DESESPERANZA
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VIVIR CON DESESPERANZA

DESESPERANZA

Por Ángela Peco Psicología.

Llevo días reflexionando sobre la desesperación. Ese lamento que unos no expresan, y otros viven haciendo de ella su “canción psicológica”… pero que en ambos casos responde a no ver salida…

La desesperación es como un canto negro que surge de un vacío enorme en el alma… Un canto que nos hace vivir apagados, sin encontrar alegría en nada de lo que nos rodea, sin ser capaces de disfrutar, de sentir nuestro cuerpo en calma, con un río interno que no para en nuestros ojos, y que a veces ni siquiera es capaz de expresarse en lágrimas.

Como la propia palabra expresa, desesperación… es vivir sin esperanza. Sin esperanza de que tu situación vaya a ir a mejor. No se ve esa famosa luz al final del túnel.

Quien siente esa desesperanza habla de agotamiento mental, emocional y conductual. Es estar cansado de tantas decepciones y tristezas acumuladas… que se da todo por perdido.

Si hay algo que me alerta en consulta y en la vida… es ver esa emoción en los ojos de la persona que tengo delante.

Un autor que me viene a la cabeza siempre que hablo de este tema, es Viktor Frankl con su obra “Un hombre en busca de sentido”. Una joya, por lo que expresa, por como lo expresa, por sus conclusiones… y sobre todo porque es vivencia… real, la vida.

Este hombre, psicólogo superviviente de varios campos de concentración nazi, creó la logoterapia, basándose en la unión de dos conceptos: sufrimiento y pérdida de sentido. Ofreciendo, sin embargo, una visión positiva donde según su experiencia, pudo comprobar que, a pesar del sufrimiento, el hombre puede afrontar cualquier dura realidad si en su mente aparece una esperanza, una ilusión, un motivo.

 Todos vivimos la desesperación en un momento de nuestras vidas.

Es difícil encontrar alguna persona que no haya pasado por un momento de desesperación en su vida, donde no se haya sentido bloqueado, perdido… cuando nos parece que el mundo va en nuestra contra.

Cuando esto es ocasional, podemos tolerarlo.

Cuando alimentamos esta situación con ciclos de pensamientos rumiantes, obsesivos, negatividad e indefensión… entonces aparecen emociones más difíciles de sortear: tristeza, rabia, frustración…

Emociones que si no eres capaz de gestionar con inteligencia pueden llevarte hacia un trastorno depresivo.

Tu mayor enemigo eres tú.

La desesperación llevada a su extremo, termina generando en la mente de la persona ideas extremas también. Ya sabes lo que opino de los extremos… (sal corriendo cuando te veas en alguno de ellos).

Entre esas ideas extremas está la ideación suicida… la vía de escape que aparece en tu mente como resultado de la desesperanza. Por favor si es tu caso pide ayuda psicológica.

Cuando una persona sufre depresión mayor u otros trastornos como por ejemplo el trastorno bipolar, es muy común que estas ideas aparezcan en su mente.

Agárrate a la ira.

Siempre digo que prefiero que sientas ira a que sientas tristeza… La ira te activa, la tristeza hace que te abandones y abandones todo, que todo te acabe dando igual.

En la desesperación habitan ambas emociones (ira y tristeza), y es la ira la que te puede ayudar.

Sé que esta emoción tiene muy mala fama… no la conocemos del todo bien. La ira es destructiva, sí, pero también es poderosa, energética, reivindicativa y transformadora. Todo depende de lo que hagas con ella. Esa es tu responsabilidad.

Una persona desesperanzada, siente un profundo enfado con el mundo y consigo misma. Ese enfado es el que puede ayudarla.

La terapia en casos de desesperación.

La terapia en estos casos puede ayudarte a encontrar tu sentido de vida. Tu para qué… en la vida. Puede ayudarte a trasformar tu discurso interno. A apartar la tristeza y sacarte a flote agarrándote a esa energía que te proporciona el enfado que también sientes.

En terapia te puedo ayudar a darte cuenta de tu enfado, a sacarlo, a sentirlo y a transformarlo.

La desesperación tiñe tu mirada con unas gafas oscuras, que ven lo peor del mundo, de los que nos rodean y de nuestro ser.

Está bien ver nuestra “sombra” y aceptarla, como nos dice Jung, pero una vez vista y aceptada, el siguiente paso es trascender ese lodo. Quedarnos atrapados en él es un error.

Ya es momento de dejar atrás el sufrimiento y a todos los que te unen a él. Rompe cadenas.

La desesperanza… la antesala de la depresión.

La desesperanza, además de esa mezcla de tristeza y rabia, de la que hemos hablado antes, tiene una importante dosis de baja autoestima, frustración, amargura y un elevado discurso pesimista (interno y externo).

Mantener este hilo conductor nos llevará sin duda a un proceso depresivo.

Por este motivo es fundamental tratar la desesperanza como paso para prevenir la depresión.

Te invito a llevar a cabo estos pequeños ejercicios para abordar la desesperanza:

  • Mentaliza cómo te sientes, intenta dar nombre a cada estado emocional que tengas.
  • Intenta darte cuenta que la desesperanza es un estado acumulativo: resuelve las cosas que te incomodan, no las dejes pasar por alto.
  • La desesperanza se alimenta de malos hábitos, que pueden ser mentales, físicos… A partir de hoy intenta incluir en tus días nuevos hábitos. Al principio te va a costar, pero después irás dándote cuenta de los beneficios de la flexibilidad.

Muchos me contáis que estáis dentro de un pozo oscuro… prefiero que me cambiéis esa metáfora por otra un poco más esperanzadora… prefiero que pienses que estás dentro de un túnel oscuro, porque dentro del túnel puedes avanzar, en la oscuridad, hacia la luz que seguro estará detrás. Confía.

Dentro del pozo no importa nada, no hay sitio para nadie, solo para ti y tus miedos… Tu mente no ve forma de salir y solo en esa oscuridad encuentra escapatoria… Tu mente te está mintiendo.

Sientes que no eres importante para los demás… pero los demás no saben cómo poder ayudarte, porque tu foco de atención se centra en que los demás se aprovechan de ti, te faltan el respeto, no te dan atención… sin embargo si amplias tu foco y te centras en lo “micro”, cada día, cada persona te ofrece pequeños gestos positivos a los que te invito aferrarte para salir de esas tinieblas: sentir el calor del sol en tu rostro, una mirada cómplice de un niño, mirar el amanecer y sus colores, darte cuenta de los momentos de amor que vives con los tuyos, el café al que te invita tu compañera de trabajo… micro cosas, que marcarán la diferencia de tu día. Te lo aseguro.

