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¿CÓMO AFRONTAN LOS NIÑOS LA MUERTE DE UN SER QUERIDO?…

¿CÓMO AFRONTAN LOS NIÑOS LA MUERTE DE UN SER QUERIDO?

Por Ángela Peco Psicología.

MUERTE… una palabra muy grande… demasiado grande, para seres tan pequeños…

Nos descoloca tanto, nos duele tanto a los adultos… que a veces, para evitar ese dolor, intentamos no hablar de ella con nuestros niños… Y sin embargo a ellos, les duele igual.

A veces, intentamos hasta evitar mostrar cómo nos sentimos ante un hecho así… “para que los niños no sufran”, decimos… pero realmente… es para evitarnos el sufrimiento de verlos sufrir…

Otras veces… nosotros no somos capaces de sostenernos a nosotros mismos, ya que también estamos afrontando nuestro propio duelo…

Por muy TABÚ que nos parezca este tema… el proceso de DUELO es algo normal… y necesario.

Vivimos en una sociedad tan sobreprotectora con los niños, que tendemos a apartarles de las realidades incómodas de la vida. Sin embargo, de esta forma… no les preparamos para aprender a afrontar muchas de las situaciones que tendrán que vivir a lo largo de su vida.

Cuando aceptamos la pérdida que supone la muerte de un ser querido, nos adaptamos al presente en el que la persona que ha fallecido ya no está, y nos preparamos para continuar el camino.

Un duelo normal puede durar entre uno y dos años. Aunque depende mucho de las características del fallecimiento, y de la fortaleza de la persona que afronta el duelo, entre otras cosas…

En los niños… esto se diversifica más aún, ya que, según su edad, van a afrontar la pérdida de una forma u otra, ya que depende de su momento evolutivo… pero también de la actitud de los adultos que lo acompañan.

Os dejo algunas PAUTAS para cada franja de edad…

  • Sobre los 2 años: El pequeño no conoce el significado de la muerte… sólo entiende la pérdida como separación. Sabe que le falta alguien.

Si el bebé pierde a una persona significativa para él… Aparecen sentimientos de abandono, miedo y desasosiego.

Las reacciones suelen ser de: llanto, intranquilidad, inseguridad, desapego, retroceso en el aprendizaje, rechazo hacia otras personas, irritabilidad…

  • Entre los 4 y 6 años: Para los niños de esta edad las personas tienen una duración atemporal, indefinida… No comprenden el concepto de dejar de existir.

En esta etapa los niños conciben el mundo de forma literal… por eso la explicación de la muerte ha de ser con un lenguaje muy concreto… por ejemplo: “su cuerpo estaba muy enfermito y el doctor ya no ha podido arreglarlo”. La idea de morir que puedes transmitirles a esta edad es que el cuerpo de la persona ha dejado de funcionar…

Aquí… hablar con el niño sobre la muerte es clave… no huir de estas conversaciones… explicarle al niño que la muerte está presente diariamente en la naturaleza, en los animales…

Y por favor… teniendo en cuenta que los niños de esta edad se toman todo de forma mágica y literal… evitar expresiones como “se ha ido al cielo”… o “se ha marchado…” o “está durmiendo”… puede que el niño quiera saltar desde un piso muy alto para ir al cielo él también… (caso real), o quizá le estemos alimentando la idea de que puede volver… o desarrolle una fobia a dormir…

Suelen expresar el dolor con tristeza, rabia, incertidumbre, enfado, falta de atención, miedos…

  • Entre los 6 y los 9 años: En esta etapa los niños ya distinguen perfectamente entre fantasía y realidad. Pueden comprender la muerte y las consecuencias de la misma.

Son conscientes de que algunas cosas ya no vuelven a ser igual, y que además son definitivas…

Con la muerte de un ser cercano, querido, desaparece la estabilidad en su mundo, su protección. Y ante esta pérdida, la reacción suele ser: Rechazo.

Nos encontramos en la edad de la “personificación” … por eso hay que tener precaución con el sentimiento de CULPA en esta etapa.

El haber oído frases con anterioridad tales como: “Me vas a matar a disgustos”… ó “Mi gran problema eres tú…” pueden guardarse en el interior del niño y creer en un momento dado que han podido ser el motivo del fallecimiento.

