Por Ángela Peco Psicología.
Llevo días reflexionando sobre la desesperación. Ese lamento que unos no expresan, y otros viven haciendo de ella su “canción psicológica”… pero que en ambos casos responde a no ver salida…
La desesperación es como un canto negro que surge de un vacío enorme en el alma… Un canto que nos hace vivir apagados, sin encontrar alegría en nada de lo que nos rodea, sin ser capaces de disfrutar, de sentir nuestro cuerpo en calma, con un río interno que no para en nuestros ojos, y que a veces ni siquiera es capaz de expresarse en lágrimas.
Como la propia palabra expresa, desesperación… es vivir sin esperanza. Sin esperanza de que tu situación vaya a ir a mejor. No se ve esa famosa luz al final del túnel.
Quien siente esa desesperanza habla de agotamiento mental, emocional y conductual. Es estar cansado de tantas decepciones y tristezas acumuladas… que se da todo por perdido.
Si hay algo que me alerta en consulta y en la vida… es ver esa emoción en los ojos de la persona que tengo delante.
Un autor que me viene a la cabeza siempre que hablo de este tema, es Viktor Frankl con su obra “Un hombre en busca de sentido”. Una joya, por lo que expresa, por como lo expresa, por sus conclusiones… y sobre todo porque es vivencia… real, la vida.
Este hombre, psicólogo superviviente de varios campos de concentración nazi, creó la logoterapia, basándose en la unión de dos conceptos: sufrimiento y pérdida de sentido. Ofreciendo, sin embargo, una visión positiva donde según su experiencia, pudo comprobar que, a pesar del sufrimiento, el hombre puede afrontar cualquier dura realidad si en su mente aparece una esperanza, una ilusión, un motivo.
Todos vivimos la desesperación en un momento de nuestras vidas.
Es difícil encontrar alguna persona que no haya pasado por un momento de desesperación en su vida, donde no se haya sentido bloqueado, perdido… cuando nos parece que el mundo va en nuestra contra.
Cuando esto es ocasional, podemos tolerarlo.
Cuando alimentamos esta situación con ciclos de pensamientos rumiantes, obsesivos, negatividad e indefensión… entonces aparecen emociones más difíciles de sortear: tristeza, rabia, frustración…
Emociones que si no eres capaz de gestionar con inteligencia pueden llevarte hacia un trastorno depresivo.
Tu mayor enemigo eres tú.
La desesperación llevada a su extremo, termina generando en la mente de la persona ideas extremas también. Ya sabes lo que opino de los extremos… (sal corriendo cuando te veas en alguno de ellos).
Entre esas ideas extremas está la ideación suicida… la vía de escape que aparece en tu mente como resultado de la desesperanza. Por favor si es tu caso pide ayuda psicológica.
Cuando una persona sufre depresión mayor u otros trastornos como por ejemplo el trastorno bipolar, es muy común que estas ideas aparezcan en su mente.
Agárrate a la ira.
Siempre digo que prefiero que sientas ira a que sientas tristeza… La ira te activa, la tristeza hace que te abandones y abandones todo, que todo te acabe dando igual.
En la desesperación habitan ambas emociones (ira y tristeza), y es la ira la que te puede ayudar.
Sé que esta emoción tiene muy mala fama… no la conocemos del todo bien. La ira es destructiva, sí, pero también es poderosa, energética, reivindicativa y transformadora. Todo depende de lo que hagas con ella. Esa es tu responsabilidad.
Una persona desesperanzada, siente un profundo enfado con el mundo y consigo misma. Ese enfado es el que puede ayudarla.
La terapia en casos de desesperación.
La terapia en estos casos puede ayudarte a encontrar tu sentido de vida. Tu para qué… en la vida. Puede ayudarte a trasformar tu discurso interno. A apartar la tristeza y sacarte a flote agarrándote a esa energía que te proporciona el enfado que también sientes.
En terapia te puedo ayudar a darte cuenta de tu enfado, a sacarlo, a sentirlo y a transformarlo.
La desesperación tiñe tu mirada con unas gafas oscuras, que ven lo peor del mundo, de los que nos rodean y de nuestro ser.
Está bien ver nuestra “sombra” y aceptarla, como nos dice Jung, pero una vez vista y aceptada, el siguiente paso es trascender ese lodo. Quedarnos atrapados en él es un error.
Ya es momento de dejar atrás el sufrimiento y a todos los que te unen a él. Rompe cadenas.
La desesperanza… la antesala de la depresión.
La desesperanza, además de esa mezcla de tristeza y rabia, de la que hemos hablado antes, tiene una importante dosis de baja autoestima, frustración, amargura y un elevado discurso pesimista (interno y externo).
Mantener este hilo conductor nos llevará sin duda a un proceso depresivo.
Por este motivo es fundamental tratar la desesperanza como paso para prevenir la depresión.
Te invito a llevar a cabo estos pequeños ejercicios para abordar la desesperanza:
- Mentaliza cómo te sientes, intenta dar nombre a cada estado emocional que tengas.
