APEGOS
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LOS TIPOS DE APEGO

APEGOS

Por Ángela Peco Psicología.

La manera en que nos maternaron, nos criaron… influye definitivamente en la forma en que nos relacionamos con nuestro mundo, y también, en cómo creamos nuestras relaciones emocionales y nos desenvolvemos en lo social.

Según el apego que hayamos vivido con las personas que nos cuidaron de niños, a la hora de convivir con los demás nos sentiremos y nos mostraremos más o menos seguros, con más o menos miedo o ansiedad.

A veces nos resulta incomprensible por qué llevamos a cabo algunos comportamientos… incluso por qué repetimos con nuestra pareja o con nuestros hijos determinadas dinámicas de relación y expresión o no… de afecto. Las primeras experiencias de nuestra infancia tienen sin duda mucho que ver.

Estas experiencias tempranas nos dejan una huella muy profunda.

John Bowlby desarrolló la teoría del apego y explicó la importancia que tiene para el ser humano establecer un vínculo fuerte entre el niño y sus progenitores durante sus primeros años de vida, con el fin de tener un desarrollo emocional sano.

Estos son los tipos de apego que Bowlby propuso:

Todos nacemos con una predisposición natural al bienestar, la alegría y el optimismo. Somos así de bonitos en esencia.

Sin embargo, en algún momento de nuestra primerísima infancia pueden suceder hechos que nuestros genes no esperaban, es entonces cuando aparece el miedo, la sensación de desprotección, el desamparo y entonces, la vida se vuelve fea… y poco a poco eso tan bonito que traíamos queda empañado y escondemos lo que somos… Nos pueden dañar… incluso los que más queremos.

Al niño no le queda más remedio que experimentar el vínculo que le ofrecen sus progenitores…

Si al menos uno de los progenitores es capaz de responder a sus necesidades, éste tendrá más probabilidad de desarrollarse socialmente de forma positiva.

Pero, si ambos padres son descuidados en sus responsabilidades, mostrando lejanía con el niño, poco contacto afectivo, no muestra disponibilidad ante las demandas de proximidad… y el niño no siente calor ni alivio ante el miedo, la angustia o la inseguridad, es muy probable que este pequeño desarrolle deficiencias en su forma de relacionarse con el mundo… aprende a protegerse, desarrolla sus mecanismos de defensa, no quiere pasarlo mal…

  1. El apego seguro

Es entre los seis meses y los dos años cuando mayor trascendencia tiene la vinculación con la que criamos a nuestros niños.

Si los adultos acompasan al bebé en sus cuidados, mostrándose accesibles y sensibles a lo que necesitan, si se muestran consistentes en sus formas de mostrarles afecto a la hora de calmarles y cuidarles… esos niños van a desarrollar con total probabilidad un apego seguro.  La clave aquí es la consistencia, la constancia y la efectividad del afecto mostrado.

De todos los tipos de apego, éste es el más positivo y adaptativo.

A partir de los dos años los niños se abren al mundo, lo empiezan a explorar, se muestran más independientes, felices, seguros y optimistas cuando desarrollan este tipo de apego. Esto es así porque sus emociones son validadas, y además sabe que ante cualquier imprevisto sus figuras de referencia van a estar pendientes de lo que suceda.

  1. Apego evitativo

Un niño que ha desarrollado este tipo de apego, el apego evitativo, entiende que:

  • No puede contar sus padres para satisfacer sus necesidades (eso le causará dolor el resto de su vida).
  • Si quiere subsistir tiene que aprender a hacerlo con la sensación de recibir migajas de un amor del que siempre tiene necesidad de más. Esto va a conllevar un sentimiento de no sentirse valorado, y llega a la conclusión de que lo mejor es no abrir su intimidad a nadie… Se protege.

Aprende que las relaciones emocionales desilusionan y tiende a evitarlas para no sufrir esa sensación.

  1. Apego ambivalente o ansioso

Este es uno de los tipos de apego más dolorosos.

El bebé unas veces tiene lo que necesita, a veces de más… y otras veces no existe esa presencia demandada. No hay constancia en el cuidado… Se pasa del afecto exagerado, incluso intrusivo, a la insensibilidad y el ignorar al pequeño.

Los niños que se crían con figuras que ofrecen los cuidados de esta forma, tienden a vivir sus relaciones con conductas de alta ansiedad y mucha inseguridad. Su mundo no es predecible, aunque aprenden a estar hipervigilantes para detectar señales que les ayuden a predecir lo que va a pasar.

Suelen ser niños recelosos, desconfiados, muestran desesperación, rabia contenida…

  1. Apego desorganizado

Es el apego tipo D o desorganizado que se da sobre todo en niños que se han criado en entornos claramente patológicos… Es decir, con familias donde se han dado abusos, agresiones… maltrato físico o emocional.

El pequeño vive atrapado con ideas encontradas en su mente… Sus padres son las figuras que deben protegerlo… pero su instinto de supervivencia le dice que vivir con ellos no es seguro.

Sin embargo, no conoce otra cosa, no conoce otra forma de relacionarse… por lo tanto sigue unido a esas figuras a pesar de hacerle daño. Con el consiguiente impacto que esto tendrá en su futuro desarrollo emocional, social, cognitivo…

Tipos de apego en la edad adulta

Como puedes imaginar…, y así lo corroboran los diferentes estudios en el ámbito de la psicología del desarrollo, el tipo de crianza que recibimos en nuestra infancia, determinará la manera en que construimos nuestras relaciones afectivas.

Personalidad segura

Las personas que tuvieron infancias con vínculos seguros con sus progenitores, tienen más probabilidad de desarrollar personalidad segura en la edad adulta:

  • Mayor autoestima y seguridad en sí mismos que hace que establecer relaciones emocionales sólidas.
  • Tienen una visión positiva de sí mismos, eso les lleva a buscar relaciones afectivas con las que construir vínculos también seguros, positivos y significativos. No se permiten otro tipo de relación.
  • En sus vidas buscan el equilibrio: valoran su independencia y a su vez, la importancia de establecer relaciones cercanas y sólidas.

Personalidad evitativa

Cuando en tu infancia has vivido con un apego evitativo, en la edad adulta es muy probable que desarrolles este tipo de conductas:

  • Son personas solitarias.
  • Tienden a relacionarse, pero en vínculos de poca trascendencia.
  • Son desconfiados, esquivos…
  • Muy mentales y con tendencia a reprimir sus sentimientos.
  • No suelen responsabilizarse de los conflictos o los problemas, tienden aponer distancia o escapan de los mismos.

Personalidad preocupada e insegura

Cuando una persona crece con un apego ambivalente, es muy común que desarrolle una personalidad insegura, con elevada autocrítica y baja autoestima…

Son personas que, además, se relacionan con muchas dificultades, ya que necesita constantemente la aprobación de quien tienen al lado.

Viven sus relaciones sociales y emocionales con la sensación de que a la mínima les rechazarán, que les van a traicionar… De ahí que las relaciones que construyen son muy dependientes.

Personalidad temerosa

Esta personalidad la desarrollan las personas que desarrollaron en su infancia un apego desorganizado. Son personas con traumas no resueltos, con fracturas emocionales y psíquicas que van a tener más complicado que el resto el poder establecer una relación afectiva saludable…

Cómo desarrollar apego seguro cuando somos adultos

No es algo fácil modificar la tendencia que aprendimos de niños, en nuestros primeros años… Hace falta un trabajo personal duro, constante y consciente que va a suponer un cambio en el rumbo de la vida de la persona que lo lleva a cabo.

  • Quien desarrolló apego evitativo, tiene como reto aprender a confiar y permitirse crear intimidad emocional:
    • Comprender que ese apego evitativo surgió en la infancia y sanar esas heridas infantiles. Aceptar que contamos con una herida de rechazo, que por eso huimos de la intimidad.
    • Darse cuenta de que ese rechazo no tiene por qué volver a suceder y que, si sucede, no es el fin del mundo. Hemos de sacar nuestro yo adulto y afrontarlo. Mantenernos aislados no es la solución, sólo perpetúa el problema.
    • Ir afrontando todas las situaciones que ha tendido a evitar: discusiones, compromisos… ir dando pequeños pasos que vayan ampliando la zona de confort.
    • Aprender a mostrar la vulnerabilidad, expresando lo que siente, lo que necesitas… abrir tu interior al otro.
  • Quien vivió su infancia desde el apego ambivalente, su reto va a ser superar la dependencia emocional:
    • Su dolor infantil vino de la confusión que sintió ante la expresión de amor de sus padres, careció de amor y aceptación incondicional. Por eso en su edad adulta se siente inseguro y necesita asegurarse de que los demás lo aceptan.
    • Su yo adulto debe trabajar que para sobrevivir no necesita depender de la aceptación de nadie.
    • El trabajo estará en reforzar su autoestima, en proporcionarse a sí mismo lo que le pide a los demás: aceptación, apoyo, priorizarse, ocuparse de sus propias necesidades. Revisar el discurso interno y las interpretaciones que hacemos de las señales externas es clave para avanzar en este punto.
    • En cuanto a lo social, es fundamental ampliar el círculo con personas nutritivas y mantener relaciones significativas.
  • Personas con infancias donde el apego fue desorganizado y que probablemente aborden traumas complejos, es necesario ahondar en el pasado, gestionar la ansiedad, detectar heridas… es un trabajo de cirugía psicológica que necesitarás abordar con un profesional de la psicología.

Me gusta mucho esta frase de Bowlby:

La psique humana, al igual que los huesos humanos, está fuertemente inclinada hacia la autocuración

Aunque todo predispone… nada determina.

Los seres humanos poseemos unas mentes que están orientadas a buscar el estar bien. Buscamos subsistir y creamos realidades que nos ayuden a satisfacer nuestras necesidades, de ahí nuestra capacidad de resiliencia.

La terapia psicológica te va a ayudar a trabajar los traumas vividos en la infancia.

Todos podemos superar nuestro estilo de apego inseguro y avanzar hacia una vida de más seguridad, confianza en los vínculos y bienestar emocional.

Estos cambios no son a corto plazo, llevan tiempo. Y el camino no es lineal, no esperes que sea así… sin embargo la perseverancia, y el trabajo personal tendrá sus frutos.

Mi lugar en el mundo
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OCUPAR MI LUGAR EN EL MUNDO…

Mi lugar en el mundo

OCUPAR MI LUGAR EN EL MUNDO…

A veces sentimos que repetimos historias que no entendemos. Que reaccionamos de formas que no reconocemos como nuestras… Que nos cuesta avanzar, que la vida nos pesa… y no sabemos muy bien por qué.

No es solo tu historia. A veces cargamos con dolores que no son nuestros, pero que sí habitamos. Heridas que vienen de atrás… Historias que se repiten, miedos, lealtades, culpas o silencios que nos atraviesan sin saber de dónde vienen…

En estos días he vuelto a mirar hacia dentro, leyendo, sintiendo… parando, reconectando con quién soy, cuando no soy… (los mil papeles que interpretamos cada día…)

Y me doy cuenta de que ocupar nuestro lugar en el mundo no es solo una decisión, es un trabajo emocional, profundo y sostenido.

