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EL PODER DEL PERDÓN
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EL PODER DEL PERDÓN

EL PODER DEL PERDÓN

Por Ángela Peco Psicología.

En la compleja danza de la vida, nos encontramos constantemente con emociones que moldean nuestras experiencias y relaciones… momentos en los que nos sentimos héroes y otros en los que somos el peor de los villanos… así de moldeables podemos llegar a ser, cuando nos fiamos cien por cien de la loca danza de nuestras emociones.

El perdón, el miedo y la culpa son tres compañeros de viaje que afectan profundamente nuestra psique y nuestras interacciones con los demás.

En este artículo, quiero que explores conmigo los mecanismos de acción de estos conceptos y cómo se entrelazan en la experiencia humana cotidiana, junto con consejos para manejarlos de manera saludable.

¡Vamos allá!

El Perdón: Liberando el Alma

El perdón es un acto de liberación emocional, un regalo que nos damos a nosotros mismos.

Cuando perdonamos, no necesariamente estamos absolviendo a alguien más de responsabilidad, sino que estamos liberando el peso emocional que llevamos dentro. Eso es mucho.

Estudios científicos han demostrado que practicar el perdón reduce el estrés, la ansiedad y la depresión, promoviendo así una mejor salud mental y física. Seguro que has podido experimentar esto en alguna ocasión.

El perdón nos permite soltar el resentimiento y el rencor que hemos acumulado, abriendo espacio para la compasión y la aceptación. Al liberarnos de la carga del pasado, podemos avanzar con mayor ligereza y claridad en nuestras vidas.

Tips para Practicar el Perdón:

  • Cultiva la comprensión: Trata de entender la perspectiva de la otra persona y las circunstancias que podrían haber llevado a sus acciones. Ponte en sus zapatos.
  • Reconoce tu propio sufrimiento: Reconoce el impacto emocional que el resentimiento y la ira tienen en tu vida y busca liberarte de esa carga. Seguro que mantener tu actitud de rencor te complica la vida… obsérvalo.
  • Permítete sentir: Reconoce y valida tus emociones, pero no permitas que te consuman. Permítete sentir y luego suelta el dolor. No ocultes nada… pero no te aferres a nada.
  • Practica la empatía y la compasión: Trata a los demás con compasión y entiende que todos cometemos errores. Los demás son un reflejo de ti mismo (que difícil es entender esto, pero que liberador a la vez).
  • Haz las paces contigo mismo: Perdónate a ti mismo por tus propios errores y fallas. Aprende de ellos y sigue adelante con compasión y autocompasión. No somos infalibles… y eso está bien.

 

El Miedo: El Guardián de la Supervivencia

El miedo es una emoción primaria que tiene el propósito de protegernos del peligro.

En su forma más básica, el miedo nos alerta de posibles amenazas y activa respuesta de lucha, huida o congelamiento.

Sin embargo, cuando el miedo se vuelve crónico o desproporcionado, puede limitar nuestra capacidad para vivir plenamente.

La culpa, por otro lado, puede ser un desencadenante potente de miedo. Lee de nuevo esta frase. Piénsalo…

El miedo a ser juzgados o rechazados por nuestros errores puede llevarnos a esconder la verdad o a evitar enfrentar las consecuencias de nuestras acciones.

Tips para Afrontar el Miedo:

  • Practica la aceptación: Acepta que el miedo es una emoción natural y válida, pero no permitas que te paralice. Siente la emoción sin dejar de hacer lo que tienes que hacer.
  • Desafía tus pensamientos: Cuestiona tus pensamientos irracionales y encuentra pruebas que los desmientan. El miedo nos distorsiona la realidad.
  • Enfrenta tus miedos gradualmente: Toma pequeños pasos para enfrentar tus miedos y aumenta gradualmente tu exposición a ellos. Verás poco a poco que… no pasa nada.
  • Practica la relajación: Utiliza técnicas de relajación como la respiración profunda, la meditación o el yoga para reducir la ansiedad y el estrés.
  • Busca apoyo: No tengas miedo de pedir ayuda a amigos, familiares o profesionales de la salud mental si sientes que el miedo está afectando tu vida de manera significativa, que te paraliza, que dificulta tus relaciones personales y familiares…

La Culpa: El Peso del Remordimiento

La culpa es una emoción poderosa que surge cuando percibimos haber causado daño a otros o a nosotros mismos.

Aunque puede ser una señal importante de nuestra conciencia moral, la culpa en exceso puede convertirse en un obstáculo para el crecimiento personal y la autoaceptación.

La conexión entre la culpa y el perdón es profunda.

A menudo, el proceso de perdonar a los demás o a nosotros mismos implica reconocer y confrontar la culpa que llevamos dentro.

Al enfrentar nuestras acciones pasadas con compasión y humildad, podemos sanar las heridas emocionales y liberarnos del ciclo de auto-flagelación.

Tips para Afrontar la Culpa:

  • Acepta la responsabilidad: Reconoce tus errores y acepta la responsabilidad por tus acciones.
  • Haz las paces contigo mismo: Perdónate a ti mismo por tus errores y comprende que todos cometemos errores en la vida. Afortunadamente nadie es perfecto.
  • Aprende y crece: Utiliza tus experiencias pasadas como oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal.
  • Compensa tus acciones: Si es posible, toma medidas para enmendar el daño que has causado y hacer las paces con aquellos a quienes has lastimado.
  • Practica la autocompasión: Trata de ser amable y compasivo contigo mismo, reconociendo que eres humano y que mereces amor y aceptación.

La Relación entre el Perdón, el Miedo y la Culpa en la Vida Cotidiana

En la vida diaria, el perdón, el miedo y la culpa están entrelazados de manera compleja.

Por ejemplo, a veces sentimos miedo de perdonar a alguien que nos ha hecho daño porque tememos ser heridos nuevamente o ser vistos como débiles… Por otro lado, la culpa puede hacernos sentir miedo de ser juzgados por otros si admitimos nuestros errores o si perdonamos a alguien que nos ha lastimado… Ese es el baile de estas emociones… un baile complejo, que se entrecruza, que se anuda, que nos ata…

Sin embargo, es importante entender que el perdón no significa ignorar el miedo o la culpa.

Al contrario… implica enfrentar estas emociones con valentía y compasión.

Reconocer y aceptar estas emociones como parte de nuestra experiencia humana nos permite liberarnos del peso emocional que llevamos y avanzar hacia una vida más plena y significativa.

La Importancia del Perdón: Un Estudio de la Universidad de Stanford

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Stanford encontró que practicar el perdón no solo tiene beneficios para la salud mental y emocional, sino que también puede tener impactos positivos en la salud física.

El estudio, publicado en la revista Psychological Science, mostró que las personas que practicaban el perdón experimentaban niveles más bajos de estrés y una mejor salud cardiovascular en comparación con aquellas que mantenían rencores y resentimientos.

Los investigadores sugieren que el perdón puede reducir la actividad del sistema nervioso simpático, que está asociado con la respuesta de lucha o huida, y promover una mayor activación del sistema nervioso parasimpático, que está asociado con la relajación y la recuperación. Estos hallazgos respaldan la idea de que el perdón no solo es un acto de generosidad hacia los demás, sino también un acto de amor propio y autocuidado.

Conclusión: La Libertad del Perdón

En última instancia, el perdón es un acto de autoliberación.

Al perdonar a los demás y a nosotros mismos, nos permitimos soltar el pasado y abrirnos a nuevas posibilidades de amor, conexión y crecimiento.

Como dijo el escritor y filósofo Johann Wolfgang von Goethe: «El perdón es la llave para la acción y la libertad.»

En nuestras vidas, el perdón nos ofrece la oportunidad de trascender el miedo y la culpa, y abrazar la plenitud de nuestro ser.

Que este artículo sirva como un recordatorio de la belleza y el poder del perdón en nuestras vidas cotidianas.

 

«El perdón no excusa el comportamiento, pero libera al corazón del resentimiento». Brendon Burchard

 

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Artículos Depresión, Artículos Relaciones Personales

CUIDANDO EL AMOR: TIPS PARA APOYAR A TU PAREJA EN TIEMPOS DE DEPRESIÓN

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Por Ángela Peco Psicología.