- Intenta darte cuenta que la desesperanza es un estado acumulativo: resuelve las cosas que te incomodan, no las dejes pasar por alto.
- La desesperanza se alimenta de malos hábitos, que pueden ser mentales, físicos… A partir de hoy intenta incluir en tus días nuevos hábitos. Al principio te va a costar, pero después irás dándote cuenta de los beneficios de la flexibilidad.
Muchos me contáis que estáis dentro de un pozo oscuro… prefiero que me cambiéis esa metáfora por otra un poco más esperanzadora… prefiero que pienses que estás dentro de un túnel oscuro, porque dentro del túnel puedes avanzar, en la oscuridad, hacia la luz que seguro estará detrás. Confía.
Dentro del pozo no importa nada, no hay sitio para nadie, solo para ti y tus miedos… Tu mente no ve forma de salir y solo en esa oscuridad encuentra escapatoria… Tu mente te está mintiendo.
Sientes que no eres importante para los demás… pero los demás no saben cómo poder ayudarte, porque tu foco de atención se centra en que los demás se aprovechan de ti, te faltan el respeto, no te dan atención… sin embargo si amplias tu foco y te centras en lo “micro”, cada día, cada persona te ofrece pequeños gestos positivos a los que te invito aferrarte para salir de esas tinieblas: sentir el calor del sol en tu rostro, una mirada cómplice de un niño, mirar el amanecer y sus colores, darte cuenta de los momentos de amor que vives con los tuyos, el café al que te invita tu compañera de trabajo… micro cosas, que marcarán la diferencia de tu día. Te lo aseguro.
Sal de tu mente, sal del pozo:
- No eres una carga para los demás. No finjas ni brindes falsas sonrisas para no preocupar. Puedes expresarte, pero no caigas en el vicio de la queja interna, porque es eso, un vicio que no te deja escapar. Intenta no quejarte, ni hacia fuera ni por dentro. Sustituye la queja por gratitud.
- Observa la rigidez de tu mente, observa las distorsiones que utiliza para no permitirte salir del pozo: pensamientos radicales (“todo el mundo me hace daño”, “mi vida es un auténtico fracaso” …) etiquetas que te dañan (“soy una mala madre”, “estoy loca…”), filtrado de la realidad por las gafas grises de la desesperanza (“haga lo que haga, todo me sale mal”) …
- Acepta tus emociones negativas. No pasa nada por mirarlas de frente, y escuchar lo que te quieren decir. Están ahí por y para algo. Te están enseñando heridas que no están curadas. Te están pidiendo a gritos que de una vez te valores, te cuides, pares, te priorices…
- La vida primero te susurra, y si no le haces caso, después te grita… Si el dolor que sientes ahora es fuerte, es porque cuando fue más débil no le hiciste caso. Por eso, ahora afronta. Planta cara a todo lo que te abruma: a tu familia, a tu jefe, a tu pareja, a tus hijos… no dejes que abusen más de ti. Pon límites. Organiza tus prioridades. Coloca cada cosa en su lugar. Paso a paso…
- Ten clara una cosa: el dolor es algo temporal. Siempre hay niebla antes de salir a la luz. Pero tienes que atravesar el camino.
- Cambia tus hábitos mentales: Toma la primera decisión, la de cuidar tu cuerpo, mimarlo, quererlo, aceptarlo. Toma otra decisión, la de cuidar tu mente, nútrete de belleza, de pensamientos positivos, de palabras bonitas (saca de tu mente palabras como miedo, dolor, culpa, ira, agresión…. y sustitúyelas por otras como cariño, belleza, alegría, poder, generosidad…).
- La gratitud nos ayuda a mirar la vida desde otro ángulo. Aprende a irte a la cama cada noche agradeciendo a la vida por tres cosas cada día (no hagas trampa, ¡no quiero que sean siempre las mismas!). Puedes pensar que no tienes tantas cosas por las que dar las gracias, pero poco a poco verás cómo mejoras en eso. Acostumbra a tu cerebro a buscar posibilidades, los problemas ya los busca él solo…
- Entiende que llevas mucho tiempo viviendo en la oscuridad, tu mente se ha hecho experta en buscarla, y se siente cómoda en la incomodidad. Este vínculo tóxico solo puedes frenarlo tú utilizando el arma de tu voluntad al principio, que se convertirá en hábito después cuando lo entrenes. Y cuando se convierta en hábito el pensar con más flexibilidad y el agradecer, entonces, no te costará nada. Se constante y verás los resultados, te lo garantizo.
Pide ayuda
Si te sabes la teoría, pero te cuesta llevarlo a la práctica, pide ayuda.
Pide ayuda a tus amigos, a tu familia, a profesionales cualificados.
Pedir ayuda no es de personas débiles. Apóyate en quienes te rodean, permítete recibir apoyo.
Nada es eterno… la oscuridad tampoco. Sólo necesitas apoyo para cruzar el túnel.
«La desesperanza es como un velo que oscurece el horizonte, nublando la posibilidad de cambio y atrapando al individuo en la creencia de que el dolor es permanente, cuando en realidad es temporal y puede ser transformado.» Anónimo.
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