Artículos Etapas Vitales, Artículos Infancia

ADOLESCENCIA

Por Ángela Peco Psicología.

La adolescencia es una de las etapas más delicadas en la vida de un ser humano.  

De repente, todo cambia, para ellos y para nosotros… y esas expectativas que nos habíamos creado sobre nuestro pequeño, hemos de revisarlas, porque el adolescente en que se está convirtiendo se aleja de las mismas.

Ellos viven tres duelos: el de su cuerpo de niños que ya no está; el de su rol de niños que desaparece; y el de sus padres de la infancia que pasan de ser los mejores a tener defectos como todos…

Nosotros, también vivimos con la sorpresa y la pena de haber perdido a nuestros niños. Nuestro niño obediente, cariñoso, alegre… pasa a ser un desconocido que marca una enorme distancia emocional con nosotros, sus padres… que puede pasar del llanto a la risa, de la euforia al cansancio y del amor al odio (sobre todo hacia nosotros), en menos que canta un gallo. Sin embargo, y aunque nos cueste, permanecer a su lado de forma incondicional es la mejor “medicina” para ambos.

Si tu hijo o hija está pasando por este período, seguro que puedes imaginarte por qué escribo este artículo… tanto los padres como ellos mismos, necesitamos comprender este proceso, para poder vivirlo desde el amor y el respeto, aunque no lo pongan fácil, y a veces nosotros, los padres, tampoco a ellos.

Cuando vivimos este proceso desde el reproche y la incomprensión, hemos de revisar esas expectativas de las que te he hablado antes. No es tu hijo quien falla (él hace lo que le toca hacer…), el fallo está en las expectativas que tú, puede que hayas creado para él o ella.

No me atrevo a marcar una fecha de comienzo y otra de fin (aunque suele hablarse de los 10 a los 19 años), porque la experiencia me dice que es muy relativo este dato, sin embargo, lo que sí es seguro es que se trata de una etapa delicada en la que se produce la maduración física y mental de nuestros hijos. Es como si en su interior un torbellino hormonal inundara todo su ser.

El cuerpo y el cerebro de tu hijo se están reorganizando. Sus conexiones neuronales disminuyen y se afianzan las que ya tiene. Aumenta su emocionalidad, y buscan de forma incansable ser independientes… En este proceso nosotros los padres hemos de intentar no entrar en lucha… hemos de dar espacio, sin descuidar nuestras funciones como padres: cuidar y educar, pero dejando ese espacio en el que ellos puedan buscar.

 

EL PENSAMIENTO ADOLESCENTE

El pensamiento del adolescente es un pensamiento aun inmaduro, que quiere mostrar madurez… Según el psicólogo David Elkind, los pensamientos adolescentes tienen estas 6 características:

  • Idealismo: Suelen imaginar un mundo ideal y se dan cuenta de que el mundo real está muy lejos de esa idealización. Tienden a culpar a los adultos que más cerca tienen de esa diferencia entre lo ideal y lo real.
  • Tendencia a discutir. Les encanta probar y mostrar sus habilidades de razonamiento.
  • Indecisión. Su falta de experiencia a la hora de tomar decisiones, les lleva a dudar continuamente de las alternativas a elegir ante un determinado hecho. Tienen muchas opciones, pero no tienen aún la habilidad de elegir la más adecuada.
  • Hipocresía (aparente). Son idealistas y sueñan con conseguir esos ideales… pero prefieren ignorar los sacrificios que puede conllevar la consecución de los mismos.
  • Autoconciencia. En esta etapa son capaces de razonar sobre sus pensamientos. Son capaces de razonar sobre su pensamiento y el de los otros… aunque a menudo suponen, dentro de su egocentrismo que los demás piensan en lo mismo que piensan ellos.
  • Se sienten especiales e invulnerables. Los adolescentes creen que son especiales, que a ellos no les pasa lo que al resto del mundo, que son invulnerables ante las situaciones complicadas que los adultos les relatan.

Todo este cóctel hace que muchos adolescentes y sus familias vivan una etapa borrascosa… llena de miedos e incertidumbre en ambos lados.

OJO CON TUS EXPECTATIVAS… ¿Y SI LAS REVISAS?

A pesar de todo esto, no caigas en el “adultocentrismo”, hemos de tener clara una cosa: Nuestros hijos no son de nuestra propiedad… Hemos de darles espacio a sus opiniones, a su criterio, a sus gustos… aunque no sean iguales a los nuestros, por mucho miedo que nos dé el hecho de que se “tuerzan”, de que se equivoquen en sus decisiones…

Cuando los adolescentes no encuentran este espacio lo que hacen es reclamarlo. Nuestra misión será guiar en lugar de imponer, acompañarles en este momento tan importante en que ellos mismos están descubriendo quienes son, y sobre todo no obligarles a ser lo que nosotros somos o queremos que sean…

Deja a un lado los “tienes que…” y toma nota de estos puntos:

  • Habla con ellos, sin discutir. Aunque no lo parezca, no les gusta discutir. Intenta hablar con tranquilidad, en tono de conversación. Sería ideal poder hablar en un lugar neutro, fuera de casa.

 

  • No lleves a cabo juicios de valor… pueden llegar a creer que son una decepción para ti. A veces no hace falta ni que digas nada, sólo con tu expresión les dices mucho. Valora en positivo todos los pasos que den y aléjate de expresiones que les recuerden el fracaso.

 

  • No añadas “leña al fuego”. Trabaja tu paciencia.

 

  • Necesitan espacio, su espacio, para poder encontrarse a sí mismos. Intenta no hacer de esto un motivo de castigo. Necesitan un lugar donde poder descansar, pensar, ordenar su mente…

 

  • Dale oportunidades para hacerle ver que es autónomo. Que puede hacer cosas de las que estar orgulloso y déjale que te lo demuestre. Cuando lo sobreproteges… lo haces infeliz.

 

  • Ponle normas… sobre todo con el uso de las pantallas. Ellos no saben parar solos. Tu firmeza aquí es un punto clave para su bienestar… aunque sí, te costará mantener el tipo porque no es algo que les vaya a gustar.

 

  • Si ves que como padre o madre no eres capaz de dar a tu hijo el apoyo que te pide… busca ayuda especializada, un psicólogo puede ayudaros a ambos en estos momentos y daros una guía para seguir mejor el camino.

 

  • No te rindas con tu hijo… necesita saber que lo quieres, necesita que se lo digas y te necesita… aunque te diga que quiere irse de casa… y vaya todos los días enfadado con el mundo. Dile que lo quieres… y ten clara una cosa (él también te quiere).

 

Intenta reconocer la individualidad de tu hijo. Cuando ellos perciben que eres capaz de respetar su proceso, comprenderá que tu papel es de apoyo y no tendrá por qué luchar contigo.

