Artículos Ansiedad, Artículos Depresión

AGOTAMIENTO PSICOLÓGICO: DAR DEMASIADO…

Por Ángela Peco Psicología.

Para muchos… ¡los días de 24h son demasiado cortos!

Para muchos… vivir de esta manera conlleva un “no puedo más” que arrastran cada día…

Esta situación se origina porque existe un desequilibrio en sus vidas, y así lo percibe la persona, aunque no sepa expresarlo en muchas ocasiones…

El DESEQUILIBRIO aparece cuando hay falta de equilibrio entre dos dimensiones… es decir, por un lado, existe un DEMASIADO DE ALGO (decisiones, trabajo, obligaciones, interrupciones, ansiedades…) y por otro lado existe un MUY POCO DE ALGO (tiempo, horas de sueño, refuerzos, calma…).

Entrega desmesurada al trabajo, a tu familia, a problemas que surgen con los demás, a las tareas de la vida diaria… La balanza se va cargando de un lado, y en el otro, el que compensa, no se carga…

No hay tiempo para descansar o relajarse, no recibimos la atención o el cariño que necesitamos…

Las personas agotadas psicológicamente:

  • No tienen tiempo para sí mismas.
  • No reciben reconocimiento, afecto o la consideración suficiente.
  • Los demás la perciben como alguien más fuerte que el resto, como personas que pueden aguantarlo todo.

Sin embargo… cuando sólo das… cuando no tienes la sensación de recibir por lo que das… si sólo gastas y no ingresas… ¡bancarrota!

Cuando este desequilibrio se mantiene en el tiempo… el AGOTAMIENTO PSICOLÓGICO aparece debilitando nuestra mente y nuestro cuerpo.

Se trata de un proceso lento, de esos que van gota a gota… El problema viene cuando el vaso acaba rebosando por una sola gota, una situación a veces banal, sin importancia… pero que acaba por desbordarnos por completo.

Científicamente, incluso, se ha demostrado que un cerebro agotado psicológicamente, percibe la realidad de forma negativa y posiciona a la persona en un estado de sensibilidad emocional.

Quizá podáis visualizarlo mejor con este cuento, EL CUENTO DE LA RANA HERVIDA:

Si a una rana se la pone en una olla, sobre un fuego intenso, buscará saltar y escaparse, mientras que, si la ponemos en una olla en agua a temperatura ambiente, y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando se va aumentando muy despacito la intensidad del fuego, la rana quedará cada vez más aturdida y finalmente no estará en condiciones de salir de la olla

Este cuento me ha parecido la forma ilustrativa de mostraros lo que significa el AGOTAMIENTO PSICOLÓGICO… No sucede porque nos hayamos equivocado muchas veces o hayamos tenido muchas decepciones… sucede como resultado de un “cansancio no atendido”, porque has asumido “demasiados tengos que…” sin darte tiempo a percibir que todo eso… te estaba superando… te has acomodado a lo dañino…

¿Y a ti… crees que puede pasarte como a la rana del cuento?… ¿dónde está el límite de tus fuerzas?

Aunque no lo parezca… muchas personas, demasiadas… sufren esta situación de estrés. Personas que lo tienen todo en la vida… todo a su alrededor es satisfactorio, sin problemas demasiado importantes… pero que sin embargo, no pueden dormir, les cuesta decidir, su humor es apagado, les cuesta concentrarse…y esa extraña sensación de que “no me gusta la vida que llevo”… (vidas demasiado llenas de responsabilidades, necesidades, proyectos, exigencias y autoexigencias… necesidad de perfección).

Cuando tenemos poco… podemos controlarlo mejor.

Cuando es mucho lo que hemos de controlar… aparece la sensación de “falta de control” de que la situación se nos escapa de las manos.

HAY PERSONAS QUE TIENEN MÁS PAPELETAS PARA SUFRIR EL AGOTAMIENTO PSICOLÓGICO QUE OTRAS… Observa estas características y si coinciden contigo… toma nota:

  • Personas perfeccionistas: Con un alto grado de autoexigencia. Todo lo terminan haciendo ellas… eso conlleva una alta dosis de estrés.
  • Con dificultad para delegar: Suelen asumir más responsabilidades de las que les corresponden, porque “nadie como ellos lo hacen”… No confían en las capacidades de los demás.
  • Presentan una empatía extrema. Se ponen en exceso en el lugar de los demás sin establecer una distancia psicológica de protección adecuada.
  • No saben relajarse… siempre están en modo ON, con su cerebro a mil por hora…

CÓMO PUEDES DETECTAR EN TI EL AGOTAMIENTO PSICOLÓGICO…

  • Fatiga física, vivir sin energía. Te levantas por la mañana con la sensación de estar ya agotado, de no saber si vas a poder llegar “entero” a la noche…
  • Insomnio. Puede ser desde despertarte de pronto y ya no poder dormirte… o simplemente no poder conciliar el sueño… por muchas ovejas que cuentes…
  • Pérdidas de memoria. La atención y por lo tanto, la memoria, es uno de los primeros procesos que se alteran cuando estamos agotados… No es pérdida de memoria como tal, es un fenómeno que se conoce como «efecto de desinformación”, que consiste en que confundimos datos, cambiamos la información recibida o la trasmitimos de forma incorrecta, mezclamos situaciones, confundimos personas… Fallos de memoria.
  • Desmotivación. Si nos encontramos agotados, no hay fuerza ni ilusión para embarcarnos en nuevas ideas, proyectos… Aparece un sentimiento de desencanto general… un “realismo” peligroso.
  • Alteraciones del estado emocional: Alternamos estados de apatía con otros de sensibilidad excesiva, irritables, pesimistas… El nerviosismo es uno de los síntomas más característicos… interpretamos el entorno como un lugar amenazante, y vivimos a la defensiva constantemente.
  • Anhedonia… Para mí es el síntoma más incapacitante… es la INCAPACIDAD DE SENTIR PLACER, de disfrutar de las cosas, de sentir alegría, de ilusionarte… es ver la vida de color grisáceo…
  • Alteraciones físicas: Siempre os hablo de la relación CUERPO-MENTE y viceversa… El agotamiento psicológico puede desarrollar en ti consecuencias físicas tales como cefaleas, insomnio, dolor muscular, desordenes digestivos, hipertensión arterial, problemas en la piel, bajada de defensas…

Si has identificado estos síntomas en ti… páralos a tiempo, tómate tiempo y sobre todo no permitas terminar como la ranita del cuento…

