Artículos Ansiedad

¿PROCRASTINAS?… COMPRUEBA TU ANSIEDAD…

Por Ángela Peco Psicología.

Podíamos decir que procrastinar significa algo así como… POSPONER…

Pero no quiero que te quedes con una idea vacía y simple de este concepto… Procrastinar no es sólo posponer… es posponer sin que tú lo hayas decidido.

Es como si ante un hecho que no te apetece afrontar, pues te tomas la píldora de retrasar hacerlo, o afrontarlo…

En el primer momento esa píldora, te tranquiliza… pero después vuelve a venir esa sensación de que “tengo algo pendiente que no termino de resolver” … como si una nube gris enturbiara cada día nuestra claridad mental, nuestra alegría. Estrés y sensación de derrota es lo que suelen presentar las personas que tienen como norma el procrastinar.

Por muchas píldoras de procrastinación que te tomes… el efecto inmediato acaba pasando y cada día, todos los días está ese sentimiento que eres incapaz de olvidar, tienes algo pendiente… y eso hace que sientas: culpa, nerviosismo, malestar…

Muchas de las personas que sufren ansiedad experimentan esta sensación provocada por la procrastinación.

¿Pero cómo que es un síntoma de la ansiedad… si precisamente es un no hacer para evitar afrontar aquello que me agobia?… Precisamente por eso… tu cerebro no deja de estar activo ya que no puede dejar de pensar en lo que ha dejado de hacer y tenía que haber hecho.

Pregúntate lo siguiente…

– ¿Te dices a menudo que has de hacer algunas cosas pero que al final no las terminas?

– ¿Te propones con frecuencia realizar tareas, y te sientes culpable si las retrasas?

– Normalmente siempre hay un motivo lógico para posponer eso que tienes que hacer… Pero… ¿te pasa esto demasiado a menudo?

Si has respondido que sí a dos o más de las preguntas anteriores… probablemente estés PROCRASTINANDO.

Pero… ¿Por qué nos sucede esto?

  • Normalmente procrastinamos con metas que no son nuestras… me explico, con metas que son consideradas por nuestro subconsciente como una “obligación”, más que como un deseo propio. Por ejemplo, son metas que nos hemos autoimpuesto en función de lo que nuestros padres esperaban de nosotros, o nuestra pareja, o nuestros amigos, o jefes… De esta forma… vemos la tarea por hacer no como un reto o un motivo (que me motiva…), sino como una obligación.
  • Otra escusa suele ser: “Si lo hago, lo hago bien, si no, no lo hago” … El siempre odioso perfeccionismo… Cuando nos proponemos hacer las cosas con un alto grado de perfección, damos por hecho que nos va a ser muy costoso llevarlo a cabo… y eso mismo nos hace retrasarlo buscando el momento en que más tiempo o energía tengamos para poder acometerlo… tiempo que finalmente nunca llega. La “perfeccionitis aguditis” hace que procrastines.
  • Miedos… Si aparece por algún rincón de nuestra psiquis la inseguridad o el miedo… vamos a dejar lo que nos lo provoca para otro momento. Muchas veces no tenemos claro miedo a qué o inseguridad por qué… de modo que postergamos. Aparecen aquí dos miedos muy comunes:
    • MIEDO AL FRACASO: El miedo a fracasar nos paraliza y hace que dejemos para después algo importante que tenemos que hacer para evitar un posible fracaso que anticipamos.
    • MIEDO AL ÉXITO: Pensar que triunfar nos llevará a asumir algunos costes que no queremos asumir: más trabajo, menos tiempo libre…
  • Porque la actividad esa que tienes que hacer, no es un hábito… eso hace que entre en conflicto con tus hábitos (en los que tu cerebro se encuentra cómodo).

Muchos de nosotros a lo largo de nuestra vida, vamos cargando con varias cosas por hacer, tareas grandes, pequeñas, importantes, cotidianas…

Es curioso, pero, normalmente las personas que más procrastinan son aquellas que tienen un nivel de autoexigencia más alto. No me refiero a exigentes en temas ordinarios de la vida: limpieza, orden… Me refiero a autoexigencia en temas relacionados con: agradar, no quedar mal, completar los trabajos, ofrecer la imagen adecuada…

No quiere decir que todas las personas exigentes son procrastinadoras… Igual que una persona puede procrastinar en unos aspectos de su vida y no en otros… Normalmente las conductas que más se refuerzan son las que más tienden a repetirse.

Cuando estamos procrastinando, lo que hacemos es evitar algo que anticipamos como desagradable. Al evitarlo, obtenemos ese refuerzo que necesitamos.

Procrastinar no es de personas que tienden a perder el tiempo… no tengas esa idea.