Convivir junto a una persona con depresión es muy duro, y mucho más si se trata de tu pareja.

La depresión afecta de forma profunda tanto a quienes la experimentan, como a sus seres queridos.

Si quien está pasando por esta situación es tu pareja, tu apoyo en estos momentos es esencial para ella… Y buscar ayuda es fundamental para ambos.

LA IMPORTANCIA DEL APOYO

En este artículo, exploraremos estrategias desde la perspectiva de la psicología para ayudarte a estar ahí para tu ser querido y fortalecer vuestra conexión, sin dañarte tú.

La depresión no solo afecta al individuo, sino que también impacta en la dinámica de las relaciones en que se encuentra. El apoyo de la pareja juega un papel crucial en el proceso de recuperación de la persona afectada.

Cuando una persona se siente escuchada, comprendida y no juzgada, libera parte importante de su sufrimiento.

Bien es cierto que apoyar a tu pareja para transitar con éxito la salida de su estado de depresión va a suponer enfrentar momentos muy complicados, ya que, en muchas ocasiones, la persona puede sentirse desconsolada a pesar de tus esfuerzos; incluso, a veces, tus intentos, pueden ser interpretados como molestos en lugar de como alentadores para la persona. Su percepción del mundo y de sí mismo/a está distorsionada.

La mente de una persona con depresión funciona de forma diferente a la de una persona sin este trastorno. Las cosas que pasan en su vida, sea las que sean, todas tienen ese tono gris. Tienden a prestar más atención a lo que falta que a lo que tienen. Recuerdan más los aspectos negativos de sus días, de sus vidas… Es innegable que esta situación provoca, en la persona que la acompaña, sentimientos de rabia, de frustración, de impotencia… por no poder ofrecer una ayuda eficaz.  

La depresión es un trastorno emocional que afecta en como percibimos la vida, en cómo interactuamos con ella y cómo interpretamos la realidad…

Sobre todo, NO LO JUZGUES como si la persona fuese egoísta o no tuviese voluntad, o como que simplemente es que quiere hacerte sufrir… no es así.

 1. Comprende la Depresión: Una Perspectiva Informada

Antes de poder ayudar, es esencial entender lo que significa vivir con depresión. Carl Jung decía que «comprender no significa saber, pero saber significa entender.»

La depresión tiene muchas formas de expresarse. Algunas personas se recluyen en cama, otros aumentan su nivel de actividad y escapan “haciendo”, otros dejan de comer o comen demasiado… incluso un incremento en la agresividad puede ser un síntoma de depresión.

Cuando tu pareja comparta contigo sus sentimientos de desesperanza, e incluso puedas relacionar sus comportamientos atípicos con este estado… Al informarte sobre la depresión, puedes responder con más tranquilidad y trasmitir el sosiego que le puede faltar.

La comprensión de la depresión reduce el estigma asociado y promueve la empatía. Saber que la pareja está informada puede disminuir la sensación de soledad que la persona con depresión vive y establecer una base sólida para el apoyo emocional.

  1. Fomenta la Comunicación Abierta

La comunicación abierta es clave. Anima a tu pareja a expresar sus sentimientos y preocupaciones. Sé un oyente compasivo y evita juzgar. Pueden darse situaciones en las que tu pareja comparta sus pensamientos oscuros contigo. Podrías responder diciendo, «Gracias por compartir eso conmigo”. Pero sobre todo no emitas juicios sobre si te parece una actitud valiente, cobarde, sobre si exagera o no… todas tus opiniones aquí no ayudan… Se trata de la otra persona, no de ti.

La expresión abierta de emociones actúa como una válvula de escape emocional, proporciona un espacio seguro para liberar pensamientos negativos y puede disminuir la carga emocional, mejorando la salud mental general.

No se trata de andar todo el día endulzando lo que dices… pero sí de ser responsable de lo que dices y cómo se lo dices.

Frases que puedes intentar no decir pueden ser:

“Piensa en todo lo bueno que tienes en tu vida”

“Tienes que poner tú también de tu parte”

“Siempre estás igual…”

Ofrece tu escucha, y transmite tu apoyo… sin juicio.

  1. Establece Rutinas y Metas Pequeñas

La depresión puede hacer que las actividades diarias sean abrumadoras para la persona, que se ve incapaz de hacer lo más mínimo.

Colabora con tu pareja para establecer rutinas y metas pequeñas. Proponle algo parecido a esto: «Vamos a hacer una lista juntos de algunas cosas que haremos para la semana. ¿Quieres que empecemos por dar un paseo corto cada día?»

Cuando se llevan a cabo rutinas y metas pequeñas estamos ayudando a combatir la falta de motivación asociada con la depresión. Lograr pequeños objetivos puede aumentar la autoestima y proporcionar un sentido de control sobre la propia vida. La sensación de control de nuestras vidas es clave para poder salir de la depresión.

  1. Participa en el Cuidado Personal

Anima a tu pareja a cuidar de sí misma y únete a ella en actividades que promuevan el bienestar: Desde ejercicios ligeros hasta prácticas de relajación…

Encontrar actividades de autocuidado compartidas puede fortalecer el vínculo entre ambos y mejorar el estado de ánimo. Por ejemplo, si a tu pareja de gusta la jardinería podrías proponerle, «Este fin de semana vamos a ir al vivero y pondremos plantas en el jardín. ¿Qué te parece?»

El autocuidado fomenta la liberación de endorfinas, mejorando el estado de ánimo. La participación conjunta fortalece la conexión emocional y promueve una sensación de apoyo mutuo.

  1. Busca Apoyo Profesional Juntos

La terapia puede ser un recurso muy valioso. Acompañar a tu pareja a las sesiones y participar en el proceso terapéutico puede fortalecer vuestra unión y ofreceros a ambos herramientas adicionales para abordar la depresión.

La búsqueda de apoyo profesional demuestra el compromiso de ambos. La terapia proporciona un espacio seguro para abordar problemas que pueden estar manteniendo la depresión y aprender estrategias efectivas de afrontamiento y búsqueda de opciones.

  1. Para Cuidar Bien… Has De Cuidarte Bien

Cuidar y acompañar a una persona con depresión es tan duro, que muchas veces, es probable que tú mismo puedas desarrollar síntomas depresivos, ansiedad o síndrome de burnout (estar quemado).

Por eso, por favor, no descuides tu salud. Pon y respeta tus líneas rojas.

EL AMOR COMO FUENTE DE FORTALEZA

Apoyar a tu pareja durante la depresión es un viaje que requiere paciencia, comprensión y amor incondicional.

Conviértete en parte de su espacio seguro, donde tu pareja pueda expresarse y sentir apoyo. Además:

  • Muestra tu empatía, intenta comprender su situación y ponerte en su lugar.
  • No invalides sus emociones.
  • Trata de parar antes de culpar porque consideras que no quiere cambiar.
  • No des fuerza y no te tomes de forma personal sus acusaciones, enfados…
  • Paciencia: La depresión es una carrera de resistencia… tu mejor arma es la incondicionalidad. Es normal que flaquees, sobre todo cuando después de un tiempo bien vuelve a haber una recaída… Eres humano. Si lo necesitas, tómate pequeñas islas de libertad y de recuperación a lo largo del día o la semana (paseos, masajes, lectura…)
  • Eres clave en captar señales de empeoramiento (autolesiones, intentos de suicidio…). No le quites importancia a estas señales, pide ayuda profesional si lo ves oportuno.

En el viaje de la depresión, el amor incondicional se convierte en la luz que ilumina el camino hacia la esperanza y la curación.

«En las tormentas del corazón, el amor auténtico se convierte en el faro que guía a través de la oscuridad”. Rumi.

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HACIA LA LIBERTAD: ROMPIENDO LAS CADENAS DEL MALTRATO

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Por Ángela Peco Psicología.

En las últimas semanas, me es difícil dejar de ver en consulta como cada vez son más “las y los” pacientes que me explican cómo se sienten ante la difícil situación de convivir con situaciones en las que se menosprecia, se menoscaba, se daña, se hiere… a veces de formas muy profundas, (y lo peor, por personas que se suponen queridas y que les quieren…) lo más valioso que tenemos, nuestra propia vida, nuestra propia dignidad.