TOMA ALGUNAS DE ESTAS MEDIDAS

  • Asume que ALGO TIENES QUE CAMBIAR y AFRONTA EL PROBLEMA: Analiza con calma qué es lo que te está pasando y qué crees que lo está provocando… No culpes a nadie de lo que te sucede. El poder sobre esta situación es tuyo, cuando culpas… tu poder se lo concedes a los demás.
  • A veces te sientes agotado/a porque tienes tantas cosas que hacer… que no haces, que sólo pensarlo es como una tortura que te va agotando cada día… “El peor cansancio llega por el trabajo que no realizas”. BAJA TU NIVEL DE AUTOEXIGENCIA… eso hará que tu nivel de frustración y de ansiedad baje también. Realismo, sin culpas…
  • Concédete PERMISO PARA “PARAR”… DESCANSA. Reconecta contigo mismo. Estás tan identificado/a con tus “tienes que…”, tus “deberías…” que te has olvidado de ti. Sólo tienes que buscar un momento al día para PARAR. Sí, sólo eso… Sentarte en un lugar tranquilo… al aire libre, sin ruido artificial, sin luces artificiales. Sólo para, respira… permítete SER, ESTAR PRESENTE… nada más.
  • PRIORIZA. Decía mi abuela siempre… “lo primero es antes”… ¿Qué es para ti lo primero…? Pues eso, siempre tiene que ser antes que todo lo demás. Invierte tu tiempo, tu energía en lo que de verdad te aporta, en lo que de verdad te importa.
  • PRACTICA LA COMPASIÓN… No exijas tanto a los que te rodean… y tampoco a ti mismo/a. Confía en los demás, obsérvate el tiempo que pasas al día recriminando, criticando (aunque lo hagas internamente…). Esa forma de pensar o de hablar lo que hace es añadir más estrés a tu vida.
  • REALIZA EJERCICIO FÍSICO de forma periódica: El agotamiento puede llevarte a la depresión, y una de las mejores formas de combatirlo es a través de la serotonina que vas a liberar al hacer ejercicio físico.

“Nada ha cambiado… Sólo yo he cambiado… Por lo tanto, todo ha cambiado”.

Proverbio hindú.

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HIPOCONDRÍA: ENFERMEDADES IMAGINARIAS

Por Ángela Peco Psicología.

Como alguna vez os he dicho… vivimos en el mundo de las paradojas… de los sin sentidos…

En el momento histórico en que más adelantos científicos existen, más avances médicos, más larga es la esperanza de vida de las personas… en este momento… también es cuando más está aumentando la HIPOCONDRÍA.

Te ves una pequeña mancha en un sitio que no solía estar, puede ser un cáncer de piel…

Una espinilla que no se va nunca, un tumor…

Un dolorcito en un sitio sospechoso, un principio de infarto…

¿Me está pasando algo grave?…

Personas que sienten una preocupación exagerada, miedo extremo e incluso convencimiento de que padecen una enfermedad grave, aunque no tengan ninguna prueba diagnóstica, aunque un médico, dos, diez… les hayan dicho que no tienen nada… a pesar de esto, se comportan como si tuvieran esa enfermedad grave y tuvieran que luchar contra ella. Su cabeza no para de darle vueltas sin parar…

Cualquier percepción sobre la fisiología del cuerpo se sobredimensiona: una herida, una rojez, incluso los latidos del corazón…

La hipocondría es un trastorno de ansiedad. El DSM-5 la cataloga como TRASTORNO DE ANSIEDAD POR ENFERMEDAD.

El mecanismo mental que dispara la hipocondría es la interpretación de forma catastrófica de cualquier señal corporal.

Normalmente las personas que padecen hipocondría, responden a este patrón:

– Personas que hablan continuamente de enfermedades, no sólo de las suyas, sino también de las de los demás. Sociabilizan la enfermedad. Por otro lado, las personas le responden… dándoles más información de los síntomas… y eso hace que les creen más dudas y se vean “obligados” a buscar más soluciones… de modo que cada vez sienten más malestar.

– Miran continuamente en internet o leen sobre enfermedades: Al leer sobre temas o palabras que no se entienden, aparecen más dudas… que no hacen sino generar más ansiedad aún…

– Personas que viven con mucha ansiedad y angustia cualquier malestar físico que les sucede, pareciéndoles algo insuperable.

– Personas con mucho miedo a la muerte, al dolor, al sufrimiento, a sentirse débiles…

– Viven en constante estado de alerta y controlando de manera minuciosa su cuerpo, haciéndose todo tipo de pruebas médicas para que les detecten esa enfermedad que creen tener.

– La opinión médica no les es suficiente, buscan continuamente opinión de conocidos, de familiares, de los farmacéuticos, de más médicos… eso les tranquiliza… por un tiempo… hasta que vuelven de nuevo a “enredarse” con la preocupación.

La ansiedad que sufren estas personas ante un leve síntoma es tan intensa, que esta misma ansiedad les genera alguna enfermedad o dolencia… adentrándose en un círculo (el famoso círculo del que siempre os hablo…) complicado de romper, ya que la angustia y el estrés que les genera las sensaciones refuerzan el no poder salir del mismo.

No, no quieren estar así…

No, no lo hacen por llamar la atención…

No, no se lo inventan…

La persona que sufre hipocondría lo pasa realmente mal.

Siente la enfermedad como si realmente la estuviera padeciendo.

Además ha de afrontar la incredulidad de su familia, de los médicos… de todos los que ven que “no le pasa nada”. Y además se lo dicen: “es psicológico, no hagas caso”… y esta persona se siente así… ofendida, incomprendida, dolida…

Las enfermedades psicosomáticas son reales, su origen, lo que las desencadenan es psicológico, pero los síntomas son reales.
Así una vez más… vemos lo íntimamente relacionado que está lo psicológico con lo fisiológico.

SI TE SIENTES IDENTIFICADO/A CON ESTA SITUACIÓN que he intentado describir… recuerda estas pautas:

– Aprende a detectar tus pensamientos catastrofistas sobre las sensaciones corporales que experimentas. Son reacciones a un grado elevado de estrés que se retroalimenta por esos pensamientos.

– No te va a suceder nada malo. El cuerpo está preparado para afrontar el estrés. Eres fuerte. Pasará…

– Corta de forma radical los pensamientos que te hacen no poder salir del círculo. Quítales importancia, si no lo haces pueden desencadenar un ataque de pánico… calma el cuerpo, calma el pensamiento y la emoción pasará… Si no peleas con tu miedo, ni le das atención… se irá por aburrimiento.

