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Mis propósitos de año nuevo

Por Ángela Peco Psicología.

¿Qué tal van esos nuevos propósitos para el año nuevo?

¡Otra vez esa idea en nuestra cabeza de voy a proponerme a partir del día 1 de Enero… lo que sea!

Dejar de fumar, apuntarme al gimnasio, trabajar menos, pasar más tiempo con mi hijo, adelgazar, comer sano… etc…

Normalmente siempre que se va acercando un final de ciclo nos vienen los pensamientos que nos plantean si estamos en el camino que queremos, o si tenemos que llevar a cabo algún cambio en nuestra en vida…

Normalmente nos planteamos si podemos hacer algo o no para mitigar esa especie de “incomodidad” que nos asedia cada día.

Es en ese momento, cuando aparecen los famosos “propósitos de Año Nuevo”.
Imagino que ya tienes la experiencia de que ese ímpetu desaparece dentro de unos meses… ¡toda esa fuerza se va desvaneciendo!

¿Pero por qué nos pasa esto? ¿Por qué se desvanecen nuestros propósitos?

Ya os he hablado en otros artículos de lo que a nuestro cerebro le gusta las rutinas y trabajar ahorrando toda la energía que puede, para eso usa el “modo automático”. Esto supone que cualquier novedad que queramos introducir nos generará dudas, inseguridad… y mensajes o pensamientos de “para qué…?”

A pesar de esto, hay un pequeño porcentaje de personas que logra ese cambio de hábitos. Eso significa que puede lograrse.

Entonces… ¿Qué podemos hacer para ser más constantes?

Aunque tenemos claro lo que queremos y dónde queremos llegar, siempre nos pasa “algo”, y ese “algo” puede llamarse:

– Nunca encuentro el momento para empezar.
– Siempre tengo una excusa de algo mejor que hacer.
– No tengo constancia.

Intenta responderte a esta pregunta…. ¿DE VERDAD ESOS PROPÓSITOS SON TUYOS?

Es posible que los objetivos que nos estamos marcando, respondan a modas impuestas, respondan a necesidades que realmente no se adaptan a ti ni a tu forma de vivir, es decir, que no tienen un PARA QUÉ en tu vida.

Lo que te propongo es que cuando desees alcanzar un propósito, éste responda a una reflexión tuya, propia.

Hay una frase que me encanta compartir porque me parece que dice tanto en tan poco, que es fantástica. Es ésta de Gandhi:

Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos porque se convertirán en tu destino.

Y así es… un hábito es el resultado de una conducta que está tan arraigada en nosotros… que lo repetimos por inercia.

Y normalmente los hábitos no se eliminan. ¡Los hábitos se sustituyen!

El primer paso para sustituir un hábito insano o problemático es “darnos cuenta” de que existe, y que aparece y cuándo aparece.

Lo primero siempre es “pillarnos”. El siguiente paso es no reaccionar como siempre lo hemos hecho. Se trata de poner consciencia a la inconsciencia. Y de cuando te pilles, “llevarte la contraria” a ti mismo.

Si ya tienes tus objetivos o propósitos fijados, los tienes claros, y además eres capaz de detectar y pillar esos hábitos problema, pero aún así no te ves fuerte para cambiarlo… entramos en el terreno de la motivación.


¡¡No te quieras comer toda la tarta de golpe!! Ve poquito a poco y a tu ritmo… pero siempre adelante.

Pasito a pasito.

Y prémiate por los pequeños pasos que logres ir dando en la dirección correcta. Y si algún día no lo has logrado… escucha esto: ¡¡¡NO PASA NADA!!!!, mañana es un nuevo día y lo lograrás. Estos baches nos sirven de aprendizaje.

Es importante que te focalices en lo que consigues, y que dejes de focalizarte en los fracasos. Tu sentimiento de autoeficacia y de capacidad de lograrlo es directamente proporcional a lo que creas en ti y a donde focalices tu atención.

En resumen:

– Busca, en principio, centrarte solo un objetivo. No te disperses. Elige el que más te motive.

– Busca objetivos que respondan a tus intereses personales, que no tienen por qué coincidir con los de los demás.

– Busca objetivos medibles, acotados en el tiempo y que te reten, pero no te desanimen.

Cuando vayamos dando esos pequeños pasos y nuestro cerebro vea que es posible vivir así también de forma segura… lo va a aceptar. Verá que no pasa nada y te “permitirá” seguir adelante.

– Busca la manera de llevar a cabo ese reto disfrutando… no lo veas como una obligación. ¡Ya tenemos muchas!

– Repite, repite, repite, repite… El cambio de hábitos es un entrenamiento como cualquier otro. No te canses. Dosifica. Pero sobre todo no abandones. Adquirir un hábito cuesta entre 21 y 60 días.

Recuerda que el comienzo de año, aunque es maravilloso, no es nada mágico… somos producto de nuestras decisiones, de nuestras circunstancias… y si, cada año comienzan 365 nuevas posibilidades de aprender, de equivocarnos, de seguir avanzando, de seguir viviendo, aunque sea a partir de un “borrón y cuenta nueva”.

Siempre existe esa posibilidad. Tienes la capacidad de elegir, de diseñar tu vida, tu destino… y todo empieza en el pensamiento. Así que… piensa bonito, piensa bien, piensa en ti.


“Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

Santiago Ramón y Cajal

 

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