Artículos Ansiedad, Artículos Relaciones Personales

¿NAVIDAD… DULCE?

Por Ángela Peco Psicología.

La Navidad es, sin ninguna duda, una fecha donde la carga emocional está presente para la mayoría de nosotros.

Solemos asociar estos momentos con recuerdos de nuestra infancia… aquel regalo que nos hizo tanta ilusión recibir, dulces, turrones, mazapanes, e incluso cómo eras capaz de escuchar a los camellos pasar a casa y a los Reyes Magos poner tus regalos…

Todos estos recuerdos además, solemos envolverlos con el lazo de la esperanza, la ilusión… y el esfuerzo que hacen todos los medios de comunicación para que si no tienes esos bonitos recuerdos… los “adoptes” de una serie, un anuncio publicitario, una película…

Todo se adorna, escuchamos musiquillas que nos llevan a la infancia, juguetes, consumismo, luces en los balcones, preparativos para las comidas familiares… Navidad.

Pero… si todo es tan bonito… ¿por qué algunas personas se sienten mal en Navidad?

Pues porque la teoría está muy bien… pero la práctica es otra cosa.

No todo es tan idílico…  Y cuando la realidad se cruza con la idealización de la misma… ¡surge el choque!

La televisión no nos ha contado que es humanamente imposible tener sentimientos de felicidad de manera permanente.

Al estar tan presente esa idea de FELICIDAD… surge en nuestra mente la contraposición…

Al pensar en la familia solemos añorar a los que no están, o se puede remarcar una relación que esté deteriorada entre hermanos, amigos… O nos sentimos infelices porque no tenemos todo el dinero que nos gustaría para poder gastar…

O puede haber sido un año complicado… y al hacer balance volver a revivir dolores emocionales, pérdidas, pensamientos que evocan los momentos complicados vividos.

Además, esta época en la que todo parece estar unido a la felicidad… puede llevar a preguntarnos si somos o no realmente felices, o al menos tan felices como lo parecen nuestros vecinos, compañeros de trabajo, o personas que salen en televisión…

Lo que parece estar claro es que… en esta época hay un cóctel de emociones que están a flor de piel.

Las emociones no nacen porque sí en nosotros. Las emociones siempre están directamente relacionadas con las experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestra vida.

¿Qué otras cosas suceden en Navidad…?

  • La ansiedad aparece como una de las emociones más experimentadas en Navidad. ¿Motivos?
  • Cierre de temas laborales.
  • Asistir a reuniones, comidas, compromisos y más compromisos….
  • Compras, compras y más compras de regalos, comidas…

Si a todo esto se le une la pérdida reciente de un ser querido, o una ruptura… O una situación dolorosa (física, social, económica…) puede que no sea fácil que el espíritu navideño anide en nuestro interior.

¿Qué te puede venir bien?

  • No te presiones con la idea de que durante Navidad todos hemos de estar felices. Aceptar nuestro estado de ánimo es validarlo… a partir de aquí… podrás modular tu emoción.

Dedicar un tiempo y un espacio para identificar qué sientes y que reflexiones porqué te sientes así. ¿Sientes alegría? ¿Sientes melancolía? ¿enfado…? ¿qué es lo que te hace sentir así?.

Comprender lo que sentimos hará que nos permitamos sentir nuestras emociones y que también seamos activos a la hora de manejarlas y vivirlas de forma sana. Cuando me hago consciente de lo que siento y por qué lo siento, puedo actuar manejando esa emoción, calmándola con comprensión, centrándola, buscando una expresión adecuada de la misma.

  • Relativiza, dale a las cosas la importancia justa… cuando relativizas de repente descubres que en Navidad, igual que en el resto de días del año eres libre de experimentar y vivir estas fechas como quieras, como sientas, a tu manera… el sentido que tú le des a estas fechas puede ser único para ti, igual que tu forma de celebrarlo, lo mismo que el significado de cada momento…
  • Ante las señales negativas que estas fechas pueden transmitirte… quizá sea bueno que te plantees el hecho de realizar algún cambio en tu vida. Intenta ver este momento como una oportunidad de cambio, de apertura, de comprensión… Si algo no está bien… no lo perpetúes más tiempo. Si algo hay en tu mano para cambiar… ¡hazlo!
  • Tu estado de ánimo no depende de nadie… sólo de ti. Ni de tu familia, ni de tu jefe, ni de los villancicos que pone tu vecino… Nosotros mismos generamos nuestras propias emociones, por eso tu papel con ellas ha de ser activo… y todo empieza en el pensamiento.