– Centra tu atención en el aquí y ahora… no anticipes cosas que no son verdad.

– Cuando empieces a sentirte mejor, felicítate por haberlo logrado… Analiza con calma que es lo que te ha ayudado a superarlo, esa será tu mejor arma para prevenir.

– Aunque te parezca ilógico… ponte “una cita”, un momento al día, siempre el mismo, para mirarte observarte… anota las anomalías que ves en ti y a qué se pueden deber… (Esta ténica “maniobra paradógica” o “chek up”, lo que intenta es despistar a tu cerebro): Por un lado tomarás el control tú de cuando observas y qué observas en ti… y no tu mente, que no para de hacerlo a cualquier hora, en cualquier momento… Por otro lado, descubrirás que cuanto más busques… menos encontrarás…

– Has de controlar el hecho de no parar de salir a buscar diagnósticos a diferentes especialistas… Es una práctica peligrosa…

Lo que crees… creas… si crees que tu cuerpo se va a enfermar… ¡se enfermará!… Es ley de vida estar sano, enfermarse, recuperarse. El cuerpo está preparado para todo eso. No te adelantes a nada… cuida tu cuerpo, obsérvalo, tócalo… ¡pero sin obsesiones!

SI ERES EL FAMILIAR DIRECTO DE UNA PERSONA QUE SUFRE HIPOCONDRÍA…

Sé que no es fácil tampoco para ti…

Lo mejor que puedes hacer es:

– Ayuda y acompaña a tu familiar a terapia. Anímale a que pida ayuda psicológica.

– Evita hablar constantemente del tema, ya que si le aportas información, al principio le va a tranquilizar… pero después lo va a utilizar para seguir dándole vueltas a su preocupación.

– No le apoyes en los peregrinajes médicos… Ten un médico competente como referencia, pero no más. Se firme en esto.

– Intenta no responder a sus miles de dudas del tipo: “¿Crees tú que tendré “esto”?” “¿No tendré nada grave verdad?”… La inseguridad que siente… hará que le digas, lo que le digas, nunca sea suficiente, y cada respuesta le generará una duda nueva…

“La investigación de las enfermedades ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar a alguien que esté completamente sano.”

A. L. Huxley

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TOC, TOC, TOC… TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

Por Ángela Peco Psicología.

OBSESIONES (pensamientos que invaden la conciencia, de repente, sin permiso, muchas veces…):

  • Miedo terrible a ponerte enfermo o a contaminarte o a contagiarte de algo.
  • Miedo a que les pase algo a nuestros seres queridos.
  • Ideas agresivas contra uno mismo o hacia los demás.
  • Religiosidad excesiva.
  • Necesidad de orden extrema.
  • Necesidad de confesar o decir los pensamientos “prohibidos” que se nos pasan por la cabeza.
  • Dudas continuas y necesidad de comprobar todo continuamente…

Así, es vivir con TOC… TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO.

Se trata de un trastorno de la ansiedad, que se caracteriza por presentar unos pensamientos (obsesiones) que nos asustan, que nos incomodan y que sólo hay un antídoto para ellos… llevar a cabo la compulsión que nos tranquiliza, que neutraliza ese pensamiento…

Una compulsión es una conducta que nos “vemos obligados” a hacer para “detener” el pensamiento repetitivo que nos atormenta.

COMPULSIONES (conductas improductivas, sin control, estereotipadas…)

  • Lavarse las manos de forma repetida.
  • Limpiar constantemente.
  • Asegurarnos de haber cerrado la puerta, de haber cerrado el grifo, de haber apagado la luz, de haber apagado la plancha…
  • Tocar algo determinado número de veces.
  • Contar hasta determinado número, contar escalones, baldosas, ventanas…
  • Repetir la misma palabra una y otra vez…
  • Buscar el orden: que las sillas estén colocadas en línea, que los folios de la mesa estén igualados, que los platos estén bien colocados, que el florero esté “en su sitio”… ni un centímetro menos, ni un centímetro más…
  • Rezar, hacer rituales: acostarse o levantarse de la misma manera, escribir con un bolígrafo determinado para según qué documentos, rezar una oración determinada antes de salir de viaje…

La persona que sufre este trastorno, sabe que lo que piensa es absurdo, que no tiene sentido, que está exagerando… pero la ansiedad que desarrolla es tan elevada, y el malestar tan alto… que se siente impulsada a neutralizarla mediante una conducta que se conoce con el nombre de compulsión.

Las compulsiones hacen que, la ansiedad que sientes cuando aparece la obsesión, disminuya…

Por ejemplo…

Acabo de tocar un tirador de una puerta de un lugar público… aparece el pensamiento obsesivo: está muy sucio, te vas a contaminar, hay muchos virus y bacterias, de muchas personas… Estos pensamientos empiezan a atormentar tu mente. La ansiedad se dispara a niveles muy altos. Sólo te neutraliza esa ansiedad… Lavarte las manos, una vez… y otra, y otra… porque esa conducta te relaja, neutraliza tu ansiedad…. EL PROBLEMA ES QUE A LO LARGO DEL DÍA HAY MUCHOS TIRADORES QUE TOCAR, MUCHOS BOTONES QUE APRETAR, MUCHAS PUERTAS… La persona con TOC experimenta esas sensaciones y lleva a cabo esas conductas en todas y cada una de esas situaciones…

Todos tenemos manías, obsesiones… seguro que sin tener un TOC te sientes identificado con alguna…

Pero una persona que sufre este trastorno tiene estas compulsiones de manera recurrente y, además, el hecho de llevarlas a cabo le ocasiona pérdidas de tiempo muy significativas (más de 1 hora cada día…). Todo esto unido a que a nivel social y personal su vida se complica…

Además, el hecho de realizar la compulsión… acto seguido de reducir la ansiedad generada por la obsesión… puede producir más ansiedad de nuevo… ya que la persona es consciente de lo “absurdo” de lo que le está pasando, y la indefensión de no poder controlarlo… La falta de libertad… porque no pueden elegir no hacerlo…

De modo que una persona que sufre TOC, presenta síntomas muy fuertes de ansiedad, y problemas muy grandes de control de los propios impulsos.