Hay momentos en los que sentimos que vivimos una vida que no encaja del todo con quienes somos…

Que nuestras emociones no tienen sentido. Que nuestras reacciones son más grandes que lo que las provoca… Que decimos y expresamos más (o menos) de lo que sentimos…

Alguna vez te has preguntado si esto que te pasa… ¿Es realmente tuyo?

En mi camino como psicóloga, y también en mi propio proceso personal, cada vez confirmo más que no todo el dolor que sentimos nos pertenece directamente, no al completo… Hay heridas que vienen de antes…

De nuestros padres. De sus padres… De historias que se callaron, que se repitieron, o que se heredaron.

Y cuando no somos conscientes de ello, nos volvemos fieles al dolor familiar, a ese legado invisible.

El enfoque de Bert Hellinger, creador de las Constelaciones Familiares, nos aporta una mirada profundamente humana sobre este tema: Cada persona pertenece a un sistema. Y dentro de ese sistema, muchas veces, tomamos de forma inconsciente roles o cargas que no nos corresponden.

  • Hijas que cargan con la tristeza de su madre.
  • Nietos que repiten fracasos económicos de su abuelo.
  • Personas que repiten el abandono, la soledad o el sacrificio sin saber por qué… y sin hacer nada para salir de ahí…

Esto no se hace por debilidad. Se hace por amor…

Sí, amor inconsciente, infantil, ciego… por lealtad al sistema… Es como si nos dijéramos algo así como: “así yo también pertenezco”, “así yo te honro”, “yo te salvo”, “yo me ocupo…”

Pero el precio es alto: nos perdemos a nosotros mismos. Hasta el punto de no saber si lo que somos es porque somos o solo estamos repitiendo algo que no es nuestro…

A veces, el cuerpo calla. Pero el lenguaje no…

Y si escuchamos con atención, empezamos a descubrir pistas:

“Siempre soy la que se sacrifica”.

“A mí nadie me elige”.

“Tengo que cuidar de todos”.

“No puedo hacerlo mejor que mi madre/padre”.

“Me da miedo estar bien”.

“No puedo avanzar”.

Estas frases no siempre nacen del ahora, de nuestro momento… A menudo son ecos del pasado que nos habita. Del pasado que vive dentro de nuestro inconsciente…

Hay algo en nosotros que no se ve, no se toca y, sin embargo, nos vive, nos conduce…

Una fuerza silenciosa que condiciona lo que sentimos, lo que deseamos, lo que tememos y hasta cómo nos relacionamos.

Ese algo es el INCONSCIENTE.

Y es tan inmenso, tan profundo, tan fuera de los límites de la razón, que nos convierte en un misterio… incluso para nosotros mismos.

Cuando reaccionamos sin entender por qué, cuando repetimos vínculos, cuando nos saboteamos justo antes de lograr algo importante…

Ahí actúa el inconsciente.

No como enemigo, sino como si fuese un guardián de toda una vida no dicha, reprimida, heredada, aprendida, olvidada… que va dándonos pistas, que no sabemos ver o descifrar…

Carl Jung lo dijo con claridad poética: “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú lo llamarás destino.”

El inconsciente es como una caja de recuerdos olvidados que guarda:

  • Nuestros deseos ocultos.
  • Los miedos que no nos dejaron nombrar.
  • Las heridas de la infancia que siguen abiertas.
  • Las lealtades invisibles a nuestra familia.
  • La vergüenza, la rabia, el amor no vivido…
  • El daño que hicimos, o que nos hicieron.

Y cuando aprendes a verlo… solo hay que aceptar. No se trata de luchar. Se trata de asentir… de acompasar los mensajes de la vida.

Aceptar no es rendirse.

Es reconocer sin juicio lo que fue, para poder ver con claridad lo que es y así poder movernos hacia lo que puede ser.

Es dejar de oponer resistencia a lo que ya es, para poder transformarlo.

Es mirar con compasión lo que dolió, sin juzgar.

En la consulta mi función es acompañarte:

  • A poner luz sobre esos patrones.
  • A dar voz a las emociones congeladas.
  • A devolver cargas que no son tuyas.
  • A recuperar tu lugar en el mundo… ni por encima, ni por debajo… El tuyo.

Al final el objetivo solo es uno… que logres ser fiel a ti. Y sí, no te voy a mentir, duele… Pero duele distinto…

Y ese es el poder de la psicología: ofrecerte un espacio seguro donde entender tu historia, sentirla, honrarla y reescribirla. Donde dejas de vivir desde el piloto automático y empiezas a vivir desde el contacto contigo.

No para hacerlo perfecto.

Si no para hacerlo real.

“Lo que se excluye en una generación, se repite en la siguiente”. 

Bert Hellinger.

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¿SE PERDONA LA INFIDELIDAD?

infidelidad

Por Ángela Peco Psicología.

Infidelidad como insatisfacción

A la palabra infidelidad, normalmente va unido un sentimiento, traición.

Y esa traición conlleva una grieta tanto en el compromiso como en la intimidad de la pareja. Después de una infidelidad, la pareja nunca vuelve a ser la misma.

Un 40% de las personas casadas reconoce haber sido infiel en algún momento de su vida.

Es muy común, más de lo que nos pensamos.

Sin embargo, no es un tema que se pueda tratar a la ligera, aunque muchas veces es fácil para todos opinar…

Existen muchos motivos (una cara bonita, un cuerpo precioso, palabras y detalles que necesitamos en el momento oportuno, demasiada soledad, demasiadas obligaciones, la famosa rutina…) por los que una persona llega a ser infiel, aunque todos llevan al mismo fin: el sufrimiento y el no saber qué sucederá después…

No puede decirse que haya causas concretas que nos lleven a ser infieles, aun así:

Los estudios muestran que los hombres sexualmente no satisfechos se sienten “no amados” y tienden a buscar ese “amor” fuera de la relación. (Componente físico).

En cuanto a las mujeres, tienden a engañar a su pareja cuando sienten un vacío emocional. Cuando la mujer se siente despreciada o ignorada en la pareja tiende a buscar intimidad emocional con otra persona. (Componente emocional).

En cualquier caso, en la mayoría de los casos, la infidelidad suele ser fruto de la insatisfacción. Una insatisfacción personal, que probablemente viene de mucho antes de conocer a la persona con quien se ha sido infiel.

Infidelidad como resultado del miedo a afrontar

A menudo vivimos en pareja con miedo a afrontar, solucionar o decidir ante situaciones que nos hacen infelices.

Al no decidir, al no solucionar, la relación tiende a convertirse en algo frío, distante, monótono… donde la única solución aceptable que se ve es la de evitarnos, algo que a su vez continúa con más aumento de la insatisfacción.

No es algo raro que esto suceda en las parejas… de hecho, la infidelidad es algo que cada vez sucede con más frecuencia.

¿Qué pasa con la parte traicionada de la pareja?

Cuando una persona se entera de la infidelidad de su pareja el mundo interno se rompe a tres niveles:

  • A nivel cognitivo: Aparecen continuas rumiaciones sobre lo ocurrido que aparecen de modo incontrolable y que le impiden centrarse en llevar una vida con normalidad, ya que no te dejan concentrarte en nada.

Ni que decir cabe que además la forma de ver o pensar a tu pareja se quiebra totalmente, apareciendo la sensación de inseguridad constante.

  • A nivel conductual: Se dan reacciones que sobre todo tienen que ver con la expresión de la rabia tanto hacia la pareja como hacia la tercera persona (malas contestaciones, alzar la voz…)

Por otro lado, deja de sentirse esa necesidad de contacto físico… al evitar vincularte de nuevo, evitas el sufrimiento que esa persona te ha producido.

La persona se vuelve hipervigilante, quiere tener todo bajo control para evitar sufrir de nuevo, y su control se puede volver obsesivo (vigilar el móvil del otro, comprobar su ubicación, vigilar los comentarios en redes a otras personas…)

  • A nivel emocional: En esta área aparece un elevado sufrimiento. No cesan los sentimientos de rabia, ridículo, víctima, ansiedad, depresión… Es un tsunami de emociones, que se mezclan, que abruman, y que a veces ahogan a la persona… Realmente lo que aparece en la víctima son reacciones emocionales similares a las que suceden en personas que sufren estrés postraumático:
    • Problemas de sueño
    • Ataques de ira
    • Hipervigilancia
    • Respuesta de susto
    • Reacciones exageradas a películas, canciones, comentarios… que recuerdan la situación vivida.
    • Celos: Ser suspicaces, desconfiar del otro… anticiparnos a la pérdida (“Tengo que mostrar más atención para que no me lo vuelva a hacer”)

¿Lo volverá a hacer?

Muchos de los que habéis pasado por una situación así, me hacéis esta pregunta en consulta…

Una persona que ha sido infiel a su pareja puede dejar de serlo, pero siempre que tenga una voluntad firme de tener estabilidad en la relación.

Aun teniendo esa firmeza en su voluntad necesitará y necesitaréis apoyo psicológico para ayudaros a gestionar momentos clave, así como los rasgos de la personalidad y de la forma de relacionaros, que os han llevado a la situación actual.

No es lo mismo una infidelidad puntual, que la persona que ha llevado una vida alocada, llena de relaciones cortas, o “a tres” … En este último caso es muy difícil que la persona deje de comportarse así aun teniendo la voluntad de querer hacerlo.

He de decir, que no me gustan las verdades absolutas (y menos aún en el amor). No todas las infidelidades significan que la pareja sea inviable. No lo creo.

Si la decisión que habéis tomado después de brotar a la luz la infidelidad es la de continuar juntos, entonces lo ideal es no guardar el problema en un cajón, y abordar todo lo que os ha llevado a este punto en terapia de pareja.

Fundamental: que ambos queráis poner de vuestra parte, sin culpabilizar, sin dañar más… pero si asumiendo ambos la parte de responsabilidad que os corresponde. Y desde ahí, construir.

Responsabilidad de ambos

Si, la responsabilidad de lo que pasa en la pareja es de los miembros que forman la pareja, de ambos.

Puede que te parezca injusto si has sido la persona herida, pero realmente lo sucedido es un precio que se paga por temas como: problemas que no se resuelven y que siempre se postergan, por falta de comunicación, por falta de madurez a la hora de abordar temas complejos, por rigidez en la toma de decisiones que afectan a ambos…

Una vez que ha reconocido que te ha sido infiel, no tienes obligación de seguir con tu pareja… Nadie está obligado a nada. Eres libre de escoger a quién amar. El amor es una decisión.

No mendigues amor

Cuando aparece la infidelidad en una pareja, a la vez afloran temas como: el respeto, el amor propio, la dignidad…

Hay una pista que os quiero dejar clara: los sentimientos no se suplican ni se obligan. Los sentimientos se construyen: con comunicación, con respeto, con confianza, con compromiso, dando en tu vida su lugar a la otra persona, dignificándola… No se pide lo que no se da… No tienes lo que no eres capaz de ofrecer.

Si riegas una planta en su justa medida, la planta crece hermosa, si no la riegas o solo le pones agua, mucha agua de vez en cuando… la planta muere.

Si tú no te respetas, nadie más lo hará.

