramos a cuestionar y a los que damos entidad de realidad…

Albert Ellis, padre de la terapia cognitiva, dijo esta frase:

“Hay tres monstruos que nos impiden avanzar: tengo que hacerlo bien, me tienes que tratar bien y la vida debería ser fácil”

Las distorsiones cognitivas o errores de pensamiento son esto mismo, pensamientos distorsionados sobre la realidad que nos rodea.

Estos pensamientos suelen ser automáticos y por eso nos cuesta mucho detectarlos.

Ese es el primer paso, darnos cuenta de que están.

Después, el siguiente paso es transformar esas ideas distorsionadas por otras más realistas.

En la medida que las vayamos identificando y cambiando nos comenzaremos a sentir mejor, bajará nuestro nivel de ansiedad, depresión, ira…

TIPOS DE DISTORSIONES COGNITIVAS

Las distorsiones cognitivas más comunes son:

  • Abstracción selectiva: La abstracción selectiva consiste en centrar la atención en los aspectos negativos e inadecuados, que van de acuerdo a nuestros esquemas mentales, y se ignora o se le quita importancia al resto de información. Se filtra lo negativo, lo positivo se olvida.

Ejemplo: Todas tus amigas te felicitan por el trabajo que has realizado organizando la fiesta para la comunión de tu hijo, pero tu vecina te dice que no le ha gustado el postre. Tú te sientes mal y piensas que el banquete ha sido un desastre (sólo te has quedado con el comentario negativo, ignorando el resto de aspectos positivos).

  • Sobregeneralización: Es la tendencia a hacer “leyes universales” a partir de hechos aislados.

Ejemplo: Mi pareja me ha dejado, y entonces pienso “nadie me quiere” “no volveré a encontrar a nadie con quien compartir mi vida”.

  • Personalización: Tendencia a atribuirse a uno/a mismo/a sucesos o acontecimientos externos sin datos objetivos suficientes para realizar dicha atribución; es decir, una persona se siente 100% responsable de algo que ha sucedido, aunque no haya tenido nada que ver con ese hecho. Por ejemplo, una mujer tras ver las notas negativas de su hijo piensa: “Soy mala madre”. En este ejemplo, la mujer ha personalizado un hecho que nada ha tenido que ver con ella…
  • Maximización y minimización: Consiste en magnificar los errores propios y los éxitos de los demás, y minimizar los propios éxitos y los errores de los otros.

Ejemplo: “Tengo dos carreras y una profesión que muchos envidiarían, pero le resto importancia, cualquiera lo hubiese hecho mejor.”

  • Pensamiento polarizado: Se valora la realidad yéndonos a los extremos, sin tener en cuenta los tonos intermedios. Vemos las cosas o negras o blancas, verdad o mentira, bueno o malo…

Ejemplo: “Si no consigo que me den un 10, el esfuerzo no habrá merecido la pena”.

Esta distorsión aparece cuando usamos palabras como: “siempre”, “nunca”, “todo” o “nada”.

  • Razonamiento emocional: Se da cuando la persona da por sentado que sus emociones expresan siempre la realidad.

Ejemplo: “Si me siento triste, es porque soy triste”. Si me siento así, es porque es verdad.

  • Afirmaciones de “debería”, “tengo que”: Creencias rígidas e inflexibles sobre cómo debería ser uno mismo o los demás. Estas exigencias potencian la autocrítica, la rabia, la ira y la agresividad. En definitiva se trata de no aceptar la vida, las cosas, a las personas tal como son.

Ejemplos: “No debo cometer errores en esto”, “Mi hijo debería considerarme más”, “Tengo que gustar a todo el mundo”.

  • Inferencia arbitraria: dar por hecho determinadas cosas que supongo, aunque no exista evidencia por ello. Podemos hacerlo de dos formas:
    • Adivinación del pensamiento. Creer saber lo que piensan los demás y por qué se comportan de la forma que lo hacen. “Lo que quiere es ponerme nervioso”, “Se está riendo de mí”…
    • Adivinación del futuro: Esperar que las cosas vayan mal. “Voy a suspender”.
  • Etiquetación: Se trata de utilizar etiquetas peyorativas para describirse a uno mismo, en lugar de describir los hechos o cualidades con exactitud.

Ejemplo: “Soy un inútil” en lugar de “He cometido un error pero a veces no lo cometo”.

A TRABAJAR…

Para superar estos peligrosos hábitos mentales, es necesario seguir CUATRO PASOS:

  1. Acostúmbrate a reconocer y anotar los pensamientos autocríticos o automáticos negativos (PAN) cuando pasen por tu mente. Esto necesita práctica, por eso, cuando te sientas mal (triste, irritado/a, enfadado/a…), toma conciencia de lo que estabas pensando.
  2. Identifica cual ha sido la distorsión cognitiva que se ha producido. Mira la lista.
  3. Razona por qué esos pensamientos no son reales.
  4. Practica respuestas alternativas para esos pensamientos con el fin de desarrollar un sistema de autoevaluación más realista.

Con este artículo sólo quiero lanzarte el mensaje de que las personas creemos que procesamos el mundo tal como es, pero no es así, ya que nuestros sentidos y nuestra mente lo distorsionan.

Se que puede no ser fácil aceptar este hecho. Normalmente todos estos esquemas se van formando desde la infancia… por eso estamos convencidos de nuestra postura, pero si eres capaz de ponerlo en duda, descubrirás como esta forma errónea de interpretar el mundo nos hacen más vulnerables a la tristeza, la depresión, la baja autoestima…

“La gente se perturba no por los acontecimientos sino por su opinión (pensamientos) sobre los acontecimientos”

Epicteto Siglo I A.C.