El maltrato, ya sea físico o psicológico, en todas sus variables, es una realidad dolorosa que afecta a muchas personas en silencio, en todos los estratos sociales, en todas las edades, en todos los entornos…

Ante esta situación, este artículo busca arrojar luz sobre el ciclo del maltrato, explorando los mecanismos de defensa que surgen y su impacto en posibles situaciones de trauma.

Comprendiendo el Ciclo del Maltrato

El maltrato no es un evento aislado; más bien, se desarrolla en un ciclo insidioso que atrapa a las personas en un patrón destructivo, casi sin darse cuenta, porque para sobrevivir al shock, nuestra mente intenta buscar estrategias que no nos deja ver la realidad de forma clara…

En sus primeras etapas, puede ser sutil, casi imperceptible. El agresor despliega tácticas de control y manipulación, y acaba minando la autoestima de la víctima.

Los mecanismos de defensa comienzan a emerger en este punto, como respuestas instintivas y de pura supervivencia, para protegerse del dolor emocional que suponen esas situaciones.

Eleanor Walker propuso este modelo que se conoce como “EL CICLO DE LA VIOLENCIA” para describir las fases típicas que ocurren en una relación abusiva. Aquí está una descripción más detallada que quizá pueda ayudarte a entenderlo un poco mejor:

Fase 1: Acumulación de Tensión

Escena Cotidiana:

En esta fase, la relación parece relativamente normal. Las parejas pueden estar llevando a cabo sus actividades diarias. Sin embargo, hay una creciente acumulación de tensión debido a pequeñas disputas, malentendidos o frustraciones que no se resuelven adecuadamente.

Señales Claves:

  • Comunicación tensa.
  • Pequeñas discusiones o desacuerdos sin resolver.
  • Aumento de la irritabilidad y la frustración.

Anótate esta recomendación: Fomentar la comunicación abierta y respetuosa para abordar los problemas a medida que surgen puede ayudar a prevenir la acumulación de tensión. Comunicación con un lenguaje sereno, no violento.

Fase 2: Explosión

Escena Cotidiana:

La acumulación de tensiones llega a un punto crítico, desencadenando una explosión emocional o física. Durante esta fase, el agresor puede perder el control y ejercer violencia, ya sea verbal o física, sobre la víctima.

Señales Claves:

  • Gritos, insultos o violencia física.
  • Ataques verbales destinados a menospreciar y controlar.
  • La víctima puede sentirse atrapada y temer por su seguridad.

Ten en cuenta esta recomendación: En esta fase, es crucial buscar ayuda profesional y apoyo. La sensación de inseguridad comienza a ser evidente. De hecho la víctima comienza a llevar a cabo conductas anticipatorias y adivinación del pensamiento (p.e. si no viene mi hermana con nosotros, él no estalla…)

Fase 3: Luna de Miel o Reconciliación

Escena Cotidiana:

Después de la explosión, el agresor puede sentir remordimientos y buscar la reconciliación. Pueden aparecer disculpas, regalos y promesas de cambio. La relación puede sentirse temporalmente más cercana y tranquila.

Señales Claves:

  • El agresor muestra arrepentimiento y promete cambiar.
  • Esfuerzos para calmar y apaciguar a la víctima.
  • La relación puede sentirse temporalmente más cercana y tranquila.
  • Observa si te pide perdón por lo que ha hecho, o lo que hace es justificar lo que ha hecho por cómo tú le haces sentir, o algo que hiciste… (es decir… ¿vuelve a culpabilizar a la víctima con su perdón?)

Esta es mi recomendación: Es crucial reconocer que la fase de reconciliación puede ser temporal y que el ciclo puede repetirse, o se ha repetido ya varias veces. La ayuda profesional es fundamental para abordar los problemas subyacentes y para hacerte ver que cada vez los ciclos van a ser más cortos y más rápidos, y menos “controlables” tanto para el agresor como para la víctima, que puede llegar a caer en indefensión. Haga lo que haga… intente controlar lo que sea que le puede molestar o no… finalmente siempre hay explosión.

Mecanismos de Defensa: Escudos Frágiles

La negación, minimización y racionalización son aliados temporales, creando una barrera psicológica que amortigua el impacto del maltrato.

Negación: La mente, como un instinto de supervivencia, tiende a negar la gravedad del maltrato. «Lo hace porque me quiere», se dice la víctima, aferrándose a una ilusión de amor que oculta la realidad tóxica. Cuidado aquí con los mitos del amor romántico.

Minimización: «No es tan malo», suele ser un pensamiento con el que intentan restar importancia a los abusos sufridos. Este mecanismo de defensa reduce el dolor a dimensiones más manejables, aunque solo sea en la superficie.

Racionalización: Buscar explicaciones lógicas para el comportamiento del agresor es otro escudo común. «Tiene mucho estrés en el trabajo», piensa la víctima, en un esfuerzo por justificar las acciones del maltratador.

Mitos del Amor Romántico que Afectan a la Víctima:

“El Amor lo Puede Todo”

Mito: La creencia de que el amor verdadero puede superar cualquier dificultad, incluso el abuso… (cuidado con este discurso por favor).

Impacto: La víctima puede permanecer en una relación dañina con la esperanza de que el amor resolverá los problemas.

“La Víctima Debe Cambiar al Agresor”

Mito: La responsabilidad recae en la víctima para cambiar el comportamiento del agresor.

Impacto: La víctima puede sentirse culpable por no ser capaz de cambiar al agresor, perpetuando así el ciclo de la violencia. Trabajar la importancia de la responsabilidad personal es crucial. Nadie es responsable de cambiar a nadie.

“El Perdón Inmediato como Solución”

Mito: Creer que el perdón inmediato es la clave para detener el abuso.

Impacto: La víctima puede perdonar rápidamente, sin abordar las causas profundas del comportamiento violento, como forma de poder terminar cuanto antes la situación puntual que la está dañando.

Mitos del Amor Romántico que Afectan al Agresor:

“Control como Expresión de Amor”

Mito: La creencia de que controlar a la pareja es una forma de demostrar amor.

Impacto: El agresor puede justificar el comportamiento controlador como una expresión de amor, perpetuando así el ciclo. Confunde a la víctima. Control no es Amor.

“Culpabilización de la Víctima”

Mito: Culpar a la víctima por provocar o merecer el abuso.

Impacto: El agresor puede evitar responsabilizarse y continuar justificando el comportamiento violento motivado por conductas, palabras… que ha llevado a cabo la víctima, o que el agresor incluso imagina que la víctima ha podido llevar a cabo…

“El Cambio sin Ayuda Externa”

Mito: Creer que el agresor puede cambiar sin la necesidad de intervención externa.

Impacto: La falta de búsqueda de ayuda profesional puede mantener el comportamiento violento sin abordar las causas subyacentes.

Desmitificando el Amor Romántico

Comunicación Transparente: El amor no justifica la violencia. La comunicación abierta y respetuosa es clave para relaciones saludables.

Responsabilidad Compartida: La responsabilidad de construir una relación sana es compartida. Ninguna persona tiene la responsabilidad exclusiva de cambiar a la otra.

Respeto como Fundamento: El respeto mutuo es esencial en cualquier relación. El control y la violencia no son expresiones válidas de amor.

Desmitificar estas creencias erróneas es crucial para romper el ciclo de la violencia y fomentar relaciones basadas en el respeto, la empatía y la seguridad emocional.

 El Impacto en la Salud Mental

A medida que el ciclo del maltrato persiste, los mecanismos de defensa, aunque inicialmente útiles, pueden convertirse en obstáculos para la sanación.

La acumulación de trauma deja cicatrices invisibles en la mente, afectando la autoestima, la confianza y la capacidad de establecer relaciones saludables… y un largo etcétera.

Un psicólogo puede ser un guía imprescindible en el camino hacia la recuperación, proporcionando herramientas para desmontar los mecanismos de defensa y abordar las heridas más profundas.

Caminos hacia la Sanación

Reconocimiento: El primer paso hacia la sanación es reconocer y aceptar la realidad del maltrato. Este acto valiente derriba la muralla de la negación y pone en marcha el proceso de recuperación.