Suceda lo que suceda, no tires la toalla. Tu hijo adolescente te necesita, casi con toda seguridad más que nunca. Por eso, aunque es muy complicado, tu función es practicar ese amor incondicional que sientes por él (de esa forma, sin condiciones).

 

“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo elegí el menos transitado. Eso marcó toda la diferencia”. 

Robert Frost.

 

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DEPRESIÓN INFANTIL

Niña triste

DEPRESIÓN INFANTIL

Por Ángela Peco Psicología.

¿La depresión infantil existe? SI.

La depresión es el problema de salud mental más común en todo el mundo. Las cifras son tan altas que han alcanzado proporciones de epidemia.

Es curioso que, en nuestro mundo de adultos, creemos que este tipo de trastornos sólo nos afecta a nosotros, los adultos… sin embargo, la tristeza, la pérdida de capacidad de disfrutar, el llorar de forma diaria y recurrente, también les pasa a nuestros niños.

Al menos 1 de cada 100 niños sufre depresión, y pasa lo mismo con 1 de cada 33 adolescentes… Eso es mucho.

Pero lo peor es que estos niños pueden no ser tratados nunca, ya que podemos restar importancia a su problema, o incluso pueden ser tratados por otras cosas… ya que podemos fijarnos en el bosque en lugar de mirar el árbol.

Uno de los diagnósticos erróneos más habituales es el de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) en lugar de depresión.

Con este artículo no quiero que patologices las emociones de tus hijos. Las emociones es normal sentirlas. Todos los niños y adolescentes pueden estar tristes, igual que nos pasa a los adultos, incluso pueden sentirse deprimidos, pero un trastorno depresivo es mucho más que esos episodios puntuales.

Es decir, que tristeza no es lo mismo que depresión, por esto creo que es fundamental que aprendas a diferenciarlo. Para esto es clave que tengas en cuenta la frecuencia, intensidad y duración de las conductas, así como también el malestar que siente tu hijo y cómo ese malestar le afecta en su día a día.

CARACTERÍSTICAS DE LA DEPRESIÓN INFANTIL

La depresión en los niños se manifiesta de forma diferente a como lo hace en los adultos… algo normal, ya que los niños en muchas ocasiones carecen del lenguaje y las palabras suficientes para expresar lo que sucede en su mundo interior.

La tristeza es una emoción que aparece frecuentemente en los niños, sin embargo, pueden presentar dificultades a la hora de expresarla, y por eso tienden a exteriorizarla de una forma diferente a como podría esperar un adulto… Esto sucede porque los peques requieren estrategias de afrontamiento que han de adquirir a medida que avance su desarrollo psíquico y neurológico.

Síntomas típicos

  1. Baja autoestima.

Estos pequeños tienden a expresar aspectos negativos de sí mismos. Se muestran muy duros con ellos mismos, muy autoexigentes y se juzgan de una forma muy severa, como si tuvieran un pequeño juez implacable dentro de ellos. Esto hace que su autoestima quede dañada.

Por ejemplo, pueden no querer jugar con otros niños de su edad “porque no les sale tan bien…” o por miedo a que les digan algo o les rechacen. Esto puede hacer que se aíslen o que lleven a cabo actividades que no son apropiadas para su edad y que son más típicas de los adultos, y evitar otras, como el juego con iguales, que son necesarias para su correcto desarrollo socio-emocional.

Suelen ser niños que se describen a sí mismos incidiendo en lo que no les gusta, y con mucha ansiedad y pesimismo sobre el futuro, con tendencia a sentirse culpables por cosas que han sucedido en su entorno o que ni siquiera han ocurrido aún. Esta sensación se alimenta de la rumiación continua de pensamientos en sus cabecitas, de este tipo: “Todo me sale mal” “Soy un desastre” “Esto o aquello es por mi culpa”…

Es decir, tienen problemas a la hora de atribuirse la responsabilidad, y a la hora de generar expectativas. Esta manera de pensar su mundo les genera un gran estrés y además les genera problemas cotidianos: conflictos familiares, rechazo escolar…

Esa pérdida de confianza en sí mismos, de no abordarse correctamente o afrontarla con el escape y la evitación, tenderá a generalizarse cada vez a más áreas en la vida cotidiana del niño.

Es decir, si ante los episodios de tristeza y ansiedad por miedo a afrontar una determinada situación, el niño evita esa situación, esto le confirmará al niño que “no puede”, de modo que internamente el mensaje que llega a su cerebro es el de confirmación de que las creencias que tiene sobre sí mismo son ciertas… entrando así en un círculo que daña cada vez más su autoestima y sensación de valia personal.

  1. Creencias disfuncionales

Los niños, desde muy pequeños pueden adquirir creencias profundas con las que interpretan su realidad.

Una de las que más problemas genera es la que dice algo como “Si no eres el primero eres un perdedor, y si eres un perdedor entonces no vales nada y no te van a querer”.

Cuando un niño cree esto en lo más profundo de su ser, vive en una frustración continua, en una continua comparación, ya que siempre habrá alguien que lo hará sentirse frustrado, triste, incompetente, inútil… porque siempre encontrará que alguien es mejor en algo, o más alto, o más guapo, o más gracioso, o ha sacado mejor nota…

Este es uno de los aspectos más importantes a la hora de trabajar con nuestros niños. Trabajar los términos medios. Graduar sus estados, sus opiniones… lidiar con los extremos. Trabajar con ellos que no existe ni la perfección absoluta ni el desastre extremo. Explicarles que entre el blanco y el negro hay muchos matices, en todo, y eso es perfecto.

  1. Quejas físicas

Los niños que padecen depresión, suelen expresar quejas físicas, de hecho, pueden ser motivo de muchas visitas al pediatra con el consiguiente problema a la hora de asistir al colegio.

Las quejas más habituales son: dolor de cabeza (frente, sienes y nunca), molestias gastrointestinales, cansancio, vómitos y náuseas…

La expresión de sus caritas suele ser de tristeza, e incluso tienden a no mirar al rostro de la persona que les habla, dejando sus miradas perdidas en un punto al infinito…

  1. Ira e irritabilidad

Son niños que al no tener habilidades para expresar su tristeza como puede hacerlo un adulto… suelen expresar su malestar con violencia y con irritabilidad.

En la depresión infantil es muy frecuente la aparición diaria de enfado y de irritabilidad. En los adultos normalmente los síntomas típicos de la depresión son la tristeza y la apatía. De ahí que no sea tan fácil identificarla en los peques.

De este modo, la agitación es un síntoma muy típico en la conducta de niños deprimidos (de ahí que se confunda con TDAH). Sin embargo, en adultos lo que cursa es el enlentecimiento motor y el aturdimiento mental.