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5 heridas infancia
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5 heridas infancia

Por Ángela Peco Psicología.

Como todos podemos saber, la infancia es una etapa vital que nos condiciona para el resto de nuestra vida.

Sea como sea la infancia: feliz, alegre, dolorosa, sin recursos… hay infancias de muchos tipos, pero todos y todas de una forma u otra, hemos vivido en alguna ocasión alguna situación que nos ha dejado huella, que nos ha marcado más en algo o por algo. No tiene nada que ver con lo de fuera, sino con la interpretación que de niños hicimos de eso que nos marcó. Y eso, justo eso, es lo que determinó tu herida.

Las heridas emocionales de la infancia van a modular en la gran mayoría de personas cómo será nuestra calidad de vida cuando llegamos a ser adultos.

Son por decir así… como “lesiones psíquicas”, como heridas mal curadas que no nos permiten llevar a cabo una existencia plena (esa sensación de insatisfacción) e incluso afrontar los pequeños problemas del día a día con mayor soltura, sin dudas, sin atascos…

Estas heridas salen a la luz de nuestra vida de formas muy dispares: ansiedad, pensamientos obsesivos, problemas de sueño, vivir a la defensiva, sentirnos vulnerables o con tendencia a algunos trastornos…

Estas heridas aparecen cuando somos niños, es decir, cuando aún no contamos con las estrategias personales que nos van a permitir manejarnos y entender algunas situaciones de la vida.

Estas son las cinco heridas emocionales, que en su día definió Lisa Bourbeau, que más peso tienen en nuestra infancia, y que va a dejar su poso determinando nuestra futura personalidad adulta.

  • MIEDO AL ABANDONO
  • MIEDO AL RECHAZO
  • HUMILLACIÓN
  • TRAICIÓN (MIEDO A CONFIAR)
  • LA INJUSTICIA

Miedo al Abandono:

Cuando una persona vivió en su infancia el abandono… la soledad se convierte en su mayor enemigo cuando es adulto. Se experimenta el miedo a vivir con esa carencia: Ansiedad elevada a ser abandonado por nuestra pareja… Y es precisamente ese miedo al abandono lo que acaba generando en muchos casos que la pareja termine rompiéndose (la paradoja de lo psicológico…), de hecho, la persona que sufre esta herida, en muchos casos, puede tomar la iniciativa de abandonar a otros como mecanismo de defensa.

El trabajo de estas personas ha de centrarse en trabajar y experimentar su miedo a la soledad, su temor al rechazo y la inseguridad, así como sus barreras al contacto físico…

Esta herida, como las otras cuatro… no es fácil de curar, pero puede cicatrizar cuando desaparezca el miedo a la soledad, abraza a tu niño/a interno/a.

Miedo al Rechazo:

Otra de las heridas profundas que aparece en la infancia… y que implica un rechazo profundo a cómo somos, a nuestras emociones, a nuestros pensamientos.

El niño aquí lo que ha experimentado (ha interpretado de la realidad) es que ha sido rechazado por sus padres, familia, amigos… Esa experiencia deja en su psiquismo la huella de no ser deseado, no querido, no amado… y una profunda descalificación hacia uno mismo.

Estas personas no se sienten merecedoras de cariño, de afecto, de comprensión… se aíslan en su mundo interior. Suelen mostrarse como personas huidizas, con numerosos miedos sociales, pánico, intolerancia a las críticas, necesidad de reconocimiento…

El trabajo en este caso se centraría en buscar su presencia, en tomar decisiones, en arriesgar por el contacto social sin miedo al rechazo o a pesar de este.

Humillación

Cuando sentimos que los demás nos han criticado, o nos están insultando: “eres tonto”, “que torpe eres”, “eres malo”, “pesado”… o simplemente contaron a los demás nuestros problemas sin cuidado, ridiculizándonos… Nuestra autoestima quedó dañada en la infancia

Esta herida crea adultos dependientes, y además como contrapeso, los adultos que han tenido esta herida pueden ser “egoístas” como mecanismo de defensa, incluso pueden ser ellos también quienes humillen a otros (mecanismo de defensa). Son personas dispuestas a hacer lo que sea por sentirse válidos, para que los demás les reconozcan.

Trabajar la libertad, la empatía y el perdón… es clave para sanar esa herida.

Miedo a confiar. Traición.

Sentir que una de las personas más importantes para nosotros en nuestra vida de niño nos ha traicionado, genera en nosotros este miedo. Promesas incumplidas, mentiras, no estar justo cuando más les necesitas…

Vacío, desesperanza… dan lugar a rabia, desconfianza, frustración, envidia (no sentirnos merecedores de lo que los demás tienen), baja autoestima…

Esta herida da lugar a adultos controladores, perfeccionistas… de carácter fuerte…

El trabajo aquí tiene que ver con potenciar la paciencia, la tolerancia, aprender a estar solo, aprender a delegar…

 

La injusticia

Cuando nuestros padres se han comportado con frialdad… con demasiada exigencia… el sentimiento que se genera en nosotros de niños es la ineficacia, la inutilidad… y eso permanece en la edad adulta.