Sal de tu mente, sal del pozo:

  • No eres una carga para los demás. No finjas ni brindes falsas sonrisas para no preocupar. Puedes expresarte, pero no caigas en el vicio de la queja interna, porque es eso, un vicio que no te deja escapar. Intenta no quejarte, ni hacia fuera ni por dentro. Sustituye la queja por gratitud.
  • Observa la rigidez de tu mente, observa las distorsiones que utiliza para no permitirte salir del pozo: pensamientos radicales (“todo el mundo me hace daño”, “mi vida es un auténtico fracaso” …) etiquetas que te dañan (“soy una mala madre”, “estoy loca…”), filtrado de la realidad por las gafas grises de la desesperanza (“haga lo que haga, todo me sale mal”) …
  • Acepta tus emociones negativas. No pasa nada por mirarlas de frente, y escuchar lo que te quieren decir. Están ahí por y para algo. Te están enseñando heridas que no están curadas. Te están pidiendo a gritos que de una vez te valores, te cuides, pares, te priorices…
  • La vida primero te susurra, y si no le haces caso, después te grita… Si el dolor que sientes ahora es fuerte, es porque cuando fue más débil no le hiciste caso. Por eso, ahora afronta. Planta cara a todo lo que te abruma: a tu familia, a tu jefe, a tu pareja, a tus hijos… no dejes que abusen más de ti. Pon límites. Organiza tus prioridades. Coloca cada cosa en su lugar. Paso a paso…
  • Ten clara una cosa: el dolor es algo temporal. Siempre hay niebla antes de salir a la luz. Pero tienes que atravesar el camino.
  • Cambia tus hábitos mentales: Toma la primera decisión, la de cuidar tu cuerpo, mimarlo, quererlo, aceptarlo. Toma otra decisión, la de cuidar tu mente, nútrete de belleza, de pensamientos positivos, de palabras bonitas (saca de tu mente palabras como miedo, dolor, culpa, ira, agresión…. y sustitúyelas por otras como cariño, belleza, alegría, poder, generosidad…).
  • La gratitud nos ayuda a mirar la vida desde otro ángulo. Aprende a irte a la cama cada noche agradeciendo a la vida por tres cosas cada día (no hagas trampa, ¡no quiero que sean siempre las mismas!). Puedes pensar que no tienes tantas cosas por las que dar las gracias, pero poco a poco verás cómo mejoras en eso. Acostumbra a tu cerebro a buscar posibilidades, los problemas ya los busca él solo…
  • Entiende que llevas mucho tiempo viviendo en la oscuridad, tu mente se ha hecho experta en buscarla, y se siente cómoda en la incomodidad. Este vínculo tóxico solo puedes frenarlo tú utilizando el arma de tu voluntad al principio, que se convertirá en hábito después cuando lo entrenes. Y cuando se convierta en hábito el pensar con más flexibilidad y el agradecer, entonces, no te costará nada. Se constante y verás los resultados, te lo garantizo.

Pide ayuda

Si te sabes la teoría, pero te cuesta llevarlo a la práctica, pide ayuda.

Pide ayuda a tus amigos, a tu familia, a profesionales cualificados.

Pedir ayuda no es de personas débiles. Apóyate en quienes te rodean, permítete recibir apoyo.

Nada es eterno… la oscuridad tampoco. Sólo necesitas apoyo para cruzar el túnel.

«La desesperanza es como un velo que oscurece el horizonte, nublando la posibilidad de cambio y atrapando al individuo en la creencia de que el dolor es permanente, cuando en realidad es temporal y puede ser transformado.» Anónimo.

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Puedes encontrar más información y material en el canal de You Tube de Ángela Peco Psicología

EL PODER DEL PERDÓN
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EL PODER DEL PERDÓN

EL PODER DEL PERDÓN

Por Ángela Peco Psicología.

En la compleja danza de la vida, nos encontramos constantemente con emociones que moldean nuestras experiencias y relaciones… momentos en los que nos sentimos héroes y otros en los que somos el peor de los villanos… así de moldeables podemos llegar a ser, cuando nos fiamos cien por cien de la loca danza de nuestras emociones.

El perdón, el miedo y la culpa son tres compañeros de viaje que afectan profundamente nuestra psique y nuestras interacciones con los demás.

En este artículo, quiero que explores conmigo los mecanismos de acción de estos conceptos y cómo se entrelazan en la experiencia humana cotidiana, junto con consejos para manejarlos de manera saludable.

¡Vamos allá!

El Perdón: Liberando el Alma

El perdón es un acto de liberación emocional, un regalo que nos damos a nosotros mismos.

Cuando perdonamos, no necesariamente estamos absolviendo a alguien más de responsabilidad, sino que estamos liberando el peso emocional que llevamos dentro. Eso es mucho.

Estudios científicos han demostrado que practicar el perdón reduce el estrés, la ansiedad y la depresión, promoviendo así una mejor salud mental y física. Seguro que has podido experimentar esto en alguna ocasión.

El perdón nos permite soltar el resentimiento y el rencor que hemos acumulado, abriendo espacio para la compasión y la aceptación. Al liberarnos de la carga del pasado, podemos avanzar con mayor ligereza y claridad en nuestras vidas.

Tips para Practicar el Perdón:

  • Cultiva la comprensión: Trata de entender la perspectiva de la otra persona y las circunstancias que podrían haber llevado a sus acciones. Ponte en sus zapatos.
  • Reconoce tu propio sufrimiento: Reconoce el impacto emocional que el resentimiento y la ira tienen en tu vida y busca liberarte de esa carga. Seguro que mantener tu actitud de rencor te complica la vida… obsérvalo.
  • Permítete sentir: Reconoce y valida tus emociones, pero no permitas que te consuman. Permítete sentir y luego suelta el dolor. No ocultes nada… pero no te aferres a nada.
  • Practica la empatía y la compasión: Trata a los demás con compasión y entiende que todos cometemos errores. Los demás son un reflejo de ti mismo (que difícil es entender esto, pero que liberador a la vez).
  • Haz las paces contigo mismo: Perdónate a ti mismo por tus propios errores y fallas. Aprende de ellos y sigue adelante con compasión y autocompasión. No somos infalibles… y eso está bien.

 

El Miedo: El Guardián de la Supervivencia

El miedo es una emoción primaria que tiene el propósito de protegernos del peligro.

En su forma más básica, el miedo nos alerta de posibles amenazas y activa respuesta de lucha, huida o congelamiento.

Sin embargo, cuando el miedo se vuelve crónico o desproporcionado, puede limitar nuestra capacidad para vivir plenamente.

La culpa, por otro lado, puede ser un desencadenante potente de miedo. Lee de nuevo esta frase. Piénsalo…

El miedo a ser juzgados o rechazados por nuestros errores puede llevarnos a esconder la verdad o a evitar enfrentar las consecuencias de nuestras acciones.

Tips para Afrontar el Miedo:

  • Practica la aceptación: Acepta que el miedo es una emoción natural y válida, pero no permitas que te paralice. Siente la emoción sin dejar de hacer lo que tienes que hacer.
  • Desafía tus pensamientos: Cuestiona tus pensamientos irracionales y encuentra pruebas que los desmientan. El miedo nos distorsiona la realidad.
  • Enfrenta tus miedos gradualmente: Toma pequeños pasos para enfrentar tus miedos y aumenta gradualmente tu exposición a ellos. Verás poco a poco que… no pasa nada.
  • Practica la relajación: Utiliza técnicas de relajación como la respiración profunda, la meditación o el yoga para reducir la ansiedad y el estrés.
  • Busca apoyo: No tengas miedo de pedir ayuda a amigos, familiares o profesionales de la salud mental si sientes que el miedo está afectando tu vida de manera significativa, que te paraliza, que dificulta tus relaciones personales y familiares…

La Culpa: El Peso del Remordimiento

La culpa es una emoción poderosa que surge cuando percibimos haber causado daño a otros o a nosotros mismos.

Aunque puede ser una señal importante de nuestra conciencia moral, la culpa en exceso puede convertirse en un obstáculo para el crecimiento personal y la autoaceptación.

La conexión entre la culpa y el perdón es profunda.

A menudo, el proceso de perdonar a los demás o a nosotros mismos implica reconocer y confrontar la culpa que llevamos dentro.

Al enfrentar nuestras acciones pasadas con compasión y humildad, podemos sanar las heridas emocionales y liberarnos del ciclo de auto-flagelación.

