Familias que ahogan
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FAMILIAS QUE AHOGAN

Familias que ahogan

Por Ángela Peco Psicología

Está claro, no elegimos a nuestras familias biológicas… y mucho menos a familias que nos ahogan… pero a veces, la vida las impone.

En nuestro árbol genealógico existen ancestros con sus luces y sus sombras, cruces de parentescos, vivencias bellas y horribles, y un padre y una madre que a su vez descienden de otros árboles con más historias que los conforman.

Nuestros padres biológicos son los que han de proporcionarnos seguridad, amor, estabilidad, confianza… para ayudarnos a crecer y madurar.

Este artículo lo escribo porque, obviamente, esto no siempre es así… ya que a veces los adultos que conforman una familia no siempre están preparados para aportar todo eso que se espera de ellos.

Cuando crecemos, somos nosotros quienes elegimos nuestra propia familia social: amigos, parejas… pero los primeros vínculos son siempre determinantes, y marcados por esos miembros más cercanos.

Una cosa es no saber, otra cosa es ser tóxicos

Quiero dejar clara esta diferenciación, no es lo mismo provenir de una familia tóxica, que provenir de otra donde no haya sabido constituirse como núcleo familiar.

Nos reflejamos en nuestros padres, abuelos, tíos y nos apoyamos en ellos. Eso nos ofrece seguridad.

Si eso no ha existido, crecemos con una sensación de vacío interno, inseguridad, miedo y baja autoestima.

Nos es muy difícil confiar en el mundo, ya que nuestra familia de origen no nos ha aportado esa confianza.

En muchos de estos casos suele haber detrás una condición mental patológica.

La doctora Liane J. Leedom desarrolló un trabajo donde explica todo esto de forma magistral: El impacto de la psicopatía en la familia.

Y sí… las depresiones y ansiedades del hoy, son vacíos del ayer. Sin ninguna duda.

Lo que sí es una relación tóxica

Hablamos de relaciones tóxicas cuando han ocurrido situaciones de desapego fuertes, abandono o maltrato…

Sin embargo, no hace falta ir a ejemplos tan extremos, ya que hay familias en las que las relaciones de apego son tan asfixiantes y manipuladoras que dañan.

Algunos ejemplos son:

  • Madres o padres que no dejan madurar a sus hijos porque los sobreprotegen en exceso.
  • Aquellos que buscan que sus hijos les presten atención de forma continua.
  • Los que tienen una necesidad diaria de saber qué hacen sus hijos y con quién.
  • Los que les exigen favores… con el consiguiente chantaje emocional que hay detrás de todo esto.

No es sólo el chantaje emocional lo que aquí me preocupa, sino el sufrimiento que esto genera en unos hijos (adultos) que enfrentan esa exigencia diaria interfiriendo en sus vidas sin atender a ningún tipo de respeto o límite.

Esto puede llevar a los hijos y a los padres a vivir en continuos enfrentamientos.

Normalmente en este tipo de relaciones existe el uso del victimismo, la manipulación e incluso el ataque verbal o físico… lo que origina vivir de forma alterada cuando se está cerca de estas personas o sientes que el bienestar de las mismas depende de que tú cedas o no a esas demandas o chantajes.

El primer paso hacia la liberación es reconocer y aceptar que estás inmerso en una dinámica familiar tóxica.

Esto puede implicar ser honesto contigo mismo sobre los patrones dañinos que se repiten una y otra vez en las interacciones con tu familia.

El chantaje emocional puede manifestarse de muchas formas, desde críticas constantes y descalificaciones hasta amenazas de abandono, suicidio o rechazo.

Observa cómo te sientes en presencia de tu familia y ¡ojo! si te encuentras cediendo a demandas irracionales o sacrificando tu bienestar “por el bien de la armonía familiar”.

El súper poder de los límites

Siempre que te sientes víctima de un abuso… te hablo de poner límites.

En este caso es evidente que también te lo recomiendo: poner límites y establecer prioridades te ayudará a tomar decisiones antes de tener que tomarlas, porque los límites que pongas tomarán la decisión por ti.

Si tu prioridad es tu salud física o psicológica, la obligación moral que te impone tu familia, tendrás claro que está por debajo de esas prioridades.

Sé que es fácil decirlo, o escribirlo en este caso, pero que al llevarlo a cabo en la vida es complejo, porque hay muchos juegos psicológicos que nos confunden.

De la familia impuesta a la familia escogida

No es obligatoria tu fidelidad y encadenamiento a tu familia de origen si esta te daña… tienes derecho a alejarte y a escoger en tu vida a esas personas que te aporten verdadera felicidad.

Te propongo estas pautas por si te sirven:

  1. Pon límite al contacto. Puede ser complicado el contacto cero, pero sí que puedes valorar lo imprescindible, de lo que no lo es.

De nuevo, establece prioridades (cuando sí es necesario y cuando no lo es) y sobre todo no te afectes por sus reproches debido a tu distanciamiento. Ellos usarán sus estrategias, y tú usa las tuyas.

  1. Usa la asertividad en tus encuentros:
  • Pide que te hablen con respeto.
  • Déjales claro lo que no vas a permitirles.
  • Pon límites claros, aprende a decir que “no” sin culpa.
  • Cuando se salten tus límites, explícales las consecuencias: más distanciamiento, no contacto físico…
  1. Rodéate de una buena red de apoyo externo: al final somos seres sociales y necesitamos relacionarnos con los demás.

Rodéate de amigos, vecinos, compañeros… Si sólo mantienes relaciones con tu familia tóxica puedes acabar incluso enfermando físicamente.

  1. No permitas que su ego saque al tuyo. No confrontes.

La confrontación no tiene sentido porque suelen ser personas que no tienen sentido de la responsabilidad de lo que hacen, por eso:

  • Ignora sus provocaciones.
  • Sólo lleva con ellos interacciones cortas y asertivas. Lo emocional no sirve… si lo usas te dañará.
  • Ante sus demandas y victimismos… Indiferencia.

Para que esto te salga bien, has de ser consciente de la importancia de mantener distancia emocional, y ser firme en tu decisión de no dar un paso atrás.

  1. Desapégate

Libérate de forma progresiva de lo que te hace daño:

  • No esperes cambios en ellos, pensando que te van a validar o apoyar… Una cosa es la familia ideal que tienes en tu mente, otra cosa es la familia real, la que es.
  • Eres responsable de ti mismo. Tú has de ocuparte de tu felicidad y de tu bienestar.
  • Refuerza tu autoestima (con otros contextos, con otras personas…)
  • Observa los mensajes dañinos que hay en tu mente y que provienen de tu núcleo familiar. Reformúlalos, ¡no son tuyos!
  1. Plantéate el futuro ¿Qué relación quieres mantener con ellos? Tenlo claro.
  2. Pide ayuda psicológica: ellos no van a cambiar, eres tú quien debe actuar. Sana tus heridas y busca estrategias que puedas usar en determinado tipo de situaciones.

No tengas miedo de pedir ayuda cuando la necesites y recuerda que hay fuerza en la vulnerabilidad compartida.

«El vínculo familiar es la mayor fuente de apoyo y amor, pero también puede convertirse en una jaula emocional si está lleno de toxicidad y manipulación». Anónimo.

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