Artículos Ansiedad

CUANDO TE LO PIENSAS… ¡DEMASIADO!

Por Ángela Peco Psicología.

​Sí… es cierto que ser impulsivo puede traerte problemas a la hora de tomar una decisión adecuada.

Sin embargo, algunas personas, debido a que reflexionan demasiado… pueden llegar a NO ACTUAR…

elegir

Tan malo es lo uno como lo otro.

Siempre los extremos haciendo de las suyas.

Ya os he comentado en algún otro post anterior, la importancia que tiene que seamos ágiles a la hora de decidir en nuestro día a día.

Decidimos continuamente, pero a veces nos encontramos en una situación donde hacerlo es fuente de gran ansiedad que no sabemos gestionar muy adecuadamente.

Una forma muy curiosa de EVADIRNOS de la responsabilidad de decidir… es la de ANALIZAR DE FORMA MINUCIOSA cada una de las consecuencias negativas que tendría el hecho de equivocarnos en la decisión a tomar… así es como en lugar de actuar… nuestro cerebro nos “engaña” una vez más… nos hace creer que estamos haciendo algo cuando imaginamos todos los escenarios posibles que podrían darse si tomásemos una u otra decisión… sin embargo… así podemos pasarnos días, meses… sólo analizando, sin actuar…

En psicología a este fenómeno lo conocemos como “PARÁLISIS POR ANÁLISIS”.

Podría decirse que se da cuando en el Proceso de Toma de Decisiones, la persona se queda “estancada” en la fase de análisis previo del problema, sin llegar nunca a darse la fase de acción porque siempre estamos buscando la opción “perfecta”.

Se trata de una paradoja que aparece cuando tenemos demasiada información sobre algo.

Nos paralizamos porque nuestro cerebro se fatiga ante tantas opciones y tiende a recorrer caminos “en círculo”.

Algunos ejemplos…

“Quieres montar una empresa, pero nunca das el paso porque analizas cada riesgo, cada consecuencia de según qué opción elijas… finalmente siempre tienes que analizar algo mejor antes de decidirte…”

“Quieres pedirle algo a tu pareja, pero no te atreves y mentalmente te planteas el si se lo dices de una u otra forma, analizando las consecuencias según tu manera de plantearle la situación, y según la respuesta que él o ella te ofrezca…”

Esta situación de continua duda… nos lleva a la NO ACCIÓN.

Piensas tanto las cosas… que finalmente haces que nunca sucedan…

Esto se conoce con el nombre de COSTE OPORTUNIDAD: Al estar dudando continuamente, y cambiando de opinión de manera constante, una persona aborda su vida de una manera poco eficaz…

En otras palabras: nos “cuesta” más el hecho de quedarnos parados que lo que nos hubiese “costado” haber tomando una decisión, aunque no hubiese sido la perfecta…

Muchas personas viven continuamente en esta situación, perdiendo grandes oportunidades y asumiendo costes importantes tanto emocionales como económicos… todo por no dar el paso.

Cuando barajamos demasiadas opciones terminamos por no centrarnos en ninguna… Y esta situación puede afectar a muchas áreas de nuestra vida: A la pareja, a los estudios, a lo laboral…

En cualquier ámbito de nuestra vida contamos con montones de opciones a la hora de tomar una decisión: Montones de tiendas de ropa con montones de modelos de pantalones, montones de opciones para conocer a la persona ideal, montones de gimnasios a los que apuntarte, montones de opciones de actividades extraescolares a las que apuntar a los niños, montones de lugares a los que ir de vacaciones, montones de cursos que poder hacer…

Esta situación… que podríamos decir que “nos ofrece mayor libertad” porque tenemos la posibilidad de “elegir” lo que más nos apetezca… sin embargo, hace que nuestro cerebro necesite movilizar más recursos cognitivos y debilita nuestro proceso de toma de decisiones, porque no “ponemos FOCO” en nada concreto…

Vivimos en un estado casi constante de insatisfacción, y más cuantas más alternativas existan.

¿Pero por qué…?

Porque al tener tantas alternativas dando vueltas en nuestra mente, en el momento de elegir, nos centramos, sobre todo, NO EN LO QUE SÍ ELEGIMOS…, sino en… TODO LO QUE PERDEMOS por haber elegido eso… entre tantas posibilidades.

Este proceso se acentúa cuando vivimos con:

  • Miedo a equivocarnos. Si nos diéramos cuenta de que nunca hay certeza de nada… ese miedo al error es lo que nos paraliza y, por tanto, lo que nos lleva al error.
  • Tendencia al perfeccionismo. Nada es suficientemente bueno, ni perfecto como para abandonar tu zona de comodidad…
  • Excusas para explicar por qué no tomas la decisión…

COMO SIEMPRE… DARTE CUENTA DE QUE ESTÁS EN LAS REDES MENTALES ES LA CLAVE PARA AVANZAR

¿Cómo salir de ese círculo vicioso?