Las obsesiones y las compulsiones toman el control de la vida de la persona… vive en un círculo (el círculo que está presente en la mayoría de las patologías… y que las mantiene…): Obsesión-Compulsión. Obsesión-Compulsión… y a veces por el miedo y para prevenir la obsesión, no paro de hacer la compulsión…

– Limpiar sin parar. Librarse de cualquier tipo de suciedad, en el cuerpo, en el hogar…

– Necesidad de ordenar…

– Acumular, guardar…

– Comprobar muchas veces… varias veces al día…

¿QUÉ CREES QUE HARÁ ENTONCES UNA PERSONA CON TOC… ANTE ESTA SITUACIÓN DE LA QUE NO VE ESCAPATORIA…?

La persona intentará evitar por todos los medios afrontar esas situaciones que o bien, no le permiten realizar la compulsión o bien evitará aquellas situaciones que le exponen a la obsesión. Esto significa:

  • No salir de casa.
  • Si salen, es a distancias cortas.
  • Grupos muy reducidos de amigos.
  • Poca vida social.

Las personas que viven con un TOC… se van aislando poco a poco… se avergüenzan de lo que les pasa, tienden a ocultarlo… quieren cambiarlo, pero no pueden. Sienten frustración… Miedo a la locura…

Saben que están exagerando… Saben que es irracional… pero su ansiedad y el miedo que sienten es más potente. Y son estas dos emociones las que le llevan a seguir en un bucle que no pueden romper.

PARA DEBILITAR AL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO…

  • Atacar las Distorsiones Cognitivas: Abrir los ojos a lo irreal de la realidad que mantiene esas obsesiones mediante terapia cognitivo conductual.
  • Actividad física. Canalizar la ansiedad mediante deporte.
  • Practicar la atención plena. Meditar. Mindfulness…
  • Focalizar tu atención en la felicidad…
  • Aceptar que sufres ese trastorno, saber que está ahí y que te acompaña. No lo niegues… identifícalo… y pasa a otra cosa.
  • Busca apoyo… no eres el único al que le pasa…

 

“Si la verdad contradice creencias profundamente arraigadas…, algo está mal”

Eysenk

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ASÍ FUNCIONA MI CEREBRO… CUANDO TENGO ANSIEDAD

Por Ángela Peco Psicología.

Voy a empezar aclarando dos términos que podemos llegar a confundir en un momento dado: ANSIEDAD y ESTRÉS…

En el ESTRÉS se produce un proceso de activación fisiológica que está respondiendo a factores externos: presión en el trabajo, problemas familiares… Y nos damos cuenta de que no tenemos los recursos suficientes para abordarlos bien: nos falta tiempo, dinero, habilidades…

La ANSIEDAD es algo más complejo… Puede desencadenarse como efecto del estrés. Se trata de un estado interno, algo que se repite una y otra vez, en diferentes momentos. Una respuesta fisiológica que nos prepara para escapar o luchar ante algo que nuestro cerebro detecta como amenaza (sea real o no…)

Para un cerebro en modo “ansiedad” todo es una amenaza. Vivir con ansiedad… es como vivir defendiéndonos del mundo de forma continua…

Ante esta situación… Si nuestro cerebro nos envía continuamente señales de alarma… nosotros lo que vamos a hacer es llevar a cabo las acciones oportunas en función de lo que nuestro cerebro nos está diciendo…

¡¡Y es justo ahí donde está el error!!

Pero no nos conformamos con pararnos ahí… nuestro cerebro se encuentra tan activo… que nos ponemos a  hacer más cosas:

  • Imaginamos todo lo “que puede” pasar…
  • Construimos diferentes versiones de la realidad en nuestra mente… como si fuesen diferentes guiones de una película (eso sí… todos trágicos).
  • Incluso si algo ya ha pasado… lo que también hacemos es analizar diferentes lecturas de lo que ha ocurrido… (cuando me ha dicho tal cosa, quizá lo ha dicho por esto, o por esto otro… se habrá dado cuenta de que… lo mismo ha pensado que soy…)

A este tipo de actividad de nuestros pensamientos la conocemos con el nombre de PROCESOS COGNITIVOS… y dentro de estos procesos, el que es más significativo de todos a la hora de explicar el proceso de la ansiedad, es el de los PENSAMIENTOS ANTICIPATORIOS (los pensamientos que anticipan lo que va a pasar… aunque no tengamos ni idea…).

Y como la función de nuestro cerebro (o una de las más importantes) es protegernos… pues lo que hace es movilizarnos ante situaciones que “no controlamos” avisándonos de que pueden ser posibles “amenazas”, y por eso se activa la ansiedad antes de que se materialice realmente el peligro… para “salvarnos” de él.

Es decir, es como si nuestro cerebro (la amígdala en concreto…, ahora después hablaremos de ella) en base a nuestra experiencia vital (almacenada en el hipocampo, del que también hablaremos ahora), y a otros parámetros, evaluara una situación como potencialmente peligrosa y anticipara las consecuencias.

¡Y todo esto lo hace en microsegundos!

No somos conscientes de lo que está pasando por nuestro cerebro… como mucho tenemos… esa extraña sensación…

Y a partir de esa evaluación de lo que sucede, nuestro cerebro nos puede emitir varios mensajes… :  “Todo controlado. No pasa nada”. O bien… “¡ALERTA!! Peligro… cuidado…”

Y es con esta última opción… cuando nuestro pensamiento activa fisiológicamente a la emoción.

Tan sólo la imaginación puede llegar a generarnos: Excitación, náuseas e incluso salivación… (imagina un limón, imagina cómo lo cortas por la mitad, imagina como ese limón jugoso y grande, amarillo y fresco suelta un ácido zumo que salpica cuando lo cortas, siente su aroma y su sabor… ¿qué te acaba de pasar? ¿has generado saliva…?)

Pues con la ansiedad pasa lo mismo… Si mentalmente anticipamos un daño, un perjuicio, esos pensamientos activan los pulmones, el corazón, el estómago… y se ponen a funcionar como si de una emergencia se tratara…

Pero la ANSIEDAD no se apoya solo en este proceso cognitivo de anticipación… también utiliza otro proceso que se conoce con el nombre de RUMIACIÓN, y que se basa en la “fijación mental” de los pensamientos o en un pasado que pudo ser doloroso o traumático o en la invención de un futuro imaginario que imaginamos que será negativo.

A través de la rumiación de estos pensamientos vamos creando conexiones neuronales que nos “anclan” al sufrimiento.