Esto es muy importante papás y mamás… Si vuestro peque expresa una irritabilidad fuera de lo normal, preguntaros ¿qué hay debajo de esto? Que no os ciegue el malestar que os genera que vuestro hijo responda de esa forma y eso haga que vosotros respondáis de la misma manera.

  1. Problemas de sueño, apetito…

Generalmente en un niño con depresión, pueden aparecer problemas de conciliación del sueño, pérdida de peso o dejan de coger peso…

En la escuela puede haber problemas a la hora de mantener la atención y problemas de concentración.

  1. Pérdida de su capacidad de disfrutar y aislamiento social

Para los niños con depresión, dejan de disfrutar con lo que antes les hacía felices, y les producía alegría: ver una peli, jugar en el parque, salir con amigos, cantar, bailar…

Es como si hubiese dejado de interesarles todo eso que antes les generaba bienestar, como si no estuviesen interesados por vivir, como si cada vez se fuesen distanciando más de lo que les hace bien y se acercaran más al “no hacer”, a la inactividad.

Este síntoma es uno de los más reconocibles por los padres, ya que los anteriores suelen confundirse más con problemas de conducta, sin embargo, este síntoma es como que hace evidente a los padres que algo diferente le está pasando a su hijo o hija.

Cuando aparece en los niños esta tendencia a no disfrutar, también suele darse la tendencia a negarse a participar en actividades con otros niños, a perder el interés con el colegio (a todo lo que conlleve compartir tiempo con otras personas de su entorno).

¿POR QUÉ APARECE LA DEPRESIÓN EN LOS NIÑOS?

No existe un por qué claro y definido… como en casi cualquier trastorno lo que hay es un cúmulo de factores de riesgo: biológicos, genéticos, psicológicos, sociales…

Aquí te dejo algunos factores que pueden ser relevantes:

  • Estilo cognitivo de los padres: Algunos niños pueden tender a interpretar de forma catastrófica y desproporcionada lo que sucede en sus vidas debido a un aprendizaje por imitación. Es decir, el niño utiliza la forma de interpretar el mundo de uno de sus padres para afrontar las adversidades, y acaba adoptando como propio ese estilo de afrontamiento.

Los estudios sobre este fenómeno señalan que existe un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar depresión y ansiedad en los niños cuando uno de sus padres padece estos síntomas, en contraste con los que no tienen antecedentes familiares de ningún tipo.

  • Conflictos entre las figuras de cuidado: Cuando se dan continuas discusiones entre los padres, hace que en los niños aparezca la sensación de desamparo.  Es como si sus cimientos de protección se tambalearan, y se hicieran más grandes los miedos que son típicos de la edad.

Las muestras de afecto entre ambas figuras de apego reducen el riesgo de que los niños experimenten depresión y además actúan como variables de protección (independientemente de si los padres están unidos o no como pareja).

  •  Violencia familiar: Experiencias traumáticas como el maltrato o el abuso sexual son factores de riesgo muy importantes a la hora de que el niño o niña desarrollen depresión infantil.

Los niños que viven en ambientes con un estilo de crianza muy autoritario en los que se impone todo por la fuerza y en donde el conflicto se gestiona con más conflicto, tienden a vivir en una hipervigilancia e hiperactivación que les genera una sensación de indefensión (no está en sus manos controlar lo que sucede…). Esto desemboca en ansiedad y depresión e incluso con problemas de agresividad en la adolescencia y en la adultez.

  • Acontecimientos estresantes:  Cuando un niño vive dentro de situaciones estresantes como, por ejemplo; divorcio de sus padres, cambio de colegio, pérdida de un ser querido… puede ser el desencadenante de un trastorno depresivo en la infancia.
  • Rechazo social: La evidencia científica también muestra, que los niños con pocos amigos y con entornos sociales y familiares débiles socialmente tienen mayor riesgo de desarrollar depresión.

Aquí podemos incluir también a niños que han sufrido conflictos con su grupo de iguales, o que han sufrido bullying (humillaciones constantes, castigo o rechazo en el colegio) …

  • Rasgos de personalidad y otros trastornos mentales o del neurodesarrollo: En algunos casos, la presencia de un rasgo de personalidad de alta afectividad negativa puede estar relacionado con un componente genético.

TRATAMIENTO

La terapia psicológica COGNITIVO-CONDUCTUAL se ha mostrado eficaz a la hora de abordar la depresión con niños.

Se trata de un trabajo de equipo. En este trabajo, el profesional adquiere la información más fiable en relación a sus pensamientos y emociones del propio niño, mientras que los padres nos van a informar mejor de las conductas que el niño tiene y de problemas específicos en su día a día.

Con el NIÑO:

  • Escucharle y apoyarle en su expresión emocional. Utilizamos sobre todo técnicas proyectivas, dibujos, juegos, etc.
  • Ayudarle a mejorar su estado de ánimo diario: expresión de la ira, de la tristeza… de una manera adecuada.
  • Entrenar sus habilidades sociales: Resolver problemas, enseñarle a decir “no”, comunicarse de forma asertiva, fomentar la inteligencia emocional…
  • Trabajar el afrontamiento: estrategias para solucionar problemas, manejo del malestar emocional…
  • Manejo de su pensamiento: estrategias para identificar los pensamientos que le provocan malestar, enseñarle a debatirlos y transformarlos, a la vez que se introducen de forma progresiva actividades gratificantes en su día a día.
  • Mindfulness: Se trabaja con estos niños la importancia de centrar la atención en el momento presente, en la inmediatez, con el fin de reducir su nivel de abstracción y de predecir hechos futuros de forma negativa.

Con los PADRES:

El apoyo de los padres es fundamental en todo el proceso. A ellos:

  • Se les da pautas para que puedan manejar las conductas del niño.
  • Se trabaja el fomento de la escucha empática.
  • Se enseñan estrategias para controlar su propia ira y evitar la conflictividad ante las conductas del niño.
  • Trabajamos estrategias para comunicar sus sentimientos.
  • Se abordan las formas problemáticas de interacción entre todos los miembros de la familia.

