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AUTOSABOTAJE… MIEDO A LOS CAMBIOS

¿TIENES MIEDO AL CAMBIO?

Por Ángela Peco Psicología.

Cambiar es una de las cosas que más nos cuesta a nivel personal y profesional. Nos aterra cambiar… y nuestro cerebro, que de buscarse las mañas para protegernos sabe un montón, aprovecha para sacar sus artes: la pereza, resignación, autoengaño… y si le hacemos caso… nos quedamos ahí, anclados en nuestra zona de confort (que a veces de “confort” tiene solo el nombre).

Cambiar significa modificar nuestra conducta o nuestra forma de pensar ante una determinada situación, que también puede ser nueva… o no.

Cambiar es sano y, además, es algo inevitable.

niño caminos

Siempre estamos cambiando, aunque no lo quieras. Hay personas que se pasan la vida huyendo de los cambios sin saber que son los cambios los que los nos acaban encontrando tarde o temprano.

Mira estos datos: El 1% de nuestras células se renueva cada día y cada 10 años lo hacen todas las células de nuestro esqueleto.

Además, a lo largo de la vida… perdemos a nuestros seres queridos, te casas, te divorcias, te enfermas, te toca la lotería, cambias de trabajo, de casa… al final, aunque quieras huir… los cambios nos alcanzan. Por eso lo mejor que podemos hacer es tener una actitud abierta para hacerles frente, y por lo tanto hacer frente a la vida.

El miedo es uno de los principales enemigos de la felicidad… cuando hacemos caso a todos nuestros miedos, al final vivimos una vida que no está mal… pero que generalmente no nos satisface por completo.

Tener miedo a los cambios es algo que todos hemos podido experimentar varias veces a lo largo de nuestra vida, pero que no por eso, tenemos que permitir que la dirija. Ten presente siempre una idea: ¡Tú puedes tener el control de tu vida en todo momento!

¿A cuántas personas conoces que han dicho alguna vez “pues es que yo soy así y he sido siempre así”…?, o ¿cuántas veces has escuchado el refrán “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”?

Pero sin embargo… si nos paramos a analizar nuestra vida y nos comparamos ahora con quienes éramos hace 10 o 20 años… encontramos bastantes diferencias ¿verdad?…

Entonces… ¿Qué opciones tenemos cuando hemos de afrontar un cambio?

Pues, se me ocurren estas:

  • Resistirnos y no querer afrontarlo. Así es que, lo atacamos.
  • Aceptarlo:
    • Aparentemente: Ya que inconscientemente lo boicoteamos: llegamos tarde, se nos olvida algo importante que teníamos que hacer, nos manchamos la ropa antes de salir de casa…
    • Sufriendo: Lo acepto, con actitud de víctima.
    • Con visión positiva:
      • Reconocemos nuestros miedos y lo que nos preocupa, lo analizamos y así los afrontamos.
      • Recurrimos a nuestras fortalezas para examinar los obstáculos que puedan surgir y buscamos soluciones.
      • Tenemos en cuenta que siempre podemos aprender y progresar.

Si no nos diese tanto miedo cambiar, seguro que tendríamos mejores resultados. Pero… ¿por qué nos da tanto miedo cambiar?

El proceso del cambio va ligado a un duelo por lo que dejamos, y ahí es donde la resistencia nos empuja con más fuerza a posicionarnos en una encrucijada entre el “quiero cambiar” y “no quiero cambiar” porque ese duelo conlleva “perder algo” … (pero… también “ganar” otras cosas… aunque nuestro cerebro esto intenta mantenerlo en secreto).

Entre otras, estas son las razones que nos impiden adentrarnos en los cambios:

  • Porque no sabemos cómo manejar situaciones nuevas. Cambiar significa pasar de una realidad conocida que nos guste más o menos, la controlamos, a otra que no conocemos. Nos sentimos cómodos dentro de la incomodidad que nos pueda generar, estamos estabilizados. El contemplar la posibilidad de que este escenario cambie, nos genera inseguridad, aparece la incomodidad, el miedo, la ansiedad…
  • Nos podemos equivocar y ser criticados por los demás e incluso por nosotros mismos.
  • Inconscientemente obtengo algún beneficio por no cambiar. Huir de situaciones desagradables, huir de mis responsabilidades, o quizá puede ser que si cambio no voy a obtener tanta atención como recibo ahora… Es decir, puede suceder que, una manera de actuar que nos hace daño o que no nos hace bien, al mismo tiempo nos esté provocando un beneficio del que generalmente no somos muy conscientes, como pueden ser: protegernos de los demás, evitar el fracaso, conseguir atención extra, apoyo, comodidad…