Cada pensamiento es una orden que le damos a nuestro cerebro. Ante cada pensamiento… nuestro cerebro responde poniendo en marcha nuestro organismo y nuestra conducta.

Cuando nuestros pensamientos están enfocados de forma compulsiva en ese pasado terrorífico o ese futuro negativo… ¿nuestro cerebro qué interpreta? Que es ahí donde queremos estar.

Entonces en nuestro cerebro se crean una serie de circuitos neuronales cerrados, que hacen que nuestra atención entre en una especie de bucle.

Es decir… NUESTROS PENSAMIENTOS “SECUESTRAN” NUESTRA ATENCIÓN. Así es como generamos los traumas, las depresiones, la ansiedad…

Si perdemos el control sobre nuestra atención, entonces nuestra voluntad y nuestra capacidad de elegir estarán también en peligro.

Pero… A NUESTRO FAVOR… tengo que decir que la ATENCIÓN es un ACTO DE VOLUNTAD.

Esto significa que la atención puede entrenarse, educarse…

Al enfocar nuestra atención conscientemente en lo que realmente queremos, hace que podamos generar nuevas conexiones neuronales: ¡NEUROGÉNESIS!!

¿Pero… si es tan sencillo… porqué las personas con ansiedad y o depresión no pueden salir de esa dinámica de pensamientos negativos que tanto daño les hacen?

Pues la respuesta es… porque han perdido su habilidad para controlar su atención.

Así es que… Si, ¡¡puedes empezar cuando quieras a entrenarla!! De esa forma ¡puedes empezar a cambiar, modificar incluso eliminar las rutas neuronales que se relacionan con tu ansiedad o tus estados de depresión!

  • Practica a enfocar y dirigir tu atención hacia aspectos positivos.
  • Gestiona tu reactividad hacia lo que sucede… es decir… no saltes a la primera de cambio… ¡PARA!… y después decide cómo reaccionar…
  • Reflexionar está bien… pero sin pasarse… La introspección obsesiva es la antesala de la ansiedad y la depresión. No le des mil vueltas a lo mismo…

Y ya para terminar… otro ingrediente fundamental en la ansiedad… es el MIEDO. Un miedo a todo y nada, miedo difuso, sin una causa clara…

¿También tiene nuestro cerebro algo que ver con esto?

Pues sí…  ya os he comentado antes que había dos partes del cerebro muy relacionadas con la respuesta de la ansiedad, muy relacionada a su vez con el miedo…

En nuestro cerebro se encuentra la AMÍGDALA y el HIPOCAMPO.

La AMÍGDALA, es una pequeña estructura con forma de almendra (han encontrado que su tamaño es mayor, hiperdesarrollado, en las personas con ansiedad) que se encuentra en la parte más profunda de nuestro cerebro.

Se encarga de avisar al resto del cerebro de posibles amenazas y de activar la respuesta de miedo o ansiedad… Es como si este pequeño centro fuese el cuartel general de las neuronas del miedo, que se encargan de responder a estímulos externos con el mensaje de “cuidado” “por si acaso” … El hecho de optar por el miedo… es lo que nos ha protegido como especie…

El HIPOCAMPO una estructura que se vincula sobre todo a la memoria emocional (han encontrado que su tamaño es menor, atrofiado, en las personas ansiosas). Una de las memorias más potentes.

Entre otras cosas, se encarga de almacenar las “cosas peligrosas” o “que nos han hecho daño” … en forma de recuerdos (si de pequeño metiste los dedos en un enchufe, lo almacena… si sonaban las llaves cuando tu padre llegaba y eso significaba problemas, lo almacena…)

Es una de las estructuras cerebrales que más sufre con la ansiedad… ya que según estudios recientes en este lugar se encuentran las neuronas responsables de la ansiedad y que (al menos en roedores…) han conseguido desactivar con rayos de luz… o activarlas de la misma manera… (aunque aún hay mucho que estudiar a este respecto… sin duda es una línea de investigación que puede ser clave).

La activación de ambas estructuras provoca que se genere un cóctel temible: El cortisol, la adrenalina y la norepinefrina son el cóctel de la ansiedad. Nos ponen en alerta y a la defensiva.

 Para simplificarlo un poquito, sería algo así:

  • La amígdala y el hipocampo identifican el peligro.
  • Los neurotransmisores nos impulsan a la acción.
  • Nuestros órganos aceleran sus funciones: corazón, pulmones…

Si la amenaza es real… todo va bien. Cuando se pasa…, nuestro cerebro racional desactiva la amenaza, y ya está.

Si la amenaza no es real… y ese estado de activación no para… entonces, aparecen los problemas…

¿PERO CÓMO PODEMOS CONTROLAR ESTOS ESTADOS?

  • No intentes convencer a tu cerebro con razonamientos del tipo «me tengo que calmar», «tranquila»… es más efectivo que convenzas PRIMERO a tu cuerpo de que no hay peligro por el que alarmarse. Tu cerebro es muy “terco”… así es que mejor comienza por lo físico, lo corporal: relajación, respiración profunda… si paras el cuerpo, si lo relajas… el cerebro se parará también a continuación porque interpretará que no hay nada que nos amenace.
  • Cambia tus hábitos, tus rutinas…: sal a pasear, disfruta de actividades de ocio, de arte, de música, apúntate a Yoga… Es importante que cambies la percepción de alarma en tu cerebro.
  • Haz deporte. Sé que suena a tópico… pero es indudable que mover el corazón llevando a cabo un ejercicio moderado y adecuado a ti, te generaría mejoras indudables en tu estado de ánimo.
  • Practica el Mindfulness o atención plena… ahora que está tan de moda. Te ayudará a reeducar tu atención y por lo tanto a crear vías neuronales alternativas a las que activan tu ansiedad.

 

“Responde; no reacciones. Escucha; no hables. Piensa; no asumas”…

Raji Lukkoor

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CUANDO TE LO PIENSAS… ¡DEMASIADO!

Por Ángela Peco Psicología.

​Sí… es cierto
que ser impulsivo puede traerte problemas a la hora de tomar una decisión
adecuada.

Sin embargo, algunas personas, debido a que
reflexionan demasiado… pueden llegar a NO ACTUAR…

elegir

Tan malo es lo uno como lo otro.

Siempre los extremos haciendo de las suyas.

Ya os he comentado en algún otro post anterior, la
importancia que tiene que seamos ágiles a la hora de decidir en nuestro día a
día.