También pueden serte útiles estas PAUTAS:

  • Establece y mantén rutinas: Las rutinas dan seguridad a los niños, les permiten sentirse parte de la actividad diaria de la casa y potencian su sensación de valía y autoestima.
  • Presta atención a su autoestima: estar atentos a cuando el niño dice cosas como “soy tonto”, “eso no puedo hacerlo”, “soy feo”, etc… No se trata solo de decirle que no diga eso, sino de reflexionar con él sobre si ha pasado algo en algún lugar o con alguien que le haya hecho tener ese pensamiento y trabajar formas alternativas de ver esa situación.
  • Intenta que las actividades que el niño realiza no sean motivo de estrés. En muchos casos los niños están sobreestimulados con tantas actividades que más que disfrute les genera una sobrecarga. Si es el caso de tu hijo, plantéate reducir el número de estresores en sus días.
  • Genera experiencias agradables y potenciar todas las cosas con las que disfruta y de divierte: comida favorita, salir a sitios que le gusten, jugar a cosas que le diviertan…
  • Estad atentos a que descanse y tenga un sueño reparador: Establecer un horario fijo a la hora de ir a la cama, realizar actividades relajantes y que le gusten, que no use pantallas al menos dos horas antes de ir a dormir…

REFLEXIÓN FINAL…

La depresión siempre se relaciona con indefensión… es decir, con sensación de que no puedo controlar mi vida, mi realidad…

Como adulto te pido que no colabores en generar niños indefensos. Me explico, generas niños indefensos cuando un día los premias por una cosa y al día siguiente le castigas por lo mismo y otro día esa misma conducta te da igual…

Generas un niño indefenso cuando en tu mundo y en el suyo pasan cosas, y haces como que no existe, que no se entera y no le explicas, siempre respetando su edad, lo que sucede.

También le generas indefensión cuando no le pones límites ni le enseñas a manejar su frustración, cuando no le enseñas a esperar y cuando no le dices “no”.

Es muy importante que enseñes a tu hijo a esperar, a esforzarse, a dedicar tiempo a las cosas, a equivocarse y a volver a empezar, a afrontar lo desagradable, a pesar de que sea incómodo.

Cuando acostumbras a tu hijo a tener lo que quiere, cuando lo quiere, cuando le permites que no afronte lo que le asusta o lo que le preocupa… es ahí cuando vienen los problemas (estallidos de ira, estado de ánimo inestable, falta de control de impulsos…)

Y lo más importante, sea cual sea la conducta del niño es esencial que siempre se aborde desde el AMOR INCONDICIONAL de sus padres hacia él. Es decir, el mensaje que los padres han de transmitir al pequeño es que pase lo que pase, y haga lo que haga, SIEMPRE lo van a querer y van a estar para apoyarlo. Amor sí, siempre, y además, todo lo anterior, por eso también es amor.

«Las lágrimas de un niño, son balas directas al corazón»

Anónimo.

 

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5 heridas infancia
Artículos Etapas Vitales

LAS 5 HERIDAS DE LA INFANCIA Y SU RELACIÓN CON EL ADULTO QUE ERES.

5 heridas infancia

Por Ángela Peco Psicología.

Como todos podemos saber, la infancia es una etapa vital que nos condiciona para el resto de nuestra vida.

Sea como sea la infancia: feliz, alegre, dolorosa, sin recursos… hay infancias de muchos tipos, pero todos y todas de una forma u otra, hemos vivido en alguna ocasión alguna situación que nos ha dejado huella, que nos ha marcado más en algo o por algo. No tiene nada que ver con lo de fuera, sino con la interpretación que de niños hicimos de eso que nos marcó. Y eso, justo eso, es lo que determinó tu herida.

Las heridas emocionales de la infancia van a modular en la gran mayoría de personas cómo será nuestra calidad de vida cuando llegamos a ser adultos.

Son por decir así… como “lesiones psíquicas”, como heridas mal curadas que no nos permiten llevar a cabo una existencia plena (esa sensación de insatisfacción) e incluso afrontar los pequeños problemas del día a día con mayor soltura, sin dudas, sin atascos…

Estas heridas salen a la luz de nuestra vida de formas muy dispares: ansiedad, pensamientos obsesivos, problemas de sueño, vivir a la defensiva, sentirnos vulnerables o con tendencia a algunos trastornos…

Estas heridas aparecen cuando somos niños, es decir, cuando aún no contamos con las estrategias personales que nos van a permitir manejarnos y entender algunas situaciones de la vida.

Estas son las cinco heridas emocionales, que en su día definió Lisa Bourbeau, que más peso tienen en nuestra infancia, y que va a dejar su poso determinando nuestra futura personalidad adulta.

  • MIEDO AL ABANDONO
  • MIEDO AL RECHAZO
  • HUMILLACIÓN
  • TRAICIÓN (MIEDO A CONFIAR)
  • LA INJUSTICIA

Miedo al Abandono:

Cuando una persona vivió en su infancia el abandono… la soledad se convierte en su mayor enemigo cuando es adulto. Se experimenta el miedo a vivir con esa carencia: Ansiedad elevada a ser abandonado por nuestra pareja… Y es precisamente ese miedo al abandono lo que acaba generando en muchos casos que la pareja termine rompiéndose (la paradoja de lo psicológico…), de hecho, la persona que sufre esta herida, en muchos casos, puede tomar la iniciativa de abandonar a otros como mecanismo de defensa.

El trabajo de estas personas ha de centrarse en trabajar y experimentar su miedo a la soledad, su temor al rechazo y la inseguridad, así como sus barreras al contacto físico…

Esta herida, como las otras cuatro… no es fácil de curar, pero puede cicatrizar cuando desaparezca el miedo a la soledad, abraza a tu niño/a interno/a.

Miedo al Rechazo:

Otra de las heridas profundas que aparece en la infancia… y que implica un rechazo profundo a cómo somos, a nuestras emociones, a nuestros pensamientos.

El niño aquí lo que ha experimentado (ha interpretado de la realidad) es que ha sido rechazado por sus padres, familia, amigos… Esa experiencia deja en su psiquismo la huella de no ser deseado, no querido, no amado… y una profunda descalificación hacia uno mismo.

Estas personas no se sienten merecedoras de cariño, de afecto, de comprensión… se aíslan en su mundo interior. Suelen mostrarse como personas huidizas, con numerosos miedos sociales, pánico, intolerancia a las críticas, necesidad de reconocimiento…

El trabajo en este caso se centraría en buscar su presencia, en tomar decisiones, en arriesgar por el contacto social sin miedo al rechazo o a pesar de este.

Humillación

Cuando sentimos que los demás nos han criticado, o nos están insultando: “eres tonto”, “que torpe eres”, “eres malo”, “pesado”… o simplemente contaron a los demás nuestros problemas sin cuidado, ridiculizándonos… Nuestra autoestima quedó dañada en la infancia

Esta herida crea adultos dependientes, y además como contrapeso, los adultos que han tenido esta herida pueden ser “egoístas” como mecanismo de defensa, incluso pueden ser ellos también quienes humillen a otros (mecanismo de defensa). Son personas dispuestas a hacer lo que sea por sentirse válidos, para que los demás les reconozcan.

Trabajar la libertad, la empatía y el perdón… es clave para sanar esa herida.

Miedo a confiar. Traición.