Estos adultos que han vivido de niños la injusticia, tienden a desarrollar personalidades rígidas, baja autoestima, perfeccionismo, inseguridad a la hora de tomar decisiones, incapacidad para negociar…

Trabajar la autoestima, la flexibilidad… permitirse el cometer errores, son pequeños pasos a dar para salir de ese círculo de desconfianza en que viven.

“Sanar tu infancia es realmente acomodar las historias e historietas del pasado, en lugares donde ya no puedan lastimarte”.

Mario Guerra.

 

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CUTTING: CORTARSE EL CUERPO… CUANDO DUELE EL ALMA…

cutting

Por Ángela Peco Psicología.

Las redes sociales son una estupenda herramienta para difundir ideas y pensamientos de una forma rápida y que puede llegar a un gran número de personas en pocos segundos.

Como todo, esto también tiene las dos caras que todo tiene en la vida, lo bueno, y lo malo…

Podemos encontrar post maravillosos, que intentan ayudar, poner palabras a lo que sentimos, dar nuevas ideas constructivas… pero también podemos encontrar la otra parte más oscura, donde personas convencidas (o no) de su condición, dan ideas sobre cómo abordar un suicidio de manera eficaz, o como potenciar la anorexia con mejores trucos, y ahora también… ideas sobre cómo autolesionarte con cortes y sus beneficios… ¿Quién puede hacer algo así…? Personas con la mente atormentada, que busca sentido y compañía a su desesperación.

Las estadísticas hablan que sobre el 4% de los adultos lo llevan a cabo, independientemente del género.

Las personas más vulnerables… los ADOLESCENTES, entre los 12 y los 18 años. Niños que dejan de ser niños para convertirse en adultos que aún no lo son, en un mundo con demasiadas tentativas para las que no están preparados aún (ni ellos, ni la mayoría de padres, para los que este mundo también es nuevo y demasiado rápido…).

En un estudio llevado a cabo entre el 2005 y el 2011 en el departamento de Psicología de la Universidad de Wisconsin, se demostró que 1 de cada 5 adolescentes se autolesionaba. Esas cifras han aumentado exageradamente en los últimos años.

EL «CUTTING»

En este artículo, quiero centrarme en hablar sobre el “CUTTING”, que no es otra cosa, más que el uso de objetos cortantes o punzantes con los que una persona se realiza autolesiones (aguja del compás, cuchilla del sacapuntas, cuchilla de afeitar de papá…).

Los cortes suelen realizarse en el antebrazo, las muñecas, en la parte interna de los muslos e incluso en las caderas.

Es muy habitual por este motivo, que la persona tienda a utilizar mangas largas o pantalón largo a pesar del calor, muchas pulseras en la muñeca, pintarse los brazos para disimular las heridas…

Este tipo de autolesiones suele llevarse a cabo por personas tímidas, sensibles y con tendencia a la depresión…

Todos tenemos necesidad de expresar el dolor y la desesperación, pero estas personas tienen dificultad para hacerlo, por eso para ellos es más fácil realizarlo de una forma silenciosa.

Podría afirmar que el cutting es, para quien lo realiza, como una forma de liberación… de abordaje del dolor emocional que se genera por exceso de estrés, de culpa, de miedo…

Es más fácil soportar el dolor del brazo, que el dolor de soportar la humillación de los de mi clase…”

Aunque puede ser inexplicable para el resto… para estos chicos y chicas, el realizarse los cortes es una estrategia que han encontrado, que les resulta fácil, y rápida para sacar fuera lo que sienten, para soportar el dolor emocional, y para castigarse por no ser “perfectos” (kilos de más, una nariz que no me gusta, no he sacado la nota que quería, me insultan por ser diferente…)

Algunos “antecedentes” que suelen estar relacionados con esta peligrosa práctica son:

  • Haber sufrido una pérdida y no saber manejar el duelo.
  • Vivir en una situación de constante estrés.
  • Desprecio hacia el propio cuerpo.
  • Problemas de baja autoestima.
  • Sufrir acoso escolar o bullying.
  • Alta exigencia en el colegio, instituto, universidad…
  • Haber sufrido maltratos en la infancia.
  • Sufrir homofobia.

Para quien practica el cutting:

  • El dolor físico alivia el sufrimiento emocional. Es algo así como el vómito para quien padece bulimia. Aplaca la sensación de tristeza, te saca rápidamente de esa sensación de no sentir…
  • El dolor físico es una forma de autocastigarse: Como soy un desastre, genero disgustos a mi familia, no saco los estudios… merezco esto y más…
  • El dolor físico es una “forma de sentir algo”. Muchas personas viven vidas carentes de emociones y estímulos, tienen sensación de vivir una vida hueca, vacía, y el dolor físico es una vía para sentir “algo”.
  • Una forma de llamar la atención (sobre todo en chavales/as más jóvenes, de 12-13 años), como forma de pedir ayuda, de expresar alguna dificultad.

Lo que sí está claro es que si hay autolesión… hay sufrimiento.

¿ES EL CUTTING LA ANTESALA DEL SUICIDIO?

Es un factor de riesgo, desde luego, como puede serlo la depresión, pero en contra de lo que pueda llegar a pensarse, las personas que se cortan, por lo general no tienen en mente suicidarse, sólo quieren liberar sus tensiones y la frustración que les genera alguna circunstancia que están viviendo.

A pesar de esto, pueden ocurrir casos de suicidio involuntario, ya que los cortes normalmente se llevan a cabo en la zona de las muñecas y no es fácil ser tan cuidadoso con la profundidad de los mismos.

