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DUELO… EL DOLOR QUE MÁS DUELE

Por Ángela Peco Psicología.

La palabra DUELO, viene del latín “duelum”, y significa dolor.

flores secas

Se trata de un dolor que no se puede comparar a ningún otro que hayamos podido conocer… y todos, más tarde o más temprano experimentos este sentimiento, ya que ante la pérdida (muerte, desaparición, vínculos rotos…)  de un ser querido es imposible evitar el dolor… el quid de la cuestión está en ¿qué nos permitimos hacer con ese dolor?… Normalmente, solemos optar por tomar una de estas tres direcciones:

  • DEJAR LA HERIDA ABIERTA: Quedarme anclado en la pena, en la impotencia, en la rabia…
  • CERRAR LA HERIDA EN FALSO: Volver rápido a mi estado anterior y hacer como si no hubiera pasado nada.
  • CURAR LA HERIDA Y ACEPTAR LA CICATRIZ: Trabajar ese dolor, esa impotencia y esa rabia y seguir caminando…construirse a uno mismo de nuevo.

Pero… ¿Podemos elegir lo que hacer? ¿sabemos qué decisión tomar en esos momentos? ¿y todo lo anterior no cuenta entonces?… Normalmente y… es natural, ante este gran dolor, tan profundo, tan atávico, se une otra emoción que nos termina de desajustar, la confusión.

El duelo es un camino… y como todos los caminos hay que caminarlos, a pesar de las piedras, a pesar de los charcos, a pesar de tener que ir dolorido o descalzo, porque nunca antes has llevado esos zapatos y te quedan grandes…

Ese estado de confusión, de desamparo, de indefensión se refleja físicamente también… porque así es nuestra psique… y aparecen síntomas como insomnio, falta de energía, y otras enfermedades que ven la oportunidad de aparecer porque nuestro sistema inmunitario también se deprime.

Emocionalmente surgen emociones como: irritabilidad, inapetencia, pérdida o ganancia de peso; apatía, problemas de memoria y concentración; tristeza, ira, culpa, aislamiento social, bajo rendimiento laboral, depresión…

La confusión es como un estanque de agua al que de repente empiezan a tirar piedras… inevitablemente el agua se remueve, y todo es caótico, el barro del fondo empieza a subir y todo es turbio… ESPERA… cada cosa volverá a su sitio… poco a poco el agua volverá a ser clara de nuevo… no hay prisa. Todo está bien. Porque en ese momento la confusión es una respuesta normal.

 Todos los días vivimos rodeados de mensajes de vida: ¡Vive, gana dinero, viaja, disfruta!… En nuestra sociedad, hablar de la muerte aún es un tema muy tabú, nos da miedo, por desconocido, porque la asociamos al dolor, porque es despedida… Esta forma de ver la muerte hace que aparezca un amigo que la acompaña… es el SILENCIO. Un silencio que hace que a lo largo de la vida se hable muy poco de la muerte… y cuando esta llega a nuestras vidas, nos falta preparación para abordar el duelo con salud. Al duelo hay que darle su espacio, no reprimirlo, porque nos guste o no nos guste, ser vulnerables es parte de nuestra naturaleza humana.

¿Y es malo ser vulnerables?

¡Claro que no!, Ahí es donde reside tu verdadera fuerza.

 Imagina que te haces una herida… si tu niegas que esa herida existe… ¿qué te pasa?… la herida se infecta y se empeoran las cosas ¿verdad?… pues a nivel psicológico es lo mismo… Para avanzar, para mejorar, para sanar… lo primero que tenemos que aceptar es que estamos heridos… que hay algo que nos duele, que somos vulnerables.

Si afrontamos un duelo desde la indiferencia, vivimos la realidad con una máscara que nos ponemos para disfrazar nuestro miedo, y entonces “mal-afrontamos” este estado de confusión.

La indiferencia es una “muleta”, que utilizamos para caminar ese sendero. Hacemos como si no nos afectara lo que acaba de pasar, queremos volver a recuperar el control del rumbo de nuestra vida, y sólo queremos volver a la normalidad: queremos hacer lo mismo que hacíamos, hacer como que la pérdida no hubiese pasado… Sin embargo… Sí ha sucedido. Ha habido un cambio. Ahora ya no es como antes. No se puede disimular ante uno mismo por mucho tiempo… la muerte irrumpe en la vida y a partir de ese momento, las cosas, la vida y nosotros, cambiamos.

Nadie va a llorar por ti…, nadie va a reorganizar tus pensamientos y aliviar tu dolor… TU PAPEL es clave… TU RITMO… TU TIEMPO… porque tú eres único… Es necesario tener mucha paciencia y compasión CONTIGO mismo en este difícil período.

Y mientras… sigues viviendo.

Y mientras… todo te reclama algo: La SUPERACIÓN.

Siempre lo digo… y es que… no todos somos iguales y, además, cada pérdida es diferente… Cada uno de nosotros reaccionamos como sabemos o como podemos…

La superación de estos duros hechos, va a depender de nuestra RESILIENCIA. Esta palabra significa, la capacidad que cada uno de nosotros tenemos para afrontar la adversidad y poder crecer a pesar de todo.

Sobre todo, NO TE CREAS:

  • Que tienes que ser fuerte. No tienes que… nada.
  • Que la medicación es necesaria para aliviar el dolor y la ansiedad asociada al duelo. El duelo no es una enfermedad que debe ser curada. La medicación muchas veces actúa como una gran alfombra pesada debajo de la que metemos todo lo que no queremos limpiar…
  •  Que lo mejor es no sacar el tema. Las personas que sufren, necesitan hablar y elaborar lo que ha sucedido. Cuando relatamos lo que ha pasado, lo argumentamos… nos ayuda a elaborarlo en nuestra mente, a no fantasear…
  • Que si no lloras es que no estás triste. El llanto no es la única respuesta de la tristeza.  El dolor se puede mostrar de muchas maneras.
  • Que el tiempo lo cura todo. El duelo es una respuesta adaptativa, pero nunca “termina” realmente. Aprendemos a vivir con ello sin excluir lo demás.  Pero algunas emociones pueden resurgir en cualquier momento que recordemos nuestra pérdida. El duelo no es un proceso lineal.

Cada persona deberá encontrar su propia forma de encarar el duelo, de no cerrar en falso su herida, de no ignorarla… Ha de encontrar sin miedo, su propia y personal y única manera de encontrar alivio, para levantarse de nuevo, para ver de nuevo luz y acabar con el vacío interno que nos duele en el duelo.

“Nuestros miedos no detienen la muerte… sino la vida”

Elisabeth Klüber Ross

2 comentarios sobre “DUELO… EL DOLOR QUE MÁS DUELE”

  1. Felicidades, lo has descrito tal cual es, este dolor es imposible describirlo, si no lo has vivido, perdí a mi esposo el 18 de 02 de 2020, con 48 años partió, vivo en un país que no es el mío con mi hija de 14 años, y siento un puñal clavado en mi pecho, se que tengo que seguir, por mi y por mi niña, pero es muy difícil, mil gracias.

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