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¿Y SI ENSEÑAMOS A LOS NIÑOS INTELIGENCIA… EMOCIONAL?

Por Ángela Peco Psicología.

Educar es muy complicado… Educar bien, es más complicado aún.

Emoción, pensamiento y acción son los tres pilares que apoyan momento a momento nuestro camino en la vida, nuestro destino…

Este es el motivo por el que conocer estos pilares nos puede ayudar a vivir de una manera mucho mejor, sintiéndonos más plenos… de ahí que sea tan importante enseñar a nuestros niños también a hacerlo.

El cómo seamos capaces de manejar nuestras emociones, de controlarlas y no de que ellas nos controlen a nosotros, puede convertirnos bien en personas integradas socialmente o excluidas por los demás.

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Propongo… y no soy la única… que en el colegio se enseñe este tipo de inteligencia por encima de la inteligencia cognoscitiva… No me cabe duda que construiríamos un futuro lleno de personas más amables, menos frías, menos astutas, más empáticas, menos frustradas…

Desde siempre se ha asociado el éxito a la inteligencia cognoscitiva, pero en los últimos años se ha comprobado que esta inteligencia no se relaciona directamente con resultados positivos en el colegio y menos aún con la felicidad. Hay niños muy listos, cognitivamente hablando, que no se sienten felices y que tampoco son brillantes en nada concreto… Para poder lograr que lo sean, es necesario que vivan con un desarrollo emocional adecuado.

Enseñar a que nuestros hijos sean inteligentes, emocionalmente hablando, conlleva ayudarles en aquellos momentos en los que tienen que enfrentar emociones complicadas, enseñándoles habilidades para conseguir tranquilizarse, regular sus estados y convivir adecuadamente con los demás.

Cuando les enseñamos este tipo de inteligencia, estamos dándoles herramientas para que reconozcan sus emociones, y las organicen.

Enseñarles inteligencia emocional les ayuda a comprenderse.

Te anoto algunas pautas que quizá puedan ayudarte para desarrollar en tus niños este tipo de inteligencia:

  • Enséñales a reconocer y nombrar las emociones básicas: Alegría, tristeza, miedo, ira… Se trata de ofrecer al niño un conjunto de estrategias que les ayude a conectar con su interior para que logren sintonizar con lo que realmente les pasa y logren a su vez poner palabras que expliquen para los demás, pero sobre todo para él mismo qué es lo que le está pasando.

En algún momento escuché que para reconocer que algo existe hay que tener palabras para nombrarlo… algo así ocurre con las emociones. Para reconocer que están, hemos de poder nombrarlas. A partir de los 5 años ya podrían comenzar a hacerlo: “estoy enfadado porque no me has dejado comer helado”, “estoy contento porque esta noche viene los Reyes Magos”, “tengo miedo cuando salgo del cole y no estás esperándome” …

  • A partir de los 10 años, ya pueden, también, reconocer las emociones secundarias: amor, vergüenza, ansiedad… Hablar con ellos de forma abierta sobre estas emociones, les hará mitigar la ansiedad que les provoque, y con ello disminuirán sus conductas inadecuadas. Pero sobre todo no fuerces nada… acompaña, sin forzar.
  • Ponte las gafas para ver lo que hay detrás: Normalmente un niño no quiere portarse mal. Cuando lo hace, esa conducta viene como expresión de un sentimiento que lo desborda, de una necesidad sin cubrir… Es necesario enseñar al niño a identificar qué es eso que le genera esa emoción… abordar estas conductas problema de raíz, es básico para que en un futuro no sean una fuente de problemas más importantes.
  • Enséñale después de la tormenta… no durante: El enfado es la válvula de escape que utilizamos todos para expresar nuestro desacuerdo con algo o con alguien. Por esta razón es preciso que, aunque pongamos límites a nuestros hijos, porque su actitud o conducta no son adecuadas, lo hagamos permitiendo que el niño muestre lo que siente. Aunque en esos momentos las emociones que salgan no sean las más bonitas que tenga: rabia, enfado, decepción…  Una vez que pase el momento de enfado, el niño estará más abierto y cooperativo. Entonces podremos enseñarles, por ejemplo, que antes de gritar o pegar es mejor expresar en voz alta qué es lo que les ha molestado… Cuando pueden entender lo que sienten, pueden regular su comportamiento. Autocontrol.
  • Espejito de los seres… lo que ves es lo que eres: Tus hijos no siempre van a hacer lo que les dices que hagan… pero no te quepa duda que van a hacer lo mismo que haces tú. Somos su espejo, nos miran todo el rato y aprenden de lo que ven en nosotros. Por eso… mantén la calma pase lo que pase… tus hijos están aprendiendo eso también, que “a pesar de los pesares…” es posible mantener una actitud correcta. Siempre ten en cuenta su punto de vista como niño, te ayudará a entender por qué hace las cosas que hace o dice lo que dice… Evita culpar o castigar… Pero por favor, establece límites… Estamos haciendo mucho daño a los niños al no establecerles unos límites adecuados por miedo a traumarlos. Estamos consiguiendo justo aquello de lo que huimos.
  • Recordar que la ira es una defensa que utilizan cuando sienten miedo, dolor o tristeza… Cuando esto lo sabes… ante la ira de tu hijo, empieza a funcionar tu empatía. En lugar de hacerle sentir que es una mala persona por sentirse de esa manera, le ayudas a aceptar su enfado y a sacarlo de su interior, en lugar de quedarse atrapado en ese estado que tanto daño le hace.
  • Padres…, no sois vosotros… son ellos… Están aprendiendo a experimentar emociones que a veces les quedan grandes, luchan por entenderlas y utilizan las estrategias que tienen para hacerles frente… No penséis que se portan mal porque tienen algo personal contra vosotros. Entiende que se siente confundido porque no sabe cómo controlar sus sentimientos. Ponte en su lugar, el niño es él, no tú… Nuestra misión como adultos es calmar la tormenta no aumentarla. Este es momento de poner en práctica el amor incondicional…