Tips para Afrontar la Culpa:

  • Acepta la responsabilidad: Reconoce tus errores y acepta la responsabilidad por tus acciones.
  • Haz las paces contigo mismo: Perdónate a ti mismo por tus errores y comprende que todos cometemos errores en la vida. Afortunadamente nadie es perfecto.
  • Aprende y crece: Utiliza tus experiencias pasadas como oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal.
  • Compensa tus acciones: Si es posible, toma medidas para enmendar el daño que has causado y hacer las paces con aquellos a quienes has lastimado.
  • Practica la autocompasión: Trata de ser amable y compasivo contigo mismo, reconociendo que eres humano y que mereces amor y aceptación.

La Relación entre el Perdón, el Miedo y la Culpa en la Vida Cotidiana

En la vida diaria, el perdón, el miedo y la culpa están entrelazados de manera compleja.

Por ejemplo, a veces sentimos miedo de perdonar a alguien que nos ha hecho daño porque tememos ser heridos nuevamente o ser vistos como débiles… Por otro lado, la culpa puede hacernos sentir miedo de ser juzgados por otros si admitimos nuestros errores o si perdonamos a alguien que nos ha lastimado… Ese es el baile de estas emociones… un baile complejo, que se entrecruza, que se anuda, que nos ata…

Sin embargo, es importante entender que el perdón no significa ignorar el miedo o la culpa.

Al contrario… implica enfrentar estas emociones con valentía y compasión.

Reconocer y aceptar estas emociones como parte de nuestra experiencia humana nos permite liberarnos del peso emocional que llevamos y avanzar hacia una vida más plena y significativa.

La Importancia del Perdón: Un Estudio de la Universidad de Stanford

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Stanford encontró que practicar el perdón no solo tiene beneficios para la salud mental y emocional, sino que también puede tener impactos positivos en la salud física.

El estudio, publicado en la revista Psychological Science, mostró que las personas que practicaban el perdón experimentaban niveles más bajos de estrés y una mejor salud cardiovascular en comparación con aquellas que mantenían rencores y resentimientos.

Los investigadores sugieren que el perdón puede reducir la actividad del sistema nervioso simpático, que está asociado con la respuesta de lucha o huida, y promover una mayor activación del sistema nervioso parasimpático, que está asociado con la relajación y la recuperación. Estos hallazgos respaldan la idea de que el perdón no solo es un acto de generosidad hacia los demás, sino también un acto de amor propio y autocuidado.

Conclusión: La Libertad del Perdón

En última instancia, el perdón es un acto de autoliberación.

Al perdonar a los demás y a nosotros mismos, nos permitimos soltar el pasado y abrirnos a nuevas posibilidades de amor, conexión y crecimiento.

Como dijo el escritor y filósofo Johann Wolfgang von Goethe: «El perdón es la llave para la acción y la libertad.»

En nuestras vidas, el perdón nos ofrece la oportunidad de trascender el miedo y la culpa, y abrazar la plenitud de nuestro ser.

Que este artículo sirva como un recordatorio de la belleza y el poder del perdón en nuestras vidas cotidianas.

 

«El perdón no excusa el comportamiento, pero libera al corazón del resentimiento». Brendon Burchard

 

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Vacío por dentro
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VACÍO POR DENTRO

Vacío por dentro

Por Ángela Peco Psicología.

¿Has oído alguna vez a alguien decir que se siente “vacío por dentro”? Si es así, activa bien tus sentidos… realmente lo que está haciendo esa persona es pedirte ayuda.

La sensación de vacío por dentro indica falta de motivación, pérdida de ilusión, no tener interés en nada de lo que hace en su vida, incapacidad de sentir placer con nada de lo que tiene, hace o le rodea…

La vida se convierte en una rutina que apaga el interior de la persona. Nos volvemos seres autómatas, donde hacemos, pero no sentimos, nos enfocamos simplemente dejar que la vida pase, sin más. Nuestra chispa se va apagando.

Podemos intentar llenar ese vacío con parejas, con comida, con alcohol, con mil planes y salidas… Pero a pesar de eso, ese vacío se vuelve insoportable. Se vive como insoportable porque además no se comprende, tenemos todo, y no llegamos a saber qué es lo que necesitamos para llenarlo.

No quiero que pienses que por encontrarte así un día ya estás sufriendo un trastorno o es algo grave… ¡no!, ten en cuenta que las emociones son muy variables y nos confunden muchas veces.

Igual que no es normal estar siempre triste, tampoco lo es el estar siempre alegre y feliz. Lo que puede ser patológico es permanecer en la tristeza o el vacío mucho tiempo. Si es tu caso, sería importante que lo contaras a alguien que pueda ayudarte a buscar apoyo psicológico.

PISTAS DE LO QUE TE PUEDE ESTAR PASANDO

Como siempre os digo… cada situación o estado es vivido de forma diferente por las personas, dependiendo de su historia de vida y de las herramientas psicológicas que haya ido desarrollando.

Unas personas experimentan el vacío como una sensación de tristeza infinita y otras en cambio lo expresan con angustia, otros simplemente expresan que “no sienten nada”.

Lo que sí expresan en común son estos puntos:

  • Sensación de cansancio, de no saber hacia dónde dirigir sus vidas. Viven sin una meta que cumplir.
  • Viven con la sensación de estar separados de sí mismos sin saber que necesitan para estar mejor.
  • Nada les hace sentirse bien. Nada les interesa. Con nada disfrutan.
  • Sensación profunda de soledad, aunque pasen el día rodeados de personas. No logran establecer vínculos con nadie, por lo tanto, no se sienten comprendidos ni apoyados.
  • No experimenta emociones, se trata de una especie de “anestesia emocional” que no permite sentir alegría, tristeza, enfado… Existe dificultad para identificar emociones, expresarlas, verbalizarlas y compartirlas.

PERO… ¿A RAÍZ DE QUÉ…?

Estas sensaciones pueden derivarse a raíz de…

Haber sufrido pérdida fuerte o vivir un suceso traumático.

Cuando vivimos un suceso traumático, no esperado, que nos ha impactado, una situación de pérdida o duelo… nuestros sentimientos parecen no aflorar, aunque necesitamos que lo hagan, es inútil, no aparecen, vivimos estas situaciones como si nos hubiésemos congelado.

Atravesamos esa situación de pérdida (trabajo, ser querido, amistad que acaba…) como si hubiese un vacío interno enorme, que no sabemos nombrar, sentir ni expresar… Nuestro cerebro entiende lo que ha pasado, pero “nos protege” del dolor de esa forma… retardando la emoción, dejándola para ir sacándola después.

Nuestro cerebro utiliza tres estrategias fundamentales de afrontamiento para defendernos de las agresiones externas: SUPRIME, NIEGA o EVITA. Esto lo hacemos de forma inconsciente, automática, fuera de la consciencia…

Careces de apoyo social

Aunque nuestro mundo cada vez fomenta más el individualismo, somos seres sociales, vivimos y nos desarrollamos en tribus, eso hizo que pudiésemos sobrevivir y evolucionar…

Cuando vivimos en aislamiento social, carecemos de vínculos significativos, no cubrimos nuestra necesidad de pertenencia, no recibimos apoyo cuando lo necesitamos, no podemos compartir experiencias… Estas son una de las principales causas del sentimiento de vacío del que estoy hablándote en este artículo.