Muchas veces, optamos por no abordar una determinada tarea, por el motivo que nos digamos… y eso conlleva que nos pongamos a resolver de forma muy eficaz otras muchas. Pero realmente… lo que nos provoca culpa es no haber hecho eso que no hemos abordado.

El círculo vicioso de esta situación sería entre la ansiedad y la culpa que genera más ansiedad a su vez…

ETAPAS DE LA PROCRASTINACIÓN

Primero: Notas una sensación de incomodidad, o de ansiedad, ante eso que tienes que hacer…

Segundo: Tu cerebro, ante eso, busca bajar la tensión llevando a cabo alguna otra tarea… entonces tiendes a hacer otras cosas… por eso te vuelves tan productivo haciendo otras cosas que no son la que tienes que hacer.

Tercero: Tu cerebro almacena como “dolorosa” la actividad esa que tienes que hacer y entonces busca distracciones o alguna razón lógica que te convenza del hecho de aplazarla. Ahí es donde aparecen las excusas cargadas de razón que te han impedido realizar lo que tenías que hacer.

NO PROCRASTINES…

  • Muchos me preguntáis ¿Qué tengo que hacer para no procrastinar?… Lo único que hay que hacer es… o bien decidir hacerlo y hacerlo, o bien, decidir no hacerlo y no hacerlo. ¡Es así de simple!, lo único importante aquí es que hagas lo que tu decidas. Cuando tú decides, entonces se para todo, para la culpa, las somatizaciones, la angustia… y tu autoestima empieza a mejorar.
  • Recuerda esto… “El que mucho abarca…”. Es normal que, si estás con muchas cosas entre manos, tengas siempre la sensación de que no llegas a todo. Quizá sea bueno que te lo preguntes, y si es así priorices… Decir que “no” a algunas cosas o personas puede ayudarte. Tú por dentro sabes qué es lo realmente importante para ti.
  • Si no empiezas a hacer eso que tienes que hacer… por favor, NO HAGAS NADA MÁS… observa que estás procrastinando, y entonces párate. Si no haces lo que tienes que hacer, entonces no harás nada más en su lugar… Eso te generará tal incomodidad que finalmente optarás por ponerte manos a la obra.
  • Ponte plazos y comprométete con ellos. Esta medida es más eficaz si otros pueden contrastar que estás cumpliendo esos plazos. (Tu psicólogo, tus compañeros de trabajo, tu pareja…). Cuando compartes tus objetivos con los demás, está comprobado que tu motivación aumenta.
  • Intenta no enfocarte sólo en las obligaciones… en los “tengo que” … Busca también saber qué es lo que te gusta y te hace disfrutar y averigua lo que no lo hace. Observa si el objetivo que persigues se relaciona con aquello que te gusta… o no…
  • Divide la tarea en pequeñas metas. Dar pequeños pasos hasta conseguir llegar al final.
  • Elimina distracciones de en medio. Si te pones con algo, ¡hazlo! Procura no tener opciones que te hagan repartir la atención.
  • Establece descansos, y respétalos. Sin saltártelos y tampoco sin extenderlos demasiado. Todo en su justa medida.
  • Si algo es importante, lo es. No le quites importancia a lo que la tiene. Cuando te convences de que algo no es un problema cuando sí lo es, aumenta tu probabilidad de procrastinar.
  • Estamos diseñados para considerar las necesidades del presente como más urgentes que las del futuro. De esta forma, puedes engañar al cerebro haciéndole ver que eso que tienes que hacer hay que hacerlo ¡para ya!
    • La procrastinación pasiva es la que normalmente conocemos. Tenemos que hacer deporte, pero nos quedamos viendo una serie… por ejemplo.
    • La procrastinación activa es la que se hace queriendo. Es decir, que como sabes que cuando no te queda más remedio y a fecha límite te vuelves productivo, pues así lo haces.
  • Cambia tu diálogo interno… y el externo también. Fíjate que a lo largo de este artículo, me estoy refiriendo a la tarea que pospones como “lo que tienes que hacer”… Esa suele ser la forma en que nos referimos a esa acción que no hacemos. Cuando nos expresamos (interna o externamente) en esos términos de «tengo que” o “debo de”… nuestra decisión propia se anula… y eso propicia el auto-sabotaje, la falta de motivación y de autocontrol. Es importante que replanteemos nuestro diálogo interno, y cambiemos esas expresiones por otras como: “decido hacer”, “elijo empezar…”.
  • Lo importante es empezar… a partir de ahí todo es más fácil.

Si no tomas medidas en relación a parar la procrastinación… poco a poco ese hábito irá extendiéndose a otras áreas de tu vida… manteniéndote en una vida donde cada vez hay más insatisfacción y más ansiedad.