Sentir que una de las personas más importantes para nosotros en nuestra vida de niño nos ha traicionado, genera en nosotros este miedo. Promesas incumplidas, mentiras, no estar justo cuando más les necesitas…

Vacío, desesperanza… dan lugar a rabia, desconfianza, frustración, envidia (no sentirnos merecedores de lo que los demás tienen), baja autoestima…

Esta herida da lugar a adultos controladores, perfeccionistas… de carácter fuerte…

El trabajo aquí tiene que ver con potenciar la paciencia, la tolerancia, aprender a estar solo, aprender a delegar…

 

La injusticia

Cuando nuestros padres se han comportado con frialdad… con demasiada exigencia… el sentimiento que se genera en nosotros de niños es la ineficacia, la inutilidad… y eso permanece en la edad adulta.

Estos adultos que han vivido de niños la injusticia, tienden a desarrollar personalidades rígidas, baja autoestima, perfeccionismo, inseguridad a la hora de tomar decisiones, incapacidad para negociar…

Trabajar la autoestima, la flexibilidad… permitirse el cometer errores, son pequeños pasos a dar para salir de ese círculo de desconfianza en que viven.

“Sanar tu infancia es realmente acomodar las historias e historietas del pasado, en lugares donde ya no puedan lastimarte”.

Mario Guerra.

 

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JUBILARSE… ESE PUNTO DEL CAMINO…

Igual que los 18 años, en nuestro país suponen el paso a la mayoría de edad… el cumplir los 65 años supone la entrada a la conocida como Tercera Edad…

De repente, al cruzar el umbral de los 65 años, te ves abocado a cambiar radicalmente tu rutina diaria, y pasas de llevar una vida activa, con una organización concreta y con unos objetivos marcados… a no tener ninguna obligación laboral, sin horarios y con un montón de tiempo libre…

Pasamos gran parte de nuestra vida trabajando… Para muchas personas su trabajo no sólo es eso… sino que se trata de un proyecto de vida en el que han dedicado mucho esfuerzo, mucho tiempo… Para muchos, el trabajo es su seña de identidad… Y de repente, esa identidad ha de cambiar…

Se produce un cambio brusco de roles… De un día para otro, pasas de ser una persona activa (laboralmente hablando), con las connotaciones sociales que conlleva esa etiqueta… a ocupar el papel de cuidador/a o amo/a de casa…

Todas estas distintas características… hacen de esta etapa un momento delicado, que si no se afronta con la preparación adecuada puede convertirse en una complicada crisis vital.

Prepararse…

¿Pero cómo se tiene que preparar una persona para la jubilación?

La persona ha de hacerse consciente, de que con la jubilación no sólo va a tener que modificar sus conductas, sus motivaciones y sus actitudes… sino que además tendrá que prevenir situaciones de aislamiento social y de pobreza económica… en las que se puede llegar a caer sino se gestionan bien los recursos personales, sociales y económicos con los que se cuenta a partir de ahora…

Sí, SOLEDAD y POBREZA… dos palabras que no se quieren pasar por la cabeza de nadie que vive bien cuando trabaja, pero que desgraciadamente están presentes en la vida de muchas personas mayores…

Disminuye el contacto social con compañeros de trabajo, con clientes… que realmente eran nuestro círculo social…

Disminuyen los ingresos, ya que en muchas ocasiones las jubilaciones no son generosas…, sino más bien escasas…
Esta situación sin lugar a dudas, afecta significativamente al estado de ánimo y a la calidad de vida…, y por lo tanto a nuestro grado de satisfacción en general.

Son muchas las investigaciones que se han realizado respecto a este tema… y se ha llegado a generar incluso un modelo defendido por Atchey, que nos habla del PROCESO DE ADAPTACIÓN A LA JUBILACIÓN por el que una persona suele pasar…

Se trata de unas fases por las que todo el mundo suele transitar hasta acomodarse a su nueva situación vital. Estas son las FASES (Quizá si ves el mapa… puedas ver que no estás tan perdido, e incluso, que quizá estás yendo por un buen camino):

PREJUBILACIÓN: Empezamos a formarnos la idea de la jubilación. La persona empieza a prepararse emocionalmente para esta nueva etapa. En esta fase solemos soñar despiertos e idealizamos ese nuevo momento…

JUBILACIÓN: Esta fase se puede afrontar de diferentes formas:
Luna de miel: Cuando la persona hace todo lo que quiso hacer y su trabajo, y la falta de tiempo no le permitían poder llevarlo a cabo… Ahora sale de viaje, baila, se apunta a cursos…

Actividad continuada: Cuando la persona se planifica su tiempo con diferentes actividades que conforman una nueva rutina diaria…

Descanso: Cuando la persona reduce el tiempo que dedica a cualquier actividad y entra en una etapa de aburrimiento, con la falta de fuentes de gratificación y refuerzo que esto supone… y que acabará desencadenando un estado de ánimo depresivo…

DESENCANTO Y DEPRESIÓN: No todas las personas que se jubilan tienen que caminar por esta fase del camino… sólo entran aquí aquellas personas que no saben buscar nuevas actividades que llenen sus días de satisfacción. Muchas personas, llegadas a este punto, se dan cuenta de que el idealismo que se habían formado en un principio… no es tal.
REORIENTACIÓN: A esta etapa sólo llegan aquellas personas que han pasado por la anterior… una vez que “tocan tierra” … Reevalúan y comienzan a vivir esta etapa de una manera más real.

ESTABILIDAD: La persona se acomoda a la nueva situación, sin revelarse a ella. Organiza sus horarios, sus rutinas… de manera adaptativa, y comienza nuevas relaciones sociales y tareas diarias llenando sus días de nuevas gratificaciones.
La vida es un continuo proceso de adaptación, el problema viene cuando nos resistimos al cambio, cuando no fluimos con él…

Para evitar tener que pasar por la fase de DEPRESIÓN… 
intenta seguir estas PAUTAS, que quizá puedan ayudarte:

No enmascares tus sentimientos. Lo que es, es. Cuando no aceptamos nuestras emociones, podemos llegar a engañarnos a nosotros mismos, incluso podemos auto-sabotearnos… Si no admites que te encuentras mal, difícilmente vas a buscar soluciones que te ayuden a sentirte mejor. Esto a la larga, te va a perjudicar mucho más.

• Establece nuevos horarios. Rutina, te necesito. No permitas que la pasividad se convierta en tu estilo de vida… La cama, o el sillón y la televisión no son buenos compañeros de viaje… 
No caigas en eso de me levanto tarde, me acuesto tarde… porque vas a entrar en un círculo vicioso en el que cada vez te sentirás peor contigo mismo.
Organiza tus días, mantén unas rutinas poco estrictas, pero que te ayuden a no perderte en la desidia. Y sobre todo… socializa por favor…

Habla con tu pareja de lo que os pasa… Los dos estáis pasando por lo mismo muy probablemente. La vida os está cambiando, ahora estáis “demasiado” tiempo juntos, y eso supone un cambio de roles para ambos muy importante. Marcar puntos de acuerdo, marcar tiempos de independencia y tiempos compartidos… Puede ser un momento de tensión hasta que se adecúen de nuevo los roles, pero también un momento de empatía compartida, los dos podéis poneros en el lugar del otro, porque quizá los dos estéis pasando por lo mismo.