¿Se puede perdonar una infidelidad?

Absolutamente SI. Pero he de puntualizar que para eso tiene que darse un deseo real de querer hacerlo, así como compromiso de ambos de recomponer la relación para que la experiencia vivida haga incluso más fuerte a la pareja.

Muchos de los que habéis pasado por este duro trago habláis de que habéis perdonado con la mente, pero que el corazón aún está dolido.

Otros habláis de que es algo imperdonable, pero el amor que sentís por la persona y el peso de la historia compartida os hace querer volver intentarlo.

Me resulta complicado hablar de PERDONAR, ya que esa palabra nos sitúa en una posición de superioridad respecto al otro. Para no autoengañarnos, vamos a ver qué puede significar eso del perdón al otro.

Me gustaría que vieras el perdón como:

  • Una opción. Si la decides, bien; y si no, también bien.
  • Una forma de no cerrarte a vivir en el rencor. Puede ser complicado porque el resentimiento es una coraza que usamos para protegernos, pero nos endurece el alma.
  • Algo que va a requerir tiempo y trabajo interno, reflexión… No pasa de la noche a la mañana.
  • No significa que seas débil: cuidado con creer que perdonar es un signo de debilidad.
  • No significa que olvides.
  • No significa que justifiques lo que ha pasado.
  • No significa que quieras volver a ser su pareja.

Perdonar siempre será tu decisión personal, y eso va a depender de tus propios principios y valores.

Cada persona debe decidir si está dispuesta a ser flexible en sus creencias, y hasta qué punto. Cuando nos enteramos de la infidelidad de nuestra pareja, nuestro castillo de naipes cae y toca recomponer todo, también eso, nuestros valores como persona, como pareja.

Pasos a dar cuando decides el perdón…

Antes de tomar ninguna decisión, ten en cuenta estos puntos:

  • Aquello que causó la traición: Haceros preguntas relacionadas con lo que le faltaba a vuestra relación y con el tipo de dinámicas tóxicas que habéis mantenido (poco tiempo a solas, centraros únicamente en los niños, dar demasiados permisos a las familias políticas…)

No es que con esto justifiques la infidelidad… sólo es importante para que ambos tengáis cuenta en qué contexto ocurrió.

  • Cuál ha sido el grado de la infidelidad: no es igual una infidelidad de una noche loca, que haber mantenido una relación secreta por años… Tampoco es lo mismo si ha pasado una vez o han sido muchas veces.
  • Tipo de infidelidad: Valora si ha sido una infidelidad sexual o también ha habido componente sentimental. Y sobre esto, valora a lo que tú le das más importancia, y como eso puede influir en tu decisión final sobre lo que hacer.
  • Qué consecuencias ha tenido esta infidelidad: Impacto en tus hijos, problemas económicos, dolor emocional en tu familia cercana…
  • Valora lo que sientes por tu pareja: Valora si a pesar de todo quieres continuar en la relación, si serás capaz de volver a confiar y de qué modo te podrá afectar en la relación el hecho de intentarlo.

Al principio puedes creer que esta decisión puedes tomarla solo con la cabeza… pero, aunque eso puede darte seguridad, pronto te darás cuenta de lo importante que es perdonar también con el corazón. Es importante que haya coherencia entre la razón y la emoción. Ve hacia dónde quieres, pero despacio, acompasando ambos, corazón y razón. El corazón suele ir más despacito.

Las fases

Sanar una relación rota por una traición suele pasar por estas fases:

  • Reconocer el daño hecho.
  • Asumir responsabilidades.
  • Comunicarse de forma sincera.
  • Reconstruir la confianza, ya que sin confianza no hay relación posible.

La confianza

Si tiempo después de volver no eres capaz de vivir de forma tranquila con tu pareja, replantéate la relación.

Vivir constantemente en preocupación, interrogando, siguiendo y desconfiando, no es sano.

La confianza es crucial para que una relación sea sana y estable.

En definitiva, algunas parejas deciden trabajar su vínculo de nuevo, mientras que otras deciden continuar sus vidas por separado.

Todas las opciones son válidas. Ambas opciones son valientes.

Si lo que finalmente decides es dejar a tu pareja… solo decirte que superar una ruptura amorosa no es algo que vaya a pasar en un mes o dos… No hace falta ir rápido. No es adecuado. No enquistes un duelo no realizado por tapar el sufrimiento con otras relaciones esporádicas, fiestas, trabajo…

Recuerda, todo pasa, y esto también pasará… tienes recursos suficientes para afrontar la traición, y para salir adelante, también en esta situación.

Tienes que aprender a levantarte de la mesa cuando ya no se sirve amor.”

Nina Simone.

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Vacío por dentro
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VACÍO POR DENTRO

Vacío por dentro

Por Ángela Peco Psicología.

¿Has oído alguna vez a alguien decir que se siente “vacío por dentro”? Si es así, activa bien tus sentidos… realmente lo que está haciendo esa persona es pedirte ayuda.

La sensación de vacío por dentro indica falta de motivación, pérdida de ilusión, no tener interés en nada de lo que hace en su vida, incapacidad de sentir placer con nada de lo que tiene, hace o le rodea…

La vida se convierte en una rutina que apaga el interior de la persona. Nos volvemos seres autómatas, donde hacemos, pero no sentimos, nos enfocamos simplemente dejar que la vida pase, sin más. Nuestra chispa se va apagando.

Podemos intentar llenar ese vacío con parejas, con comida, con alcohol, con mil planes y salidas… Pero a pesar de eso, ese vacío se vuelve insoportable. Se vive como insoportable porque además no se comprende, tenemos todo, y no llegamos a saber qué es lo que necesitamos para llenarlo.

No quiero que pienses que por encontrarte así un día ya estás sufriendo un trastorno o es algo grave… ¡no!, ten en cuenta que las emociones son muy variables y nos confunden muchas veces.

Igual que no es normal estar siempre triste, tampoco lo es el estar siempre alegre y feliz. Lo que puede ser patológico es permanecer en la tristeza o el vacío mucho tiempo. Si es tu caso, sería importante que lo contaras a alguien que pueda ayudarte a buscar apoyo psicológico.

PISTAS DE LO QUE TE PUEDE ESTAR PASANDO

Como siempre os digo… cada situación o estado es vivido de forma diferente por las personas, dependiendo de su historia de vida y de las herramientas psicológicas que haya ido desarrollando.

Unas personas experimentan el vacío como una sensación de tristeza infinita y otras en cambio lo expresan con angustia, otros simplemente expresan que “no sienten nada”.

Lo que sí expresan en común son estos puntos:

  • Sensación de cansancio, de no saber hacia dónde dirigir sus vidas. Viven sin una meta que cumplir.
  • Viven con la sensación de estar separados de sí mismos sin saber que necesitan para estar mejor.
  • Nada les hace sentirse bien. Nada les interesa. Con nada disfrutan.
  • Sensación profunda de soledad, aunque pasen el día rodeados de personas. No logran establecer vínculos con nadie, por lo tanto, no se sienten comprendidos ni apoyados.
  • No experimenta emociones, se trata de una especie de “anestesia emocional” que no permite sentir alegría, tristeza, enfado… Existe dificultad para identificar emociones, expresarlas, verbalizarlas y compartirlas.

PERO… ¿A RAÍZ DE QUÉ…?

Estas sensaciones pueden derivarse a raíz de…

Haber sufrido pérdida fuerte o vivir un suceso traumático.

Cuando vivimos un suceso traumático, no esperado, que nos ha impactado, una situación de pérdida o duelo… nuestros sentimientos parecen no aflorar, aunque necesitamos que lo hagan, es inútil, no aparecen, vivimos estas situaciones como si nos hubiésemos congelado.

Atravesamos esa situación de pérdida (trabajo, ser querido, amistad que acaba…) como si hubiese un vacío interno enorme, que no sabemos nombrar, sentir ni expresar… Nuestro cerebro entiende lo que ha pasado, pero “nos protege” del dolor de esa forma… retardando la emoción, dejándola para ir sacándola después.

Nuestro cerebro utiliza tres estrategias fundamentales de afrontamiento para defendernos de las agresiones externas: SUPRIME, NIEGA o EVITA. Esto lo hacemos de forma inconsciente, automática, fuera de la consciencia…

Careces de apoyo social

Aunque nuestro mundo cada vez fomenta más el individualismo, somos seres sociales, vivimos y nos desarrollamos en tribus, eso hizo que pudiésemos sobrevivir y evolucionar…

Cuando vivimos en aislamiento social, carecemos de vínculos significativos, no cubrimos nuestra necesidad de pertenencia, no recibimos apoyo cuando lo necesitamos, no podemos compartir experiencias… Estas son una de las principales causas del sentimiento de vacío del que estoy hablándote en este artículo.

Te estás replanteando tu vida, quien eres, donde vas…

A lo largo de nuestra vida, pasamos por momentos de “crisis personales”, sobre la adolescencia, sobre los 40 años, sobre los 65 años…

Son momentos en los que los seres humanos vivimos cambios en nuestras vidas, y eso nos lleva a plantearnos el sentido de lo vivido, el tiempo pasado si ha sido perdido o ganado… Nos planteamos el futuro, aparecen nuestros miedos, inseguridad…

Vives con demasiado estrés

Cuando en tu vida parece no haber tiempo, vives en continua multitarea, con la sensación de no parar y aun así no llegar a todo… nuestro cerebro puede protegernos con un mecanismo que se conoce como “disociación”, que se trata de una desconexión entre tu mente y la realidad que vives, es como si no estuvieras en el mundo que estás (¡tu mente está en otro lado!).

El problema de estos mecanismos de defensa de los que estoy hablándote en este artículo, no es que aparezcan de forma transitoria, el problema viene cuando los utilizamos tanto que se cronifican, entonces pueden convertirse en problema.

Trastorno de Estrés Post Traumático

Esa sensación de “vacío por dentro” es uno de los síntomas de un cuadro más complejo, el Trastorno de Estrés Post Traumático (TEPT).

Algunos trastornos de la personalidad

Finalmente, solo a modo de pincelada, explicarte que esta sensación de profundo vacío también puede explicarse dentro de algunos trastornos mentales:

  • Depresión Mayor.
  • Trastorno narcisista de la personalidad.
  • Trastorno límite de la personalidad.

Si esa sensación de vacío aparece en tu vida de forma diaria afectando a las diferentes áreas de tu vida y ves que no desaparece a pesar de tus intentos, por favor, pide ayuda.