Apoyo Profesional: Buscar la ayuda de un psicólogo es esencial. Este profesional puede proporcionar un espacio seguro para explorar las emociones, desentrañar los mecanismos de defensa y fomentar un cambio positivo, de modo que logres salir del ciclo nefasto de la violencia.

Construcción de la Autoestima: Trabajar en la reconstrucción de la autoestima es fundamental. La frase de Eleanor Roosevelt cobra relevancia: «Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.»

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Elegir la Libertad

En la senda hacia la sanación liberarse del ciclo del maltrato implica elegir la libertad, romper las cadenas del pasado y abrirse a un futuro lleno de posibilidades.

«La libertad es tener control sobre nuestra propia vida, no la vida controlando lo que hacemos con ella.»

«Mujeres que corren con lobos». Clarissa Pinkola Estés.

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Por Ángela Peco Psicología.

¿Has oído alguna vez a alguien decir que se siente “vacío por dentro”? Si es así, activa bien tus sentidos… realmente lo que está haciendo esa persona es pedirte ayuda.

La sensación de vacío por dentro indica falta de motivación, pérdida de ilusión, no tener interés en nada de lo que hace en su vida, incapacidad de sentir placer con nada de lo que tiene, hace o le rodea…

La vida se convierte en una rutina que apaga el interior de la persona. Nos volvemos seres autómatas, donde hacemos, pero no sentimos, nos enfocamos simplemente dejar que la vida pase, sin más. Nuestra chispa se va apagando.

Podemos intentar llenar ese vacío con parejas, con comida, con alcohol, con mil planes y salidas… Pero a pesar de eso, ese vacío se vuelve insoportable. Se vive como insoportable porque además no se comprende, tenemos todo, y no llegamos a saber qué es lo que necesitamos para llenarlo.

No quiero que pienses que por encontrarte así un día ya estás sufriendo un trastorno o es algo grave… ¡no!, ten en cuenta que las emociones son muy variables y nos confunden muchas veces.

Igual que no es normal estar siempre triste, tampoco lo es el estar siempre alegre y feliz. Lo que puede ser patológico es permanecer en la tristeza o el vacío mucho tiempo. Si es tu caso, sería importante que lo contaras a alguien que pueda ayudarte a buscar apoyo psicológico.

PISTAS DE LO QUE TE PUEDE ESTAR PASANDO

Como siempre os digo… cada situación o estado es vivido de forma diferente por las personas, dependiendo de su historia de vida y de las herramientas psicológicas que haya ido desarrollando.

Unas personas experimentan el vacío como una sensación de tristeza infinita y otras en cambio lo expresan con angustia, otros simplemente expresan que “no sienten nada”.

Lo que sí expresan en común son estos puntos:

  • Sensación de cansancio, de no saber hacia dónde dirigir sus vidas. Viven sin una meta que cumplir.
  • Viven con la sensación de estar separados de sí mismos sin saber que necesitan para estar mejor.
  • Nada les hace sentirse bien. Nada les interesa. Con nada disfrutan.
  • Sensación profunda de soledad, aunque pasen el día rodeados de personas. No logran establecer vínculos con nadie, por lo tanto, no se sienten comprendidos ni apoyados.
  • No experimenta emociones, se trata de una especie de “anestesia emocional” que no permite sentir alegría, tristeza, enfado… Existe dificultad para identificar emociones, expresarlas, verbalizarlas y compartirlas.

PERO… ¿A RAÍZ DE QUÉ…?

Estas sensaciones pueden derivarse a raíz de…

Haber sufrido pérdida fuerte o vivir un suceso traumático.

Cuando vivimos un suceso traumático, no esperado, que nos ha impactado, una situación de pérdida o duelo… nuestros sentimientos parecen no aflorar, aunque necesitamos que lo hagan, es inútil, no aparecen, vivimos estas situaciones como si nos hubiésemos congelado.

Atravesamos esa situación de pérdida (trabajo, ser querido, amistad que acaba…) como si hubiese un vacío interno enorme, que no sabemos nombrar, sentir ni expresar… Nuestro cerebro entiende lo que ha pasado, pero “nos protege” del dolor de esa forma… retardando la emoción, dejándola para ir sacándola después.

Nuestro cerebro utiliza tres estrategias fundamentales de afrontamiento para defendernos de las agresiones externas: SUPRIME, NIEGA o EVITA. Esto lo hacemos de forma inconsciente, automática, fuera de la consciencia…

Careces de apoyo social

Aunque nuestro mundo cada vez fomenta más el individualismo, somos seres sociales, vivimos y nos desarrollamos en tribus, eso hizo que pudiésemos sobrevivir y evolucionar…

Cuando vivimos en aislamiento social, carecemos de vínculos significativos, no cubrimos nuestra necesidad de pertenencia, no recibimos apoyo cuando lo necesitamos, no podemos compartir experiencias… Estas son una de las principales causas del sentimiento de vacío del que estoy hablándote en este artículo.

Te estás replanteando tu vida, quien eres, donde vas…

A lo largo de nuestra vida, pasamos por momentos de “crisis personales”, sobre la adolescencia, sobre los 40 años, sobre los 65 años…

Son momentos en los que los seres humanos vivimos cambios en nuestras vidas, y eso nos lleva a plantearnos el sentido de lo vivido, el tiempo pasado si ha sido perdido o ganado… Nos planteamos el futuro, aparecen nuestros miedos, inseguridad…

Vives con demasiado estrés

Cuando en tu vida parece no haber tiempo, vives en continua multitarea, con la sensación de no parar y aun así no llegar a todo… nuestro cerebro puede protegernos con un mecanismo que se conoce como “disociación”, que se trata de una desconexión entre tu mente y la realidad que vives, es como si no estuvieras en el mundo que estás (¡tu mente está en otro lado!).

El problema de estos mecanismos de defensa de los que estoy hablándote en este artículo, no es que aparezcan de forma transitoria, el problema viene cuando los utilizamos tanto que se cronifican, entonces pueden convertirse en problema.

Trastorno de Estrés Post Traumático

Esa sensación de “vacío por dentro” es uno de los síntomas de un cuadro más complejo, el Trastorno de Estrés Post Traumático (TEPT).

Algunos trastornos de la personalidad

Finalmente, solo a modo de pincelada, explicarte que esta sensación de profundo vacío también puede explicarse dentro de algunos trastornos mentales:

  • Depresión Mayor.
  • Trastorno narcisista de la personalidad.
  • Trastorno límite de la personalidad.

Si esa sensación de vacío aparece en tu vida de forma diaria afectando a las diferentes áreas de tu vida y ves que no desaparece a pesar de tus intentos, por favor, pide ayuda.

PISTAS PARA AFRONTARLO

Cada caso es un mundo, y su evolución depende de muchas variables… pero te dejo algunos puntos que pueden ayudarte:

  • LÍNEA DE LA VIDA: Utiliza esta herramienta, consiste en crear una línea que simboliza tu vida, en ella ve poniendo los diferentes hitos que te han marcado, tanto para bien, como los que te han marcado para mal… cuando somos conscientes de todo esto y lo vemos reflejado podemos encontrar la explicación y la raíz a ese sentimiento de vacío o desconexión emocional que sientes.
  • USA LA ESCRITURA TERAPÉUTICA: Uno de los objetivos es que reconectes con tus emociones, aunque duela, es lo que te va a sanar. Cuando escribimos sin pensar, lo que vaya surgiendo, en un papel blanco, sin líneas, y a un solo color, empezamos a liberar nuestra mente y nuestra emoción. Deja que aflore el dolor.
  • NO FUERCES NADA. Cada persona lleva su ritmo en la expresión del dolor, sólo permítete sentir lo que sientes, sea lo que sea, sin juicios. No pongas pensamiento a la emoción, no pienses la emoción, eso la bloquea más aún.
  • BUSCA PERSONAS. Acércate a la gente, comparte tu tiempo con más personas, comparte tus experiencias con ellas. Cuando vivimos acompañados, sí tenemos que hacer concesiones, puede que lo vivamos con incomodidad, pero vivir buscando la comodidad nos enferma, piénsalo…
  • ¿QUÉ TE HACE SENTIR BIEN? Cuando una persona vive con depresión, una de las técnicas más utilizadas es la de la activación conductual, se invita a la persona a buscar actividades que la hagan sentir bien. Aquí la lucha es contigo mismo/a, intenta primero buscar esas actividades que te apetecería volver a realizar, prográmatelas en un horario semanal, cumple con ese horario, sin pensarlo, solo hazlo, poco a poco a medida que te esfuerces en hacerlo, irás notando como cada vez necesitas menos esfuerzo para activarte.
  • BUSCA APOYO PROFESIONAL. A veces solos somos incapaces de levantar cabeza. Un psicólogo te puede ayudar a entender lo que te pasa y te puede proporcionar técnicas y pautas centradas en tu caso concreto.