Te estás replanteando tu vida, quien eres, donde vas…

A lo largo de nuestra vida, pasamos por momentos de “crisis personales”, sobre la adolescencia, sobre los 40 años, sobre los 65 años…

Son momentos en los que los seres humanos vivimos cambios en nuestras vidas, y eso nos lleva a plantearnos el sentido de lo vivido, el tiempo pasado si ha sido perdido o ganado… Nos planteamos el futuro, aparecen nuestros miedos, inseguridad…

Vives con demasiado estrés

Cuando en tu vida parece no haber tiempo, vives en continua multitarea, con la sensación de no parar y aun así no llegar a todo… nuestro cerebro puede protegernos con un mecanismo que se conoce como “disociación”, que se trata de una desconexión entre tu mente y la realidad que vives, es como si no estuvieras en el mundo que estás (¡tu mente está en otro lado!).

El problema de estos mecanismos de defensa de los que estoy hablándote en este artículo, no es que aparezcan de forma transitoria, el problema viene cuando los utilizamos tanto que se cronifican, entonces pueden convertirse en problema.

Trastorno de Estrés Post Traumático

Esa sensación de “vacío por dentro” es uno de los síntomas de un cuadro más complejo, el Trastorno de Estrés Post Traumático (TEPT).

Algunos trastornos de la personalidad

Finalmente, solo a modo de pincelada, explicarte que esta sensación de profundo vacío también puede explicarse dentro de algunos trastornos mentales:

  • Depresión Mayor.
  • Trastorno narcisista de la personalidad.
  • Trastorno límite de la personalidad.

Si esa sensación de vacío aparece en tu vida de forma diaria afectando a las diferentes áreas de tu vida y ves que no desaparece a pesar de tus intentos, por favor, pide ayuda.

PISTAS PARA AFRONTARLO

Cada caso es un mundo, y su evolución depende de muchas variables… pero te dejo algunos puntos que pueden ayudarte:

  • LÍNEA DE LA VIDA: Utiliza esta herramienta, consiste en crear una línea que simboliza tu vida, en ella ve poniendo los diferentes hitos que te han marcado, tanto para bien, como los que te han marcado para mal… cuando somos conscientes de todo esto y lo vemos reflejado podemos encontrar la explicación y la raíz a ese sentimiento de vacío o desconexión emocional que sientes.
  • USA LA ESCRITURA TERAPÉUTICA: Uno de los objetivos es que reconectes con tus emociones, aunque duela, es lo que te va a sanar. Cuando escribimos sin pensar, lo que vaya surgiendo, en un papel blanco, sin líneas, y a un solo color, empezamos a liberar nuestra mente y nuestra emoción. Deja que aflore el dolor.
  • NO FUERCES NADA. Cada persona lleva su ritmo en la expresión del dolor, sólo permítete sentir lo que sientes, sea lo que sea, sin juicios. No pongas pensamiento a la emoción, no pienses la emoción, eso la bloquea más aún.
  • BUSCA PERSONAS. Acércate a la gente, comparte tu tiempo con más personas, comparte tus experiencias con ellas. Cuando vivimos acompañados, sí tenemos que hacer concesiones, puede que lo vivamos con incomodidad, pero vivir buscando la comodidad nos enferma, piénsalo…
  • ¿QUÉ TE HACE SENTIR BIEN? Cuando una persona vive con depresión, una de las técnicas más utilizadas es la de la activación conductual, se invita a la persona a buscar actividades que la hagan sentir bien. Aquí la lucha es contigo mismo/a, intenta primero buscar esas actividades que te apetecería volver a realizar, prográmatelas en un horario semanal, cumple con ese horario, sin pensarlo, solo hazlo, poco a poco a medida que te esfuerces en hacerlo, irás notando como cada vez necesitas menos esfuerzo para activarte.
  • BUSCA APOYO PROFESIONAL. A veces solos somos incapaces de levantar cabeza. Un psicólogo te puede ayudar a entender lo que te pasa y te puede proporcionar técnicas y pautas centradas en tu caso concreto.

“Es curioso que la vida, cuanto más vacía, más pesa.” León Daudí.

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ESTOY BIEN… PERO, SIENTO CULPA.

COVID19

Por Ángela Peco Psicología.

No, no tengo COVID… pero… ¿Porqué yo no? ¿Por qué yo lo he podido superar y mi familiar no?… ¿Por qué yo no he tenido casi síntomas y mi familiar está tan grave?…

Esta situación se conoce como SÍNDROME DEL SUPERVIVIENTE o CULPA DE SUPERVIVIENTE… Y puede derivar en futuros casos de DEPRESIÓN.

Son muchas las personas que están sobreviviendo a esta pandemia… y en muchos casos, salir de esta supone una gran alegría… Pero hay otras personas que no sienten esa sensación porque en sus cabezas ronda una pregunta ¿Por qué yo sí y mi familiar no?…

Cada día… es como si por dentro hubiese un volcán a punto de explotar… nuestra ANSIEDAD está ahí esperando que bajemos la guardia para poder salir… ahora todo le es propicio… Por eso tu actitud en este momento es muy importante.

Cada uno estamos enfocando este TIEMPO DE NO-TIEMPO de una manera diferente:

  • Algunos no pueden dormir.
  • Otros están todo el día en período de hibernación: pelis, series, videojuegos, comer, responder whatsapp…
  • La hiperactividad es el día a día de otros, y su forma de paliar la ansiedad… porque cuando hacen cosas, no piensan… y cuantas más cosas hagan mucho mejor…
  • Otras personas que ya padecían ansiedad… ahí continúan intentando sofocar como pueden ese fuego que se aviva ante esta realidad tan complicada de asimilar.

Lo cierto es que estamos viviendo un sufrimiento que no es sólo propio, es un sufrimiento que es de todos y por todos y que no sólo quedará en la memoria de una persona… quedará en la memoria de toda la humanidad…

Este sentimiento de culpa del que os hablo… surge, sobre todo:

  • En personas que han perdido un ser querido. Por ejemplo: uno de los miembros de un matrimonio; hijos que han perdido a sus padres… o padres que han perdido a uno de sus hijos…

Los sentimientos de negación, rabia, culpa… son habituales.

  • Personas que sufren por sus compañeros de trabajo que están enfermos, o por los que han perdido su trabajo y están pasando por mucha incertidumbre sobre el futuro…
  • Otros… no han perdido a nadie, y han superado la enfermedad… pero tienen ese sentimiento de dolor, de vacío, de irrealidad al ver tanta gente morir…

Muchas personas después de vivir de cerca situaciones de dolor, guerra, sufrimiento… o situaciones como las que estamos viviendo este último mes… se hunden en un profundo estado de culpa, de sufrimiento y de constante estrés. Los síntomas que suelen darse son:

  • Insomnio.
  • Desmotivación por seguir.
  • Flashbacks o recuerdos continuos del episodio traumático.
  • Mal humor e irritabilidad.
  • Cefaleas, dolor muscular…
  • Sensación de desconexión de la realidad.

¿Y si siento esa CULPA… qué puedo hacer?

  1. Primero tienes que saber que lo que te pasa no es nada raro … les sucede a muchas personas que han vivido situaciones semejantes a las que estás viviendo tú. Sobre todo, cuando han perdido a alguien cercano o se enfrentan continuamente a la muerte.
  2. No des poder a ese sentimiento de culpa… Busca un refugio, en tu casa, con personas queridas y con las que puedas expresar tu dolor, tus sentimientos…
  3. Recuerda cuáles son tus valores, tu significado en la vida, tus prioridades.
  4. Cuida de todos aquellos a quienes tengas cerca… Puede ser tu familia, tus vecinos, tu perro, tu gato… puede ser contribuir como mejor puedas a tu comunidad…
  5. Insisto una vez más en la importancia de establecer rutinas estos días.
  6. Plantea nuevas metas en tu vida… si son a corto plazo y no muy ambiciosas mejor… Nos ayudan a agarrarnos con fuerza a la vida.
  7. Intenta sentir, entender, comprender… que a veces hay cosas que escapan a nuestro control… Aceptar esto es clave para tu bienestar.