• Lo que pasó, pasado es… Céntrate en el momento actual. A nuestro cerebro le encanta recrearse en lo que fue (y aunque a veces no fue tan bonito como nos lo pinta, siempre nos lo cuenta de una forma que nos embelesa…). No te pierdas en fantasías pasadas… no es real. Cada etapa puede ser maravillosa, así es que ¡manos a la obra!

Aprende cosas nuevas. Te encuentras en un buen momento para aprender a realizar cualquier cosa que te despierte tu curiosidad o que te interese. No te pongas límites. Haz una lista con las actividades que siempre has querido hacer… y ponte a ello.

Cuídate. Este punto es clave… Los problemas de salud hay que prevenirlos de cualquier manera, ya que cualquier alteración en nuestra salud física se va a trasladar de forma inmediata a nuestra salud psicológica… de modo que:
– Haz deporte: reserva un hueco al día para salir a caminar, bailar, hacer gimnasia, yoga…
– Duerme bien.
– Come sano.

Sin lugar a dudas… la JUBILACIÓN es un momento de reflexión.

El secreto de la buena jubilación, es la mentalidad con la que una persona se sumerja en ella. Por esto, sin caer en la obsesión… es bueno y positivo el plantearnos y el reflexionar lo que significa envejecer para uno mismo… No centrar nuestra vida únicamente en el trabajo, rodearnos de estímulos que nos hagan crecer personalmente y junto a las personas que elijas. Nutrirnos, para que llegados a este punto de nuestro caminar, las curvas sean más fáciles de sobrellevar.

La jubilación como todos los cambios en la vida, puede ser una gran oportunidad. Afrontar esta etapa desde el NO FATALISMO y tampoco desde el IDEALISMO… es el punto clave.

“La mejor forma de predecir tu futuro… es crearlo”
Patti LaBelle

Artículos Duelo, Artículos Etapas Vitales

A PESAR DEL OLVIDO…

Por Ángela Peco Psicología.

A pesar del olvido…

A pesar del Alzheimer…

Cuando veo a una persona que sufre la enfermedad de
Alzheimer y a sus familiares más directos… no puedo evitar pensar en todos los
momentos que “mal usamos” a lo largo de la vida…, las palabras que no decimos y
el tiempo que no aprovechamos para decir lo que sentimos a quienes más
queremos…

Veo tanta ternura en los ojos del enfermo, como
tristeza, rabia y amor… en los ojos de quien lo cuida.

abuela alzheimer

Cuando la enfermedad
de Alzheimer
aparece en el cerebro de una persona…, tanto ella, como las
personas que la rodean, desde ese momento tienen que acostumbrarse a vivir bajo
su sombra.

La enfermedad de Alzheimer es una de las
enfermedades neurodegenerativas más conocidas y frecuentes.

Actualmente, es una enfermedad irreversible, cuyas causas se desconocen a pesar de las muchas
investigaciones que se centran en lograr este descubrimiento que cambiaría la
vida de tanta gente.

Al no conocerse las causas… el diagnóstico
definitivo de esta enfermedad, se realiza post mortem, es decir, una vez que la
persona fallece, al analizar los tejidos cerebrales. Por eso, los diagnósticos
que se llevan a cabo hablan de “posible o probable enfermedad de Alzheimer”…

Esta enfermedad, como  media de edad, comienza a aparecer alrededor
de los 65 años. Aumenta su prevalencia con la edad.

También puede aparecer en personas más jóvenes.
Cuando es así, se considera una “demencia pre-senil”.

A menor edad de comienzo… peor diagnóstico, ya que
avanza mucho más rápidamente.

Al comienzo, el deterioro se centra sobre todo a
nivel de la corteza cerebral, pero a
medida que avanza el deterioro puede afectar también a niveles subcorticales
(bajo la corteza cerebral).

Se dice que esta enfermedad es de “inicio insidioso”
… eso quiere decir que a lo largo del tiempo y hasta que “da la cara”, van
pasándole cosas a la persona… se desorienta un día en su propio dormitorio, en
otra ocasión se le olvida el nombre de su hija, en otro momento puntual no es
capaz de saber el año o el mes en que se encuentra… Pero al ser olvidos
normales, ocasionales… todo es normal.

Sus síntomas…

  • Alteraciones
    COGNITIVAS:

    • Pérdida de Memoria: Afecta sobre todo a la memoria reciente, y a medida
      que avanza la enfermedad se van afectando otros recuerdos más lejanos en el
      tiempo… Afecta también a la capacidad de atención, comprensión, adquisición de
      nuevos aprendizajes…
  • Afasia-Apraxia-Agnosia: Estos nombres nos indican que el enfermo de
    Alzheimer va perdiendo poco a poco su capacidad de hablar, entre otras…:
  • Se les olvida el
    nombre de las cosas, empiezan a utilizar palabras-tipo para nombrar todo… por
    ejemplo “chisme”, “trasto”, “eso”, “cacharro”, “aparato” … o por otro lado,
    pueden explicar para que sirve algo, porque no encuentran en su mente el nombre
    del objeto… por ejemplo, “trae aquí el cacharro ese que sirve para cortar el
    papel”…
  • Se les olvida la
    realización ordenada y adecuada de acciones que conllevan secuencias… por
    ejemplo: vestirse (primero ponerse la ropa interior, después la ropa de calle,
    después abrigo…), preparar una comida (primero se calienta el agua, se pone la
    sal, se añaden las patatas…)
  • Las fases
    finales de la enfermedad conllevarán mutismo e inmovilidad…
  • Desorientación Temporal-Espacial: En un principio se da la desorientación en el tiempo…
    les cuesta recordar el año que es, o el mes, o el día… para poco a poco
    desorientarse también en el espacio… no saber si se encuentran en su pueblo de
    siempre, o en una ciudad porque están de vacaciones, buscan continuamente su
    casa, porque en la que se encuentran no la reconocen como tal…
  • Alteraciones
    CONDUCTUALES y EMOCIONALES: Éstas están muy relacionadas con los descuidos o
    conductas extrañas no habituales en la persona, olvidar el valor de las cosas,
    no reconocer incluso a personas cercanas. Estas alteraciones son muy
    significativas en las primeras etapas de la enfermedad, donde además el enfermo
    tiende a “disimular” lo que le está ocurriendo y a “negar” evidencias ante
    familiares directos con los que pueden darse continuos conflictos.

