mama jirafa
Artículos Etapas Vitales

SER MADRE

mama jirafa

Por Ángela Peco Psicología.

Cuando tu hijo llega… se va una parte de tu “yo” … una parte de lo que eres se queda a un lado.

Hay que dejar espacio para ese nuevo ser al que tanto amas y que se convierte en tu prolongación.

Su llegada marca un hito en tu vida, un antes y un después… ahora, sobre todo, eres madre. Pero no olvides que, como todos los cambios, para adaptarnos necesitamos seguir un proceso.

Quiero que te quites “tengos que…”.

Al acomodarte a este nuevo rol de tu vida… ¡“no tienes que… nada”!,  es decir, puedes vivirlo con esperanza, deseo, alegría, ternura… pero también con cansancio, tristeza, angustia… y ¿sabes qué? Todo está bien.

Hay tantas formas de ser madre como mujeres hay en este mundo.

Estás adaptándote a una nueva etapa, y tu entorno también (tu pareja, tus padres, tus amigos…) Acepta que en la vida todo es relativo, nada es blanco o negro todo el tiempo y cuando eres madre, menos aún, la maternidad es una rueda de emociones y no todas son rosas…

Sí, ahora sabes que ya no sólo has de cuidarte tú, ahora hay un ser que depende de ti para estar sano, feliz, para tener una buena vida… Además de forma mágica ha surgido en ti un sentimiento de incondicionalidad “pase lo que pase, ahí estarás para ese pequeño ser”, no es una decisión consciente, pero sí una decisión. Esto conlleva inevitablemente que renuncies a algunas partes tuyas… o por lo menos a “aparcarlas” por un tiempo. Tus prioridades cambian.

A modo de supervivencia, en la mente de la madre aparece una creencia (no es real, pero es un mecanismo de defensa) “ya no eres tan importante”, eso hace que justifiques tus descuidos hacia ti misma y tu casi completa dedicación a tu hijo. Creerte ese mensaje puede hacer que tu autoestima quede afectada y tus relaciones y tus roles se distorsionen también.

¿Qué cambia con la maternidad?

Hablo de cambios, no de renuncias… Es decir, finalmente lo que una madre hace son elecciones para ir poco a poco acoplando su nuevo “yo” en su vida. Se trata de avanzar en tu vida abrazando y dejando espacio a tu nueva situación. Eso nos lleva a modificar cosas, el cambio es inherente a la vida:

  • Cambian nuestras relaciones sociales. Sobre todo, si tu grupo de amigos no tiene hijos… pues ahora tienes menos tiempo, y el tiempo que tienes va a otra velocidad. Tienes menos disponibilidad para viajes, festivales, salir de noche… Tu prioridad ahora es otra, aunque tu deseo siga siendo el de divertirte… valoras el precio a pagar por esa forma de vivir el ocio y tomas la decisión de “cambiar tus motivos de diversión”.

       Normalmente vas a empezar a relacionarte con otras madres, porque compartís intereses y temas de conversación similares… Pero en la medida de lo posible conserva a tu grupo de amigos, recuerda que lo que estás viviendo es una etapa más de un largo camino de vida.

  • Cambios en lo laboral. ¿Conciliación…? ¿En serio? Al menos en nuestro país compatibilizar crianza y trabajo sigue siendo una utopía. Si quieres dedicarte a criar a tus hijos, tu trabajo se va a afectar de una forma u otra, y si no quieres renunciar a crecer laboralmente y además quieres criar a tus hijos, prepárate para vivir dentro de un huracán de estrés y ansiedad…
  • Cambios en tu auto-cuidado. Tu aspecto físico o tu desarrollo personal bajan un escalón (o más…) en tu escala de prioridades. Menos tiempo para ti, menos tiempo para cuidarte y descansar… Antes que cuidarnos nosotras aparece un instinto, casi me atrevo a decir que animal… que es el de cuidar, asear, alimentar, acostar, mimar a este pequeño ser.
  • Cambios con tu pareja. La pareja también cambia su rol hacia ti y el tuyo hacia el otro… ahora sois un equipo de dos con un fin común, que no sois vosotros. Intentar buscar espacios de intimidad, de comprensión, “apoyo mutuo” es clave para que no haya sobrecarga sólo de una parte de esta pareja y el otro no se convierta en un inconveniente más en esta nueva situación.

Por encima de ser madre también eres persona.

Realismo, sí, tu vida ha cambiado, pero sigues siendo tú en tu vida.

PIDE AYUDA si ves que el ser madre te está desdibujando. Abuelos, tíos, figuras externas, e incluso turnaros tu pareja y tú para eso… No puedes cuidar bien a tus hijos si tú no estás bien, si no estás emocionalmente estable. Recuerda la palabra que siempre te recalco: EQUILIBRIO.

NO INTENTES ENCAJAR en los criterios de nadie. Para ti los tuyos son los válidos. Demasiados prejuicios y estereotipos que rozan hasta el absurdo pueden llevarnos a querer vivir la maternidad de una forma que nos daña y que en la mayoría de los casos no tiene que ver con nuestros valores, sino con los valores de los otros. Pregúntate ¿qué es la maternidad para ti? Construye tu propia definición de madre y apóyate en el amor que sientes por tus hijos. Ser madre no es un concurso que tengas que ganar con nadie.

ASERTIVIDAD POR FAVOR. Cuando tienes un hijo, parece que todo el mundo sabe lo que hay que hacer… menos tú. Esto seguirá pasando si no estableces unos límites claros. No permitas faltas de respeto de nadie, pero para eso no ten claras tus líneas rojas, siempre (a ser posible) desde la educación y la afabilidad.

CULPA NO GRACIAS. Aunque sé que es casi imposible no sentirla, no luches contra ella (culpa porque está enfermo, porque está triste, porque llego tarde, porque no juego suficiente con él,…), asume que es un sentimiento normal cuando partes de un pensamiento de “tengo que hacerlo todo bien”… entonces, comprende la emoción, relativiza tu pensamiento… Intenta ser más amable contigo misma, la culpa nunca tiene fin y pocas veces trae como resultado algo positivo. Se proactiva. Cuando hay proactividad (responsabilízate, soluciona, actúa…) la culpa desaparece.

No olvides que lo perfecto es enemigo de lo bueno… de modo que sí, tendrás días malos, otros buenos, unos días estarás insegura y otros tendrás clarísimo lo que hacer.

Madres felices crían hijos felices. No lo olvides tampoco.

¡Gracias por leerme!

Quizá también te apetezca leer:

¿QUÉ ES ESO DE «LA MADRE TÓXICA»?

LAS 5 HERIDAS DE LA INFANCIA Y SU RELACIÓN CON EL ADULTO QUE ERES.

DESPUÉS DEL PARTO…