¿SÓLO NOS AUTOAGREDIMOS CORTÁNDONOS? AUTOLESIONES EMOCIONALES.

Si hablamos de autoagresión, nos viene a la mente “el agredirnos haciéndonos daño físico”: morderme la mano o romperme los dedos ante la ira o la frustración, cortarme para sacar el dolor de la humillación o la culpa…

Sin embargo, observa como a lo largo de la vida, las autolesiones también se pueden presentar de una forma menos llamativa, quizá… nos autoagredimos cuando nos descuidamos a diario, cuando en nuestra vida priorizamos las necesidades de los demás a las nuestras… cuando no sabemos poner límites.

Estas son otro tipo de autolesiones, y que suelen estar debajo de las autolesiones físicas, son las AUTOLESIONES EMOCIONALES.

Este tipo de daño, se genera cuando nos hablamos con desprecio, cuando nos insultamos a nosotros mismos, cuando nos maltratamos psicológicamente… y estas heridas supuran también, en forma de angustia, ansiedad, miedos, depresión…

Se trata de pensamientos (esa voz interna que nos tortura convenciéndonos de que no valemos, que no para de recordar todo lo que nos equivocamos ayer…) y conductas que llevamos a cabo en contra de nuestra integridad y que nos merman el bienestar emocional.

Nos convertimos en nuestro peor enemigo, somos nuestro peor torturador.

Es justo este tipo de autolesiones emocionales, las que están debajo del cutting. Si las detectas en tu vida busca ayuda, pero no normalices lo que te hace daño.

“Nadie me puede hacer daño sin mi permiso”

Mahatma Gandhi.

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fatiga pandémica
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FATIGA PANDÉMICA

fatiga pandémica

VIVIMOS CON UNA MEZCLA DE CANSANCIO, DESCUIDO, HARTAZGO Y ENFADO…

Por Ángela Peco Psicología.

La crisis del coronavirus… además de todas las penas, daños y pérdidas que ha traído… ha generado en las personas un tipo de desgaste emocional al que se le ha dado el nombre de FATIGA PANDÉMICA.

Desde marzo del 2020 empezamos a incorporar a nuestra vida una serie de hábitos que nos iban recomendando para ir protegiéndonos, para reducir la posibilidad de contagio: ponernos mascarillas, distanciarnos de las personas al menos un metro y medio o dos, lavarnos las manos frecuentemente…

Rutinas que en muchos casos nos llegaron a molestar, a obsesionar… y que poco a poco hemos ido aceptando…

Ese miedo del principio de la pandemia… se ha ido convirtiendo en una especie de cansancio. Esto está durando demasiado.

Ahora mismo sufrimos un gran desgaste emocional por muchos puntos: tensiones acumuladas, frustración ante las medidas de los gobiernos, miedo a enfermar, miedo a contagiar, inestabilidad económica, pérdida de empleos…

Rabia, miedo, frustración ante tanta incertidumbre.

Podemos decir que lo que vivimos con asombro al comienzo y con sentimiento de pertenencia, con miedo después… ha pasado a vivirse con cansancio, con descuido y con enfado y rabia en muchos casos.

¿Qué consecuencias tiene ese agotamiento?

  • Hemos relajado la escrupulosidad del principio.
  • Desconfianza de las autoridades.
  • Vivimos en una especie de hartura por no poder recuperar nuestra vida normal.

“Si no me contagié antes… ¿Por qué me voy a contagiar ahora?” Esa actitud de dejadez sanitaria ha sido denominada por la OMS con este nombre.

En un estudio llevado a cabo por esta organización, se han obtenido dos conclusiones que son bastante llamativas:

  • Cerca del 60% de la población expresa estos síntomas como respuesta a una situación de incertidumbre, por vivir dentro de una situación no resuelta y sin un final determinado.
  • Los datos indican que el nivel de desgaste mental y emocional que vive la población ahora mismo es mayor que en marzo del 2020.

El principal causante de esta situación es el ESTRÉS. Este mecanismo nos pone en “modo ON” cuando sucede algo que nos demanda toda nuestra presencia: física y mental. Pero si ese “algo” que nos mantiene alertas, tiende a mantenerse en el tiempo, las personas vamos desgastándonos poco a poco, cometemos más errores, y nos volvemos más vulnerables mental y físicamente.

El estrés que nos ocasiona toda la situación que envuelve a la pandemia hace que vivamos con una bomba psicológica que está a punto de estallar.

Y como siempre, me gusta detallaros el “círculo vicioso”:

Vivimos una situación de estrés, cuánto más tiempo se mantenga esa situación, más fatiga mostraremos y más cansancio habrá, eso conllevará más irritabilidad, y cada vez menos ganas y atención a las medidas a adoptar.

¿Cuáles son los síntomas?

  • Pérdida de la motivación por mantenernos informados en relación a todo lo que tenga que ver con la pandemia, con las medidas, con las sanciones… Se deja de dar tanta importancia a las medidas preventivas.
  • Tristeza y preocupación ante una situación que agrava colateralmente todo lo demás.
  • Frustración e irritabilidad que muchas veces no se sabe hacia donde o hacia qué canalizar.
  • Alteraciones del sueño.
  • Problemas en la concentración.
  • Pensamientos negativos frecuentes.

Como podéis ver son síntomas propiamente depresivos. Por ese motivo es importante parar a tiempo esta cascada de síntomas, con el fin de que no deriven en un problema más serio a medio plazo.