Cuando un niño de esta edad no expresa sus sentimientos, no canaliza la rabia de forma positiva, no siente cercanía y apoyo, no es validado su dolor… puede llegar a desarrollar: Agresividad, rechazo a las personas que le quieren ayudar, necesidad de permanecer con las figuras más cercanas por miedo a que mueran, odio a la persona fallecida, pesadillas nocturnas, falta de concentración.

Incluso aparecen los primeros síntomas psicosomáticos: Estrés postraumático, dolor de estómago, no quieren comer…

  • De los 9 a los 12 años: Su cerebro a esta edad, está completamente preparado para tomar conciencia de la realidad. Los sentimientos que presentan son ambivalentes: Curiosidad sobre la muerte y miedo hacia la misma…

En esta etapa es muy importante estar alertas y vigilar posibles ideas suicidas. Es una etapa donde es muy importante hablar con el niño, mucho, preguntarle, escucharle… observar sus cambios de comportamiento…

A esta edad, el silencio es uno de los mayores problemas… el silencio tapa las emociones, las ahoga, las aplaza, las enquista…

En esta etapa de la vida, tan dura para todos… SOBRE TODO…

ESCÚCHALO… Que exprese sus emociones, que te cuente como se siente, cuáles son sus recuerdos más bonitos junto a la persona que ha fallecido…

ACÉRCATE FISICAMENTE, permítele que te sienta cerca: abrázalo, tócalo, acarícialo, llora con él…

TODO ESTÁ BIEN… no hay una manera correcta o errónea de sentirse… No todos muestran la pena de la misma forma que lo hacemos los adultos… Un niño pequeño puede que no llore, pero que lo exprese con hiperactividad o portándose fatal. Un adolescente, puede que se exprese enfadado y se encuentre más a gusto con sus amigos… Todo es expresión… lo importante es que salga.

TRANSMITELE SEGURIDAD… Asegúrale que por muy triste que te vea, seguirás siendo capaz de cuidarle y quererle.

MANTENTE ALERTA sobre todo si el niño cambia con radicalidad… si de ser un niño sociable se vuelve retraído… si comienza a rendir poco en el colegio…, si se mete continuamente en problemas con otros niños… Quizá en estos casos, el niño no esté elaborando adecuadamente su proceso de duelo… y tengas que buscar ayuda.

POR OTRO LADO… ¿ES BUENO QUE EL NIÑO ASISTA AL FUNERAL…?

Depende de cada niño, de su madurez, de sus temores…

Puede ser bueno que el niño asista, pero siempre antes con una preparación previa en cualquiera de los casos.

Los niños al participar en el funeral, comenzarán a entender la muerte y lo que conlleva, el “no retorno”… y les ayudará a procesar el duelo.

Pero antes han de estar preparados para saber que van a ver a mucha gente llorando (o riendo otros… y eso le dolerá), que algunos familiares estarán muy afectados, que habrá flores… Aun así, es recomendable que siempre haya alguien, una figura de referencia que lo acompañe y lo atienda en todo momento.

ALGUNOS “MITOS” QUE DEBEMOS EVITAR…

Intenta no caer en algunos MITOS… que solemos escuchar:

  • “El sufrimiento de los niños dura poco”. Su dolor, como el tuyo… no termina nunca. El niño va a crecer y se va a desarrollar viviendo con esa pérdida. Has de darle importancia a que exprese sus sentimientos, a que hable sin miedo, a sentirse seguro…
  • “Los bebés no sufren ni saben lo que es el duelo”. No te lo creas… sienten las emociones con mayor intensidad que nosotros, los adultos. Lo que les diferencia, es que su expresión verbal está menos desarrollada y eso no les permite expresar lo que sienten,… y por lo tanto al no expresarlo los adultos no reconocemos esas emociones… Aprende a “leer” la expresión emocional de tu hijo, en sus “no-palabras”.
  • “El trauma por la muerte de un ser querido siempre ocasiona trastornos emocionales a largo plazo”. Cuando un niño siente atendida su necesidad de expresión de sentimientos, cuando se siente acogido, acompañado, validado… tiende a desarrollarse con normalidad.
  • “Lo que hay que hacer en estos casos es terminar con el dolor del niño”… El duelo es un proceso que nunca termina… reaparecerá sin duda a lo largo de la vida. La receta: cariño y comprensión para ir procesando la experiencia de la ausencia en cada una de las etapas vitales.