Decidimos continuamente, pero a veces nos
encontramos en una situación donde hacerlo es fuente de gran ansiedad que no
sabemos gestionar muy adecuadamente.

Una forma muy curiosa de EVADIRNOS de la
responsabilidad de decidir… es la de ANALIZAR DE FORMA MINUCIOSA cada una de
las consecuencias negativas que tendría el hecho de equivocarnos en la decisión
a tomar… así es como en lugar de actuar… nuestro cerebro nos “engaña” una vez
más… nos hace creer que estamos haciendo algo cuando imaginamos todos los
escenarios posibles que podrían darse si tomásemos una u otra decisión… sin
embargo… así podemos pasarnos días, meses… sólo analizando, sin actuar…

En psicología a este fenómeno lo conocemos como “PARÁLISIS POR ANÁLISIS”.

Podría decirse que se da cuando en el Proceso de
Toma de Decisiones, la persona se queda “estancada” en la fase de análisis
previo del problema, sin llegar nunca a darse la fase de acción porque siempre
estamos buscando la opción “perfecta”.

Se trata de una paradoja
que aparece cuando tenemos demasiada información sobre algo.

Nos paralizamos porque nuestro cerebro se fatiga ante tantas opciones y tiende a recorrer
caminos “en círculo”.

Algunos ejemplos…

“Quieres montar una empresa, pero nunca das el paso
porque analizas cada riesgo, cada consecuencia de según qué opción elijas…
finalmente siempre tienes que analizar algo mejor antes de decidirte…”

“Quieres pedirle algo a tu pareja, pero no te
atreves y mentalmente te planteas el si se lo dices de una u otra forma,
analizando las consecuencias según tu manera de plantearle la situación, y
según la respuesta que él o ella te ofrezca…”

Esta situación de continua duda… nos lleva a la NO
ACCIÓN.

Piensas tanto las cosas… que finalmente haces que
nunca sucedan…

Esto se conoce con el nombre de COSTE OPORTUNIDAD:
Al estar dudando continuamente, y cambiando de opinión de manera constante, una
persona aborda su vida de una manera poco eficaz…

En otras palabras: nos “cuesta” más el hecho de
quedarnos parados que lo que nos hubiese “costado” haber tomando una decisión,
aunque no hubiese sido la perfecta…

Muchas personas viven continuamente en esta
situación, perdiendo grandes oportunidades y asumiendo costes importantes tanto
emocionales como económicos… todo por no dar el paso.

Cuando barajamos
demasiadas opciones
terminamos por no centrarnos en ninguna… Y esta
situación puede afectar a muchas áreas de nuestra vida: A la pareja, a los
estudios, a lo laboral…

En cualquier ámbito de nuestra vida contamos con montones de opciones a la hora de tomar
una decisión: Montones de tiendas de ropa con montones de modelos de
pantalones, montones de opciones para conocer a la persona ideal, montones de
gimnasios a los que apuntarte, montones de opciones de actividades
extraescolares a las que apuntar a los niños, montones de lugares a los que ir
de vacaciones, montones de cursos que poder hacer…

Esta situación… que podríamos decir que “nos ofrece
mayor libertad” porque tenemos la posibilidad de “elegir” lo que más nos
apetezca… sin embargo, hace que nuestro cerebro necesite movilizar más recursos
cognitivos y debilita nuestro proceso de toma de decisiones, porque no “ponemos
FOCO” en nada concreto…

Vivimos en un estado casi constante de insatisfacción, y más cuantas más
alternativas existan.

¿Pero por qué…?

Porque al tener tantas alternativas dando vueltas en
nuestra mente, en el momento de elegir, nos centramos, sobre todo, NO EN LO QUE
SÍ ELEGIMOS…, sino en… TODO LO QUE PERDEMOS por haber elegido eso… entre tantas
posibilidades.

Este proceso se acentúa cuando vivimos con:

  • Miedo a equivocarnos. Si nos diéramos cuenta de que nunca hay certeza de
    nada… ese miedo al error es lo que nos paraliza y, por tanto, lo que nos lleva
    al error.
  • Tendencia al perfeccionismo. Nada es suficientemente bueno, ni perfecto como
    para abandonar tu zona de comodidad…
  • Excusas para explicar por qué no tomas la decisión…

COMO SIEMPRE… DARTE CUENTA DE QUE ESTÁS EN LAS REDES
MENTALES ES LA CLAVE PARA AVANZAR

¿Cómo salir de ese círculo vicioso?

  • Ponte fecha de caducidad y respétala. Márcate un tiempo para tomar la
    decisión.
  • Ve paso a paso… márcate pequeñas metas
    para quitarte la sensación de vértigo. Podrás ir moviéndote despacio, pero al
    fin… ¡moviéndote! Una decisión grande siempre son muchas decisiones pequeñas.
  • El momento ideal es… ahora. Decide en base a tus principios, a tus valores…
  • Reduce el número
    de opciones que barajas, ya verás cómo te será mucho más fácil jugando al descarte.
  • Nunca vas a poder controlar todos los detalles. Busca la perfección en lo que ES. La vida es
    continuo cambio, movimiento, lo único que es seguro… es la no vida… la muerte.

“Lo perfecto es enemigo de lo bueno”

                                                                              
Voltaire.

Artículos Ansiedad

AUTOSABOTAJE… MIEDO A LOS CAMBIOS

¿TIENES MIEDO AL CAMBIO?

Por Ángela Peco Psicología.

Cambiar es una de las cosas que más nos cuesta a nivel personal y profesional. Nos aterra cambiar… y nuestro cerebro, que de buscarse las mañas para protegernos sabe un montón, aprovecha para sacar sus artes: la pereza, resignación, autoengaño… y si le hacemos caso… nos quedamos ahí, anclados en nuestra zona de confort (que a veces de “confort” tiene solo el nombre).

Cambiar significa modificar nuestra conducta o nuestra forma de pensar ante una determinada situación, que también puede ser nueva… o no.

Cambiar es sano y, además, es algo inevitable.

niño caminos

Siempre estamos cambiando, aunque no lo quieras. Hay personas que se pasan la vida huyendo de los cambios sin saber que son los cambios los que los nos acaban encontrando tarde o temprano.

Mira estos datos: El 1% de nuestras células se renueva cada día y cada 10 años lo hacen todas las células de nuestro esqueleto.