Estos síntomas resultan muy complicados de manejar
por parte de los cuidadores y familiares…

  • Alteraciones
    SOCIALES: Para evitar situaciones desagradables debido a sus problemas de
    memoria… el enfermo de Alzheimer tiende a aislarse socialmente, a no querer
    salir de casa, a no querer participar en actividades a las que solía asistir
    antes…
  • Alteraciones
    FISIOLÓGICAS: A medida que la enfermedad avanza, el enfermo va perdiendo poco a
    poco su autonomía a todos los niveles, también a nivel fisiológico, dependiendo
    con el tiempo del cuidado de una tercera persona:
  • Ritmo del sueño
  • Alimentación
  • Control de esfínteres

Las fases…

Aquí os voy a hablar de las tres fases más
características.

INICIO

Son los momentos en que la persona sólo muestra
pequeños olvidos, pequeños problemas de memoria que hacen saltar las alarmas…
problemas al no recordar lo que ha comido, lo que acaban de decirle… Aparecen
síntomas como la anomia, o la imposibilidad de recordar el nombre de algunos
objetos (síntomas explicados más arriba).

Por otro lado, observa como rinde menos en su
trabajo habitual, o en sus tareas normales diarias…

La persona se da cuenta de que “algo le está
pasando” y esta sensación es lo que va a originarle síntomas de depresión,
ánimo triste, anhedonia (incapacidad de disfrutar), ansiedad… aparecen la
apatía, la irritabilidad, el retraimiento social… la persona pierde el interés
por lo que antes le gustaba.

Aparecen alteraciones del pensamiento: delirios de
robo, de abandono, de que los intentan perjudicar o envenenar… Se inventan
historias sobre su pasado, mezclando anécdotas…

La persona se defiende del mundo. Sus familiares no
entienden lo que sucede y le “piden explicaciones” de por qué hace lo que hace…
suele ser una fase donde los conflictos familiares se acentúan.

PÉRDIDA DE LAS CAPACIDADES

Es en esta segunda fase donde aparece el síndrome afaso-apraxo-agnósico, del que
os he hablado anteriormente.

La persona además de los problemas de memoria, comienza
a mostrar problemas en su comprensión, en el lenguaje, problemas para realizar
actividades secuenciadas, reconocer objetos, personas…

Son típicas en esta fase las ilusiones y
alucinaciones: percepciones distorsionadas o falsas. Pueden ser visuales,
auditivas, olfativas…

Anímicamente aparecen explosiones de ansiedad: sentimiento
de pérdida de control, mezcladas con euforia: carcajadas exageradas o alegría desproporcionada…
Todo es cambiante en su mundo mental, se dan episodios de irritabilidad, cambios
de humor injustificados…

También comienzan los problemas para recordar
algunos hechos pasados…

El enfermo empieza a necesitar supervisión con mucha
mayor evidencia. Necesita apoyo para vestirse, comer… puede ser habitual que
incluso se pierda en su propia localidad.

FASE AVANZADA

Se trata de la última fase de la enfermedad.

El deterioro aquí es muy intenso y evidente. Su
pérdida de memoria se remonta incluso a la infancia.

La persona ya no reconoce a sus familiares, y la
pérdida de la memoria semántica también es evidente.

Puede incluso no reconocerse a sí mismo cuando se ve
delante de un espejo…

Puede llegar a darse un mutismo total,
descoordinación y alteración de la marcha.

Esta fase se caracteriza por una pérdida de
autonomía total, siendo incapaces de sobrevivir sin los cuidados de una tercera
persona.

Tratamientos

Hoy día, la enfermedad de Alzheimer sigue siendo
incurable.

Los tratamientos se basan sobre todo en la
prevención y retraso del deterioro cognitivo.

  • Tratamiento farmacológico:
    Trata de alargar el tiempo de la enfermedad, para que la persona esté más
    tiempo con menos síntomas o éstos sean menos graves. Los tratamientos actuales
    retrasan el avance de la enfermedad alrededor de medio año.
  • Tratamiento psicológico:
    Suele utilizarse la terapia ocupacional y la estimulación cognitiva como estrategias
    para frenar el avance del deterioro. Por otro lado, la psicoeducación es
    fundamental en las primeras fases de la enfermedad, cuando el paciente es aún
    consciente de lo que le está sucediendo.

Es
fundamental también trabajar con el entorno familiar, los que serán los
cuidadores directos del enfermo de Alzheimer, el segundo enfermo, el cuidador.
El asesoramiento, e información a la hora de afrontar el proceso degenerativo de
su familiar… será clave a la hora de “cuidarse adecuadamente para afrontar el
cuidado” y tomar las mejores decisiones en cada momento.

EL CUIDADOR: EL SEGUNDO ENFERMO DE ESTA HISTORIA…

Esta es una enfermedad muy complicada de afrontar
por las familias…  El cuidador principal
ha de afrontar un doble duelo en vida… el duelo por la pérdida psicológica de
su familiar, que derivará en el duelo por su pérdida física final.

El día y la noche se juntan en muchas ocasiones con
un único objetivo: vigilar continuamente a nuestro familiar enfermo, controlar
su higiene, su alimentación, su piel, sus cuidados…

Poco a poco el cuidador va dejando su vida para
dedicarse en cuerpo y alma a la vida de su familiar enfermo.

Esta situación de estrés continuado por el hecho de
tener que cuidar a otra persona, se agrava en el momento en que aparecen otra
serie de problemas habituales en la vida de 
cualquier persona…, tales como descuidos laborales (faltar al trabajo
por tener que cuidarlo…), problemas económicos (pagar a cuidadores externos…),
de pareja (tu mundo se reduce a tu familiar, descuidando a amigos, pareja…),
con hermanos, cuñados (surgen muchos conflictos familiares sobre quién se
encarga de administrar los cuidados, herencias…), etc…

En su vida afloran conflictos diarios, así como
emociones negativas y autodestructivas tales como la ira, la tristeza, la culpa
por desear incluso, en ocasiones, la muerte de tu ser querido… porque ya no
puedes más…

Además de encontrarnos en esa espiral de negatividad
emocional, físicamente aparecen problemas derivados también de toda esta
situación: trastornos psicofisiológicos
la mayoría de las ocasiones. Estos son enfermedades físicas que se causan o
empeoran por motivos emocionales o psicológicos.

¡No permitas que la corriente de negatividad te arrase
¡

Bastante difícil es la situación por la que estás
pasando, como para añadirle aún más ingredientes que la empeoren…

Lo principal es que valores que SI TÚ NO TE CUIDAS…
NO VAS A PODER CUIDAR BIEN… Así es que, por favor, si te ves sobrepasada (y
hablo en femenino porque la mayoría de las personas que cuidan son mujeres y
mayores de 50 años…) ¡PIDE AYUDA!…

Cuando cuentas con unos vínculos sociales fuertes,
con los que puedes afrontar relevos en los cuidados, conversar sobre tus emociones,
tus sentimientos… Personas que reconozcan la función que cumples… (sé que
puede no ser necesario… pero todos necesitamos un aliento…), todo esto hará que
la sensación de “carga” disminuya.