No te quepa ninguna duda que lo vivido a lo largo de este mes te va a cambiar la forma de ver la vida y de estar en ella… a ti, y a todos…

De ti, de cada uno de nosotros depende que cuando termine esta etapa… nos volvamos seres más humanos, que demos más importancia a las personas, al agradecimiento, a la comunidad… o por el contrario, que optemos por ser seres más distanciados entre nosotros (para protegernos…). Ojalá y optemos por la primera decisión…

SER más HUMANOS.

Sin lugar a duda este virus nos está dando una lección de humildad… No somos tan fuertes como pensábamos…

Superarlo físicamente está siendo un reto.

Superarlo mentalmente, será el siguiente:

  • Estrés Postraumático.
  • Conductas Obsesivo-Compulsivas.
  • Sentimiento de vacío ante los duelos no elaborados.

Ahora vienen los días del después… El segundo round.

 

“La búsqueda del significado es la clave para la salud mental y el florecimiento humano”

Viktor Frankl.

 

Artículos Duelo, Artículos Infancia

¿CÓMO AFRONTAN LOS NIÑOS LA MUERTE DE UN SER QUERIDO?…

¿CÓMO AFRONTAN LOS NIÑOS LA MUERTE DE UN SER QUERIDO?

Por Ángela Peco Psicología.

MUERTE… una palabra muy grande… demasiado grande, para seres tan pequeños…

Nos descoloca tanto, nos duele tanto a los adultos… que a veces, para evitar ese dolor, intentamos no hablar de ella con nuestros niños… Y sin embargo a ellos, les duele igual.

A veces, intentamos hasta evitar mostrar cómo nos sentimos ante un hecho así… “para que los niños no sufran”, decimos… pero realmente… es para evitarnos el sufrimiento de verlos sufrir…

Otras veces… nosotros no somos capaces de sostenernos a nosotros mismos, ya que también estamos afrontando nuestro propio duelo…

Por muy TABÚ que nos parezca este tema… el proceso de DUELO es algo normal… y necesario.

Vivimos en una sociedad tan sobreprotectora con los niños, que tendemos a apartarles de las realidades incómodas de la vida. Sin embargo, de esta forma… no les preparamos para aprender a afrontar muchas de las situaciones que tendrán que vivir a lo largo de su vida.

Cuando aceptamos la pérdida que supone la muerte de un ser querido, nos adaptamos al presente en el que la persona que ha fallecido ya no está, y nos preparamos para continuar el camino.

Un duelo normal puede durar entre uno y dos años. Aunque depende mucho de las características del fallecimiento, y de la fortaleza de la persona que afronta el duelo, entre otras cosas…

En los niños… esto se diversifica más aún, ya que, según su edad, van a afrontar la pérdida de una forma u otra, ya que depende de su momento evolutivo… pero también de la actitud de los adultos que lo acompañan.

Os dejo algunas PAUTAS para cada franja de edad…

  • Sobre los 2 años: El pequeño no conoce el significado de la muerte… sólo entiende la pérdida como separación. Sabe que le falta alguien.

Si el bebé pierde a una persona significativa para él… Aparecen sentimientos de abandono, miedo y desasosiego.

Las reacciones suelen ser de: llanto, intranquilidad, inseguridad, desapego, retroceso en el aprendizaje, rechazo hacia otras personas, irritabilidad…

  • Entre los 4 y 6 años: Para los niños de esta edad las personas tienen una duración atemporal, indefinida… No comprenden el concepto de dejar de existir.

En esta etapa los niños conciben el mundo de forma literal… por eso la explicación de la muerte ha de ser con un lenguaje muy concreto… por ejemplo: “su cuerpo estaba muy enfermito y el doctor ya no ha podido arreglarlo”. La idea de morir que puedes transmitirles a esta edad es que el cuerpo de la persona ha dejado de funcionar…

Aquí… hablar con el niño sobre la muerte es clave… no huir de estas conversaciones… explicarle al niño que la muerte está presente diariamente en la naturaleza, en los animales…

Y por favor… teniendo en cuenta que los niños de esta edad se toman todo de forma mágica y literal… evitar expresiones como “se ha ido al cielo”… o “se ha marchado…” o “está durmiendo”… puede que el niño quiera saltar desde un piso muy alto para ir al cielo él también… (caso real), o quizá le estemos alimentando la idea de que puede volver… o desarrolle una fobia a dormir…

Suelen expresar el dolor con tristeza, rabia, incertidumbre, enfado, falta de atención, miedos…

  • Entre los 6 y los 9 años: En esta etapa los niños ya distinguen perfectamente entre fantasía y realidad. Pueden comprender la muerte y las consecuencias de la misma.

Son conscientes de que algunas cosas ya no vuelven a ser igual, y que además son definitivas…

Con la muerte de un ser cercano, querido, desaparece la estabilidad en su mundo, su protección. Y ante esta pérdida, la reacción suele ser: Rechazo.

Nos encontramos en la edad de la “personificación” … por eso hay que tener precaución con el sentimiento de CULPA en esta etapa.

El haber oído frases con anterioridad tales como: “Me vas a matar a disgustos”… ó “Mi gran problema eres tú…” pueden guardarse en el interior del niño y creer en un momento dado que han podido ser el motivo del fallecimiento.

Cuando un niño de esta edad no expresa sus sentimientos, no canaliza la rabia de forma positiva, no siente cercanía y apoyo, no es validado su dolor… puede llegar a desarrollar: Agresividad, rechazo a las personas que le quieren ayudar, necesidad de permanecer con las figuras más cercanas por miedo a que mueran, odio a la persona fallecida, pesadillas nocturnas, falta de concentración.

Incluso aparecen los primeros síntomas psicosomáticos: Estrés postraumático, dolor de estómago, no quieren comer…

  • De los 9 a los 12 años: Su cerebro a esta edad, está completamente preparado para tomar conciencia de la realidad. Los sentimientos que presentan son ambivalentes: Curiosidad sobre la muerte y miedo hacia la misma…

En esta etapa es muy importante estar alertas y vigilar posibles ideas suicidas. Es una etapa donde es muy importante hablar con el niño, mucho, preguntarle, escucharle… observar sus cambios de comportamiento…

A esta edad, el silencio es uno de los mayores problemas… el silencio tapa las emociones, las ahoga, las aplaza, las enquista…

En esta etapa de la vida, tan dura para todos… SOBRE TODO…

ESCÚCHALO… Que exprese sus emociones, que te cuente como se siente, cuáles son sus recuerdos más bonitos junto a la persona que ha fallecido…

ACÉRCATE FISICAMENTE, permítele que te sienta cerca: abrázalo, tócalo, acarícialo, llora con él…

TODO ESTÁ BIEN… no hay una manera correcta o errónea de sentirse… No todos muestran la pena de la misma forma que lo hacemos los adultos… Un niño pequeño puede que no llore, pero que lo exprese con hiperactividad o portándose fatal. Un adolescente, puede que se exprese enfadado y se encuentre más a gusto con sus amigos… Todo es expresión… lo importante es que salga.

TRANSMITELE SEGURIDAD… Asegúrale que por muy triste que te vea, seguirás siendo capaz de cuidarle y quererle.

MANTENTE ALERTA sobre todo si el niño cambia con radicalidad… si de ser un niño sociable se vuelve retraído… si comienza a rendir poco en el colegio…, si se mete continuamente en problemas con otros niños… Quizá en estos casos, el niño no esté elaborando adecuadamente su proceso de duelo… y tengas que buscar ayuda.