Además, a lo largo de la vida… perdemos a nuestros seres queridos, te casas, te divorcias, te enfermas, te toca la lotería, cambias de trabajo, de casa… al final, aunque quieras huir… los cambios nos alcanzan. Por eso lo mejor que podemos hacer es tener una actitud abierta para hacerles frente, y por lo tanto hacer frente a la vida.

El miedo es uno de los principales enemigos de la felicidad… cuando hacemos caso a todos nuestros miedos, al final vivimos una vida que no está mal… pero que generalmente no nos satisface por completo.

Tener miedo a los cambios es algo que todos hemos podido experimentar varias veces a lo largo de nuestra vida, pero que no por eso, tenemos que permitir que la dirija. Ten presente siempre una idea: ¡Tú puedes tener el control de tu vida en todo momento!

¿A cuántas personas conoces que han dicho alguna vez “pues es que yo soy así y he sido siempre así”…?, o ¿cuántas veces has escuchado el refrán “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”?

Pero sin embargo… si nos paramos a analizar nuestra vida y nos comparamos ahora con quienes éramos hace 10 o 20 años… encontramos bastantes diferencias ¿verdad?…

Entonces… ¿Qué opciones tenemos cuando hemos de afrontar un cambio?

Pues, se me ocurren estas:

  • Resistirnos y no querer afrontarlo. Así es que, lo atacamos.
  • Aceptarlo:
    • Aparentemente: Ya que inconscientemente lo boicoteamos: llegamos tarde, se nos olvida algo importante que teníamos que hacer, nos manchamos la ropa antes de salir de casa…
    • Sufriendo: Lo acepto, con actitud de víctima.
    • Con visión positiva:
      • Reconocemos nuestros miedos y lo que nos preocupa, lo analizamos y así los afrontamos.
      • Recurrimos a nuestras fortalezas para examinar los obstáculos que puedan surgir y buscamos soluciones.
      • Tenemos en cuenta que siempre podemos aprender y progresar.

Si no nos diese tanto miedo cambiar, seguro que tendríamos mejores resultados. Pero… ¿por qué nos da tanto miedo cambiar?

El proceso del cambio va ligado a un duelo por lo que dejamos, y ahí es donde la resistencia nos empuja con más fuerza a posicionarnos en una encrucijada entre el “quiero cambiar” y “no quiero cambiar” porque ese duelo conlleva “perder algo” … (pero… también “ganar” otras cosas… aunque nuestro cerebro esto intenta mantenerlo en secreto).

Entre otras, estas son las razones que nos impiden adentrarnos en los cambios:

  • Porque no sabemos cómo manejar situaciones nuevas. Cambiar significa pasar de una realidad conocida que nos guste más o menos, la controlamos, a otra que no conocemos. Nos sentimos cómodos dentro de la incomodidad que nos pueda generar, estamos estabilizados. El contemplar la posibilidad de que este escenario cambie, nos genera inseguridad, aparece la incomodidad, el miedo, la ansiedad…
  • Nos podemos equivocar y ser criticados por los demás e incluso por nosotros mismos.
  • Inconscientemente obtengo algún beneficio por no cambiar. Huir de situaciones desagradables, huir de mis responsabilidades, o quizá puede ser que si cambio no voy a obtener tanta atención como recibo ahora… Es decir, puede suceder que, una manera de actuar que nos hace daño o que no nos hace bien, al mismo tiempo nos esté provocando un beneficio del que generalmente no somos muy conscientes, como pueden ser: protegernos de los demás, evitar el fracaso, conseguir atención extra, apoyo, comodidad…

Tener miedo es normal. Sobre todo, cuando no sabemos si esos cambios van a ser para mejor o peor. Cuando cambiamos algo… realmente sentimos que estamos perdiendo identidad. Tememos dejar de ser como somos, nuestra vida será diferente… Pero cuando ese miedo es tan intenso que te impide decidir, avanzar, y te genera tanta ansiedad que te paraliza… tenemos que pararnos y revisar nuestra autoestima, ya que esta actitud implica un sentimiento de poca estima o poca confianza en ti mismo/a.

De hecho, la manera de afrontar los cambios va a depender de cómo de sana o no, tengamos nuestra autoestima.

Cuando nos sentimos seguros y miramos hacia delante, vemos los cambios como una motivación positiva.

Cuando nos sentimos incapaces o poco valiosos, el cambio nos enfada, nos asusta…

Lo que aprendimos en nuestra infancia, también va a determinar nuestra manera de afrontar las novedades en nuestra vida.

La autoestima se forma en la infancia a partir de las vivencias, percepciones y conclusiones a las que llegábamos como niños pequeños, con las pocas o muchas herramientas que teníamos. Pero la autoestima podemos fortalecerla en cualquier momento de nuestra vida.

Fortalecer la autoestima requiere paciencia y tiempo. Es como cuidar una pequeña plantita…  cuando menos lo esperas, se ven los resultados.

¡Ve dando pasos hacia delante!

  • Toma decisiones: en lugar de estresarte y obsesionarte con la decisión ideal, plantéate que tomes la decisión que tomes será la correcta. Las personas tenemos una capacidad de adaptación extraordinaria, sea cual sea el resultado, sabrás afrontarlo, no te quepa duda… y en cualquier caso siempre puedes cambiar de opinión.  Lo importante es que empieces a asumir toda la responsabilidad de tu vida y tomes el control de la situación.
  • Vive en el aquí y ahora. Suelta ya el pasado: las malas experiencias, los traumas infantiles… Sal de eso y céntrate en quién eres ahora. Por otro lado, no dejes que el futuro te atrape tampoco. Anticipar las cosas y preocuparnos… no tiene sentido. No es real.
  • Deja de esperar que alguien venga a salvarte. Poner tu vida en manos de algo o de alguien no es buena idea. Si quieres conseguir algo… tienes que ponerte manos a la obra.
  • Acepta el fracaso y los errores como parte de la vida, sólo son un paso más hacia tus objetivos. El intentar las cosas varias veces, hasta conseguirlo, a pesar de los errores, y las caídas… esa es la clave del éxito. Entrena tu determinación más a menudo.
  • Cambia poco a poco: Tampoco quieras cambiar todo de la noche a la mañana… sin prisa, pero sin pausa. Busca información sobre la situación que tienes que vivir. No tienes por qué saber de todo. Si necesitas ayuda, pídela. Pedir ayuda no te hace poco valioso.
  • Pase lo que pase, acepta: Nadie puede adivinar o controlar 100% lo que va a ocurrir en los próximos años, ni tampoco de lo que ocurrirá en nuestro entorno. Pero sí podemos crear condiciones favorables para lograr muchas cosas. Es bueno aceptar lo que nos ocurre, no vivir bajo la negación toda la vida, aunque duela en lo más profundo. Hazte amigo del miedo.