  • Ponte fecha de caducidad y respétala. Márcate un tiempo para tomar la decisión.
  • Ve paso a paso… márcate pequeñas metas para quitarte la sensación de vértigo. Podrás ir moviéndote despacio, pero al fin… ¡moviéndote! Una decisión grande siempre son muchas decisiones pequeñas.
  • El momento ideal es… ahora. Decide en base a tus principios, a tus valores…
  • Reduce el número de opciones que barajas, ya verás cómo te será mucho más fácil jugando al descarte.
  • Nunca vas a poder controlar todos los detalles. Busca la perfección en lo que ES. La vida es continuo cambio, movimiento, lo único que es seguro… es la no vida… la muerte.

“Lo perfecto es enemigo de lo bueno”

                                                                               Voltaire.

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AUTOSABOTAJE… MIEDO A LOS CAMBIOS

¿TIENES MIEDO AL CAMBIO?

Por Ángela Peco Psicología.

Cambiar es una de las cosas que más nos cuesta a nivel personal y profesional. Nos aterra cambiar… y nuestro cerebro, que de buscarse las mañas para protegernos sabe un montón, aprovecha para sacar sus artes: la pereza, resignación, autoengaño… y si le hacemos caso… nos quedamos ahí, anclados en nuestra zona de confort (que a veces de “confort” tiene solo el nombre).

Cambiar significa modificar nuestra conducta o nuestra forma de pensar ante una determinada situación, que también puede ser nueva… o no.

Cambiar es sano y, además, es algo inevitable.

niño caminos

Siempre estamos cambiando, aunque no lo quieras. Hay personas que se pasan la vida huyendo de los cambios sin saber que son los cambios los que los nos acaban encontrando tarde o temprano.

Mira estos datos: El 1% de nuestras células se renueva cada día y cada 10 años lo hacen todas las células de nuestro esqueleto.

Además, a lo largo de la vida… perdemos a nuestros seres queridos, te casas, te divorcias, te enfermas, te toca la lotería, cambias de trabajo, de casa… al final, aunque quieras huir… los cambios nos alcanzan. Por eso lo mejor que podemos hacer es tener una actitud abierta para hacerles frente, y por lo tanto hacer frente a la vida.

El miedo es uno de los principales enemigos de la felicidad… cuando hacemos caso a todos nuestros miedos, al final vivimos una vida que no está mal… pero que generalmente no nos satisface por completo.

Tener miedo a los cambios es algo que todos hemos podido experimentar varias veces a lo largo de nuestra vida, pero que no por eso, tenemos que permitir que la dirija. Ten presente siempre una idea: ¡Tú puedes tener el control de tu vida en todo momento!

¿A cuántas personas conoces que han dicho alguna vez “pues es que yo soy así y he sido siempre así”…?, o ¿cuántas veces has escuchado el refrán “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”?

Pero sin embargo… si nos paramos a analizar nuestra vida y nos comparamos ahora con quienes éramos hace 10 o 20 años… encontramos bastantes diferencias ¿verdad?…

Entonces… ¿Qué opciones tenemos cuando hemos de afrontar un cambio?

Pues, se me ocurren estas:

  • Resistirnos y no querer afrontarlo. Así es que, lo atacamos.
  • Aceptarlo:
    • Aparentemente: Ya que inconscientemente lo boicoteamos: llegamos tarde, se nos olvida algo importante que teníamos que hacer, nos manchamos la ropa antes de salir de casa…
    • Sufriendo: Lo acepto, con actitud de víctima.
    • Con visión positiva:
      • Reconocemos nuestros miedos y lo que nos preocupa, lo analizamos y así los afrontamos.
      • Recurrimos a nuestras fortalezas para examinar los obstáculos que puedan surgir y buscamos soluciones.
      • Tenemos en cuenta que siempre podemos aprender y progresar.

Si no nos diese tanto miedo cambiar, seguro que tendríamos mejores resultados. Pero… ¿por qué nos da tanto miedo cambiar?

El proceso del cambio va ligado a un duelo por lo que dejamos, y ahí es donde la resistencia nos empuja con más fuerza a posicionarnos en una encrucijada entre el “quiero cambiar” y “no quiero cambiar” porque ese duelo conlleva “perder algo” … (pero… también “ganar” otras cosas… aunque nuestro cerebro esto intenta mantenerlo en secreto).