“Es curioso que la vida, cuanto más vacía, más pesa.” León Daudí.

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En este artículo te dejo 5 ideas para usar con tus hijos. En nuestras familias muchas veces por la prisa y el exceso de «problemas» obviamos el buen trato a nuestros hijos e hijas.

Tratar bien no es dar todo. A veces, tratar bien también es no dar cosas materiales y sí que haya más presencia personal y emocional.

Somos víctimas de la falta de tiempo… y no nos damos cuenta que la prisa con la que vivimos nos cambia los valores: sustituimos la paciencia por órdenes, la amabilidad por gritos, las palabras amables por insultos o palabrotas… te invito a poner en práctica estas 5 ideas para usar con tus hijos en casa.

Intenta practicar estas ideas. Son sencillas.

Hijo ten cuidado por donde caminas… Papá ten cuidado tú… recuerda que sigo tus pasos».

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Por Ángela Peco Psicología.

Cuando tu hijo llega… se va una parte de tu “yo” … una parte de lo que eres se queda a un lado.

Hay que dejar espacio para ese nuevo ser al que tanto amas y que se convierte en tu prolongación.

Su llegada marca un hito en tu vida, un antes y un después… ahora, sobre todo, eres madre. Pero no olvides que, como todos los cambios, para adaptarnos necesitamos seguir un proceso.

Quiero que te quites “tengos que…”.

Al acomodarte a este nuevo rol de tu vida… ¡“no tienes que… nada”!,  es decir, puedes vivirlo con esperanza, deseo, alegría, ternura… pero también con cansancio, tristeza, angustia… y ¿sabes qué? Todo está bien.

Hay tantas formas de ser madre como mujeres hay en este mundo.

Estás adaptándote a una nueva etapa, y tu entorno también (tu pareja, tus padres, tus amigos…) Acepta que en la vida todo es relativo, nada es blanco o negro todo el tiempo y cuando eres madre, menos aún, la maternidad es una rueda de emociones y no todas son rosas…

Sí, ahora sabes que ya no sólo has de cuidarte tú, ahora hay un ser que depende de ti para estar sano, feliz, para tener una buena vida… Además de forma mágica ha surgido en ti un sentimiento de incondicionalidad “pase lo que pase, ahí estarás para ese pequeño ser”, no es una decisión consciente, pero sí una decisión. Esto conlleva inevitablemente que renuncies a algunas partes tuyas… o por lo menos a “aparcarlas” por un tiempo. Tus prioridades cambian.

A modo de supervivencia, en la mente de la madre aparece una creencia (no es real, pero es un mecanismo de defensa) “ya no eres tan importante”, eso hace que justifiques tus descuidos hacia ti misma y tu casi completa dedicación a tu hijo. Creerte ese mensaje puede hacer que tu autoestima quede afectada y tus relaciones y tus roles se distorsionen también.

¿Qué cambia con la maternidad?

Hablo de cambios, no de renuncias… Es decir, finalmente lo que una madre hace son elecciones para ir poco a poco acoplando su nuevo “yo” en su vida. Se trata de avanzar en tu vida abrazando y dejando espacio a tu nueva situación. Eso nos lleva a modificar cosas, el cambio es inherente a la vida:

  • Cambian nuestras relaciones sociales. Sobre todo, si tu grupo de amigos no tiene hijos… pues ahora tienes menos tiempo, y el tiempo que tienes va a otra velocidad. Tienes menos disponibilidad para viajes, festivales, salir de noche… Tu prioridad ahora es otra, aunque tu deseo siga siendo el de divertirte… valoras el precio a pagar por esa forma de vivir el ocio y tomas la decisión de “cambiar tus motivos de diversión”.

       Normalmente vas a empezar a relacionarte con otras madres, porque compartís intereses y temas de conversación similares… Pero en la medida de lo posible conserva a tu grupo de amigos, recuerda que lo que estás viviendo es una etapa más de un largo camino de vida.

  • Cambios en lo laboral. ¿Conciliación…? ¿En serio? Al menos en nuestro país compatibilizar crianza y trabajo sigue siendo una utopía. Si quieres dedicarte a criar a tus hijos, tu trabajo se va a afectar de una forma u otra, y si no quieres renunciar a crecer laboralmente y además quieres criar a tus hijos, prepárate para vivir dentro de un huracán de estrés y ansiedad…
  • Cambios en tu auto-cuidado. Tu aspecto físico o tu desarrollo personal bajan un escalón (o más…) en tu escala de prioridades. Menos tiempo para ti, menos tiempo para cuidarte y descansar… Antes que cuidarnos nosotras aparece un instinto, casi me atrevo a decir que animal… que es el de cuidar, asear, alimentar, acostar, mimar a este pequeño ser.
  • Cambios con tu pareja. La pareja también cambia su rol hacia ti y el tuyo hacia el otro… ahora sois un equipo de dos con un fin común, que no sois vosotros. Intentar buscar espacios de intimidad, de comprensión, “apoyo mutuo” es clave para que no haya sobrecarga sólo de una parte de esta pareja y el otro no se convierta en un inconveniente más en esta nueva situación.

Por encima de ser madre también eres persona.

Realismo, sí, tu vida ha cambiado, pero sigues siendo tú en tu vida.

PIDE AYUDA si ves que el ser madre te está desdibujando. Abuelos, tíos, figuras externas, e incluso turnaros tu pareja y tú para eso… No puedes cuidar bien a tus hijos si tú no estás bien, si no estás emocionalmente estable. Recuerda la palabra que siempre te recalco: EQUILIBRIO.

NO INTENTES ENCAJAR en los criterios de nadie. Para ti los tuyos son los válidos. Demasiados prejuicios y estereotipos que rozan hasta el absurdo pueden llevarnos a querer vivir la maternidad de una forma que nos daña y que en la mayoría de los casos no tiene que ver con nuestros valores, sino con los valores de los otros. Pregúntate ¿qué es la maternidad para ti? Construye tu propia definición de madre y apóyate en el amor que sientes por tus hijos. Ser madre no es un concurso que tengas que ganar con nadie.

ASERTIVIDAD POR FAVOR. Cuando tienes un hijo, parece que todo el mundo sabe lo que hay que hacer… menos tú. Esto seguirá pasando si no estableces unos límites claros. No permitas faltas de respeto de nadie, pero para eso no ten claras tus líneas rojas, siempre (a ser posible) desde la educación y la afabilidad.

CULPA NO GRACIAS. Aunque sé que es casi imposible no sentirla, no luches contra ella (culpa porque está enfermo, porque está triste, porque llego tarde, porque no juego suficiente con él,…), asume que es un sentimiento normal cuando partes de un pensamiento de “tengo que hacerlo todo bien”… entonces, comprende la emoción, relativiza tu pensamiento… Intenta ser más amable contigo misma, la culpa nunca tiene fin y pocas veces trae como resultado algo positivo. Se proactiva. Cuando hay proactividad (responsabilízate, soluciona, actúa…) la culpa desaparece.

No olvides que lo perfecto es enemigo de lo bueno… de modo que sí, tendrás días malos, otros buenos, unos días estarás insegura y otros tendrás clarísimo lo que hacer.

Madres felices crían hijos felices. No lo olvides tampoco.

¡Gracias por leerme!

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SÍNDROME DE LA «NIÑA BUENA»

Por Ángela Peco Psicología.

¿Quién es la niña buena?

La que dice a todo que sí, porque tiene que quedar bien con todo el mundo, la que obedece, porque eso es lo que hay que hacer, la que contenta a todos… pero siempre por encima de su felicidad.