PISTAS PARA AFRONTARLO

Cada caso es un mundo, y su evolución depende de muchas variables… pero te dejo algunos puntos que pueden ayudarte:

  • LÍNEA DE LA VIDA: Utiliza esta herramienta, consiste en crear una línea que simboliza tu vida, en ella ve poniendo los diferentes hitos que te han marcado, tanto para bien, como los que te han marcado para mal… cuando somos conscientes de todo esto y lo vemos reflejado podemos encontrar la explicación y la raíz a ese sentimiento de vacío o desconexión emocional que sientes.
  • USA LA ESCRITURA TERAPÉUTICA: Uno de los objetivos es que reconectes con tus emociones, aunque duela, es lo que te va a sanar. Cuando escribimos sin pensar, lo que vaya surgiendo, en un papel blanco, sin líneas, y a un solo color, empezamos a liberar nuestra mente y nuestra emoción. Deja que aflore el dolor.
  • NO FUERCES NADA. Cada persona lleva su ritmo en la expresión del dolor, sólo permítete sentir lo que sientes, sea lo que sea, sin juicios. No pongas pensamiento a la emoción, no pienses la emoción, eso la bloquea más aún.
  • BUSCA PERSONAS. Acércate a la gente, comparte tu tiempo con más personas, comparte tus experiencias con ellas. Cuando vivimos acompañados, sí tenemos que hacer concesiones, puede que lo vivamos con incomodidad, pero vivir buscando la comodidad nos enferma, piénsalo…
  • ¿QUÉ TE HACE SENTIR BIEN? Cuando una persona vive con depresión, una de las técnicas más utilizadas es la de la activación conductual, se invita a la persona a buscar actividades que la hagan sentir bien. Aquí la lucha es contigo mismo/a, intenta primero buscar esas actividades que te apetecería volver a realizar, prográmatelas en un horario semanal, cumple con ese horario, sin pensarlo, solo hazlo, poco a poco a medida que te esfuerces en hacerlo, irás notando como cada vez necesitas menos esfuerzo para activarte.
  • BUSCA APOYO PROFESIONAL. A veces solos somos incapaces de levantar cabeza. Un psicólogo te puede ayudar a entender lo que te pasa y te puede proporcionar técnicas y pautas centradas en tu caso concreto.

“Es curioso que la vida, cuanto más vacía, más pesa.” León Daudí.

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SER MADRE

mama jirafa

Por Ángela Peco Psicología.

Cuando tu hijo llega… se va una parte de tu “yo” … una parte de lo que eres se queda a un lado.

Hay que dejar espacio para ese nuevo ser al que tanto amas y que se convierte en tu prolongación.

Su llegada marca un hito en tu vida, un antes y un después… ahora, sobre todo, eres madre. Pero no olvides que, como todos los cambios, para adaptarnos necesitamos seguir un proceso.

Quiero que te quites “tengos que…”.

Al acomodarte a este nuevo rol de tu vida… ¡“no tienes que… nada”!,  es decir, puedes vivirlo con esperanza, deseo, alegría, ternura… pero también con cansancio, tristeza, angustia… y ¿sabes qué? Todo está bien.

Hay tantas formas de ser madre como mujeres hay en este mundo.

Estás adaptándote a una nueva etapa, y tu entorno también (tu pareja, tus padres, tus amigos…) Acepta que en la vida todo es relativo, nada es blanco o negro todo el tiempo y cuando eres madre, menos aún, la maternidad es una rueda de emociones y no todas son rosas…

Sí, ahora sabes que ya no sólo has de cuidarte tú, ahora hay un ser que depende de ti para estar sano, feliz, para tener una buena vida… Además de forma mágica ha surgido en ti un sentimiento de incondicionalidad “pase lo que pase, ahí estarás para ese pequeño ser”, no es una decisión consciente, pero sí una decisión. Esto conlleva inevitablemente que renuncies a algunas partes tuyas… o por lo menos a “aparcarlas” por un tiempo. Tus prioridades cambian.

A modo de supervivencia, en la mente de la madre aparece una creencia (no es real, pero es un mecanismo de defensa) “ya no eres tan importante”, eso hace que justifiques tus descuidos hacia ti misma y tu casi completa dedicación a tu hijo. Creerte ese mensaje puede hacer que tu autoestima quede afectada y tus relaciones y tus roles se distorsionen también.

¿Qué cambia con la maternidad?

Hablo de cambios, no de renuncias… Es decir, finalmente lo que una madre hace son elecciones para ir poco a poco acoplando su nuevo “yo” en su vida. Se trata de avanzar en tu vida abrazando y dejando espacio a tu nueva situación. Eso nos lleva a modificar cosas, el cambio es inherente a la vida:

  • Cambian nuestras relaciones sociales. Sobre todo, si tu grupo de amigos no tiene hijos… pues ahora tienes menos tiempo, y el tiempo que tienes va a otra velocidad. Tienes menos disponibilidad para viajes, festivales, salir de noche… Tu prioridad ahora es otra, aunque tu deseo siga siendo el de divertirte… valoras el precio a pagar por esa forma de vivir el ocio y tomas la decisión de “cambiar tus motivos de diversión”.

       Normalmente vas a empezar a relacionarte con otras madres, porque compartís intereses y temas de conversación similares… Pero en la medida de lo posible conserva a tu grupo de amigos, recuerda que lo que estás viviendo es una etapa más de un largo camino de vida.

  • Cambios en lo laboral. ¿Conciliación…? ¿En serio? Al menos en nuestro país compatibilizar crianza y trabajo sigue siendo una utopía. Si quieres dedicarte a criar a tus hijos, tu trabajo se va a afectar de una forma u otra, y si no quieres renunciar a crecer laboralmente y además quieres criar a tus hijos, prepárate para vivir dentro de un huracán de estrés y ansiedad…
  • Cambios en tu auto-cuidado. Tu aspecto físico o tu desarrollo personal bajan un escalón (o más…) en tu escala de prioridades. Menos tiempo para ti, menos tiempo para cuidarte y descansar… Antes que cuidarnos nosotras aparece un instinto, casi me atrevo a decir que animal… que es el de cuidar, asear, alimentar, acostar, mimar a este pequeño ser.
  • Cambios con tu pareja. La pareja también cambia su rol hacia ti y el tuyo hacia el otro… ahora sois un equipo de dos con un fin común, que no sois vosotros. Intentar buscar espacios de intimidad, de comprensión, “apoyo mutuo” es clave para que no haya sobrecarga sólo de una parte de esta pareja y el otro no se convierta en un inconveniente más en esta nueva situación.

Por encima de ser madre también eres persona.

Realismo, sí, tu vida ha cambiado, pero sigues siendo tú en tu vida.

PIDE AYUDA si ves que el ser madre te está desdibujando. Abuelos, tíos, figuras externas, e incluso turnaros tu pareja y tú para eso… No puedes cuidar bien a tus hijos si tú no estás bien, si no estás emocionalmente estable. Recuerda la palabra que siempre te recalco: EQUILIBRIO.

NO INTENTES ENCAJAR en los criterios de nadie. Para ti los tuyos son los válidos. Demasiados prejuicios y estereotipos que rozan hasta el absurdo pueden llevarnos a querer vivir la maternidad de una forma que nos daña y que en la mayoría de los casos no tiene que ver con nuestros valores, sino con los valores de los otros. Pregúntate ¿qué es la maternidad para ti? Construye tu propia definición de madre y apóyate en el amor que sientes por tus hijos. Ser madre no es un concurso que tengas que ganar con nadie.

ASERTIVIDAD POR FAVOR. Cuando tienes un hijo, parece que todo el mundo sabe lo que hay que hacer… menos tú. Esto seguirá pasando si no estableces unos límites claros. No permitas faltas de respeto de nadie, pero para eso no ten claras tus líneas rojas, siempre (a ser posible) desde la educación y la afabilidad.

CULPA NO GRACIAS. Aunque sé que es casi imposible no sentirla, no luches contra ella (culpa porque está enfermo, porque está triste, porque llego tarde, porque no juego suficiente con él,…), asume que es un sentimiento normal cuando partes de un pensamiento de “tengo que hacerlo todo bien”… entonces, comprende la emoción, relativiza tu pensamiento… Intenta ser más amable contigo misma, la culpa nunca tiene fin y pocas veces trae como resultado algo positivo. Se proactiva. Cuando hay proactividad (responsabilízate, soluciona, actúa…) la culpa desaparece.

No olvides que lo perfecto es enemigo de lo bueno… de modo que sí, tendrás días malos, otros buenos, unos días estarás insegura y otros tendrás clarísimo lo que hacer.

Madres felices crían hijos felices. No lo olvides tampoco.

¡Gracias por leerme!

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ADOLESCENCIA

Por Ángela Peco Psicología.

La adolescencia es una de las etapas más delicadas en la vida de un ser humano.  

De repente, todo cambia, para ellos y para nosotros… y esas expectativas que nos habíamos creado sobre nuestro pequeño, hemos de revisarlas, porque el adolescente en que se está convirtiendo se aleja de las mismas.

Ellos viven tres duelos: el de su cuerpo de niños que ya no está; el de su rol de niños que desaparece; y el de sus padres de la infancia que pasan de ser los mejores a tener defectos como todos…

Nosotros, también vivimos con la sorpresa y la pena de haber perdido a nuestros niños. Nuestro niño obediente, cariñoso, alegre… pasa a ser un desconocido que marca una enorme distancia emocional con nosotros, sus padres… que puede pasar del llanto a la risa, de la euforia al cansancio y del amor al odio (sobre todo hacia nosotros), en menos que canta un gallo. Sin embargo, y aunque nos cueste, permanecer a su lado de forma incondicional es la mejor “medicina” para ambos.

Si tu hijo o hija está pasando por este período, seguro que puedes imaginarte por qué escribo este artículo… tanto los padres como ellos mismos, necesitamos comprender este proceso, para poder vivirlo desde el amor y el respeto, aunque no lo pongan fácil, y a veces nosotros, los padres, tampoco a ellos.

Cuando vivimos este proceso desde el reproche y la incomprensión, hemos de revisar esas expectativas de las que te he hablado antes. No es tu hijo quien falla (él hace lo que le toca hacer…), el fallo está en las expectativas que tú, puede que hayas creado para él o ella.

No me atrevo a marcar una fecha de comienzo y otra de fin (aunque suele hablarse de los 10 a los 19 años), porque la experiencia me dice que es muy relativo este dato, sin embargo, lo que sí es seguro es que se trata de una etapa delicada en la que se produce la maduración física y mental de nuestros hijos. Es como si en su interior un torbellino hormonal inundara todo su ser.

El cuerpo y el cerebro de tu hijo se están reorganizando. Sus conexiones neuronales disminuyen y se afianzan las que ya tiene. Aumenta su emocionalidad, y buscan de forma incansable ser independientes… En este proceso nosotros los padres hemos de intentar no entrar en lucha… hemos de dar espacio, sin descuidar nuestras funciones como padres: cuidar y educar, pero dejando ese espacio en el que ellos puedan buscar.

 

EL PENSAMIENTO ADOLESCENTE

El pensamiento del adolescente es un pensamiento aun inmaduro, que quiere mostrar madurez… Según el psicólogo David Elkind, los pensamientos adolescentes tienen estas 6 características:

  • Idealismo: Suelen imaginar un mundo ideal y se dan cuenta de que el mundo real está muy lejos de esa idealización. Tienden a culpar a los adultos que más cerca tienen de esa diferencia entre lo ideal y lo real.
  • Tendencia a discutir. Les encanta probar y mostrar sus habilidades de razonamiento.
  • Indecisión. Su falta de experiencia a la hora de tomar decisiones, les lleva a dudar continuamente de las alternativas a elegir ante un determinado hecho. Tienen muchas opciones, pero no tienen aún la habilidad de elegir la más adecuada.
  • Hipocresía (aparente). Son idealistas y sueñan con conseguir esos ideales… pero prefieren ignorar los sacrificios que puede conllevar la consecución de los mismos.
  • Autoconciencia. En esta etapa son capaces de razonar sobre sus pensamientos. Son capaces de razonar sobre su pensamiento y el de los otros… aunque a menudo suponen, dentro de su egocentrismo que los demás piensan en lo mismo que piensan ellos.
  • Se sienten especiales e invulnerables. Los adolescentes creen que son especiales, que a ellos no les pasa lo que al resto del mundo, que son invulnerables ante las situaciones complicadas que los adultos les relatan.

