Lecturas recomendadas

OBSERVA EL «LAGO» DE TU MENTE…

Por Ángela Peco Psicología.

Alguien dijo… que los cuentos sirven para dormir a los niños y para hacer que los adultos DESPIERTEN…

Hoy quiero dejaros uno de mis favoritos: “EL CUENTO DE BUDA Y ANANDA: LA CLARIDAD DE LAS AGUAS”.

Cuentan que, en un caluroso día de verano, Siddhartha Gautama estaba atravesando un bosque junto a su principal discípulo, Ananda.

Sediento, Buda se dirigió a su acompañante:

  • Ananda, hace algo más de una hora cruzamos un arroyo. Por favor, toma mi cuenco y tráeme un poco de agua. Me siento muy cansado — Buda estaba haciéndose mayor…

Así lo hizo Ananda. Deshizo sus pasos, pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que habían removido las hojas muertas y el cieno, enturbiado el agua y convirtiéndolo en un barrizal.

Esta agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Así que Ananda regresó junto a su maestro… con el cuenco vacío.

  • Tendrás que esperar un poco — dijo Ananda — . Iré por delante. He oído que a sólo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí.

Pero Buda insistió:

  • Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.

Ananda quedó perplejo, no podía entender la insistencia, pero si su maestro se lo pedía, él, como discípulo, debía obedecer… Así que volvió a tomar el cuenco en sus manos y se dispuso a iniciar el camino de regreso al arroyo.

  • Y no regreses si el agua sigue estando sucia — dijo Buda — . No hagas nada, no te metas en el arroyo. Simplemente siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después el agua volverá a aclararse, y entonces podrás llenar el cuenco.

Molesto y enfadado, Ananda volvió hasta allí, descubriendo que su maestro tenía razón. Aunque aún seguía algo turbia, el agua estaba visiblemente más clara. De modo que se sentó en la orilla, observando pacientemente el flujo del río…

Poco a poco, el agua se tornó cristalina. Ananda tomó el cuenco y lo llenó de agua, y mientras lo hacía, comprendió que había un mensaje en todo esto. Ahora podía comprender.

Rebosante de júbilo, Ananda regresó bailando hasta donde estaba Buda, entregándole el cuenco y postrándose a los pies de su maestro para darle las gracias.

– Soy yo quien debería darte las gracias, me has traído el agua — dijo Buda.

– Volví enfadado al río — contestó Ananda — , pero sentado en la orilla, he visto como mi mente se aclaraba, al igual que el agua del arroyo. Si hubiera entrado en la corriente, se habría enturbiado de nuevo. Si salto dentro de la mente, genero confusión, empiezan a aparecer problemas. He comprendido que puedo sentarme en la orilla de mi mente, observando todo lo que arrastra: sus hojas muertas, sus dolores, sus heridas, sus deseos… Despreocupado y atento, me sentaré en la orilla y esperaré hasta que se aclare. Por eso, maestro, yo te doy las gracias…

 

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Vivimos diariamente totalmente identificados con nuestros pensamientos, creyendo que es verdad lo que nos cuentan… pero la MENTE, MIENTE…

Si te paras a observarlos, de forma tranquila, con objetividad, sin esperar nada… podrás descubrir que igual que un lago perturbado por el movimiento de las ondas, NO nos REFLEJA UNA REALIDAD REAL, SINO DISTORSIONADA…

Sólo cuando la agitación mental pasa… sólo entonces vemos las cosas de forma clara…

Te invito a realizar este sencillo ejercicio… observar tus pensamientos… hasta que la agitación de tu lago mental… cese…

Si te apetece… me cuentas cómo te ha ido! 😉

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