Algunas recomendaciones:

  • Intenta llevar a cabo una vida lo más normal posible, sobre todo cuando todo indica que se ha reducido el riesgo de contagio.
  • Duerme entre 6 y 8 horas cada día.
  • Aliméntate de forma saludable.
  • Relaciónate con tus seres queridos. Busca la manera.
  • Haz un poco de ejercicio de manera regular: caminar, correr, yoga, pilates…
  • Intenta no ver tantas noticias sobre el COVID-19
  • Practica técnicas de relajación, meditación, mindfulness, yoga…
  • Expresa tus sentimientos, tus emociones: escribe, pinta, habla, canta…
  • Observa tus síntomas y si los tienes, acéptalos, ignorar la situación puede hacer que se agrave más. Pide ayuda si lo necesitas.

Ante esta situación puede que a veces te estés comportando de una forma en la que no te reconozcas…

Pedir ayuda no es de débiles. Eres una persona fuerte, que quiere seguir siéndolo.

Ir al psicólogo no es nada malo. Estamos viviendo una situación anormal… por eso, lo lógico es que necesitemos ayuda para afrontarla.

“Estoy cansado de que igualen nuestro cansancio y diagnostiquen una “fatiga pandémica” universal y democrática; como si en el cansancio no hubiese desigualdad y poder adquisitivo, como si nos cansásemos todos igual…”

Isaac Rosa.

depresión chica
Artículos Depresión

¿TENGO DEPRESIÓN…?

depresión chica

Por Ángela Peco Psicología.

Es muy común escuchar a las personas decir “tengo depresión…” “estoy depre…” para expresar que se encuentran invadidos por la tristeza.

Tendemos a etiquetar con el nombre de “depresión” a todos esos momentos que nos generan sufrimiento o apatía… Pero existen muchas ocasiones en las que se genera una enorme confusión en relación a lo que es depresión o solamente síntomas aislados de la misma.

Para poder hablar de depresión clínica han de cumplirse los criterios diagnósticos que establece el DSM-V (manual de diagnóstico psicológico).

A menudo vivimos situaciones que nos hacen sentir tristes, con ganas continuas de llorar, nos cuesta decidir… vivimos situaciones estresantes, o complicadas que nos cuesta afrontar… todo esto nos genera un estado de tristeza (que vamos a llamar tristeza adaptativa). Utilizando diferentes herramientas internas, finalmente vamos superando esos “baches del camino” y continuamos con nuestra vida con normalidad.

Pero si esta situación se mantiene en el tiempo y aumenta la intensidad de los síntomas y su frecuencia, y no somos capaces de poner en marcha esas estrategias que nos ayudan a avanzar… entonces podemos desarrollar una depresión.

Cuando existe depresión, nuestro estado de ánimo es tan bajo que perdemos el interés por todo en la vida… y todo, es TODO. Se pierde la capacidad de disfrutar, de moverse… Nada tiene sentido, llegando a afectarnos incluso a nivel fisiológico (sueño, apetito, lívido sexual…)

Sin embargo… no todo el mundo responde de la misma forma ante la misma situación estresante o de dolor…

¿Qué hace que unas personas se depriman y otras no?

En algunos casos, el presentar carencia en serotonina (neurotransmisor cerebral) incrementa la probabilidad de presentar depresión, pero no es este el único factor que determina el presentar o no depresión. Debido a eso en bastantes ocasiones, el uso exclusivo de terapia farmacológica sin acompañarse de terapia psicológica, termina fracasando…

Por eso… La interpretación que hacemos de la realidad es una clave importante, que viene determinada por aspectos como:

  • Si nos han educado en la “culpa”.
  • Si tenemos baja autoestima.
  • Si tendemos al “catastrofismo”.
  • Si vivimos en el “autocastigo”.

Lo que te quiero decir con esto es que… podemos tener un margen de actuación ante esta situación de desesperanza. Trabajar sobre nosotros mismos para interpretar la realidad de una manera más amable y buscar rodearnos de estímulos que nos refuerzan, que nos empoderan, que nos gratifican de alguna manera.

CÍRCULO VICIOSO DE LA DEPRESIÓN

Sé que hablar desde fuera es fácil…

Sé que cuando estás dentro de ese agujero negro se ve muy difícil hacer cualquier intento por salir, porque tienes la sensación de que hagas lo que hagas no lo vas a lograr…

Esa es la TRAMPA DE LA DEPRESIÓN. Es ahí cuando si obedeces a esos mandatos empezarás a caer más y más en la espiral de la depresión.

Se que requiere hacer un esfuerzo, pero hacerte consciente de la importancia de esta triada (pensamiento, emoción y acción), te ayudará a entender que introducir un cambio en tu vida, por pequeño que sea, revolucionará todo lo demás.

Los pensamientos que suelen aparecer son de este tipo: “Soy una basura, no hago nada bien…”, o “todo el mundo me menosprecia, no puedo confiar en nadie”… “jamás cambiará esta situación”…

Esa forma de pensar nos provoca una emoción: desesperanza, incapacidad, tristeza, amargura…

Esos sentimientos nos dan la orden de que “hagas lo que hagas nada cambiará”, y ¿qué haces?… eso NADA… perdemos el interés por todo lo que nos rodea.

Como tendemos a no hacer, a no salir, a no hablar… lo que se confirma es el pensamiento negativo del que has partido… y volvemos de nuevo a la RUEDA sin fin…

Has de salir de esa rueda autodestructiva cuanto antes. Sé que no tienes ganas… ni de salir, ni de hablar con la gente, ni de arreglarte… pero HAZLO. La motivación vendrá después de la acción. Las ganas irán apareciendo.