Tener miedo es normal. Sobre todo, cuando no sabemos si esos cambios van a ser para mejor o peor. Cuando cambiamos algo… realmente sentimos que estamos perdiendo identidad. Tememos dejar de ser como somos, nuestra vida será diferente… Pero cuando ese miedo es tan intenso que te impide decidir, avanzar, y te genera tanta ansiedad que te paraliza… tenemos que pararnos y revisar nuestra autoestima, ya que esta actitud implica un sentimiento de poca estima o poca confianza en ti mismo/a.

De hecho, la manera de afrontar los cambios va a depender de cómo de sana o no, tengamos nuestra autoestima.

Cuando nos sentimos seguros y miramos hacia delante, vemos los cambios como una motivación positiva.

Cuando nos sentimos incapaces o poco valiosos, el cambio nos enfada, nos asusta…

Lo que aprendimos en nuestra infancia, también va a determinar nuestra manera de afrontar las novedades en nuestra vida.

La autoestima se forma en la infancia a partir de las vivencias, percepciones y conclusiones a las que llegábamos como niños pequeños, con las pocas o muchas herramientas que teníamos. Pero la autoestima podemos fortalecerla en cualquier momento de nuestra vida.

Fortalecer la autoestima requiere paciencia y tiempo. Es como cuidar una pequeña plantita…  cuando menos lo esperas, se ven los resultados.

¡Ve dando pasos hacia delante!

  • Toma decisiones: en lugar de estresarte y obsesionarte con la decisión ideal, plantéate que tomes la decisión que tomes será la correcta. Las personas tenemos una capacidad de adaptación extraordinaria, sea cual sea el resultado, sabrás afrontarlo, no te quepa duda… y en cualquier caso siempre puedes cambiar de opinión.  Lo importante es que empieces a asumir toda la responsabilidad de tu vida y tomes el control de la situación.
  • Vive en el aquí y ahora. Suelta ya el pasado: las malas experiencias, los traumas infantiles… Sal de eso y céntrate en quién eres ahora. Por otro lado, no dejes que el futuro te atrape tampoco. Anticipar las cosas y preocuparnos… no tiene sentido. No es real.
  • Deja de esperar que alguien venga a salvarte. Poner tu vida en manos de algo o de alguien no es buena idea. Si quieres conseguir algo… tienes que ponerte manos a la obra.
  • Acepta el fracaso y los errores como parte de la vida, sólo son un paso más hacia tus objetivos. El intentar las cosas varias veces, hasta conseguirlo, a pesar de los errores, y las caídas… esa es la clave del éxito. Entrena tu determinación más a menudo.
  • Cambia poco a poco: Tampoco quieras cambiar todo de la noche a la mañana… sin prisa, pero sin pausa. Busca información sobre la situación que tienes que vivir. No tienes por qué saber de todo. Si necesitas ayuda, pídela. Pedir ayuda no te hace poco valioso.
  • Pase lo que pase, acepta: Nadie puede adivinar o controlar 100% lo que va a ocurrir en los próximos años, ni tampoco de lo que ocurrirá en nuestro entorno. Pero sí podemos crear condiciones favorables para lograr muchas cosas. Es bueno aceptar lo que nos ocurre, no vivir bajo la negación toda la vida, aunque duela en lo más profundo. Hazte amigo del miedo.

Es importante que al afrontar un cambio, te hagas una pregunta ¿qué es lo peor que puede pasar?

Al fin y al cabo… nada es tan grave, nada es tan dramático como lo pinta tu cerebro, tu cerebro sólo está programado para protegerte y por eso como una madre recelosa “se pasa de la raya con sus advertencias”, tranquilízalo… y ¡¡adelante!!

“Se obediente. Estudia. Trabaja. Cásate. Ten hijos. Hipotécate. Mira la tele. Pide préstamos. Compra muchas cosas. Y sobre todo, no cuestiones jamás lo que te han dicho que tienes que hacer”.

    George Carlin

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