Como te he adelantado antes… Procrastinar no solo tiene que ver con gestión del tiempo, la ansiedad, la baja autoestima y la dificultad para gestionar emociones, también están relacionadas.

Ponte manos a la obra!

PROGRAMA PSICO-FORMATIVO: «CONOCE Y DOMINA TU ANSIEDAD»

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AUTOSABOTAJE… MIEDO A LOS CAMBIOS

¿TIENES MIEDO AL CAMBIO?

Por Ángela Peco Psicología.

Cambiar
es una de las cosas que más nos cuesta a nivel personal y profesional. Nos
aterra cambiar… y nuestro cerebro, que de buscarse las mañas para protegernos
sabe un montón, aprovecha para sacar sus artes: la pereza, resignación,
autoengaño… y si le hacemos caso… nos quedamos ahí, anclados en nuestra zona de confort (que a veces de “confort”
tiene solo el nombre).

Cambiar
significa modificar nuestra conducta o nuestra forma de pensar ante una
determinada situación, que también puede ser nueva… o no.

Cambiar es sano y, además, es algo inevitable.

niño caminos

Siempre
estamos cambiando, aunque no lo quieras. Hay personas que se pasan la vida
huyendo de los cambios sin saber que son los cambios los que los nos acaban
encontrando tarde o temprano.

Mira
estos datos: El 1% de nuestras células se renueva cada día y cada 10 años lo
hacen todas las células de nuestro esqueleto.

Además,
a lo largo de la vida… perdemos a nuestros seres queridos, te casas, te
divorcias, te enfermas, te toca la lotería, cambias de trabajo, de casa… al
final, aunque quieras huir… los cambios nos alcanzan. Por eso lo mejor que
podemos hacer es tener una actitud abierta para hacerles frente, y por lo tanto
hacer frente a la vida.

El
miedo es uno de los principales
enemigos de la felicidad… cuando hacemos caso a todos nuestros miedos, al final
vivimos una vida que no está mal… pero que generalmente no nos satisface por
completo.

Tener
miedo a los cambios es algo que todos hemos podido experimentar varias veces a
lo largo de nuestra vida, pero que no por eso, tenemos que permitir que la
dirija. Ten presente siempre una idea: ¡Tú puedes tener el control de tu vida
en todo momento!

¿A
cuántas personas conoces que han dicho alguna vez “pues es que yo soy así y he
sido siempre así”…?, o ¿cuántas veces has escuchado el refrán “más vale lo malo
conocido que lo bueno por conocer”?

Pero
sin embargo… si nos paramos a analizar nuestra vida y nos comparamos ahora con
quienes éramos hace 10 o 20 años… encontramos bastantes diferencias ¿verdad?…

Entonces… ¿Qué opciones tenemos cuando hemos de
afrontar un cambio?

Pues,
se me ocurren estas:

  • Resistirnos
    y no querer afrontarlo. Así es que, lo atacamos.
  • Aceptarlo:
    • Aparentemente: Ya que inconscientemente lo boicoteamos: llegamos
      tarde, se nos olvida algo importante que teníamos que hacer, nos manchamos la
      ropa antes de salir de casa…
    • Sufriendo: Lo acepto, con actitud de víctima.
    • Con visión
      positiva
      :

      • Reconocemos nuestros miedos y lo que nos preocupa,
        lo analizamos y así los afrontamos.
      • Recurrimos a nuestras fortalezas para examinar los
        obstáculos que puedan surgir y buscamos soluciones.
      • Tenemos en cuenta que siempre podemos aprender y progresar.

Si
no nos diese tanto miedo cambiar, seguro que tendríamos mejores resultados. Pero…
¿por qué nos da tanto miedo cambiar?

El
proceso del cambio va ligado a un duelo
por lo que dejamos, y ahí es donde la resistencia nos empuja con más fuerza a posicionarnos
en una encrucijada entre el “quiero cambiar” y “no quiero cambiar” porque ese
duelo conlleva “perder algo” … (pero… también “ganar” otras cosas… aunque
nuestro cerebro esto intenta mantenerlo en secreto).