El paso previo a las emociones son los pensamientos, por eso, si quieres sentirte mejor… vigila de cerca tus pensamientos, mejora su calidad. PIENSA SANO. Usar nuestros pensamientos de forma positiva nos ayudará a vivir estas fechas de una forma más sencilla y amable con nosotros mismos.

  • Experimenta: Prueba a tomar estas fechas con una actitud diferente ¡a ver qué pasa! Intenta alejarte de la percepción negativa de las cosas. Cuando tomas la decisión de que algo sea de una determinada manera, pues tienes todas las papeletas de que así suceda. Si pones todo tu empeño en pasarlo lo mejor posible, no te quepa duda que así será. Empezar por una buena disposición es básico.

Si buscas discutir… encontrarás mil motivos para poder hacerlo. Si buscas pasarlo bien, serás capaz de distinguir lo importante de lo superfluo y estarás mucho más receptivo. Mejora tu talante: poner una cara mustia… te hace daño sobre todo a ti.

  • Pon a trabajar tu empatía… Intenta ponerte en el lugar de los demás, en los motivos de por qué se comportan de una determinada manera… conectar con los sentimientos de los demás hace que los juicios de valor desaparezcan y se produzca un acercamiento sincero.
  • Respeta… Cada persona es un mundo y tiene su forma de ver la vida… y eso no es ni bueno, ni malo. La diferencia siempre enriquece.
  • Intenta no sacar temas “peliagudos”, seguro que hay momentos más adecuados a lo largo del año en los que poder tratarlos.

Sea como sea, aprovecha cualquier momento de tu vida para disfrutar de la gente que tienes cerca, la que te quiere, la que te elige.

Nunca es tarde para hacer de la Navidad una oportunidad para pasarlo bien, así que prueba e intenta cambiar ese sentimiento de desazón. Por mucho que odies estas fechas, nadie las va a borrar ni te van a devolver ese tiempo que pasas enfadándote.

Siempre decides tú.

“Toda la paz que encontrarás en la cima de la montaña… es aquella que llevabas contigo”

Proverbio Zen

Artículos Hábitos Saludables

ALIMENTOS Y EMOCIONES

Por
Ángela Peco Psicología.

La
relación entre alimentos y emociones está en nuestras vidas más presente de lo
que podríamos imaginar.

Por
un lado, lo que comemos afecta a cómo nos sentimos, pero, además, el cómo nos
sentimos también afecta a nuestra manera de comer.

sopa amor

La
relación emocional con los alimentos siempre ha estado ahí. Desde nuestros
primeros momentos de vida, cuando nos amamantaron, recibimos alimento y
aprendemos que esta acción está relacionada con placer, cariño, unión…

A
lo largo de la vida hemos mantenido esa relación… Si te pones a hacer memoria…  recuerda esos momentos en los que te has
sentido más inestable emocionalmente… ¿quizá te apetecía comer más alimentos
grasos?… Si a nuestra manera de alimentarnos no le ponemos conciencia… puede
que nuestra alimentación sea
puramente emocional… es decir, utilizamos nuestra dieta para calmar nuestro
estado emocional. Cuando usamos la comida para calmar nuestro estado
emocional estamos alimentándonos emocionalmente.

Unos
de los factores emocionales que más perjudica nuestra relación con la comida es
la desinhibición, sobre todo en personas sedentarias (la mayoría de nosotros) …
La desinhibición y los antojos consentidos de ciertos alimentos como bollería o
chocolate, la falta de control en lo que comemos y cuanto comemos, el exceso de
estos antojos… todos estos factores suelen ir de la mano de los problemas de
sobrealimentación y los problemas de conducta alimentaria…

Pasamos
del “todo” a “nada”, porque a nivel emocional aparecen sentimientos como
“vergüenza” o “culpa” … y nos acabamos convirtiendo en comedores reprimidos, con temor exagerado a ganar peso, nos pasamos
la vida controlando nuestra alimentación a través de dietas restrictivas que no
hacen sino paradójicamente, aumentar los niveles de ingesta, y por tanto
sobrealimentarnos.

¡Qué
papel tan importante juega el inconsciente
en todo este proceso!

En
otras ocasiones os he contado que el inconsciente no entiende de textos, o
letras… sino que se relaciona con nosotros y el mundo a través de símbolos e
imágenes, por eso el inconsciente no entiende las bromas, y tampoco cuando le
lanzamos mensajes en negativo.

Por
ejemplo, si nos decimos: “no tengo que comer natillas”, el inconsciente solo va
a tener la imagen de las natillas y nos entrarán más ganas de comerlas.