Exprésate también con él o ella, con la persona
enferma. Háblale en el único idioma que aún preserva, el último que pierde, el
que está almacenado en su Sistema Límbico… el idioma del corazón: caricias,
música, tono cariñoso de voz.

Aprende a ver el blanco dentro del negro… aprovecha
cada momento para acercarte emocionalmente a esa persona para la que eres TODO…
ayúdala a salir a ratitos de su mundo de sombras para traerla por instantes al
tuyo… lo que no puedes hacer bajo ningún concepto, es abandonar tú este, para
entrar también en la oscuridad…

 “Morimos en
las palabras que no llegamos a pronunciar, morimos en la tristeza de los que
pierden la vida esperándolas”

Gustavo Martín Garzo

Artículos Etapas Vitales

LA VIDA QUE EMPIEZA… A LOS 40.

Por Ángela Peco Psicología.

Prefiero no hablar de “Crisis de los 40” …

Prefiero hablar de la oportunidad que nos brindan los 40…

soplar velas

Sí, es cierto que, rondando esta fecha de nuestro calendario vital, nuestro cerebro experimenta algunos cambios. Aparece una especie de revolución interior, que no pasa de forma mágica cuando soplamos las velas ese día…, pero sí, alrededor de esta fecha, se produce lo que se llama “curva U” … entramos en el “valle de la insatisfacción”.

Normalmente, las crisis, en la vida de las personas, aparecen por dos motivos:

  • Evolutivos: Que dependen de los cambios biológicos que experimenta nuestro cuerpo.
  • Circunstanciales: Que dependen de los cambios que experimenta nuestro entorno y que nos afectan en lo personal.

La “Crisis de los 40” es una crisis evolutiva agravada por lo circunstancial (en nuestro modelo de sociedad). Y se caracteriza entre otras cosas por:

  • Cuadros de depresión y ansiedad: Debidos a presión social, por no cumplir con las expectativas de cara a los demás: Si aún no has tenido hijos, si aún no te has casado, si aún no te has comprado una casa…
  • Inseguridad, exceso de responsabilidades, rutinas agotadoras, falta de objetivos claros…

En psicología a esta etapa de la vida, se la conoce como la Adultez Media. Podemos decir que recorrer esa “U” de la que hablábamos antes, hace que, al llegar a su valle, en nuestra cabeza, entre otras, estén estas ideas:

–  Querer vivir nuestra propia vida sin tener que hacer precisamente lo que se espera de nosotros.

–  Pasar más tiempo con las personas que queremos, en lugar de dedicar tanto tiempo al trabajo.

–  Expresar más veces lo que sentimos, en lugar de callarnos.

–  Tener más contacto con los verdaderos amigos.

Hacemos una especie de stop (crisis), para resurgir con la fuerza que nos otorga la experiencia y la determinación.

En el mundo occidental, cumplir los 40 se relaciona con un momento crucial. Nos damos cuenta de que estamos, muy posiblemente, en la mitad de nuestra vida, y eso hace que, como si de un enfermo terminal se tratase, nuestro cerebro haga aflorar las inquietudes de lo que de verdad importa. Nos preguntamos si la vida que tenemos es la que queremos, si es lo que imaginábamos que sería…

En esta etapa surge la conciencia de lo que somos hasta este momento, y además nos hacemos conscientes de que todas las metas que queríamos conseguir, ya no vamos a poder alcanzarlas. Nos damos cuenta de que hemos de priorizar, elegir…

Y…¿Todos viviremos esta crisis?

¡Depende!… Depende de cómo interpretes este hito.

Como siempre el papel de tus pensamientos es clave.

Ante esta situación planteada por nuestro cerebro, podemos optar por varias elecciones:

  • Utilizar este empuje hacia adelante: Salir de nuestra rutina y enriquecer nuestra vida con una dirección clara hacia adelante.
  • Utilizar este empuje hacia atrás: Que la nostalgia nos paralice y nos vayamos a lo bonito que fue lo vivido, olvidándonos de todo lo que queda por hacer, sentir y vivir… Apareciendo algunos síndromes como el de “Peter Pan” (eternos adolescentes) …

Optar por la primera opción es resultado de aceptar el pasado sin rabia, y sin impotencia, y a partir de ahí comenzar nuestro nuevo presente, cada día.

Algunas pautas clave para afrontar este momento:

Los 40 son un buen momento para rediseñar nuestra vida, ¡eso es realmente lo que tu cerebro está pidiendo!:

¡Actitud por favor! Mantener una actitud positiva, no quiere decir que tengamos que estar todo el día pensando en rosa… quiere decir que seamos conscientes de la negatividad de nuestro pensamiento y sin juzgarlo, lo cambiemos, porque es mejor. De esa forma, cuando no haya crítica ni juicio (o sea el menor posible), la vida será más amable con nosotros, porque nosotros seremos más amables con la vida. Todo es causa y efecto.

La edad es sólo un número. Cualidades como la inquietud, la vitalidad, la energía, el entusiasmo… no desaparecen.

– Piensa, sin tener en cuenta la edad que tengas, si las decisiones que tomas diariamente te están alejando o te están acercando a lo que de verdad es importante para ti. Para eso es fundamental que tengas claros tus valores y principios.

– El paso del tiempo es inevitable. Aprende a mirarlo con visión de aprendizaje, sabiduría, perspectiva…

– La belleza no sólo es un cuerpo joven, o hacer locuras… eso es lo que nos venden muchos medios. ¡Trasciende eso! La belleza tiene muchas formas y matices, todos igualmente valiosos.

Respétate. Las decisiones que has tomado a lo largo de tu vida, si las tomaste fue por algo. Respeta el camino andado. En su momento hiciste lo que consideraste que era adecuado.

– Olvídate de dar a tu vida un toque nostálgico. Cumplir 40 es sólo eso. Hay mucha vida aún por experimentar.

– Menos teoría y más acción: arranca ya con los proyectos que te rondan en la cabeza. ¡Estás en tu mejor momento!

La idea clave es: ¡La vida puede empezar a los cuarenta!

Estás ante un proceso biográfico de adaptación. No se trata de un trastorno. Como todo… va a pasar.

Pero si ves que te encuentras ante una situación difícil, ves que no puedes caminarla solo y necesitas ayuda, no tengas miedo a acudir al psicólogo.

Un profesional puede ayudarte sin juzgarte, te enseñará a ver tu vida con perspectiva y a adquirir habilidades para tomar las decisiones que necesites con seguridad.

“No puedes evitar envejecer, pero no tienes que hacerte mayor.”

                                                                                 George Burns