Todo este cóctel hace que muchos adolescentes y sus familias vivan una etapa borrascosa… llena de miedos e incertidumbre en ambos lados.

OJO CON TUS EXPECTATIVAS… ¿Y SI LAS REVISAS?

A pesar de todo esto, no caigas en el “adultocentrismo”, hemos de tener clara una cosa: Nuestros hijos no son de nuestra propiedad… Hemos de darles espacio a sus opiniones, a su criterio, a sus gustos… aunque no sean iguales a los nuestros, por mucho miedo que nos dé el hecho de que se “tuerzan”, de que se equivoquen en sus decisiones…

Cuando los adolescentes no encuentran este espacio lo que hacen es reclamarlo. Nuestra misión será guiar en lugar de imponer, acompañarles en este momento tan importante en que ellos mismos están descubriendo quienes son, y sobre todo no obligarles a ser lo que nosotros somos o queremos que sean…

Deja a un lado los “tienes que…” y toma nota de estos puntos:

  • Habla con ellos, sin discutir. Aunque no lo parezca, no les gusta discutir. Intenta hablar con tranquilidad, en tono de conversación. Sería ideal poder hablar en un lugar neutro, fuera de casa.

 

  • No lleves a cabo juicios de valor… pueden llegar a creer que son una decepción para ti. A veces no hace falta ni que digas nada, sólo con tu expresión les dices mucho. Valora en positivo todos los pasos que den y aléjate de expresiones que les recuerden el fracaso.

 

  • No añadas “leña al fuego”. Trabaja tu paciencia.

 

  • Necesitan espacio, su espacio, para poder encontrarse a sí mismos. Intenta no hacer de esto un motivo de castigo. Necesitan un lugar donde poder descansar, pensar, ordenar su mente…

 

  • Dale oportunidades para hacerle ver que es autónomo. Que puede hacer cosas de las que estar orgulloso y déjale que te lo demuestre. Cuando lo sobreproteges… lo haces infeliz.

 

  • Ponle normas… sobre todo con el uso de las pantallas. Ellos no saben parar solos. Tu firmeza aquí es un punto clave para su bienestar… aunque sí, te costará mantener el tipo porque no es algo que les vaya a gustar.

 

  • Si ves que como padre o madre no eres capaz de dar a tu hijo el apoyo que te pide… busca ayuda especializada, un psicólogo puede ayudaros a ambos en estos momentos y daros una guía para seguir mejor el camino.

 

  • No te rindas con tu hijo… necesita saber que lo quieres, necesita que se lo digas y te necesita… aunque te diga que quiere irse de casa… y vaya todos los días enfadado con el mundo. Dile que lo quieres… y ten clara una cosa (él también te quiere).

 

Intenta reconocer la individualidad de tu hijo. Cuando ellos perciben que eres capaz de respetar su proceso, comprenderá que tu papel es de apoyo y no tendrá por qué luchar contigo.

Suceda lo que suceda, no tires la toalla. Tu hijo adolescente te necesita, casi con toda seguridad más que nunca. Por eso, aunque es muy complicado, tu función es practicar ese amor incondicional que sientes por él (de esa forma, sin condiciones).

 

“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo elegí el menos transitado. Eso marcó toda la diferencia”. 

Robert Frost.

 

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DEPRESIÓN INFANTIL

Por Ángela Peco Psicología.

¿La depresión infantil existe? 

La depresión es el problema de salud mental más común en todo el mundo. Las cifras son tan altas que han alcanzado proporciones de epidemia.

Es curioso que, en nuestro mundo de adultos, creemos que este tipo de trastornos sólo nos afecta a nosotros, los adultos… sin embargo, la tristeza, la pérdida de capacidad de disfrutar, el llorar de forma diaria y recurrente, también les pasa a nuestros niños.

Al menos 1 de cada 100 niños sufre depresión, y pasa lo mismo con 1 de cada 33 adolescentes… Eso es mucho.

Pero lo peor es que estos niños pueden no ser tratados nunca, ya que podemos restar importancia a su problema, o incluso pueden ser tratados por otras cosas… ya que podemos fijarnos en el bosque en lugar de mirar el árbol.

Uno de los diagnósticos erróneos más habituales es el de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) en lugar de depresión.

Con este artículo no quiero que patologices las emociones de tus hijos. Las emociones es normal sentirlas. Todos los niños y adolescentes pueden estar tristes, igual que nos pasa a los adultos, incluso pueden sentirse deprimidos, pero un trastorno depresivo es mucho más que esos episodios puntuales.

Es decir, que tristeza no es lo mismo que depresión, por esto creo que es fundamental que aprendas a diferenciarlo. 

Para esto es clave que tengas en cuenta la frecuencia, intensidad y duración de las conductas, así como también el malestar que siente tu hijo y cómo ese malestar le afecta en su día a día.

CARACTERÍSTICAS DE LA DEPRESIÓN INFANTIL

La depresión en los niños se manifiesta de forma diferente a como lo hace en los adultos… algo normal, ya que los niños en muchas ocasiones carecen del lenguaje y las palabras suficientes para expresar lo que sucede en su mundo interior.

La tristeza es una emoción que aparece frecuentemente en los niños, sin embargo, pueden presentar dificultades a la hora de expresarla, y por eso tienden a exteriorizarla de una forma diferente a como podría esperar un adulto… 

Esto sucede porque los peques requieren estrategias de afrontamiento que han de adquirir a medida que avance su desarrollo psíquico y neurológico.

Síntomas típicos

  1. Baja autoestima.

Estos pequeños tienden a expresar aspectos negativos de sí mismos. Se muestran muy duros con ellos mismos, muy autoexigentes y se juzgan de una forma muy severa, como si tuvieran un pequeño juez implacable dentro de ellos. 

Esto hace que su autoestima quede dañada.

Por ejemplo, pueden no querer jugar con otros niños de su edad “porque no les sale tan bien…” o por miedo a que les digan algo o les rechacen.

Esto puede hacer que se aíslen o que lleven a cabo actividades que no son apropiadas para su edad y que son más típicas de los adultos, y evitar otras, como el juego con iguales, que son necesarias para su correcto desarrollo socio-emocional.

Suelen ser niños que se describen a sí mismos incidiendo en lo que no les gusta, y con mucha ansiedad y pesimismo sobre el futuro, con tendencia a sentirse culpables por cosas que han sucedido en su entorno o que ni siquiera han ocurrido aún. 

Esta sensación se alimenta de la rumiación continua de pensamientos en sus cabecitas, de este tipo: “Todo me sale mal” “Soy un desastre” “Esto o aquello es por mi culpa”…

Es decir, tienen problemas a la hora de atribuirse la responsabilidad, y a la hora de generar expectativas

Esta manera de pensar su mundo les genera un gran estrés y además les genera problemas cotidianos: conflictos familiares, rechazo escolar…

Esa pérdida de confianza en sí mismos, de no abordarse correctamente o afrontarla con el escape y la evitación, tenderá a generalizarse cada vez a más áreas en la vida cotidiana del niño.

Es decir, si ante los episodios de tristeza y ansiedad por miedo a afrontar una determinada situación, el niño evita esa situación, esto le confirmará al niño que “no puede”.

Internamente el mensaje que llega a su cerebro es el de confirmación de que las creencias que tiene sobre sí mismo son ciertas… entrando así en un círculo que daña cada vez más su autoestima y sensación de valia personal.

  1. Creencias disfuncionales

Los niños, desde muy pequeños pueden adquirir creencias profundas con las que interpretan su realidad.

Una de las que más problemas genera es la que dice algo como “Si no eres el primero eres un perdedor, y si eres un perdedor entonces no vales nada y no te van a querer”.

Cuando un niño cree esto en lo más profundo de su ser, vive en una frustración continua, en una continua comparación, ya que siempre habrá alguien que lo hará sentirse frustrado, triste, incompetente, inútil…

Siempre encontrará que alguien es mejor en algo, o más alto, o más guapo, o más gracioso, o ha sacado mejor nota…

Este es uno de los aspectos más importantes a la hora de trabajar con nuestros niños. Trabajar los términos medios. Graduar sus estados, sus opiniones… lidiar con los extremos. 

Trabajar con ellos que no existe ni la perfección absoluta ni el desastre extremo. Explicarles que entre el blanco y el negro hay muchos matices, en todo, y eso es perfecto.

  1. Quejas físicas

Los niños que padecen depresión, suelen expresar quejas físicas, de hecho, pueden ser motivo de muchas visitas al pediatra con el consiguiente problema a la hora de asistir al colegio.

Las quejas más habituales son: dolor de cabeza (frente, sienes y nunca), molestias gastrointestinales, cansancio, vómitos y náuseas…

La expresión de sus caritas suele ser de tristeza, e incluso tienden a no mirar al rostro de la persona que les habla, dejando sus miradas perdidas en un punto al infinito…

  1. Ira e irritabilidad

Son niños que al no tener habilidades para expresar su tristeza como puede hacerlo un adulto… suelen expresar su malestar con violencia y con irritabilidad.

En la depresión infantil es muy frecuente la aparición diaria de enfado y de irritabilidad. 

En los adultos normalmente los síntomas típicos de la depresión son la tristeza y la apatía. De ahí que no sea tan fácil identificarla en los peques.

De este modo, la agitación es un síntoma muy típico en la conducta de niños deprimidos (de ahí que se confunda con TDAH). Sin embargo, en adultos lo que cursa es el enlentecimiento motor y el aturdimiento mental.

Esto es muy importante papás y mamás… 

Si vuestro peque expresa una irritabilidad fuera de lo normal, preguntaros ¿Qué hay debajo de esto? 

Que no os ciegue el malestar que os genera que vuestro hijo responda de esa forma y eso haga que vosotros respondáis de la misma manera.

  1. Problemas de sueño, apetito…

Generalmente en un niño con depresión, pueden aparecer problemas de conciliación del sueño, pérdida de peso o dejan de coger peso…

En la escuela puede haber problemas a la hora de mantener la atención y problemas de concentración.

  1. Pérdida de su capacidad de disfrutar y aislamiento social

Para los niños con depresión, dejan de disfrutar con lo que antes les hacía felices, y les producía alegría: ver una peli, jugar en el parque, salir con amigos, cantar, bailar…

Es como si hubiese dejado de interesarles todo eso que antes les generaba bienestar, como si no estuviesen interesados por vivir, como si cada vez se fuesen distanciando más de lo que les hace bien y se acercaran más al “no hacer”, a la inactividad.