Entre
otras, estas son las razones que nos
impiden adentrarnos en los cambios:

  • Porque no
    sabemos cómo manejar situaciones nuevas. Cambiar significa pasar de una
    realidad conocida que nos guste más o menos, la controlamos, a otra que no
    conocemos. Nos sentimos cómodos dentro de la incomodidad que nos pueda generar,
    estamos estabilizados. El contemplar la posibilidad de que este escenario
    cambie, nos genera inseguridad,
    aparece la incomodidad, el miedo, la ansiedad…
  • Nos podemos
    equivocar y ser criticados por los
    demás e incluso por nosotros mismos.
  • Inconscientemente
    obtengo algún beneficio por no cambiar.
    Huir de situaciones desagradables, huir de mis responsabilidades, o quizá puede
    ser que si cambio no voy a obtener tanta atención como recibo ahora… Es decir,
    puede suceder que, una manera de actuar
    que nos hace daño o que no nos hace bien, al mismo tiempo nos esté provocando
    un beneficio
    del que generalmente no somos muy conscientes, como pueden
    ser: protegernos de los demás, evitar el fracaso, conseguir atención extra,
    apoyo, comodidad…

Tener miedo es normal. Sobre todo, cuando no sabemos si esos cambios van
a ser para mejor o peor. Cuando cambiamos algo… realmente sentimos que estamos
perdiendo identidad. Tememos dejar de ser como somos, nuestra vida será
diferente… Pero cuando ese miedo es tan intenso que te impide decidir, avanzar,
y te genera tanta ansiedad que te paraliza… tenemos que pararnos y revisar
nuestra autoestima, ya que esta actitud implica un sentimiento de poca estima o
poca confianza en ti mismo/a.

De
hecho, la manera de afrontar los cambios va a depender de cómo de sana o no,
tengamos nuestra autoestima.

Cuando
nos sentimos seguros y miramos hacia delante, vemos los cambios como una
motivación positiva.

Cuando
nos sentimos incapaces o poco valiosos, el cambio nos enfada, nos asusta…

Lo
que aprendimos en nuestra infancia, también va a determinar nuestra manera de
afrontar las novedades en nuestra vida.

La
autoestima se forma en la infancia a
partir de las vivencias, percepciones y conclusiones a las que llegábamos como niños
pequeños, con las pocas o muchas herramientas que teníamos. Pero la autoestima
podemos fortalecerla en cualquier momento de nuestra vida.

Fortalecer
la autoestima requiere paciencia y tiempo. Es como cuidar una pequeña plantita…
 cuando menos lo esperas, se ven los resultados.

¡Ve
dando pasos hacia delante!

  • Toma decisiones:
    en lugar de estresarte y obsesionarte con la decisión ideal, plantéate que
    tomes la decisión que tomes será la correcta. Las personas tenemos una
    capacidad de adaptación extraordinaria, sea cual sea el resultado, sabrás
    afrontarlo, no te quepa duda… y en cualquier caso siempre puedes cambiar de
    opinión.  Lo importante es que empieces a
    asumir toda la responsabilidad de tu vida y tomes el control de la situación.
  • Vive en el aquí y ahora. Suelta ya el pasado: las malas experiencias, los
    traumas infantiles… Sal de eso y céntrate en quién eres ahora. Por otro lado,
    no dejes que el futuro te atrape tampoco. Anticipar las cosas y preocuparnos…
    no tiene sentido. No es real.
  • Deja de esperar que alguien venga a salvarte. Poner tu vida en manos de algo o de alguien no es
    buena idea. Si quieres conseguir algo… tienes que ponerte manos a la obra.
  • Acepta el fracaso y los errores como parte de la
    vida
    , sólo son un paso más hacia tus objetivos. El intentar las cosas varias veces, hasta
    conseguirlo, a pesar de los errores, y las caídas… esa es la clave del éxito.
    Entrena tu determinación más a menudo.
  • Cambia poco a poco:
    Tampoco quieras cambiar todo de la noche a la mañana… sin prisa, pero sin pausa.
    Busca información sobre la situación que tienes que vivir. No tienes por qué
    saber de todo. Si necesitas ayuda, pídela. Pedir ayuda no te hace poco valioso.
  • Pase lo que
    pase, acepta: Nadie puede adivinar o
    controlar 100% lo que va a ocurrir en los próximos años, ni tampoco de lo que
    ocurrirá en nuestro entorno. Pero sí podemos crear condiciones favorables para lograr
    muchas cosas. Es bueno aceptar lo que nos ocurre, no vivir bajo la negación
    toda la vida, aunque duela en lo más profundo. Hazte amigo del miedo.

Es importante que al afrontar un cambio, te hagas
una pregunta ¿qué es lo peor que puede
pasar?

Al fin y al cabo… nada es tan grave, nada es tan
dramático como lo pinta tu cerebro, tu cerebro sólo está programado para protegerte
y por eso como una madre recelosa “se pasa de la raya con sus advertencias”,
tranquilízalo… y ¡¡adelante!!

“Se
obediente. Estudia. Trabaja. Cásate. Ten hijos. Hipotécate. Mira la tele. Pide
préstamos. Compra muchas cosas. Y sobre todo, no cuestiones jamás lo que te han
dicho que tienes que hacer”.

    George
Carlin