Sí, hoy, en el siglo XXI podemos hablar de un tsunami de insatisfacción en la mujer… es como si esa educación que llevamos a cabo bajo el prisma de la obediencia continuara en nuestra mente como una reliquia a la que de forma subconsciente continuamos venerando.

Muchas mujeres viven en la necesidad de perfección, de buscar que nadie a su alrededor se enfade o se incomode, necesitando la aprobación de los demás, con necesidad de gustar a todo el mundo… y sobre todo con un temor exagerado a ser criticadas o rechazadas.

 

¿Cuáles son las características de este síndrome?

Una de las características principales es que “la niña buena” ha aprendido a infravalorar tanto lo que siente, lo que quiere y lo que necesita, porque lo que la hace sentir bien es que los demás estén bien, por encima de ella misma.

Tengo que explicar que este síndrome no está recogido en ningún manual diagnóstico. Se trata de una definición comportamental, es decir, un conjunto de conductas y pensamientos que se suelen dar y repetir sobre todo en mujeres.

¿Te ha pasado que de repente estás en tu puesto de trabajo y te pone nerviosa tener que debatir algunos temas con tus compañeros y compañeras? ¿Te incomoda destacar por tus méritos, sin embargo, te sientes cómoda reforzando y alabando los logros de los demás?

Otra característica de este síndrome, es que normalmente estas mujeres conviven dentro de relaciones abusivas (en su pareja, en sus relaciones laborales, en sus amistades…) y viven su vida con una sensación constante de infelicidad y no plenitud, probablemente porque su eje de vida no son ellas mismas… su mirada siempre está situada fuera (sus hijos, su pareja, su familia…). Hacerlo de otro modo las hace sentir egoístas.

Un ejemplo de este tipo de relaciones abusivas se comprobó en una investigación en la Universidad de Australia Occidental donde se destacó que muchas relaciones de pareja “complicadas” se conforman por un hombre narcisista y una mujer con este perfil de personalidad.

 

¿Cuáles son estos rasgos?

  • Tendencia al perfeccionismo y la autoexigencia, tanto a nivel personal, físico, profesional…
  • Son personas muy poco asertivas. Tienden a mostrarse pasivas en sus relaciones con el fin de ser aceptadas o no criticadas.
  • Su actitud es de amabilidad, consenso, empatía, ayuda… Normalmente no tienden a oponerse o discrepar con nadie.
  • Una de sus creencias principales es “para ser querida o apreciada, tengo que ser amable y buena”.
  • Baja tolerancia a las críticas.

¿Cómo sufre la “niña buena”?

Son mujeres que externamente nunca muestran enfado. Estarás pensado… es imposible no sentir enfado o rabia en una vida donde vivimos salpicados de injusticias, abusos de poder… Ya… pero estas mujeres tienden a reprimir ese tipo de emociones, todas las que son consideradas “emociones negativas”.

No significa que no sufran… sino que lo hacen solo en su mundo interno. De ahí que, al no expresar correctamente sus emociones, puedan complicarse con trastornos de ansiedad, trastornos psicosomáticos o depresiones… Realmente viven una autoexigencia agotadora… Piénsalo, todo el día, a todas horas, exigiéndote a ti misma estar alegre, dispuesta a adaptarte a los demás, intentando que no haya tensiones a tu alrededor, llegando a donde los demás no llegan… todo ha de estar bien…

Imagino que te has podido dar cuenta que estas mujeres viven atrapadas entre dos emociones: ANSIEDAD y CULPA

ANSIEDAD: Intentan satisfacer continuamente, sobre todo a personas de su alrededor a las que perciben con mal humor o distantes… Esa conducta de los demás la perciben como “responsabilidad suya” (“están así porque he hecho algo que les ha puesto de esa manera”). Esos pensamientos son los que hacen que actúe en función de lo que cree que la otra persona necesita, es decir, es como si se encendiera un botón en ellas que les dijera: “haz lo que creas que esa persona necesita para estar bien, no lo que tú quieras hacer”.

CULPA: Esta emoción aparece cuando ya no pueden más, cuando el agotamiento es tan alto que necesitan un respiro, un poco de espacio. Entonces aparece la vocecita traicionera “no estás siendo buena madre” “no estás siendo buena esposa” “no eres buena hija”…

¿Se puede hacer algo para mejorar esta situación?

Si la niña buena no nos hace felices… ¡habrá que sacar a la palestra la niña mala! (Aquí es donde nuestro cerebro empieza a lanzarnos mensajes de resistencia: uy eso no me gusta, cómo voy a hacer eso, esta parte no me está gustando…)

¡¡No, no es la niña mala!! Es la NIÑA SABIA.

Es la niña que aprende a tomar el control de su vida.

La que se valora y se aprecia y así se lo hace ver al mundo.

La que se sabe valer por sí misma sin necesidad de mostrarse dependiente del ánimo o los deseos de los demás.

La que tiene habilidades de resolución de situaciones complicadas y muestra seguridad personal. Confía en su capacidad.

La que se da cuenta de su diálogo interno y percibe cómo la limitan esas creencias caducadas y que tanto daño le hacen… y entiende que ¡NO SON SUYAS!

Sé que no es fácil romper esas dinámicas porque están tan integradas en nuestra psiquis que nos confunden (creemos que “somos así”), por eso no es sencillo desactivarlas.

En este punto es donde puede ayudarte la terapia:

  • Darte cuenta de cuáles son las dinámicas mentales y conductuales que te atrapan en la trampa de la “niña buena”.
  • Darte cuenta de la falta que te hace reforzar tu autoestima y tu asertividad.
  • Observar cuál es tu diálogo interno, ese que da más valor y fuerza a lo de fuera y que juzga constantemente tus logros, tus puntos fuertes.
  • Confrontarte viendo que no pasa nada si no agradas a todo el mundo. Aprender que nuestro bienestar psicológico pasa por aprender a decepcionar a los demás. (Sí, sé que esto te chirría… pero ¡es tan sanador!)

Escúchate, de verdad, en calma.

Aprende a poner fin a esa espiral de necesitar la aprobación de los demás y haz lo que realmente te apetece.

¿Te propongo un ejercicio…? ESCRÍBELE UNA CARTA A TU NIÑA INTERIOR, algo parecido a esto:

“Querida yo pequeñita, tú no necesitas ser una niña buena, una niña dócil, obediente y dulce. Sé lo que tú desees, aprende a tener voz, a no callarte, a reírte a carcajadas, a correr, a mancharte, a saltar en los charcos, a señalar cada estrella con el dedo y a imaginar que las alcanzas todas… Querida niña, que nadie te diga que te pones fea cuando te enfadas, que nadie se atreva a colocar alambradas a tus sueños…”

Sí, tengo que acabar diciendo que esto no solo es cosa de niñas… También a los niños les pasa… o no te suena eso de “los niños no lloran”… otro día hablaremos del síndrome del “niño fuerte”. Si supiéramos todos que el cerebro del niño es mucho más sensible que el de las niñas y que necesita una crianza plena de refuerzo emocional, seguridad y protección… pero como os digo, este es otro capítulo…

¡Gracias por leerme!

 

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ADOLESCENCIA

Por Ángela Peco Psicología.

La adolescencia es una de las etapas más delicadas en la vida de un ser humano.  

De repente, todo cambia, para ellos y para nosotros… y esas expectativas que nos habíamos creado sobre nuestro pequeño, hemos de revisarlas, porque el adolescente en que se está convirtiendo se aleja de las mismas.

Ellos viven tres duelos: el de su cuerpo de niños que ya no está; el de su rol de niños que desaparece; y el de sus padres de la infancia que pasan de ser los mejores a tener defectos como todos…

Nosotros, también vivimos con la sorpresa y la pena de haber perdido a nuestros niños. Nuestro niño obediente, cariñoso, alegre… pasa a ser un desconocido que marca una enorme distancia emocional con nosotros, sus padres… que puede pasar del llanto a la risa, de la euforia al cansancio y del amor al odio (sobre todo hacia nosotros), en menos que canta un gallo. Sin embargo, y aunque nos cueste, permanecer a su lado de forma incondicional es la mejor “medicina” para ambos.