ALGUNAS MANIFESTACIONES DEL DUELO MAL ELABORADO EN LOS NIÑOS…

Inseguridad, rabia, sentimiento de abandono. No aceptan lo sucedido:

  • Ansiedad por todo lo inesperado: Cualquier cambio en sus vidas lo afrontan con dolor y miedo.
  • Adoptan el rol de la persona fallecida. Si es el papá el que ha fallecido, empiezan a comportarse como si tuviera que ser ahora él esa figura. Intentan que todo siga igual…
  • Se convierten en niños irrespetuosos, no llevan a cabo sus obligaciones, culpan de lo sucedido a los demás…

A MODO DE CONCLUSIÓN:

  • Comunícale al niño pronto la noticia, pero poco a poco. Antes de que otros se lo cuenten de mala manera. Cuéntale lo que pueda soportar, sin detalles macabros… de forma breve.
  • Dile la verdad… no va a volver. No utilices eufemismos con él del tipo “se ha convertido en una estrella”, “está en un mundo mejor…”
  • Ofrécele apoyo afectivo. Importante contacto físico.
  • Muestra tus emociones delante del niño. No es malo, eso sí, siempre que no pierdas el control…
  • No recomiendo que asistan al entierro… pero sí al funeral (al acto religioso, civil…) Siempre que el niño decida que quiere ir. Siempre en compañía de alguien muy cercano de la mano. O si es adolescente, acompañado de sus amigos.
  • No fuerces que exprese emociones, pero sí has de estar totalmente disponible para escucharle cuando las vaya a expresar.
  • No le des consejos… les producirá más malestar. Sólo ofrece tu apoyo.

“No diré no llores… porque no todas las lágrimas son malas”

 J.R.R Tolkien

Artículos Duelo

DUELO… EL DOLOR QUE MÁS DUELE

Por
Ángela Peco Psicología.

La
palabra DUELO, viene del latín “duelum”, y significa dolor.

flores secas

Se
trata de un dolor que no se puede
comparar a ningún otro que hayamos podido conocer… y todos, más tarde o más
temprano experimentos este sentimiento, ya que ante la pérdida (muerte,
desaparición, vínculos rotos…)  de un ser
querido es imposible evitar el dolor… el quid de la cuestión está en ¿qué nos permitimos hacer con ese dolor?…
Normalmente, solemos optar por tomar una de estas tres direcciones:

  • DEJAR LA HERIDA
    ABIERTA: Quedarme anclado en la pena, en la impotencia, en la rabia…
  • CERRAR LA HERIDA
    EN FALSO: Volver rápido a mi estado anterior y hacer como si no hubiera pasado
    nada.
  • CURAR LA HERIDA
    Y ACEPTAR LA CICATRIZ: Trabajar ese dolor, esa impotencia y esa rabia y seguir
    caminando…construirse a uno mismo de nuevo.

Pero…
¿Podemos elegir lo que hacer? ¿sabemos qué decisión tomar en esos momentos? ¿y
todo lo anterior no cuenta entonces?… Normalmente y… es natural, ante este
gran dolor, tan profundo, tan atávico, se une otra emoción que nos termina de
desajustar, la confusión.

El
duelo es un camino… y como todos los caminos hay que caminarlos, a pesar de las
piedras, a pesar de los charcos, a pesar de tener que ir dolorido o descalzo,
porque nunca antes has llevado esos zapatos y te quedan grandes…

Ese
estado de confusión, de desamparo, de indefensión se refleja físicamente
también… porque así es nuestra psique… y aparecen síntomas como insomnio, falta
de energía, y otras enfermedades que ven la oportunidad de aparecer porque
nuestro sistema inmunitario también se deprime.

Emocionalmente
surgen emociones como: irritabilidad, inapetencia, pérdida o ganancia de peso;
apatía, problemas de memoria y concentración; tristeza, ira, culpa, aislamiento
social, bajo rendimiento laboral, depresión…

La
confusión es como un estanque de agua al que de repente empiezan a tirar
piedras… inevitablemente el agua se remueve, y todo es caótico, el barro del
fondo empieza a subir y todo es turbio… ESPERA… cada cosa volverá a su sitio…
poco a poco el agua volverá a ser clara de nuevo… no hay prisa. Todo está bien.
Porque en ese momento la confusión es una respuesta normal.