Primero, ACTIVACIÓN CONDUCTUAL.

Después… TRABAJO COGNITIVO:

  • Aprender a interpretar la realidad de una manera más útil para ti.
  • Aprender a identificar tus pensamientos automáticos negativos y cambiarlos por otros más adaptativos.

Ten clara una cosa… NI LA AUTOMEDICACIÓN, NI EL AUTODIAGNÓSTICO te van a ayudar. Acude a un profesional (psicólogo, psiquiatra, médico de cabecera…) para que te oriente de forma adecuada.

ALGUNAS IDEAS PARA COMBATIR LOS SÍNTOMAS DE DEPRESIÓN

  • Actúa. Haz un esfuerzo por moverte, actuar:
    • Caminar o pasear un ratito al día.
    • Hacer trabajos manuales (mover las manos es muy terapéutico).
    • Baila (aunque sea en casa).
  • Enfócate en lo positivo que te ofrece la vida:
    • Lee algo que te guste.
    • Prueba a meditar, a centrarte en el presente.
    • Escucha música alegre. La música te generará rápidamente endorfinas.
  • Ofrécete refuerzos, mimos, recompensas…
    • Regálate algo que te guste o te apetezca: ropa, flores, pastel…
    • Haz una actividad agradable: pasear por el campo, ver una película, salir a cenar…
  • Ten presentes algunos objetivos que quieras lograr:
    • Afronta las situaciones que te generen estrés. Busca ayuda para hacerlo si lo necesitas.
  • Mantén contacto social:
    • Queda con algún amigo o algún familiar con quien te guste estar.
    • Charlar con un amigo, con tu psicólogo, con quien elijas… te ayudará a organizar tu mundo interno.
    • Salir del aislamiento es uno de los pasos más importantes que has de dar.

“Cuando la angustia llegue, cuando la depresión acose, míralas pero no las abraces, contémplalas pero no las invites…”  Anónimo.

Artículos Ansiedad, Artículos Depresión

TÚ, NO ERES TU PENSAMIENTO…

Por Ángela Peco Psicología.

El término “RUMIACIÓN” normalmente hace referencia a una enfermedad en la que las personas regurgitan del estómago los alimentos de forma repetida, para masticarlos, deglutirlos o escupirlos.

Ese mismo término se emplea en psicología para definir el hecho de no parar de dar vueltas y más vueltas a algunos asuntos, para los que no encontramos una salida…

Al igual que ocurre con los alimentos, en la rumiación física… en la rumiación mental, damos vueltas y vueltas a un tema que no nos alimenta… que no nos es útil.

Esto sucede cuando un determinado pensamiento “secuestra nuestro foco de atención”.

El hecho es que a las personas nos han educado para que tengamos control sobre nuestras vidas, sobre lo que nos sucede… y nuestro cerebro está tan acostumbrado a “controlar” para lograr sentirse “seguro”, que es justo lo que quiere hacer en cada momento.

Esto hace que cuando las situaciones las podemos controlar, inmediatamente generamos un plan de acción, lo llevamos a cabo y finaliza la preocupación (o la cambiamos por otra…).

¿Pero qué es lo que sucede cuando el pensamiento que aparece en nuestra mente no es algo que podamos “controlar” nosotros?… Pues lo que pasa es que, al no encontrar un plan de acción que nos convenza… comienza a activarse nuestro Sistema Nervioso Simpático, se comienza a generar dopamina y nos ponemos en guardia, dando lugar a cuadros de ansiedad, que nos llevan una y otra vez a darle vueltas a esa situación, a ese pensamiento…

Nuestro cerebro, al no lograr dar con una “solución de control”, lo que hace es lanzarnos el mismo mensaje una y otra vez, de muchas formas con el fin de que no nos olvidemos de dar solución a esa cuestión.

De esta forma entramos en un bucle de PENSAMIENTOS INÚTILES (no es un insulto… ¡Se llaman así!) que nos quitan energía, y nos quitan mucho tiempo.

Es así como el círculo al que entramos con la rumiación nos causa ansiedad o depresión, de forma, que lo mejor que podemos hacer es… salir de él.

Lo primero que voy a pedirte que hagas es que cuando aparezca este tipo de pensamientos en bucle…  ACEPTES ESE PENSAMIENTO y APLACES LA PREOCUPACIÓN.

La forma de llevarlo a cabo podría ser así:

  • Identifica la preocupación y el pensamiento que te incapacita, y al que no paras de darle vueltas.
  • Pregúntate si lo que te dice tu pensamiento tú lo puedes controlar o no… Si lo puedes controlar, pues lleva a cabo un Plan de Acción para abordarlo… pero si no puedes controlar eso que te angustia… se trata de un PENSAMIENTO INÚTIL para ti…
  • Rumiar preocupaciones sobre situaciones que no podemos controlar… no tiene premio, de modo que lo mejor que puedes hacer es aparcarlas.
  • Prueba a hacer este ejercicio: APLAZA LA PREOCUPACIÓN. Elige un momento al día, único, en el que dedicarás ese tiempo a tus preocupaciones (unos 15 o 30 minutos). Ese momento no será nunca antes de irte a dormir. De esta forma… si te asalta una preocupación, tendrás que “decirle”: “ahora no es el momento en que te puedo atender, tendrás que esperar a esta tarde a las 17h (o en el momento que tu te hayas fijado)”… Con ese ejercicio vas a comprobar que:
  • Muchas de las preocupaciones que rumiamos realmente no son tan urgentes como nos hace ver nuestro cerebro…
  • Nuestro cerebro cuando detecta que hay temas que no están bajo nuestro control, nos recuerda constantemente esos temas, con el fin de que no los olvidemos y de que busquemos una solución (no entiende que no podemos controlar todo siempre…), y nos puede interrumpir en cualquier momento, en cualquier lugar, a cualquier hora… Su mensaje es “hasta que no encuentres una solución a esto te lo voy a seguir repitiendo…”