Si tu hijo o hija está pasando por este período, seguro que puedes imaginarte por qué escribo este artículo… tanto los padres como ellos mismos, necesitamos comprender este proceso, para poder vivirlo desde el amor y el respeto, aunque no lo pongan fácil, y a veces nosotros, los padres, tampoco a ellos.

Cuando vivimos este proceso desde el reproche y la incomprensión, hemos de revisar esas expectativas de las que te he hablado antes. No es tu hijo quien falla (él hace lo que le toca hacer…), el fallo está en las expectativas que tú, puede que hayas creado para él o ella.

No me atrevo a marcar una fecha de comienzo y otra de fin (aunque suele hablarse de los 10 a los 19 años), porque la experiencia me dice que es muy relativo este dato, sin embargo, lo que sí es seguro es que se trata de una etapa delicada en la que se produce la maduración física y mental de nuestros hijos. Es como si en su interior un torbellino hormonal inundara todo su ser.

El cuerpo y el cerebro de tu hijo se están reorganizando. Sus conexiones neuronales disminuyen y se afianzan las que ya tiene. Aumenta su emocionalidad, y buscan de forma incansable ser independientes… En este proceso nosotros los padres hemos de intentar no entrar en lucha… hemos de dar espacio, sin descuidar nuestras funciones como padres: cuidar y educar, pero dejando ese espacio en el que ellos puedan buscar.

 

EL PENSAMIENTO ADOLESCENTE

El pensamiento del adolescente es un pensamiento aun inmaduro, que quiere mostrar madurez… Según el psicólogo David Elkind, los pensamientos adolescentes tienen estas 6 características:

  • Idealismo: Suelen imaginar un mundo ideal y se dan cuenta de que el mundo real está muy lejos de esa idealización. Tienden a culpar a los adultos que más cerca tienen de esa diferencia entre lo ideal y lo real.
  • Tendencia a discutir. Les encanta probar y mostrar sus habilidades de razonamiento.
  • Indecisión. Su falta de experiencia a la hora de tomar decisiones, les lleva a dudar continuamente de las alternativas a elegir ante un determinado hecho. Tienen muchas opciones, pero no tienen aún la habilidad de elegir la más adecuada.
  • Hipocresía (aparente). Son idealistas y sueñan con conseguir esos ideales… pero prefieren ignorar los sacrificios que puede conllevar la consecución de los mismos.
  • Autoconciencia. En esta etapa son capaces de razonar sobre sus pensamientos. Son capaces de razonar sobre su pensamiento y el de los otros… aunque a menudo suponen, dentro de su egocentrismo que los demás piensan en lo mismo que piensan ellos.
  • Se sienten especiales e invulnerables. Los adolescentes creen que son especiales, que a ellos no les pasa lo que al resto del mundo, que son invulnerables ante las situaciones complicadas que los adultos les relatan.

Todo este cóctel hace que muchos adolescentes y sus familias vivan una etapa borrascosa… llena de miedos e incertidumbre en ambos lados.

OJO CON TUS EXPECTATIVAS… ¿Y SI LAS REVISAS?

A pesar de todo esto, no caigas en el “adultocentrismo”, hemos de tener clara una cosa: Nuestros hijos no son de nuestra propiedad… Hemos de darles espacio a sus opiniones, a su criterio, a sus gustos… aunque no sean iguales a los nuestros, por mucho miedo que nos dé el hecho de que se “tuerzan”, de que se equivoquen en sus decisiones…

Cuando los adolescentes no encuentran este espacio lo que hacen es reclamarlo. Nuestra misión será guiar en lugar de imponer, acompañarles en este momento tan importante en que ellos mismos están descubriendo quienes son, y sobre todo no obligarles a ser lo que nosotros somos o queremos que sean…

Deja a un lado los “tienes que…” y toma nota de estos puntos:

  • Habla con ellos, sin discutir. Aunque no lo parezca, no les gusta discutir. Intenta hablar con tranquilidad, en tono de conversación. Sería ideal poder hablar en un lugar neutro, fuera de casa.

 

  • No lleves a cabo juicios de valor… pueden llegar a creer que son una decepción para ti. A veces no hace falta ni que digas nada, sólo con tu expresión les dices mucho. Valora en positivo todos los pasos que den y aléjate de expresiones que les recuerden el fracaso.

 

  • No añadas “leña al fuego”. Trabaja tu paciencia.

 

  • Necesitan espacio, su espacio, para poder encontrarse a sí mismos. Intenta no hacer de esto un motivo de castigo. Necesitan un lugar donde poder descansar, pensar, ordenar su mente…

 

  • Dale oportunidades para hacerle ver que es autónomo. Que puede hacer cosas de las que estar orgulloso y déjale que te lo demuestre. Cuando lo sobreproteges… lo haces infeliz.

 

  • Ponle normas… sobre todo con el uso de las pantallas. Ellos no saben parar solos. Tu firmeza aquí es un punto clave para su bienestar… aunque sí, te costará mantener el tipo porque no es algo que les vaya a gustar.

 

  • Si ves que como padre o madre no eres capaz de dar a tu hijo el apoyo que te pide… busca ayuda especializada, un psicólogo puede ayudaros a ambos en estos momentos y daros una guía para seguir mejor el camino.

 

  • No te rindas con tu hijo… necesita saber que lo quieres, necesita que se lo digas y te necesita… aunque te diga que quiere irse de casa… y vaya todos los días enfadado con el mundo. Dile que lo quieres… y ten clara una cosa (él también te quiere).

 

Intenta reconocer la individualidad de tu hijo. Cuando ellos perciben que eres capaz de respetar su proceso, comprenderá que tu papel es de apoyo y no tendrá por qué luchar contigo.

Suceda lo que suceda, no tires la toalla. Tu hijo adolescente te necesita, casi con toda seguridad más que nunca. Por eso, aunque es muy complicado, tu función es practicar ese amor incondicional que sientes por él (de esa forma, sin condiciones).

 

“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo elegí el menos transitado. Eso marcó toda la diferencia”. 

Robert Frost.

 

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DEPRESIÓN INFANTIL

Por Ángela Peco Psicología.

¿La depresión infantil existe? 

La depresión es el problema de salud mental más común en todo el mundo. Las cifras son tan altas que han alcanzado proporciones de epidemia.

Es curioso que, en nuestro mundo de adultos, creemos que este tipo de trastornos sólo nos afecta a nosotros, los adultos… sin embargo, la tristeza, la pérdida de capacidad de disfrutar, el llorar de forma diaria y recurrente, también les pasa a nuestros niños.

Al menos 1 de cada 100 niños sufre depresión, y pasa lo mismo con 1 de cada 33 adolescentes… Eso es mucho.

Pero lo peor es que estos niños pueden no ser tratados nunca, ya que podemos restar importancia a su problema, o incluso pueden ser tratados por otras cosas… ya que podemos fijarnos en el bosque en lugar de mirar el árbol.

Uno de los diagnósticos erróneos más habituales es el de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) en lugar de depresión.

Con este artículo no quiero que patologices las emociones de tus hijos. Las emociones es normal sentirlas. Todos los niños y adolescentes pueden estar tristes, igual que nos pasa a los adultos, incluso pueden sentirse deprimidos, pero un trastorno depresivo es mucho más que esos episodios puntuales.

Es decir, que tristeza no es lo mismo que depresión, por esto creo que es fundamental que aprendas a diferenciarlo. 

Para esto es clave que tengas en cuenta la frecuencia, intensidad y duración de las conductas, así como también el malestar que siente tu hijo y cómo ese malestar le afecta en su día a día.

CARACTERÍSTICAS DE LA DEPRESIÓN INFANTIL

La depresión en los niños se manifiesta de forma diferente a como lo hace en los adultos… algo normal, ya que los niños en muchas ocasiones carecen del lenguaje y las palabras suficientes para expresar lo que sucede en su mundo interior.

La tristeza es una emoción que aparece frecuentemente en los niños, sin embargo, pueden presentar dificultades a la hora de expresarla, y por eso tienden a exteriorizarla de una forma diferente a como podría esperar un adulto… 

Esto sucede porque los peques requieren estrategias de afrontamiento que han de adquirir a medida que avance su desarrollo psíquico y neurológico.