POR OTRO LADO… ¿ES BUENO QUE EL NIÑO ASISTA AL FUNERAL…?

Depende de cada niño, de su madurez, de sus temores…

Puede ser bueno que el niño asista, pero siempre antes con una preparación previa en cualquiera de los casos.

Los niños al participar en el funeral, comenzarán a entender la muerte y lo que conlleva, el “no retorno”… y les ayudará a procesar el duelo.

Pero antes han de estar preparados para saber que van a ver a mucha gente llorando (o riendo otros… y eso le dolerá), que algunos familiares estarán muy afectados, que habrá flores… Aun así, es recomendable que siempre haya alguien, una figura de referencia que lo acompañe y lo atienda en todo momento.

ALGUNOS “MITOS” QUE DEBEMOS EVITAR…

Intenta no caer en algunos MITOS… que solemos escuchar:

  • “El sufrimiento de los niños dura poco”. Su dolor, como el tuyo… no termina nunca. El niño va a crecer y se va a desarrollar viviendo con esa pérdida. Has de darle importancia a que exprese sus sentimientos, a que hable sin miedo, a sentirse seguro…
  • “Los bebés no sufren ni saben lo que es el duelo”. No te lo creas… sienten las emociones con mayor intensidad que nosotros, los adultos. Lo que les diferencia, es que su expresión verbal está menos desarrollada y eso no les permite expresar lo que sienten,… y por lo tanto al no expresarlo los adultos no reconocemos esas emociones… Aprende a “leer” la expresión emocional de tu hijo, en sus “no-palabras”.
  • “El trauma por la muerte de un ser querido siempre ocasiona trastornos emocionales a largo plazo”. Cuando un niño siente atendida su necesidad de expresión de sentimientos, cuando se siente acogido, acompañado, validado… tiende a desarrollarse con normalidad.
  • “Lo que hay que hacer en estos casos es terminar con el dolor del niño”… El duelo es un proceso que nunca termina… reaparecerá sin duda a lo largo de la vida. La receta: cariño y comprensión para ir procesando la experiencia de la ausencia en cada una de las etapas vitales.

ALGUNAS MANIFESTACIONES DEL DUELO MAL ELABORADO EN LOS NIÑOS…

Inseguridad, rabia, sentimiento de abandono. No aceptan lo sucedido:

  • Ansiedad por todo lo inesperado: Cualquier cambio en sus vidas lo afrontan con dolor y miedo.
  • Adoptan el rol de la persona fallecida. Si es el papá el que ha fallecido, empiezan a comportarse como si tuviera que ser ahora él esa figura. Intentan que todo siga igual…
  • Se convierten en niños irrespetuosos, no llevan a cabo sus obligaciones, culpan de lo sucedido a los demás…

A MODO DE CONCLUSIÓN:

  • Comunícale al niño pronto la noticia, pero poco a poco. Antes de que otros se lo cuenten de mala manera. Cuéntale lo que pueda soportar, sin detalles macabros… de forma breve.
  • Dile la verdad… no va a volver. No utilices eufemismos con él del tipo “se ha convertido en una estrella”, “está en un mundo mejor…”
  • Ofrécele apoyo afectivo. Importante contacto físico.
  • Muestra tus emociones delante del niño. No es malo, eso sí, siempre que no pierdas el control…
  • No recomiendo que asistan al entierro… pero sí al funeral (al acto religioso, civil…) Siempre que el niño decida que quiere ir. Siempre en compañía de alguien muy cercano de la mano. O si es adolescente, acompañado de sus amigos.
  • No fuerces que exprese emociones, pero sí has de estar totalmente disponible para escucharle cuando las vaya a expresar.
  • No le des consejos… les producirá más malestar. Sólo ofrece tu apoyo.

“No diré no llores… porque no todas las lágrimas son malas”

 J.R.R Tolkien

Artículos Duelo, Artículos Etapas Vitales

A PESAR DEL OLVIDO…

Por Ángela Peco Psicología.

A pesar del olvido…

A pesar del Alzheimer…

Cuando veo a una persona que sufre la enfermedad de
Alzheimer y a sus familiares más directos… no puedo evitar pensar en todos los
momentos que “mal usamos” a lo largo de la vida…, las palabras que no decimos y
el tiempo que no aprovechamos para decir lo que sentimos a quienes más
queremos…

Veo tanta ternura en los ojos del enfermo, como
tristeza, rabia y amor… en los ojos de quien lo cuida.

abuela alzheimer

Cuando la enfermedad
de Alzheimer
aparece en el cerebro de una persona…, tanto ella, como las
personas que la rodean, desde ese momento tienen que acostumbrarse a vivir bajo
su sombra.

La enfermedad de Alzheimer es una de las
enfermedades neurodegenerativas más conocidas y frecuentes.

Actualmente, es una enfermedad irreversible, cuyas causas se desconocen a pesar de las muchas
investigaciones que se centran en lograr este descubrimiento que cambiaría la
vida de tanta gente.

Al no conocerse las causas… el diagnóstico
definitivo de esta enfermedad, se realiza post mortem, es decir, una vez que la
persona fallece, al analizar los tejidos cerebrales. Por eso, los diagnósticos
que se llevan a cabo hablan de “posible o probable enfermedad de Alzheimer”…

Esta enfermedad, como  media de edad, comienza a aparecer alrededor
de los 65 años. Aumenta su prevalencia con la edad.

También puede aparecer en personas más jóvenes.
Cuando es así, se considera una “demencia pre-senil”.

A menor edad de comienzo… peor diagnóstico, ya que
avanza mucho más rápidamente.

Al comienzo, el deterioro se centra sobre todo a
nivel de la corteza cerebral, pero a
medida que avanza el deterioro puede afectar también a niveles subcorticales
(bajo la corteza cerebral).

Se dice que esta enfermedad es de “inicio insidioso”
… eso quiere decir que a lo largo del tiempo y hasta que “da la cara”, van
pasándole cosas a la persona… se desorienta un día en su propio dormitorio, en
otra ocasión se le olvida el nombre de su hija, en otro momento puntual no es
capaz de saber el año o el mes en que se encuentra… Pero al ser olvidos
normales, ocasionales… todo es normal.

Sus síntomas…

  • Alteraciones
    COGNITIVAS:

    • Pérdida de Memoria: Afecta sobre todo a la memoria reciente, y a medida
      que avanza la enfermedad se van afectando otros recuerdos más lejanos en el
      tiempo… Afecta también a la capacidad de atención, comprensión, adquisición de
      nuevos aprendizajes…
  • Afasia-Apraxia-Agnosia: Estos nombres nos indican que el enfermo de
    Alzheimer va perdiendo poco a poco su capacidad de hablar, entre otras…:
  • Se les olvida el
    nombre de las cosas, empiezan a utilizar palabras-tipo para nombrar todo… por
    ejemplo “chisme”, “trasto”, “eso”, “cacharro”, “aparato” … o por otro lado,
    pueden explicar para que sirve algo, porque no encuentran en su mente el nombre
    del objeto… por ejemplo, “trae aquí el cacharro ese que sirve para cortar el
    papel”…
  • Se les olvida la
    realización ordenada y adecuada de acciones que conllevan secuencias… por
    ejemplo: vestirse (primero ponerse la ropa interior, después la ropa de calle,
    después abrigo…), preparar una comida (primero se calienta el agua, se pone la
    sal, se añaden las patatas…)
  • Las fases
    finales de la enfermedad conllevarán mutismo e inmovilidad…
  • Desorientación Temporal-Espacial: En un principio se da la desorientación en el tiempo…
    les cuesta recordar el año que es, o el mes, o el día… para poco a poco
    desorientarse también en el espacio… no saber si se encuentran en su pueblo de
    siempre, o en una ciudad porque están de vacaciones, buscan continuamente su
    casa, porque en la que se encuentran no la reconocen como tal…
  • Alteraciones
    CONDUCTUALES y EMOCIONALES: Éstas están muy relacionadas con los descuidos o
    conductas extrañas no habituales en la persona, olvidar el valor de las cosas,
    no reconocer incluso a personas cercanas. Estas alteraciones son muy
    significativas en las primeras etapas de la enfermedad, donde además el enfermo
    tiende a “disimular” lo que le está ocurriendo y a “negar” evidencias ante
    familiares directos con los que pueden darse continuos conflictos.