Es importante que al afrontar un cambio, te hagas una pregunta ¿qué es lo peor que puede pasar?

Al fin y al cabo… nada es tan grave, nada es tan dramático como lo pinta tu cerebro, tu cerebro sólo está programado para protegerte y por eso como una madre recelosa “se pasa de la raya con sus advertencias”, tranquilízalo… y ¡¡adelante!!

“Se obediente. Estudia. Trabaja. Cásate. Ten hijos. Hipotécate. Mira la tele. Pide préstamos. Compra muchas cosas. Y sobre todo, no cuestiones jamás lo que te han dicho que tienes que hacer”.

    George Carlin

Artículos Ansiedad

LA ANSIEDAD QUE VIVE EN MI…

Por Ángela Peco Psicología.

Sobre 10 millones de personas padecen trastornos de ansiedad en España, 340 millones de personas la padecen en todo el mundo…

miedo lobo

No paras de mover las piernas en la silla, de tocarte el pelo porque te pica la cabeza, de rascarte esa heridita o comerte las uñas… paseos hacia la cocina para abrir el frigorífico… y siempre esa sensación de ahogo que te hace suspirar, suspiros que te alivian… un rato… Hasta aquí… todo dentro de lo controlable… pero ¿y cuando no para aquí?…

¿Y cuando sientes que tu corazón va muy deprisa… demasiado…? Cuando no crees que puedes aceptar ese trabajo fuera de tu ciudad porque te da miedo lo desconocido, cuando pensar que mañana tienes que ir a dar clase a tus alumnos te provoca mareos, sequedad de boca, tos nerviosa… cuando un sudor frío te recorre el cuerpo sólo con escuchar la voz de la persona con la que tienes algo pendiente…

Para las personas que sufren un trastorno de ansiedad, su vida, y la vida de las personas que les acompañan es, sin duda, más complicada que la vida del resto.

Su realidad está hecha de pensamientos negativos constantes, síntomas físicos que no se van nunca, miedos sin sentido que les limitan… y a veces incluso, ataques de pánico.

Tú, como familiar, amigo… sólo quieres  ayudar a esta persona, pero antes… quédate con estas pinceladas que espero te puedan orientar:

  • El decirles “Cálmate, o tranquilízate”… es contraproducente, puede generar el efecto contrario, es decir, que se alteren mucho más. Si ellos pudiesen calmarse, seguro que lo harían. Pero no es algo que elijan, ni que controlen. La mejor opción es la compañía y ofrecerles apoyo y comprensión.
  • Un ataque de pánico puede surgir cuando menos lo espera nadie, ni uno mismo. Una presión en el pecho… y un pensamiento que es incontrolable puede convertir un día normal en  algo terrorífico. Otras veces, es la respuesta a un miedo por no querer afrontar una situación que les produce estrés o ansiedad. Lo peor de todo esto… es que la persona sabe que lo que piensa y siente “no es normal”, pero a pesar de esto, para ella es “incontrolable”. Además aparece otro miedo… el miedo a “volverse loco”.
  • La ansiedad no sólo es mental… La mente tiene un efecto tan poderoso sobre el resto del ser, que afecta también a lo físico. Muchas personas que padecen ansiedad pueden desarrollar síntomas derivados de la misma como: Síndrome del intestino irritable, erupciones cutáneas, soriasis, urticarias, mareos, boca seca, síndromes gastrointestinales…
  • Los miedos se vuelven enormes monstruos, amenazas vitales. Miedo a subir a un autobús o un ascensor, a quedarte en un lugar abierto muy grande, miedo a pasar a la oficina del paro porque hay demasiada gente… Una persona con ansiedad vive diariamente con miedo. Para ayudar a la persona que vive en esta pesadilla diaria… lo mejor no es ayudarla a que evite estas situaciones, sino acompañarla a que las afronte poco a poco, a mini-dosis e ir retirando tu apoyo de forma paulatina, hasta que, sola, sea capaz de lograrlo. Escapar o evitar, sólo va a acentuar más los miedos. La ayuda profesional es clave para este punto.
  • Grandes preocupaciones por pequeñas cosas… Su cabeza no para… de buscar opciones diferentes, de interpretar comentarios de conocidos… pero siempre con ese tinte grisáceo de la susceptibilidad. Montones de pensamientos que se convierten en preocupaciones imparables, que dan lugar a  emociones que se disparan, que originas sufrimiento real y que llevan a  la conducta de la persona a buscar formas de escapar de esos pensamientos. Un círculo vicioso, del que no saben cómo salir.
  • El cerebro de una persona en estado de ansiedad, no detecta bromas. Está en modo supervivencia. En algunas ocasiones pacientes con ansiedad, sufren crisis incontrolables por ”pequeñas bromas” o comentarios que se hacen “sin conciencia” de a quien se le están haciendo… por ejemplo , acuden a urgencias preocupados por creer estar sufriendo una grave enfermedad, y el sanitario les dice “sí, por esto te vas a morir”… créeme, su cerebro en ese momento no interpreta la broma… interpreta el mensaje… Por favor, que el cansancio a la hora de tratar con estas personas no nos lleve a las burlas o la falta de respeto y la falta de comprensión. No elijen actuar como lo hacen.
  • Vivir con miedo al miedo. Incluso cuando el estado es de “control”, la persona con ansiedad vive con miedo a que vuelva a ocurrirle una situación de ansiedad incontrolable. Anticipándose a los acontecimientos… sin ser conscientes de que esa preocupación continua, es lo que llama a la ansiedad.
  • La medicación, la gran aliada… Sus vidas están unidas a la medicación. El conocimiento del ciclo del miedo y del pánico, haría que se redujera mucho la población que palía los síntomas de la ansiedad con medicación.

Mi mensaje para ti, hoy… CALMA…TODO PASA…

Y mientras tanto, ACCIÓN…  Practicar y aprender a darle significados más amplios a lo que percibes. Buscar ayuda puede marcar la diferencia y orientarnos a interpretar los signos conductuales que disparan nuestro pensamiento… y que tanto sufrimiento nos ocasionan.

“La ansiedad, es la mente, yendo más deprisa que la vida”

Anónimo