Esto
no quiere decir que siempre suceda, pero aumenta considerablemente las
probabilidades de que pase… A mayor prohibición, mayor riesgo de atracón.

Ante
un problema de descontrol alimentario, la normalización
de la comida
tiene que ser un objetivo esencial.

Para
una persona con problemas de esta índole, las
conductas purgativas actúan como refuerzos a la conducta de comer
… lo que
puede conllevar riesgos muy graves para la salud.

El
equipo emoción y alimentación, la búsqueda del equilibrio ha de estar basada en
comer justamente lo que necesitamos:

  • Abusar del comer
    por placer, no solamente puede hacer que nos sintamos más cansados y busquemos
    más comida constantemente, sino que puede provocar serios problemas de salud.
  • Reprimir el acto
    de la alimentación, funciona como “ancla” para la obsesión con la comida. Si me
    repito constantemente “no tengo que comer harinas” mi inconsciente las va a
    buscar compulsivamente.

¿Pero cómo más se relacionan las
emociones con lo que comemos?

Cuando
unimos los afectos positivos al acto de comer, podemos convertir esta acción en
algo muy agradable… pero los afectos también pueden ser negativos… y podemos
reflejar nuestros conflictos emocionales en lo que comemos y cómo comemos…

Las
emociones nos empujan a comer o a dejar de hacerlo. Es decir… podemos comer más
o dejar de hacerlo… para sentirnos mejor o… para no sentirnos peor.

Entre
los responsables de estas decisiones, se encuentra un aminoácido que es clave
en la liberación de serotonina a nuestro cerebro. Ese aminoácido es el triptófano. Los niveles bajos de
serotonina están relacionados con la depresión y la obsesión. De ahí que cuando
tenemos un problema emocional, solemos ir en busca de comida porque parece que
así nos aliviamos. Esto sucede porque muchos alimentos incluyen triptófano.

Cuando
nuestro organismo detecta falta serotonina ocasiona distintos efectos
negativos, como angustia, tristeza o irritabilidad. Cuando el cuerpo no produce
triptófano, lo conseguimos a través de los alimentos. Por lo tanto, los
alimentos ricos en este aminoácido actúan como antidepresivos naturales.

Además
del triptófano, y la serotonina… hay otro neurotransmisor que también repercute
en nuestra forma de nutrirnos… es la dopamina,
que nos arrastra a lo que se conoce como “comer con el paladar”. Esta
forma de comer tiene que ver con el placer y, por tanto, entra en juego el
sistema de recompensa, que está mediado por la dopamina. La dopamina es el
neurotransmisor que participa activamente en el refuerzo de conductas
placenteras como el sexo o el consumo de drogas.

Esta
búsqueda constante del placer y de calmar
nuestra insatisfacción
, puede llevarnos a comer alimentos sin control. A
tomar alimentos con bajo valor nutricional y con altos contenidos en sustancias
perjudiciales para el organismo, como las grasas trans…

Identificar
el hambre emocional es el primer paso para combatirla.

¿Qué sentimientos aderezan los
“problemas” con la comida?

1.
MIEDO A NO SER ACEPTADOS

La
causa más frecuente de problemas con los alimentos es que los relacionamos con
el peso corporal. Nos ponemos a dieta con la esperanza de que al perder unos
kilos aumentará la satisfacción personal. Pero si se logra alcanzar el
objetivo, a menudo se comprueba que el malestar de fondo no desaparece.
Entonces se vuelve a engordar y luego de nuevo a adelgazar, lo que genera un
círculo vicioso del que cuesta tomar conciencia.

Autodescubrir
la base en la que se apoyan estas conductas nos desvelaría un montón de
emociones implicadas –especialmente el miedo a no ser amados– pero, sobre todo,
la dificultad para aceptarnos con nuestros «defectos» y
«debilidades».

2.
SENTIMIENTO DE VERGÜENZA o CULPA

La
vergüenza o la culpa aparecen a menudo en nuestra relación con los alimentos.
Curiosamente, surgen casi exclusivamente por haber cometido lo que se considera
un exceso y casi nunca por quedarnos cortos.

No
debemos utilizar la comida como recompensa o castigo.

Masticar
bien cada bocado nos ayudará a estar presentes en el momento de la comida, ser
conscientes de lo que comemos y cuanto comemos y a no caer en excesos.

Lo
deseable, sería, que el acto de comer se vinculara siempre a emociones
positivas. Un modo de favorecerlas es establecer una conexión natural con las
necesidades del organismo. Comer sintiendo, saboreando, sin estrés, sin “tengos
que…”.

 “Lo que pensamos genera emociones, pero
también lo que comemos”.

 Montse
Bradford