 Todos los días
vivimos rodeados de mensajes de vida:
¡Vive, gana dinero, viaja, disfruta!… En nuestra sociedad, hablar de la
muerte aún es un tema muy tabú, nos da miedo, por desconocido, porque la
asociamos al dolor, porque es despedida… Esta forma de ver la muerte hace que
aparezca un amigo que la acompaña… es el SILENCIO. Un silencio que hace que a
lo largo de la vida se hable muy poco de la muerte… y cuando esta llega a
nuestras vidas, nos falta preparación
para abordar el duelo con salud
. Al duelo hay que darle su espacio, no
reprimirlo, porque nos guste o no nos guste, ser vulnerables es parte de
nuestra naturaleza humana.

¿Y
es malo ser vulnerables?

¡Claro
que no!, Ahí es donde reside tu verdadera fuerza.

 Imagina que te haces una herida… si tu niegas
que esa herida existe… ¿qué te pasa?… la herida se infecta y se empeoran las
cosas ¿verdad?… pues a nivel psicológico es lo mismo… Para avanzar, para
mejorar, para sanar… lo primero que tenemos que aceptar es que estamos heridos…
que hay algo que nos duele, que somos vulnerables.

Si
afrontamos un duelo desde la indiferencia,
vivimos la realidad con una máscara que nos ponemos para disfrazar nuestro
miedo, y entonces “mal-afrontamos” este estado de confusión.

La
indiferencia es una “muleta”, que utilizamos para caminar ese sendero. Hacemos
como si no nos afectara lo que acaba de pasar, queremos volver a recuperar el
control del rumbo de nuestra vida, y sólo queremos volver a la normalidad:
queremos hacer lo mismo que hacíamos, hacer como que la pérdida no hubiese
pasado… Sin embargo… Sí ha sucedido. Ha habido un cambio. Ahora ya no es como
antes. No se puede disimular ante uno
mismo por mucho tiempo
… la muerte irrumpe en la vida y a partir de ese
momento, las cosas, la vida y nosotros, cambiamos.

Nadie
va a llorar por ti…, nadie va a reorganizar tus pensamientos y aliviar tu dolor…
TU PAPEL es clave… TU RITMO… TU TIEMPO… porque tú eres único… Es necesario
tener mucha paciencia y compasión CONTIGO mismo en este difícil
período.

Y
mientras… sigues viviendo.

Y
mientras… todo te reclama algo: La SUPERACIÓN.

Siempre
lo digo… y es que… no todos somos iguales y, además, cada pérdida es diferente…
Cada uno de nosotros reaccionamos como sabemos o como podemos…

La
superación de estos duros hechos, va a depender de nuestra RESILIENCIA. Esta
palabra significa, la capacidad que cada uno de nosotros tenemos para afrontar
la adversidad y poder crecer a pesar de todo.

Sobre
todo, NO TE CREAS:

  • Que tienes que
    ser fuerte. No tienes que… nada.
  • Que la
    medicación es necesaria para aliviar el dolor y la ansiedad asociada al duelo.
    El duelo no es una enfermedad que debe ser curada. La medicación muchas veces
    actúa como una gran alfombra pesada debajo de la que metemos todo lo que no
    queremos limpiar…
  •  Que lo mejor es no sacar el tema. Las personas
    que sufren, necesitan hablar y elaborar lo que ha sucedido. Cuando relatamos lo
    que ha pasado, lo argumentamos… nos ayuda a elaborarlo en nuestra mente, a no
    fantasear…
  • Que si no lloras
    es que no estás triste. El llanto no es la única respuesta de la tristeza.  El dolor se puede mostrar de muchas maneras.
  • Que el tiempo lo
    cura todo. El duelo es una respuesta adaptativa, pero nunca “termina”
    realmente. Aprendemos a vivir con ello sin excluir lo demás.  Pero algunas emociones pueden resurgir en
    cualquier momento que recordemos nuestra pérdida. El duelo no es un proceso
    lineal.

Cada
persona deberá encontrar su propia forma de encarar el duelo, de no cerrar en
falso su herida, de no ignorarla… Ha de encontrar sin miedo, su propia y
personal y única manera de encontrar alivio, para levantarse de nuevo, para ver
de nuevo luz y acabar con el vacío interno que nos duele en el duelo.

“Nuestros
miedos no detienen la muerte… sino la vida”

Elisabeth
Klüber Ross