Este síntoma es uno de los más reconocibles por los padres, ya que los anteriores suelen confundirse más con problemas de conducta.

Este síntoma es como que hace evidente a los padres que algo diferente le está pasando a su hijo o hija.

Cuando aparece en los niños esta tendencia a no disfrutar, también suele darse la tendencia a negarse a participar en actividades con otros niños, a perder el interés con el colegio (a todo lo que conlleve compartir tiempo con otras personas de su entorno).

¿POR QUÉ APARECE LA DEPRESIÓN EN LOS NIÑOS?

No existe un por qué claro y definido… como en casi cualquier trastorno lo que hay es un cúmulo de factores de riesgo: biológicos, genéticos, psicológicos, sociales…

Aquí te dejo algunos factores que pueden ser relevantes:

  • Estilo cognitivo de los padres: Algunos niños pueden tender a interpretar de forma catastrófica y desproporcionada lo que sucede en sus vidas debido a un aprendizaje por imitación. Es decir, el niño utiliza la forma de interpretar el mundo de uno de sus padres para afrontar las adversidades, y acaba adoptando como propio ese estilo de afrontamiento.

Los estudios sobre este fenómeno señalan que existe un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar depresión y ansiedad en los niños cuando uno de sus padres padece estos síntomas, en contraste con los que no tienen antecedentes familiares de ningún tipo.

  • Conflictos entre las figuras de cuidado: Cuando se dan continuas discusiones entre los padres, hace que en los niños aparezca la sensación de desamparo.  Es como si sus cimientos de protección se tambalearan, y se hicieran más grandes los miedos que son típicos de la edad.

Las muestras de afecto entre ambas figuras de apego reducen el riesgo de que los niños experimenten depresión y además actúan como variables de protección (independientemente de si los padres están unidos o no como pareja).

  •  Violencia familiar: Experiencias traumáticas como el maltrato o el abuso sexual son factores de riesgo muy importantes a la hora de que el niño o niña desarrollen depresión infantil.

Los niños que viven en ambientes con un estilo de crianza muy autoritario en los que se impone todo por la fuerza y en donde el conflicto se gestiona con más conflicto, tienden a vivir en una hipervigilancia e hiperactivación que les genera una sensación de indefensión (no está en sus manos controlar lo que sucede…). 

Esto desemboca en ansiedad y depresión e incluso con problemas de agresividad en la adolescencia y en la adultez.

  • Acontecimientos estresantes:  Cuando un niño vive dentro de situaciones estresantes como, por ejemplo; divorcio de sus padres, cambio de colegio, pérdida de un ser querido… puede ser el desencadenante de un trastorno depresivo en la infancia.
  • Rechazo social: La evidencia científica también muestra, que los niños con pocos amigos y con entornos sociales y familiares débiles socialmente tienen mayor riesgo de desarrollar depresión.

Aquí podemos incluir también a niños que han sufrido conflictos con su grupo de iguales, o que han sufrido bullying (humillaciones constantes, castigo o rechazo en el colegio) …

  • Rasgos de personalidad y otros trastornos mentales o del neurodesarrollo: En algunos casos, la presencia de un rasgo de personalidad de alta afectividad negativa puede estar relacionado con un componente genético.

TRATAMIENTO

La terapia psicológica COGNITIVO-CONDUCTUAL se ha mostrado eficaz a la hora de abordar la depresión con niños.

Se trata de un trabajo de equipo. 

En este trabajo, el profesional adquiere la información más fiable en relación a sus pensamientos y emociones del propio niño, mientras que los padres nos van a informar mejor de las conductas que el niño tiene y de problemas específicos en su día a día.

Con el NIÑO:

  • Escucharle y apoyarle en su expresión emocional. Utilizamos sobre todo técnicas proyectivas, dibujos, juegos, etc.
  • Ayudarle a mejorar su estado de ánimo diario: expresión de la ira, de la tristeza… de una manera adecuada.
  • Entrenar sus habilidades sociales: Resolver problemas, enseñarle a decir “no”, comunicarse de forma asertiva, fomentar la inteligencia emocional…
  • Trabajar el afrontamiento: estrategias para solucionar problemas, manejo del malestar emocional…
  • Manejo de su pensamiento: estrategias para identificar los pensamientos que le provocan malestar, enseñarle a debatirlos y transformarlos, a la vez que se introducen de forma progresiva actividades gratificantes en su día a día.
  • Mindfulness: Se trabaja con estos niños la importancia de centrar la atención en el momento presente, en la inmediatez, con el fin de reducir su nivel de abstracción y de predecir hechos futuros de forma negativa.

Con los PADRES:

El apoyo de los padres es fundamental en todo el proceso. A ellos:

  • Se les da pautas para que puedan manejar las conductas del niño.
  • Se trabaja el fomento de la escucha empática.
  • Se enseñan estrategias para controlar su propia ira y evitar la conflictividad ante las conductas del niño.
  • Trabajamos estrategias para comunicar sus sentimientos.
  • Se abordan las formas problemáticas de interacción entre todos los miembros de la familia.

También pueden serte útiles estas PAUTAS:

  • Establece y mantén rutinas: Las rutinas dan seguridad a los niños, les permiten sentirse parte de la actividad diaria de la casa y potencian su sensación de valía y autoestima.
  • Presta atención a su autoestima: estar atentos a cuando el niño dice cosas como “soy tonto”, “eso no puedo hacerlo”, “soy feo”, etc… No se trata solo de decirle que no diga eso, sino de reflexionar con él sobre si ha pasado algo en algún lugar o con alguien que le haya hecho tener ese pensamiento y trabajar formas alternativas de ver esa situación.
  • Intenta que las actividades que el niño realiza no sean motivo de estrés. En muchos casos los niños están sobreestimulados con tantas actividades que más que disfrute les genera una sobrecarga. Si es el caso de tu hijo, plantéate reducir el número de estresores en sus días.
  • Genera experiencias agradables y potenciar todas las cosas con las que disfruta y de divierte: comida favorita, salir a sitios que le gusten, jugar a cosas que le diviertan…
  • Estad atentos a que descanse y tenga un sueño reparador: Establecer un horario fijo a la hora de ir a la cama, realizar actividades relajantes y que le gusten, que no use pantallas al menos dos horas antes de ir a dormir…

REFLEXIÓN FINAL…

La depresión siempre se relaciona con indefensión… es decir, con sensación de que no puedo controlar mi vida, mi realidad…

Como adulto te pido que no colabores en generar niños indefensos. Me explico, generas niños indefensos cuando un día los premias por una cosa y al día siguiente le castigas por lo mismo y otro día esa misma conducta te da igual…

Generas un niño indefenso cuando en tu mundo y en el suyo pasan cosas, y haces como que no existe, que no se entera y no le explicas, siempre respetando su edad, lo que sucede.

También le generas indefensión cuando no le pones límites ni le enseñas a manejar su frustración, cuando no le enseñas a esperar y cuando no le dices “no”.

Es muy importante que enseñes a tu hijo a esperar, a esforzarse, a dedicar tiempo a las cosas, a equivocarse y a volver a empezar, a afrontar lo desagradable, a pesar de que sea incómodo.

Cuando acostumbras a tu hijo a tener lo que quiere, cuando lo quiere, cuando le permites que no afronte lo que le asusta o lo que le preocupa… es ahí cuando vienen los problemas (estallidos de ira, estado de ánimo inestable, falta de control de impulsos…)

Y lo más importante, sea cual sea la conducta del niño es esencial que siempre se aborde desde el AMOR INCONDICIONAL de sus padres hacia él. 

El mensaje que los padres han de transmitir al pequeño es que pase lo que pase, y haga lo que haga, SIEMPRE lo van a querer y van a estar para apoyarlo. Amor sí, siempre, y además, todo lo anterior, por eso también es amor.

«Las lágrimas de un niño, son balas directas al corazón»

Anónimo.

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LAS 5 HERIDAS DE LA INFANCIA

5 heridas infancia

Por Ángela Peco Psicología.

Las 5 heridas de la infancia

Como todos podemos saber, la infancia es una etapa vital que nos condiciona para el resto de nuestra vida.

Sea como sea la infancia: feliz, alegre, dolorosa, sin recursos… hay infancias de muchos tipos, pero todos y todas de una forma u otra, hemos vivido en alguna ocasión alguna situación que nos ha dejado huella, que nos ha marcado más en algo o por algo. 

No tiene nada que ver con lo de fuera, sino con la interpretación que de niños hicimos de eso que nos marcó. Y eso, justo eso, es lo que determinó tu herida.

Las heridas emocionales de la infancia van a modular en la gran mayoría de personas cómo será nuestra calidad de vida cuando llegamos a ser adultos.

Son por decir así… como “lesiones psíquicas”, como heridas mal curadas que no nos permiten llevar a cabo una existencia plena (esa sensación de insatisfacción) e incluso afrontar los pequeños problemas del día a día con mayor soltura, sin dudas, sin atascos…

Estas heridas salen a la luz de nuestra vida de formas muy dispares: ansiedad, pensamientos obsesivos, problemas de sueño, vivir a la defensiva, sentirnos vulnerables o con tendencia a algunos trastornos…

Estas heridas aparecen cuando somos niños, es decir, cuando aún no contamos con las estrategias personales que nos van a permitir manejarnos y entender algunas situaciones de la vida.

Estas son las cinco heridas emocionales, que en su día definió Lisa Bourbeau, que más peso tienen en nuestra infancia, y que va a dejar su poso determinando nuestra futura personalidad adulta.

  • MIEDO AL ABANDONO
  • MIEDO AL RECHAZO
  • HUMILLACIÓN
  • TRAICIÓN (MIEDO A CONFIAR)
  • LA INJUSTICIA

Miedo al Abandono:

Cuando una persona vivió en su infancia el abandono… la soledad se convierte en su mayor enemigo cuando es adulto. Se experimenta el miedo a vivir con esa carencia: Ansiedad elevada a ser abandonado por nuestra pareja… 

Y es precisamente ese miedo al abandono lo que acaba generando en muchos casos que la pareja termine rompiéndose (la paradoja de lo psicológico…), de hecho, la persona que sufre esta herida, en muchos casos, puede tomar la iniciativa de abandonar a otros como mecanismo de defensa.

El trabajo de estas personas ha de centrarse en trabajar y experimentar su miedo a la soledad, su temor al rechazo y la inseguridad, así como sus barreras al contacto físico…

Esta herida, como las otras cuatro… no es fácil de curar, pero puede cicatrizar cuando desaparezca el miedo a la soledad, abraza a tu niño/a interno/a.

Miedo al Rechazo:

Otra de las heridas profundas que aparece en la infancia… y que implica un rechazo profundo a cómo somos, a nuestras emociones, a nuestros pensamientos.

El niño aquí lo que ha experimentado (ha interpretado de la realidad) es que ha sido rechazado por sus padres, familia, amigos… 

Esa experiencia deja en su psiquismo la huella de no ser deseado, no querido, no amado… y una profunda descalificación hacia uno mismo.

Estas personas no se sienten merecedoras de cariño, de afecto, de comprensión… se aíslan en su mundo interior. 