Seguramente que a lo largo de la vida has aprendido que SÓLO UNA PEQUEÑA PARTE DE LAS COSAS NEGATIVAS QUE HAS ANTICIPADO… HAN OCURRIDO REALMENTE.

Normalmente nuestras rumiaciones no están dirigidas hacia la solución de una preocupación, sino al miedo por nuestra incapacidad para poder afrontar un determinado hecho.

PREGÚNTATE SIEMPRE SI LO QUE PIENSAS TE ES ÚTIL O INÚTIL… eso te ayudará a disminuir tu rumiación.

La preocupación, la rumiación…, son formas inadecuadas de afrontar un problema… creemos que el hecho de estar preocupados por algo es estar ocupados en resolverlo… ESO ES SÓLO UNA ILUSIÓN. No es así. No somos lo que pensamos, somos lo que hacemos.

Tú no eres tu pensamiento… TÚ TIENES UN PENSAMIENTO QUE TE DICE… lo que sea. El problema aparece cuando te fusionas con ese pensamiento, cuando crees que eres lo que piensas. Y además le das a ese pensamiento la categoría de “verdad absoluta”.

¿CÓMO PUEDES DEJAR DE IDENTIFICARTE CON ESOS PENSAMIENTOS INÚTILES?

Primero.- Quítale la careta al pensamiento.

Segundo.- Siéntelo, acéptalo.

Tercero.- Déjalo ir, suéltalo.

Prueba a hacer alguno de estos ejercicios

SEPÁRATE DEL PENSAMIENTO…

Pon tu pensamiento en esta frase: “ESTOY TENIENDO EL PENSAMIENTO DE QUE… yo soy un fracaso”, de que “no hago nada bien…” el que sea.

Repetir nuestro pensamiento varias veces, de esta forma nos ayudará a que lo veamos con cierta perspectiva… nos ayudará a desvincularnos de nuestro pensamiento, a mirarlo con distancia.

PREGÚNTATE…

¿Me está siendo útil ese pensamiento?

¿Me ayuda a resolver alguna situación?

¿Me está beneficiando?

¿Me va a llevar hacia alguna parte?

Estas técnicas forman parte del proceso de DEFUSIÓN COGNITIVA una de las técnicas más eficaces para lidiar con los pensamientos no deseados.

Alejarnos de esos pensamientos, apartar de nuestra mente la niebla que generan, hace que todo se vuelva más claro.

¡Compruebalo!

“Pensar demasiado las mismas cosas es el arte de crear problemas donde no los hay”

Anónimo.

NIÑO EMPERADOR
Artículos Infancia

DESTRONA A TU HIJO… ¡POR SU BIEN!

NIÑO EMPERADOR

Por Ángela Peco Psicología.

Niñas de 13 años que echan a su madre de su casa.

Niños de 12 que golpean a su padre porque no les gusta el programa de la tele que hay puesto.

Niños de 7 años que se burlan y ridiculizan a sus abuelos…

¿Son casos aislados? Desgraciadamente no… En España se superan las 500 denuncias mensuales… Este comportamiento tan… desnaturalizado cada vez es más visible en nuestro entorno.

Si, son niños y niñas (de entre 7 y 17 años…) y son producto de su pequeña historia, de su biología, de sus circunstancias y, además, de nosotros, sus padres, de un estilo educativo que ha intentado ser amable… pero que ha pasado a ser permisivo, en muchos casos, demasiado.

Hemos querido huir del estilo de educación autoritario que nuestros padres tuvieron con nosotros… y nos hemos ido al otro extremo.

De punta a punta.

Ser padres no es una tarea fácil… educar a un hijo es una enorme responsabilidad. Sería bueno que todos los padres nos planteásemos de forma profunda cuál es el proyecto de vida que se deseamos para nuestros hijos.

Afortunadamente, nos hemos dado cuenta que ser agresivos y violentos con ellos no era la solución. Ahora tenemos que darnos cuenta también, que ser permisivos, dar todo lo que quieren antes de que incluso lo pidan, sobreprotegerles al extremo… es igual de nefasto.

El producto de este tipo de educación permisiva, que se basa en el “dejar hacer” al niño… da lugar, en muchos casos a “niños tiranos”.

Los padres y madres de estos niños lo primero que manifiestan es que tienen muchos problemas a la hora de poder “poner límites” a sus hijos… ante esa dificultad ¿qué hacen?… Tolerar todas las conductas que los niños realizan, sean del tipo que sean. Sienten inseguridad a la hora de educar a estos hijos. Ellos lo perciben.

Lo más abrumador es que cuantas más conductas tiranas presenta el niño… mayor es el esfuerzo del adulto por complacerle. Incluso el adulto tiende a sentir culpa cuando siente que no logra complacer todos los deseos de su hijo.