Entre otras, estas son las razones que nos impiden adentrarnos en los cambios:

  • Porque no sabemos cómo manejar situaciones nuevas. Cambiar significa pasar de una realidad conocida que nos guste más o menos, la controlamos, a otra que no conocemos. Nos sentimos cómodos dentro de la incomodidad que nos pueda generar, estamos estabilizados. El contemplar la posibilidad de que este escenario cambie, nos genera inseguridad, aparece la incomodidad, el miedo, la ansiedad…
  • Nos podemos equivocar y ser criticados por los demás e incluso por nosotros mismos.
  • Inconscientemente obtengo algún beneficio por no cambiar. Huir de situaciones desagradables, huir de mis responsabilidades, o quizá puede ser que si cambio no voy a obtener tanta atención como recibo ahora… Es decir, puede suceder que, una manera de actuar que nos hace daño o que no nos hace bien, al mismo tiempo nos esté provocando un beneficio del que generalmente no somos muy conscientes, como pueden ser: protegernos de los demás, evitar el fracaso, conseguir atención extra, apoyo, comodidad…

Tener miedo es normal. Sobre todo, cuando no sabemos si esos cambios van a ser para mejor o peor. Cuando cambiamos algo… realmente sentimos que estamos perdiendo identidad. Tememos dejar de ser como somos, nuestra vida será diferente… Pero cuando ese miedo es tan intenso que te impide decidir, avanzar, y te genera tanta ansiedad que te paraliza… tenemos que pararnos y revisar nuestra autoestima, ya que esta actitud implica un sentimiento de poca estima o poca confianza en ti mismo/a.

De hecho, la manera de afrontar los cambios va a depender de cómo de sana o no, tengamos nuestra autoestima.

Cuando nos sentimos seguros y miramos hacia delante, vemos los cambios como una motivación positiva.

Cuando nos sentimos incapaces o poco valiosos, el cambio nos enfada, nos asusta…

Lo que aprendimos en nuestra infancia, también va a determinar nuestra manera de afrontar las novedades en nuestra vida.

La autoestima se forma en la infancia a partir de las vivencias, percepciones y conclusiones a las que llegábamos como niños pequeños, con las pocas o muchas herramientas que teníamos. Pero la autoestima podemos fortalecerla en cualquier momento de nuestra vida.

Fortalecer la autoestima requiere paciencia y tiempo. Es como cuidar una pequeña plantita…  cuando menos lo esperas, se ven los resultados.

¡Ve dando pasos hacia delante!

  • Toma decisiones: en lugar de estresarte y obsesionarte con la decisión ideal, plantéate que tomes la decisión que tomes será la correcta. Las personas tenemos una capacidad de adaptación extraordinaria, sea cual sea el resultado, sabrás afrontarlo, no te quepa duda… y en cualquier caso siempre puedes cambiar de opinión.  Lo importante es que empieces a asumir toda la responsabilidad de tu vida y tomes el control de la situación.
  • Vive en el aquí y ahora. Suelta ya el pasado: las malas experiencias, los traumas infantiles… Sal de eso y céntrate en quién eres ahora. Por otro lado, no dejes que el futuro te atrape tampoco. Anticipar las cosas y preocuparnos… no tiene sentido. No es real.
  • Deja de esperar que alguien venga a salvarte. Poner tu vida en manos de algo o de alguien no es buena idea. Si quieres conseguir algo… tienes que ponerte manos a la obra.
  • Acepta el fracaso y los errores como parte de la vida, sólo son un paso más hacia tus objetivos. El intentar las cosas varias veces, hasta conseguirlo, a pesar de los errores, y las caídas… esa es la clave del éxito. Entrena tu determinación más a menudo.
  • Cambia poco a poco: Tampoco quieras cambiar todo de la noche a la mañana… sin prisa, pero sin pausa. Busca información sobre la situación que tienes que vivir. No tienes por qué saber de todo. Si necesitas ayuda, pídela. Pedir ayuda no te hace poco valioso.
  • Pase lo que pase, acepta: Nadie puede adivinar o controlar 100% lo que va a ocurrir en los próximos años, ni tampoco de lo que ocurrirá en nuestro entorno. Pero sí podemos crear condiciones favorables para lograr muchas cosas. Es bueno aceptar lo que nos ocurre, no vivir bajo la negación toda la vida, aunque duela en lo más profundo. Hazte amigo del miedo.

Es importante que al afrontar un cambio, te hagas una pregunta ¿qué es lo peor que puede pasar?

Al fin y al cabo… nada es tan grave, nada es tan dramático como lo pinta tu cerebro, tu cerebro sólo está programado para protegerte y por eso como una madre recelosa “se pasa de la raya con sus advertencias”, tranquilízalo… y ¡¡adelante!!

“Se obediente. Estudia. Trabaja. Cásate. Ten hijos. Hipotécate. Mira la tele. Pide préstamos. Compra muchas cosas. Y sobre todo, no cuestiones jamás lo que te han dicho que tienes que hacer”.

    George Carlin