Estos síntomas resultan muy complicados de manejar
por parte de los cuidadores y familiares…

  • Alteraciones
    SOCIALES: Para evitar situaciones desagradables debido a sus problemas de
    memoria… el enfermo de Alzheimer tiende a aislarse socialmente, a no querer
    salir de casa, a no querer participar en actividades a las que solía asistir
    antes…
  • Alteraciones
    FISIOLÓGICAS: A medida que la enfermedad avanza, el enfermo va perdiendo poco a
    poco su autonomía a todos los niveles, también a nivel fisiológico, dependiendo
    con el tiempo del cuidado de una tercera persona:
  • Ritmo del sueño
  • Alimentación
  • Control de esfínteres

Las fases…

Aquí os voy a hablar de las tres fases más
características.

INICIO

Son los momentos en que la persona sólo muestra
pequeños olvidos, pequeños problemas de memoria que hacen saltar las alarmas…
problemas al no recordar lo que ha comido, lo que acaban de decirle… Aparecen
síntomas como la anomia, o la imposibilidad de recordar el nombre de algunos
objetos (síntomas explicados más arriba).

Por otro lado, observa como rinde menos en su
trabajo habitual, o en sus tareas normales diarias…

La persona se da cuenta de que “algo le está
pasando” y esta sensación es lo que va a originarle síntomas de depresión,
ánimo triste, anhedonia (incapacidad de disfrutar), ansiedad… aparecen la
apatía, la irritabilidad, el retraimiento social… la persona pierde el interés
por lo que antes le gustaba.

Aparecen alteraciones del pensamiento: delirios de
robo, de abandono, de que los intentan perjudicar o envenenar… Se inventan
historias sobre su pasado, mezclando anécdotas…

La persona se defiende del mundo. Sus familiares no
entienden lo que sucede y le “piden explicaciones” de por qué hace lo que hace…
suele ser una fase donde los conflictos familiares se acentúan.

PÉRDIDA DE LAS CAPACIDADES

Es en esta segunda fase donde aparece el síndrome afaso-apraxo-agnósico, del que
os he hablado anteriormente.

La persona además de los problemas de memoria, comienza
a mostrar problemas en su comprensión, en el lenguaje, problemas para realizar
actividades secuenciadas, reconocer objetos, personas…

Son típicas en esta fase las ilusiones y
alucinaciones: percepciones distorsionadas o falsas. Pueden ser visuales,
auditivas, olfativas…

Anímicamente aparecen explosiones de ansiedad: sentimiento
de pérdida de control, mezcladas con euforia: carcajadas exageradas o alegría desproporcionada…
Todo es cambiante en su mundo mental, se dan episodios de irritabilidad, cambios
de humor injustificados…

También comienzan los problemas para recordar
algunos hechos pasados…

El enfermo empieza a necesitar supervisión con mucha
mayor evidencia. Necesita apoyo para vestirse, comer… puede ser habitual que
incluso se pierda en su propia localidad.

FASE AVANZADA

Se trata de la última fase de la enfermedad.

El deterioro aquí es muy intenso y evidente. Su
pérdida de memoria se remonta incluso a la infancia.

La persona ya no reconoce a sus familiares, y la
pérdida de la memoria semántica también es evidente.

Puede incluso no reconocerse a sí mismo cuando se ve
delante de un espejo…

Puede llegar a darse un mutismo total,
descoordinación y alteración de la marcha.

Esta fase se caracteriza por una pérdida de
autonomía total, siendo incapaces de sobrevivir sin los cuidados de una tercera
persona.

Tratamientos

Hoy día, la enfermedad de Alzheimer sigue siendo
incurable.

Los tratamientos se basan sobre todo en la
prevención y retraso del deterioro cognitivo.

  • Tratamiento farmacológico:
    Trata de alargar el tiempo de la enfermedad, para que la persona esté más
    tiempo con menos síntomas o éstos sean menos graves. Los tratamientos actuales
    retrasan el avance de la enfermedad alrededor de medio año.
  • Tratamiento psicológico:
    Suele utilizarse la terapia ocupacional y la estimulación cognitiva como estrategias
    para frenar el avance del deterioro. Por otro lado, la psicoeducación es
    fundamental en las primeras fases de la enfermedad, cuando el paciente es aún
    consciente de lo que le está sucediendo.

Es
fundamental también trabajar con el entorno familiar, los que serán los
cuidadores directos del enfermo de Alzheimer, el segundo enfermo, el cuidador.
El asesoramiento, e información a la hora de afrontar el proceso degenerativo de
su familiar… será clave a la hora de “cuidarse adecuadamente para afrontar el
cuidado” y tomar las mejores decisiones en cada momento.

EL CUIDADOR: EL SEGUNDO ENFERMO DE ESTA HISTORIA…

Esta es una enfermedad muy complicada de afrontar
por las familias…  El cuidador principal
ha de afrontar un doble duelo en vida… el duelo por la pérdida psicológica de
su familiar, que derivará en el duelo por su pérdida física final.

El día y la noche se juntan en muchas ocasiones con
un único objetivo: vigilar continuamente a nuestro familiar enfermo, controlar
su higiene, su alimentación, su piel, sus cuidados…

Poco a poco el cuidador va dejando su vida para
dedicarse en cuerpo y alma a la vida de su familiar enfermo.

Esta situación de estrés continuado por el hecho de
tener que cuidar a otra persona, se agrava en el momento en que aparecen otra
serie de problemas habituales en la vida de 
cualquier persona…, tales como descuidos laborales (faltar al trabajo
por tener que cuidarlo…), problemas económicos (pagar a cuidadores externos…),
de pareja (tu mundo se reduce a tu familiar, descuidando a amigos, pareja…),
con hermanos, cuñados (surgen muchos conflictos familiares sobre quién se
encarga de administrar los cuidados, herencias…), etc…

En su vida afloran conflictos diarios, así como
emociones negativas y autodestructivas tales como la ira, la tristeza, la culpa
por desear incluso, en ocasiones, la muerte de tu ser querido… porque ya no
puedes más…

Además de encontrarnos en esa espiral de negatividad
emocional, físicamente aparecen problemas derivados también de toda esta
situación: trastornos psicofisiológicos
la mayoría de las ocasiones. Estos son enfermedades físicas que se causan o
empeoran por motivos emocionales o psicológicos.

¡No permitas que la corriente de negatividad te arrase
¡

Bastante difícil es la situación por la que estás
pasando, como para añadirle aún más ingredientes que la empeoren…

Lo principal es que valores que SI TÚ NO TE CUIDAS…
NO VAS A PODER CUIDAR BIEN… Así es que, por favor, si te ves sobrepasada (y
hablo en femenino porque la mayoría de las personas que cuidan son mujeres y
mayores de 50 años…) ¡PIDE AYUDA!…

Cuando cuentas con unos vínculos sociales fuertes,
con los que puedes afrontar relevos en los cuidados, conversar sobre tus emociones,
tus sentimientos… Personas que reconozcan la función que cumples… (sé que
puede no ser necesario… pero todos necesitamos un aliento…), todo esto hará que
la sensación de “carga” disminuya.