ESTILO DE CRIANZA PERMISIVO

Esta forma de criar a los hijos implica un aspecto muy positivo, y es que se da mucha prioridad a la comunicación y a la expresión de afecto. Pero a su vez, carece de control y disciplina.

No hay límites, no hay normas.

Hay absoluta libertad para ser y estar.

Sabéis que siempre defiendo el término medio en las cosas…

Cuando hablamos de extremos también en la educación de los hijos, estamos errando.

La forma de educar autoritaria hacía padres tiranos. La forma permisiva de educar a quien hace tiranos es a los hijos. No es lo mismo autoridad que autoritarismo.

Ese punto intermedio se logra llevando a cabo un estilo de crianza democrático con ingredientes tales como: respeto, diálogo, reflexión, amabilidad, autocontrol…

¿CÓMO SE HACE UN NIÑO/A TIRANO/A?

Tengo que exponer, que no sólo se trata de los padres… en muchos casos también se trata de los hijos, ya que puede existir predisposición genética, o alguna alteración psicofisiológica; aunque en la mayoría de los casos, el estilo educativo y la influencia social marcan la diferencia…

A pesar de que algunas investigaciones hablan de causas genéticas de este síndrome y lo cierto es que existe un gran consenso científico acerca de que el Síndrome del Emperador tiene causas de origen psicosocial.

Normalmente se favorece que un niño desarrolle estas conductas cuando sus adultos de referencia (padres, profesores, educadores…) llevan a cabo estos patrones de conducta:

  • Exceso de idolatría a los niños: Cuando tienes la creencia de que tu hijo está por encima de ti mismo y de los demás, y lo tratas como si fuera un pequeño dios, cumpliendo sus deseos y caprichos sean cuales sean… y cuesten lo que cuesten.
  • Por comodidad: Es más sencillo permitir que hagan lo que les apetezca, a tener que dialogar con ellos, explicar las cosas, poner y ser ejemplo… haciéndoles entender la vida.
  • Desarrollamos sentimiento de culpa: Somos padres que pasamos mucho tiempo fuera de casa y cuando estamos con los hijos queremos compensarles, y somos permisivos, a veces demasiado.
  • Complacer no es amar. La falta de límites claros hacen creer a los niños que pueden hacer lo que quieran cuando quieran… Han de asociar recompensa con esfuerzo y respeto.
  • Practicando el “ahora sí, ahora no”… Así los niños no saben a qué atenerse. Si queremos que nuestros hijos tengan claro que sí pueden hacer y qué no es aceptable. SIEMPRE hemos de enseñar esto con claridad. Si unas veces les permitimos hacer unas cosas, y otras veces esas mismas cosas no… ellos aprenden eso así, tal cual… la manipulación.
  • No, no da igual… Es fundamental que eduquemos a nuestros hijos en el GRACIAS, POR FAVOR y LO SIENTO… no es cursilería… es básico para su desarrollo como personas.

EL SÍNDROME DEL EMPERADOR (o la EMPERATRIZ). TRASTORNO OPOSICIIONISTA DESAFIANTE.

El “Síndrome del Emperador” aparece cuando un niño se convierte en un ser con baja tolerancia a la frustración, que quiere hacer las cosas como él quiere, y además ya, y si ha de ser violento para lograrlo, lo será. Un ser, que se cree dueño de la casa de sus padres, que no acepta ninguna norma en ella, porque sabe que quien manda es él.

Se trata de un trastorno que afecta a la población infantil y se denomina Trastorno Oposicionista Desafiante (TOD).

En un principio, los niños primero tratan de imponerse y desafiar a sus padres y más adelante, si no se corrige ese patrón conductual, lo harán con cualquier persona de su entorno.

Se trata de niños que:

  • Carecen de empatía, y su estado emocional camina por el enfado y la tristeza de forma muy habitual. Esa carencia de empatía hace que no sienta remordimientos por sus acciones.
  • Su sentido de la responsabilidad es nulo. Está acostumbrado a que sean los demás quienes le resuelvan los problemas.
  • No sienten culpa. Culpan de todo a los demás.
  • Su tolerancia a la frustración o al aburrimiento, o a la negación es muy baja. Son incapaces de postergar sus deseos.
  • Si no tienen lo que desean responden con ataques de ira, gritos, insultos e incluso agresiones físicas a sus padres.
  • De carácter caprichoso, insaciable, egoísta e individualista. No piden, exigen. Y nada les satisface. Cuando tienen lo que piden, quieren algo más.
  • Son niños que no temen al castigo
  • No acata las normas que se le imponen y las discute con los mayores haciéndoles sentir culpables.
  • Presentan una baja autoestima que camuflan con su tiranía.

Un niño que no es capaz de experimentar la frustración, es un niño vulnerable, que tendrá problemas para solucionar diferentes situaciones que la vida le va a plantear.

Como padres o educadores os invito a buscar ayuda, a no culparos y tampoco a autoengañaros. Estos niños son un desafío diferente a sus hermanos.

Los padres no sois la causa, sino las víctimas de las esas características especiales de vuestros hijos. Y sí, en muchos casos, el desconocimiento, y la forma de crianza errónea, así como el autoengaño… nos hace “enquistar” las cosas.

Identificar precozmente la condición de estos niños y buscar apoyo en su educación ayudará a prevenir resultados más violentos y perjudiciales tanto para la familia como para el menor.

“Algunos hijos se convierten para los padres, según la educación que reciban, en una recompensa o en un castigo.”

Jean Petit Senn-Antoine

 

 

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