Suelen mostrarse como personas huidizas, con numerosos miedos sociales, pánico, intolerancia a las críticas, necesidad de reconocimiento…

El trabajo en este caso se centraría en buscar su presencia, en tomar decisiones, en arriesgar por el contacto social sin miedo al rechazo o a pesar de este.

Humillación

Cuando sentimos que los demás nos han criticado, o nos están insultando: “eres tonto”, “que torpe eres”, “eres malo”, “pesado”… o simplemente contaron a los demás nuestros problemas sin cuidado, ridiculizándonos… 

Nuestra autoestima quedó dañada en la infancia

Esta herida crea adultos dependientes, y además como contrapeso, los adultos que han tenido esta herida pueden ser “egoístas” como mecanismo de defensa, incluso pueden ser ellos también quienes humillen a otros (mecanismo de defensa). 

Son personas dispuestas a hacer lo que sea por sentirse válidos, para que los demás les reconozcan.

Trabajar la libertad, la empatía y el perdón… es clave para sanar esa herida.

Miedo a confiar. Traición.

Sentir que una de las personas más importantes para nosotros en nuestra vida de niño nos ha traicionado, genera en nosotros este miedo. Promesas incumplidas, mentiras, no estar justo cuando más les necesitas…

Vacío, desesperanza… dan lugar a rabia, desconfianza, frustración, envidia (no sentirnos merecedores de lo que los demás tienen), baja autoestima…

Esta herida da lugar a adultos controladores, perfeccionistas… de carácter fuerte…

El trabajo aquí tiene que ver con potenciar la paciencia, la tolerancia, aprender a estar solo, aprender a delegar…

La injusticia

Cuando nuestros padres se han comportado con frialdad… con demasiada exigencia… el sentimiento que se genera en nosotros de niños es la ineficacia, la inutilidad… y eso permanece en la edad adulta.

Estos adultos que han vivido de niños la injusticia, tienden a desarrollar personalidades rígidas, baja autoestima, perfeccionismo, inseguridad a la hora de tomar decisiones, incapacidad para negociar…

Trabajar la autoestima, la flexibilidad… permitirse el cometer errores, son pequeños pasos a dar para salir de ese círculo de desconfianza en que viven.

“Sanar tu infancia es realmente acomodar las historias e historietas del pasado, en lugares donde ya no puedan lastimarte”.

Mario Guerra.

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Artículos Etapas Vitales

JUBILARSE… ESE PUNTO DEL CAMINO…

Igual que los 18 años, en nuestro país suponen el paso a la mayoría de edad… el cumplir los 65 años supone la entrada a la conocida como Tercera Edad…

De repente, al cruzar el umbral de los 65 años, te ves abocado a cambiar radicalmente tu rutina diaria, y pasas de llevar una vida activa, con una organización concreta y con unos objetivos marcados… a no tener ninguna obligación laboral, sin horarios y con un montón de tiempo libre…

Pasamos gran parte de nuestra vida trabajando… Para muchas personas su trabajo no sólo es eso… sino que se trata de un proyecto de vida en el que han dedicado mucho esfuerzo, mucho tiempo… Para muchos, el trabajo es su seña de identidad… Y de repente, esa identidad ha de cambiar…

Se produce un cambio brusco de roles… De un día para otro, pasas de ser una persona activa (laboralmente hablando), con las connotaciones sociales que conlleva esa etiqueta… a ocupar el papel de cuidador/a o amo/a de casa…

Todas estas distintas características… hacen de esta etapa un momento delicado, que si no se afronta con la preparación adecuada puede convertirse en una complicada crisis vital.

Prepararse…

¿Pero cómo se tiene que preparar una persona para la jubilación?

La persona ha de hacerse consciente, de que con la jubilación no sólo va a tener que modificar sus conductas, sus motivaciones y sus actitudes… sino que además tendrá que prevenir situaciones de aislamiento social y de pobreza económica… en las que se puede llegar a caer sino se gestionan bien los recursos personales, sociales y económicos con los que se cuenta a partir de ahora…

Sí, SOLEDAD y POBREZA… dos palabras que no se quieren pasar por la cabeza de nadie que vive bien cuando trabaja, pero que desgraciadamente están presentes en la vida de muchas personas mayores…

Disminuye el contacto social con compañeros de trabajo, con clientes… que realmente eran nuestro círculo social…

Disminuyen los ingresos, ya que en muchas ocasiones las jubilaciones no son generosas…, sino más bien escasas…
Esta situación sin lugar a dudas, afecta significativamente al estado de ánimo y a la calidad de vida…, y por lo tanto a nuestro grado de satisfacción en general.

Son muchas las investigaciones que se han realizado respecto a este tema… y se ha llegado a generar incluso un modelo defendido por Atchey, que nos habla del PROCESO DE ADAPTACIÓN A LA JUBILACIÓN por el que una persona suele pasar…

Se trata de unas fases por las que todo el mundo suele transitar hasta acomodarse a su nueva situación vital. Estas son las FASES (Quizá si ves el mapa… puedas ver que no estás tan perdido, e incluso, que quizá estás yendo por un buen camino):

PREJUBILACIÓN: Empezamos a formarnos la idea de la jubilación. La persona empieza a prepararse emocionalmente para esta nueva etapa. En esta fase solemos soñar despiertos e idealizamos ese nuevo momento…

JUBILACIÓN: Esta fase se puede afrontar de diferentes formas:
Luna de miel: Cuando la persona hace todo lo que quiso hacer y su trabajo, y la falta de tiempo no le permitían poder llevarlo a cabo… Ahora sale de viaje, baila, se apunta a cursos…

Actividad continuada: Cuando la persona se planifica su tiempo con diferentes actividades que conforman una nueva rutina diaria…

Descanso: Cuando la persona reduce el tiempo que dedica a cualquier actividad y entra en una etapa de aburrimiento, con la falta de fuentes de gratificación y refuerzo que esto supone… y que acabará desencadenando un estado de ánimo depresivo…

DESENCANTO Y DEPRESIÓN: No todas las personas que se jubilan tienen que caminar por esta fase del camino… sólo entran aquí aquellas personas que no saben buscar nuevas actividades que llenen sus días de satisfacción. Muchas personas, llegadas a este punto, se dan cuenta de que el idealismo que se habían formado en un principio… no es tal.
REORIENTACIÓN: A esta etapa sólo llegan aquellas personas que han pasado por la anterior… una vez que “tocan tierra” … Reevalúan y comienzan a vivir esta etapa de una manera más real.

ESTABILIDAD: La persona se acomoda a la nueva situación, sin revelarse a ella. Organiza sus horarios, sus rutinas… de manera adaptativa, y comienza nuevas relaciones sociales y tareas diarias llenando sus días de nuevas gratificaciones.
La vida es un continuo proceso de adaptación, el problema viene cuando nos resistimos al cambio, cuando no fluimos con él…

Para evitar tener que pasar por la fase de DEPRESIÓN… 
intenta seguir estas PAUTAS, que quizá puedan ayudarte:

No enmascares tus sentimientos. Lo que es, es. Cuando no aceptamos nuestras emociones, podemos llegar a engañarnos a nosotros mismos, incluso podemos auto-sabotearnos… Si no admites que te encuentras mal, difícilmente vas a buscar soluciones que te ayuden a sentirte mejor. Esto a la larga, te va a perjudicar mucho más.

• Establece nuevos horarios. Rutina, te necesito. No permitas que la pasividad se convierta en tu estilo de vida… La cama, o el sillón y la televisión no son buenos compañeros de viaje… 
No caigas en eso de me levanto tarde, me acuesto tarde… porque vas a entrar en un círculo vicioso en el que cada vez te sentirás peor contigo mismo.
Organiza tus días, mantén unas rutinas poco estrictas, pero que te ayuden a no perderte en la desidia. Y sobre todo… socializa por favor…

Habla con tu pareja de lo que os pasa… Los dos estáis pasando por lo mismo muy probablemente. La vida os está cambiando, ahora estáis “demasiado” tiempo juntos, y eso supone un cambio de roles para ambos muy importante. Marcar puntos de acuerdo, marcar tiempos de independencia y tiempos compartidos… Puede ser un momento de tensión hasta que se adecúen de nuevo los roles, pero también un momento de empatía compartida, los dos podéis poneros en el lugar del otro, porque quizá los dos estéis pasando por lo mismo.

• Lo que pasó, pasado es… Céntrate en el momento actual. A nuestro cerebro le encanta recrearse en lo que fue (y aunque a veces no fue tan bonito como nos lo pinta, siempre nos lo cuenta de una forma que nos embelesa…). No te pierdas en fantasías pasadas… no es real. Cada etapa puede ser maravillosa, así es que ¡manos a la obra!

Aprende cosas nuevas. Te encuentras en un buen momento para aprender a realizar cualquier cosa que te despierte tu curiosidad o que te interese. No te pongas límites. Haz una lista con las actividades que siempre has querido hacer… y ponte a ello.

Cuídate. Este punto es clave… Los problemas de salud hay que prevenirlos de cualquier manera, ya que cualquier alteración en nuestra salud física se va a trasladar de forma inmediata a nuestra salud psicológica… de modo que:
– Haz deporte: reserva un hueco al día para salir a caminar, bailar, hacer gimnasia, yoga…
– Duerme bien.
– Come sano.

Sin lugar a dudas… la JUBILACIÓN es un momento de reflexión.

El secreto de la buena jubilación, es la mentalidad con la que una persona se sumerja en ella. Por esto, sin caer en la obsesión… es bueno y positivo el plantearnos y el reflexionar lo que significa envejecer para uno mismo… No centrar nuestra vida únicamente en el trabajo, rodearnos de estímulos que nos hagan crecer personalmente y junto a las personas que elijas. Nutrirnos, para que llegados a este punto de nuestro caminar, las curvas sean más fáciles de sobrellevar.

La jubilación como todos los cambios en la vida, puede ser una gran oportunidad. Afrontar esta etapa desde el NO FATALISMO y tampoco desde el IDEALISMO… es el punto clave.

“La mejor forma de predecir tu futuro… es crearlo”
Patti LaBelle

Artículos Duelo, Artículos Etapas Vitales

A PESAR DEL OLVIDO…

Por Ángela Peco Psicología.

A pesar del olvido…

A pesar del Alzheimer…

Cuando veo a una persona que sufre la enfermedad de
Alzheimer y a sus familiares más directos… no puedo evitar pensar en todos los
momentos que “mal usamos” a lo largo de la vida…, las palabras que no decimos y
el tiempo que no aprovechamos para decir lo que sentimos a quienes más
queremos…

Veo tanta ternura en los ojos del enfermo, como
tristeza, rabia y amor… en los ojos de quien lo cuida.

abuela alzheimer

Cuando la enfermedad
de Alzheimer
aparece en el cerebro de una persona…, tanto ella, como las
personas que la rodean, desde ese momento tienen que acostumbrarse a vivir bajo
su sombra.

La enfermedad de Alzheimer es una de las
enfermedades neurodegenerativas más conocidas y frecuentes.

Actualmente, es una enfermedad irreversible, cuyas causas se desconocen a pesar de las muchas
investigaciones que se centran en lograr este descubrimiento que cambiaría la
vida de tanta gente.