Exprésate también con él o ella, con la persona
enferma. Háblale en el único idioma que aún preserva, el último que pierde, el
que está almacenado en su Sistema Límbico… el idioma del corazón: caricias,
música, tono cariñoso de voz.

Aprende a ver el blanco dentro del negro… aprovecha
cada momento para acercarte emocionalmente a esa persona para la que eres TODO…
ayúdala a salir a ratitos de su mundo de sombras para traerla por instantes al
tuyo… lo que no puedes hacer bajo ningún concepto, es abandonar tú este, para
entrar también en la oscuridad…

 “Morimos en
las palabras que no llegamos a pronunciar, morimos en la tristeza de los que
pierden la vida esperándolas”

Gustavo Martín Garzo

Artículos Duelo

DUELO… EL DOLOR QUE MÁS DUELE

Por Ángela Peco Psicología.

La palabra DUELO, viene del latín “duelum”, y significa dolor.

flores secas

Se trata de un dolor que no se puede comparar a ningún otro que hayamos podido conocer… y todos, más tarde o más temprano experimentos este sentimiento, ya que ante la pérdida (muerte, desaparición, vínculos rotos…)  de un ser querido es imposible evitar el dolor… el quid de la cuestión está en ¿qué nos permitimos hacer con ese dolor?… Normalmente, solemos optar por tomar una de estas tres direcciones:

  • DEJAR LA HERIDA ABIERTA: Quedarme anclado en la pena, en la impotencia, en la rabia…
  • CERRAR LA HERIDA EN FALSO: Volver rápido a mi estado anterior y hacer como si no hubiera pasado nada.
  • CURAR LA HERIDA Y ACEPTAR LA CICATRIZ: Trabajar ese dolor, esa impotencia y esa rabia y seguir caminando…construirse a uno mismo de nuevo.

Pero… ¿Podemos elegir lo que hacer? ¿sabemos qué decisión tomar en esos momentos? ¿y todo lo anterior no cuenta entonces?… Normalmente y… es natural, ante este gran dolor, tan profundo, tan atávico, se une otra emoción que nos termina de desajustar, la confusión.

El duelo es un camino… y como todos los caminos hay que caminarlos, a pesar de las piedras, a pesar de los charcos, a pesar de tener que ir dolorido o descalzo, porque nunca antes has llevado esos zapatos y te quedan grandes…

Ese estado de confusión, de desamparo, de indefensión se refleja físicamente también… porque así es nuestra psique… y aparecen síntomas como insomnio, falta de energía, y otras enfermedades que ven la oportunidad de aparecer porque nuestro sistema inmunitario también se deprime.

Emocionalmente surgen emociones como: irritabilidad, inapetencia, pérdida o ganancia de peso; apatía, problemas de memoria y concentración; tristeza, ira, culpa, aislamiento social, bajo rendimiento laboral, depresión…

La confusión es como un estanque de agua al que de repente empiezan a tirar piedras… inevitablemente el agua se remueve, y todo es caótico, el barro del fondo empieza a subir y todo es turbio… ESPERA… cada cosa volverá a su sitio… poco a poco el agua volverá a ser clara de nuevo… no hay prisa. Todo está bien. Porque en ese momento la confusión es una respuesta normal.

 Todos los días vivimos rodeados de mensajes de vida: ¡Vive, gana dinero, viaja, disfruta!… En nuestra sociedad, hablar de la muerte aún es un tema muy tabú, nos da miedo, por desconocido, porque la asociamos al dolor, porque es despedida… Esta forma de ver la muerte hace que aparezca un amigo que la acompaña… es el SILENCIO. Un silencio que hace que a lo largo de la vida se hable muy poco de la muerte… y cuando esta llega a nuestras vidas, nos falta preparación para abordar el duelo con salud. Al duelo hay que darle su espacio, no reprimirlo, porque nos guste o no nos guste, ser vulnerables es parte de nuestra naturaleza humana.

¿Y es malo ser vulnerables?

¡Claro que no!, Ahí es donde reside tu verdadera fuerza.

 Imagina que te haces una herida… si tu niegas que esa herida existe… ¿qué te pasa?… la herida se infecta y se empeoran las cosas ¿verdad?… pues a nivel psicológico es lo mismo… Para avanzar, para mejorar, para sanar… lo primero que tenemos que aceptar es que estamos heridos… que hay algo que nos duele, que somos vulnerables.

Si afrontamos un duelo desde la indiferencia, vivimos la realidad con una máscara que nos ponemos para disfrazar nuestro miedo, y entonces “mal-afrontamos” este estado de confusión.

La indiferencia es una “muleta”, que utilizamos para caminar ese sendero. Hacemos como si no nos afectara lo que acaba de pasar, queremos volver a recuperar el control del rumbo de nuestra vida, y sólo queremos volver a la normalidad: queremos hacer lo mismo que hacíamos, hacer como que la pérdida no hubiese pasado… Sin embargo… Sí ha sucedido. Ha habido un cambio. Ahora ya no es como antes. No se puede disimular ante uno mismo por mucho tiempo… la muerte irrumpe en la vida y a partir de ese momento, las cosas, la vida y nosotros, cambiamos.

Nadie va a llorar por ti…, nadie va a reorganizar tus pensamientos y aliviar tu dolor… TU PAPEL es clave… TU RITMO… TU TIEMPO… porque tú eres único… Es necesario tener mucha paciencia y compasión CONTIGO mismo en este difícil período.

Y mientras… sigues viviendo.

Y mientras… todo te reclama algo: La SUPERACIÓN.

Siempre lo digo… y es que… no todos somos iguales y, además, cada pérdida es diferente… Cada uno de nosotros reaccionamos como sabemos o como podemos…

La superación de estos duros hechos, va a depender de nuestra RESILIENCIA. Esta palabra significa, la capacidad que cada uno de nosotros tenemos para afrontar la adversidad y poder crecer a pesar de todo.

Sobre todo, NO TE CREAS:

  • Que tienes que ser fuerte. No tienes que… nada.
  • Que la medicación es necesaria para aliviar el dolor y la ansiedad asociada al duelo. El duelo no es una enfermedad que debe ser curada. La medicación muchas veces actúa como una gran alfombra pesada debajo de la que metemos todo lo que no queremos limpiar…
  •  Que lo mejor es no sacar el tema. Las personas que sufren, necesitan hablar y elaborar lo que ha sucedido. Cuando relatamos lo que ha pasado, lo argumentamos… nos ayuda a elaborarlo en nuestra mente, a no fantasear…
  • Que si no lloras es que no estás triste. El llanto no es la única respuesta de la tristeza.  El dolor se puede mostrar de muchas maneras.
  • Que el tiempo lo cura todo. El duelo es una respuesta adaptativa, pero nunca “termina” realmente. Aprendemos a vivir con ello sin excluir lo demás.  Pero algunas emociones pueden resurgir en cualquier momento que recordemos nuestra pérdida. El duelo no es un proceso lineal.

Cada persona deberá encontrar su propia forma de encarar el duelo, de no cerrar en falso su herida, de no ignorarla… Ha de encontrar sin miedo, su propia y personal y única manera de encontrar alivio, para levantarse de nuevo, para ver de nuevo luz y acabar con el vacío interno que nos duele en el duelo.

“Nuestros miedos no detienen la muerte… sino la vida”

Elisabeth Klüber Ross