5 heridas infancia
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LAS 5 HERIDAS DE LA INFANCIA Y SU RELACIÓN CON EL ADULTO QUE ERES.

5 heridas infancia

Por Ángela Peco Psicología.

Como todos podemos saber, la infancia es una etapa vital que nos condiciona para el resto de nuestra vida.

Sea como sea la infancia: feliz, alegre, dolorosa, sin recursos… hay infancias de muchos tipos, pero todos y todas de una forma u otra, hemos vivido en alguna ocasión alguna situación que nos ha dejado huella, que nos ha marcado más en algo o por algo. No tiene nada que ver con lo de fuera, sino con la interpretación que de niños hicimos de eso que nos marcó. Y eso, justo eso, es lo que determinó tu herida.

Las heridas emocionales de la infancia van a modular en la gran mayoría de personas cómo será nuestra calidad de vida cuando llegamos a ser adultos.

Son por decir así… como “lesiones psíquicas”, como heridas mal curadas que no nos permiten llevar a cabo una existencia plena (esa sensación de insatisfacción) e incluso afrontar los pequeños problemas del día a día con mayor soltura, sin dudas, sin atascos…

Estas heridas salen a la luz de nuestra vida de formas muy dispares: ansiedad, pensamientos obsesivos, problemas de sueño, vivir a la defensiva, sentirnos vulnerables o con tendencia a algunos trastornos…

Estas heridas aparecen cuando somos niños, es decir, cuando aún no contamos con las estrategias personales que nos van a permitir manejarnos y entender algunas situaciones de la vida.

Estas son las cinco heridas emocionales, que en su día definió Lisa Bourbeau, que más peso tienen en nuestra infancia, y que va a dejar su poso determinando nuestra futura personalidad adulta.

  • MIEDO AL ABANDONO
  • MIEDO AL RECHAZO
  • HUMILLACIÓN
  • TRAICIÓN (MIEDO A CONFIAR)
  • LA INJUSTICIA

Miedo al Abandono:

Cuando una persona vivió en su infancia el abandono… la soledad se convierte en su mayor enemigo cuando es adulto. Se experimenta el miedo a vivir con esa carencia: Ansiedad elevada a ser abandonado por nuestra pareja… Y es precisamente ese miedo al abandono lo que acaba generando en muchos casos que la pareja termine rompiéndose (la paradoja de lo psicológico…), de hecho, la persona que sufre esta herida, en muchos casos, puede tomar la iniciativa de abandonar a otros como mecanismo de defensa.

El trabajo de estas personas ha de centrarse en trabajar y experimentar su miedo a la soledad, su temor al rechazo y la inseguridad, así como sus barreras al contacto físico…

Esta herida, como las otras cuatro… no es fácil de curar, pero puede cicatrizar cuando desaparezca el miedo a la soledad, abraza a tu niño/a interno/a.

Miedo al Rechazo:

Otra de las heridas profundas que aparece en la infancia… y que implica un rechazo profundo a cómo somos, a nuestras emociones, a nuestros pensamientos.

El niño aquí lo que ha experimentado (ha interpretado de la realidad) es que ha sido rechazado por sus padres, familia, amigos… Esa experiencia deja en su psiquismo la huella de no ser deseado, no querido, no amado… y una profunda descalificación hacia uno mismo.

Estas personas no se sienten merecedoras de cariño, de afecto, de comprensión… se aíslan en su mundo interior. Suelen mostrarse como personas huidizas, con numerosos miedos sociales, pánico, intolerancia a las críticas, necesidad de reconocimiento…

El trabajo en este caso se centraría en buscar su presencia, en tomar decisiones, en arriesgar por el contacto social sin miedo al rechazo o a pesar de este.

Humillación

Cuando sentimos que los demás nos han criticado, o nos están insultando: “eres tonto”, “que torpe eres”, “eres malo”, “pesado”… o simplemente contaron a los demás nuestros problemas sin cuidado, ridiculizándonos… Nuestra autoestima quedó dañada en la infancia

Esta herida crea adultos dependientes, y además como contrapeso, los adultos que han tenido esta herida pueden ser “egoístas” como mecanismo de defensa, incluso pueden ser ellos también quienes humillen a otros (mecanismo de defensa). Son personas dispuestas a hacer lo que sea por sentirse válidos, para que los demás les reconozcan.

Trabajar la libertad, la empatía y el perdón… es clave para sanar esa herida.

Miedo a confiar. Traición.

Sentir que una de las personas más importantes para nosotros en nuestra vida de niño nos ha traicionado, genera en nosotros este miedo. Promesas incumplidas, mentiras, no estar justo cuando más les necesitas…

Vacío, desesperanza… dan lugar a rabia, desconfianza, frustración, envidia (no sentirnos merecedores de lo que los demás tienen), baja autoestima…

Esta herida da lugar a adultos controladores, perfeccionistas… de carácter fuerte…

El trabajo aquí tiene que ver con potenciar la paciencia, la tolerancia, aprender a estar solo, aprender a delegar…

 

La injusticia

Cuando nuestros padres se han comportado con frialdad… con demasiada exigencia… el sentimiento que se genera en nosotros de niños es la ineficacia, la inutilidad… y eso permanece en la edad adulta.

Estos adultos que han vivido de niños la injusticia, tienden a desarrollar personalidades rígidas, baja autoestima, perfeccionismo, inseguridad a la hora de tomar decisiones, incapacidad para negociar…

Trabajar la autoestima, la flexibilidad… permitirse el cometer errores, son pequeños pasos a dar para salir de ese círculo de desconfianza en que viven.

“Sanar tu infancia es realmente acomodar las historias e historietas del pasado, en lugares donde ya no puedan lastimarte”.

Mario Guerra.

 

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