Al no conocerse las causas… el diagnóstico
definitivo de esta enfermedad, se realiza post mortem, es decir, una vez que la
persona fallece, al analizar los tejidos cerebrales. Por eso, los diagnósticos
que se llevan a cabo hablan de “posible o probable enfermedad de Alzheimer”…

Esta enfermedad, como  media de edad, comienza a aparecer alrededor
de los 65 años. Aumenta su prevalencia con la edad.

También puede aparecer en personas más jóvenes.
Cuando es así, se considera una “demencia pre-senil”.

A menor edad de comienzo… peor diagnóstico, ya que
avanza mucho más rápidamente.

Al comienzo, el deterioro se centra sobre todo a
nivel de la corteza cerebral, pero a
medida que avanza el deterioro puede afectar también a niveles subcorticales
(bajo la corteza cerebral).

Se dice que esta enfermedad es de “inicio insidioso”
… eso quiere decir que a lo largo del tiempo y hasta que “da la cara”, van
pasándole cosas a la persona… se desorienta un día en su propio dormitorio, en
otra ocasión se le olvida el nombre de su hija, en otro momento puntual no es
capaz de saber el año o el mes en que se encuentra… Pero al ser olvidos
normales, ocasionales… todo es normal.

Sus síntomas…

  • Alteraciones
    COGNITIVAS:

    • Pérdida de Memoria: Afecta sobre todo a la memoria reciente, y a medida
      que avanza la enfermedad se van afectando otros recuerdos más lejanos en el
      tiempo… Afecta también a la capacidad de atención, comprensión, adquisición de
      nuevos aprendizajes…
  • Afasia-Apraxia-Agnosia: Estos nombres nos indican que el enfermo de
    Alzheimer va perdiendo poco a poco su capacidad de hablar, entre otras…:
  • Se les olvida el
    nombre de las cosas, empiezan a utilizar palabras-tipo para nombrar todo… por
    ejemplo “chisme”, “trasto”, “eso”, “cacharro”, “aparato” … o por otro lado,
    pueden explicar para que sirve algo, porque no encuentran en su mente el nombre
    del objeto… por ejemplo, “trae aquí el cacharro ese que sirve para cortar el
    papel”…
  • Se les olvida la
    realización ordenada y adecuada de acciones que conllevan secuencias… por
    ejemplo: vestirse (primero ponerse la ropa interior, después la ropa de calle,
    después abrigo…), preparar una comida (primero se calienta el agua, se pone la
    sal, se añaden las patatas…)
  • Las fases
    finales de la enfermedad conllevarán mutismo e inmovilidad…
  • Desorientación Temporal-Espacial: En un principio se da la desorientación en el tiempo…
    les cuesta recordar el año que es, o el mes, o el día… para poco a poco
    desorientarse también en el espacio… no saber si se encuentran en su pueblo de
    siempre, o en una ciudad porque están de vacaciones, buscan continuamente su
    casa, porque en la que se encuentran no la reconocen como tal…
  • Alteraciones
    CONDUCTUALES y EMOCIONALES: Éstas están muy relacionadas con los descuidos o
    conductas extrañas no habituales en la persona, olvidar el valor de las cosas,
    no reconocer incluso a personas cercanas. Estas alteraciones son muy
    significativas en las primeras etapas de la enfermedad, donde además el enfermo
    tiende a “disimular” lo que le está ocurriendo y a “negar” evidencias ante
    familiares directos con los que pueden darse continuos conflictos.

Estos síntomas resultan muy complicados de manejar
por parte de los cuidadores y familiares…

  • Alteraciones
    SOCIALES: Para evitar situaciones desagradables debido a sus problemas de
    memoria… el enfermo de Alzheimer tiende a aislarse socialmente, a no querer
    salir de casa, a no querer participar en actividades a las que solía asistir
    antes…
  • Alteraciones
    FISIOLÓGICAS: A medida que la enfermedad avanza, el enfermo va perdiendo poco a
    poco su autonomía a todos los niveles, también a nivel fisiológico, dependiendo
    con el tiempo del cuidado de una tercera persona:
  • Ritmo del sueño
  • Alimentación
  • Control de esfínteres

Las fases…

Aquí os voy a hablar de las tres fases más
características.

INICIO

Son los momentos en que la persona sólo muestra
pequeños olvidos, pequeños problemas de memoria que hacen saltar las alarmas…
problemas al no recordar lo que ha comido, lo que acaban de decirle… Aparecen
síntomas como la anomia, o la imposibilidad de recordar el nombre de algunos
objetos (síntomas explicados más arriba).

Por otro lado, observa como rinde menos en su
trabajo habitual, o en sus tareas normales diarias…

La persona se da cuenta de que “algo le está
pasando” y esta sensación es lo que va a originarle síntomas de depresión,
ánimo triste, anhedonia (incapacidad de disfrutar), ansiedad… aparecen la
apatía, la irritabilidad, el retraimiento social… la persona pierde el interés
por lo que antes le gustaba.

Aparecen alteraciones del pensamiento: delirios de
robo, de abandono, de que los intentan perjudicar o envenenar… Se inventan
historias sobre su pasado, mezclando anécdotas…

La persona se defiende del mundo. Sus familiares no
entienden lo que sucede y le “piden explicaciones” de por qué hace lo que hace…
suele ser una fase donde los conflictos familiares se acentúan.

PÉRDIDA DE LAS CAPACIDADES

Es en esta segunda fase donde aparece el síndrome afaso-apraxo-agnósico, del que
os he hablado anteriormente.

La persona además de los problemas de memoria, comienza
a mostrar problemas en su comprensión, en el lenguaje, problemas para realizar
actividades secuenciadas, reconocer objetos, personas…

Son típicas en esta fase las ilusiones y
alucinaciones: percepciones distorsionadas o falsas. Pueden ser visuales,
auditivas, olfativas…

Anímicamente aparecen explosiones de ansiedad: sentimiento
de pérdida de control, mezcladas con euforia: carcajadas exageradas o alegría desproporcionada…
Todo es cambiante en su mundo mental, se dan episodios de irritabilidad, cambios
de humor injustificados…

También comienzan los problemas para recordar
algunos hechos pasados…

El enfermo empieza a necesitar supervisión con mucha
mayor evidencia. Necesita apoyo para vestirse, comer… puede ser habitual que
incluso se pierda en su propia localidad.

FASE AVANZADA

Se trata de la última fase de la enfermedad.

El deterioro aquí es muy intenso y evidente. Su
pérdida de memoria se remonta incluso a la infancia.

La persona ya no reconoce a sus familiares, y la
pérdida de la memoria semántica también es evidente.

Puede incluso no reconocerse a sí mismo cuando se ve
delante de un espejo…

Puede llegar a darse un mutismo total,
descoordinación y alteración de la marcha.

Esta fase se caracteriza por una pérdida de
autonomía total, siendo incapaces de sobrevivir sin los cuidados de una tercera
persona.

Tratamientos

Hoy día, la enfermedad de Alzheimer sigue siendo
incurable.

Los tratamientos se basan sobre todo en la
prevención y retraso del deterioro cognitivo.

  • Tratamiento farmacológico:
    Trata de alargar el tiempo de la enfermedad, para que la persona esté más
    tiempo con menos síntomas o éstos sean menos graves. Los tratamientos actuales
    retrasan el avance de la enfermedad alrededor de medio año.
  • Tratamiento psicológico:
    Suele utilizarse la terapia ocupacional y la estimulación cognitiva como estrategias
    para frenar el avance del deterioro. Por otro lado, la psicoeducación es
    fundamental en las primeras fases de la enfermedad, cuando el paciente es aún
    consciente de lo que le está sucediendo.

Es
fundamental también trabajar con el entorno familiar, los que serán los
cuidadores directos del enfermo de Alzheimer, el segundo enfermo, el cuidador.
El asesoramiento, e información a la hora de afrontar el proceso degenerativo de
su familiar… será clave a la hora de “cuidarse adecuadamente para afrontar el
cuidado” y tomar las mejores decisiones en cada momento.

EL CUIDADOR: EL SEGUNDO ENFERMO DE ESTA HISTORIA…

Esta es una enfermedad muy complicada de afrontar
por las familias…  El cuidador principal
ha de afrontar un doble duelo en vida… el duelo por la pérdida psicológica de
su familiar, que derivará en el duelo por su pérdida física final.

El día y la noche se juntan en muchas ocasiones con
un único objetivo: vigilar continuamente a nuestro familiar enfermo, controlar
su higiene, su alimentación, su piel, sus cuidados…

Poco a poco el cuidador va dejando su vida para
dedicarse en cuerpo y alma a la vida de su familiar enfermo.

Esta situación de estrés continuado por el hecho de
tener que cuidar a otra persona, se agrava en el momento en que aparecen otra
serie de problemas habituales en la vida de 
cualquier persona…, tales como descuidos laborales (faltar al trabajo
por tener que cuidarlo…), problemas económicos (pagar a cuidadores externos…),
de pareja (tu mundo se reduce a tu familiar, descuidando a amigos, pareja…),
con hermanos, cuñados (surgen muchos conflictos familiares sobre quién se
encarga de administrar los cuidados, herencias…), etc…

En su vida afloran conflictos diarios, así como
emociones negativas y autodestructivas tales como la ira, la tristeza, la culpa
por desear incluso, en ocasiones, la muerte de tu ser querido… porque ya no
puedes más…

Además de encontrarnos en esa espiral de negatividad
emocional, físicamente aparecen problemas derivados también de toda esta
situación: trastornos psicofisiológicos
la mayoría de las ocasiones. Estos son enfermedades físicas que se causan o
empeoran por motivos emocionales o psicológicos.

¡No permitas que la corriente de negatividad te arrase
¡

Bastante difícil es la situación por la que estás
pasando, como para añadirle aún más ingredientes que la empeoren…

Lo principal es que valores que SI TÚ NO TE CUIDAS…
NO VAS A PODER CUIDAR BIEN… Así es que, por favor, si te ves sobrepasada (y
hablo en femenino porque la mayoría de las personas que cuidan son mujeres y
mayores de 50 años…) ¡PIDE AYUDA!…

Cuando cuentas con unos vínculos sociales fuertes,
con los que puedes afrontar relevos en los cuidados, conversar sobre tus emociones,
tus sentimientos… Personas que reconozcan la función que cumples… (sé que
puede no ser necesario… pero todos necesitamos un aliento…), todo esto hará que
la sensación de “carga” disminuya.

Exprésate también con él o ella, con la persona
enferma. Háblale en el único idioma que aún preserva, el último que pierde, el
que está almacenado en su Sistema Límbico… el idioma del corazón: caricias,
música, tono cariñoso de voz.

Aprende a ver el blanco dentro del negro… aprovecha
cada momento para acercarte emocionalmente a esa persona para la que eres TODO…
ayúdala a salir a ratitos de su mundo de sombras para traerla por instantes al
tuyo… lo que no puedes hacer bajo ningún concepto, es abandonar tú este, para
entrar también en la oscuridad…

 “Morimos en
las palabras que no llegamos a pronunciar, morimos en la tristeza de los que
pierden la vida esperándolas”

Gustavo Martín Garzo