Si te paras en un parque… no te costará encontrar ejemplos de niños que no toleran la frustración, que no obedecen las indicaciones que les dan sus padres, que pegan o insultan a otros niños… Puedes ver niños cuyo control emocional es prácticamente nulo. Niños a los que los padres no pueden negarles nada porque están acostumbrados a que se les permita y consienta todo.

El día de mañana estos niños, si no aprenden en algún momento de sus vidas a gestionar sus emociones…, están condenados a una realidad donde la infelicidad va a ser el hándicap con el que van a tener que vivir al no ser capaces de comprenderse, ni tampoco a ponerse en la piel de los demás…

Los componentes más potentes de la inteligencia emocional son:

  • La EMPATÍA. “Ponerse en el lugar de los demás”. Para trabajarla con tus hijos, intenta razonar siempre con ellos utilizando preguntas como, por ejemplo: ¿Cómo crees que se ha sentido papá cuando le has dicho…? ¿Por qué crees que está llorando tu primo? ¿Crees que el abuelo está hoy contento?…
  • La COMUNICACIÓN. Enseñar a nuestros hijos a dialogar, a expresar lo que sienten, a exponer su opinión sin miedo, a razonar sus respuestas… Habla con tus hijos, hazles preguntas, ponles ejemplos, pídeles que te los pongan ellos…

Pero la comunicación no sólo es hablar… también es escuchar. Enséñales a guardar silencio, háblales despacio para asegurarte no sólo de que te oyen, sino que también están comprendiendo lo que oyen. Háblales a la altura de sus ojos. Intenta utilizar con ellos frases como “¿me has entendido?”, “¿te parece bien?” …

Enséñales a negociar, que aprendan que en esta vida todo no es ganar o perder… está la opción de que ellos ganen y el otro también. El diálogo para lograr este punto es clave… Enséñales que todo tiene un “precio”. Que expliquen por qué necesitan algo, para qué… qué han de hacer para lograrlo, que pacten contigo, llega con ellos a acuerdos democráticos.

  • La CONFIANZA. Que nuestros hijos sientan que cuentan con el espacio de confianza suficiente para contarnos lo que les preocupa o lo que les hace felices.

Una gran y fundamental fuente de confianza son los amigos.

Para un niño el tener amigos, pertenecer a un grupo, recibir apoyo de sus iguales cuando lo necesita, compartir juegos, aventuras…, intereses, todo esto le ayuda a construir una adecuada imagen de sí mismo.

Estas pautas puedes aplicarlas sabiendo que no todos los niños son iguales… pero teniendo clara una cosa: todos necesitan lo mismo, sentirse queridos, escuchados y atendidos…

Nosotros de esta manera cumpliremos bien con nuestra función y ellos crecerán con optimismo, sintiéndose queridos y felices.

“Al menos un 80% del éxito en la edad adulta proviene de la Inteligencia Emocional”

                                                                         Daniel Goleman