Síntomas típicos

  1. Baja autoestima.

Estos pequeños tienden a expresar aspectos negativos de sí mismos. Se muestran muy duros con ellos mismos, muy autoexigentes y se juzgan de una forma muy severa, como si tuvieran un pequeño juez implacable dentro de ellos. 

Esto hace que su autoestima quede dañada.

Por ejemplo, pueden no querer jugar con otros niños de su edad “porque no les sale tan bien…” o por miedo a que les digan algo o les rechacen.

Esto puede hacer que se aíslen o que lleven a cabo actividades que no son apropiadas para su edad y que son más típicas de los adultos, y evitar otras, como el juego con iguales, que son necesarias para su correcto desarrollo socio-emocional.

Suelen ser niños que se describen a sí mismos incidiendo en lo que no les gusta, y con mucha ansiedad y pesimismo sobre el futuro, con tendencia a sentirse culpables por cosas que han sucedido en su entorno o que ni siquiera han ocurrido aún. 

Esta sensación se alimenta de la rumiación continua de pensamientos en sus cabecitas, de este tipo: “Todo me sale mal” “Soy un desastre” “Esto o aquello es por mi culpa”…

Es decir, tienen problemas a la hora de atribuirse la responsabilidad, y a la hora de generar expectativas

Esta manera de pensar su mundo les genera un gran estrés y además les genera problemas cotidianos: conflictos familiares, rechazo escolar…

Esa pérdida de confianza en sí mismos, de no abordarse correctamente o afrontarla con el escape y la evitación, tenderá a generalizarse cada vez a más áreas en la vida cotidiana del niño.

Es decir, si ante los episodios de tristeza y ansiedad por miedo a afrontar una determinada situación, el niño evita esa situación, esto le confirmará al niño que “no puede”.

Internamente el mensaje que llega a su cerebro es el de confirmación de que las creencias que tiene sobre sí mismo son ciertas… entrando así en un círculo que daña cada vez más su autoestima y sensación de valia personal.

  1. Creencias disfuncionales

Los niños, desde muy pequeños pueden adquirir creencias profundas con las que interpretan su realidad.

Una de las que más problemas genera es la que dice algo como “Si no eres el primero eres un perdedor, y si eres un perdedor entonces no vales nada y no te van a querer”.

Cuando un niño cree esto en lo más profundo de su ser, vive en una frustración continua, en una continua comparación, ya que siempre habrá alguien que lo hará sentirse frustrado, triste, incompetente, inútil…

Siempre encontrará que alguien es mejor en algo, o más alto, o más guapo, o más gracioso, o ha sacado mejor nota…

Este es uno de los aspectos más importantes a la hora de trabajar con nuestros niños. Trabajar los términos medios. Graduar sus estados, sus opiniones… lidiar con los extremos. 

Trabajar con ellos que no existe ni la perfección absoluta ni el desastre extremo. Explicarles que entre el blanco y el negro hay muchos matices, en todo, y eso es perfecto.

  1. Quejas físicas

Los niños que padecen depresión, suelen expresar quejas físicas, de hecho, pueden ser motivo de muchas visitas al pediatra con el consiguiente problema a la hora de asistir al colegio.

Las quejas más habituales son: dolor de cabeza (frente, sienes y nunca), molestias gastrointestinales, cansancio, vómitos y náuseas…

La expresión de sus caritas suele ser de tristeza, e incluso tienden a no mirar al rostro de la persona que les habla, dejando sus miradas perdidas en un punto al infinito…

  1. Ira e irritabilidad

Son niños que al no tener habilidades para expresar su tristeza como puede hacerlo un adulto… suelen expresar su malestar con violencia y con irritabilidad.

En la depresión infantil es muy frecuente la aparición diaria de enfado y de irritabilidad. 

En los adultos normalmente los síntomas típicos de la depresión son la tristeza y la apatía. De ahí que no sea tan fácil identificarla en los peques.

De este modo, la agitación es un síntoma muy típico en la conducta de niños deprimidos (de ahí que se confunda con TDAH). Sin embargo, en adultos lo que cursa es el enlentecimiento motor y el aturdimiento mental.

Esto es muy importante papás y mamás… 

Si vuestro peque expresa una irritabilidad fuera de lo normal, preguntaros ¿Qué hay debajo de esto? 

Que no os ciegue el malestar que os genera que vuestro hijo responda de esa forma y eso haga que vosotros respondáis de la misma manera.

  1. Problemas de sueño, apetito…

Generalmente en un niño con depresión, pueden aparecer problemas de conciliación del sueño, pérdida de peso o dejan de coger peso…

En la escuela puede haber problemas a la hora de mantener la atención y problemas de concentración.

  1. Pérdida de su capacidad de disfrutar y aislamiento social

Para los niños con depresión, dejan de disfrutar con lo que antes les hacía felices, y les producía alegría: ver una peli, jugar en el parque, salir con amigos, cantar, bailar…

Es como si hubiese dejado de interesarles todo eso que antes les generaba bienestar, como si no estuviesen interesados por vivir, como si cada vez se fuesen distanciando más de lo que les hace bien y se acercaran más al “no hacer”, a la inactividad.

Este síntoma es uno de los más reconocibles por los padres, ya que los anteriores suelen confundirse más con problemas de conducta.

Este síntoma es como que hace evidente a los padres que algo diferente le está pasando a su hijo o hija.

Cuando aparece en los niños esta tendencia a no disfrutar, también suele darse la tendencia a negarse a participar en actividades con otros niños, a perder el interés con el colegio (a todo lo que conlleve compartir tiempo con otras personas de su entorno).

¿POR QUÉ APARECE LA DEPRESIÓN EN LOS NIÑOS?

No existe un por qué claro y definido… como en casi cualquier trastorno lo que hay es un cúmulo de factores de riesgo: biológicos, genéticos, psicológicos, sociales…

Aquí te dejo algunos factores que pueden ser relevantes:

  • Estilo cognitivo de los padres: Algunos niños pueden tender a interpretar de forma catastrófica y desproporcionada lo que sucede en sus vidas debido a un aprendizaje por imitación. Es decir, el niño utiliza la forma de interpretar el mundo de uno de sus padres para afrontar las adversidades, y acaba adoptando como propio ese estilo de afrontamiento.

Los estudios sobre este fenómeno señalan que existe un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar depresión y ansiedad en los niños cuando uno de sus padres padece estos síntomas, en contraste con los que no tienen antecedentes familiares de ningún tipo.

  • Conflictos entre las figuras de cuidado: Cuando se dan continuas discusiones entre los padres, hace que en los niños aparezca la sensación de desamparo.  Es como si sus cimientos de protección se tambalearan, y se hicieran más grandes los miedos que son típicos de la edad.

Las muestras de afecto entre ambas figuras de apego reducen el riesgo de que los niños experimenten depresión y además actúan como variables de protección (independientemente de si los padres están unidos o no como pareja).

  •  Violencia familiar: Experiencias traumáticas como el maltrato o el abuso sexual son factores de riesgo muy importantes a la hora de que el niño o niña desarrollen depresión infantil.

Los niños que viven en ambientes con un estilo de crianza muy autoritario en los que se impone todo por la fuerza y en donde el conflicto se gestiona con más conflicto, tienden a vivir en una hipervigilancia e hiperactivación que les genera una sensación de indefensión (no está en sus manos controlar lo que sucede…). 

Esto desemboca en ansiedad y depresión e incluso con problemas de agresividad en la adolescencia y en la adultez.

  • Acontecimientos estresantes:  Cuando un niño vive dentro de situaciones estresantes como, por ejemplo; divorcio de sus padres, cambio de colegio, pérdida de un ser querido… puede ser el desencadenante de un trastorno depresivo en la infancia.
  • Rechazo social: La evidencia científica también muestra, que los niños con pocos amigos y con entornos sociales y familiares débiles socialmente tienen mayor riesgo de desarrollar depresión.

Aquí podemos incluir también a niños que han sufrido conflictos con su grupo de iguales, o que han sufrido bullying (humillaciones constantes, castigo o rechazo en el colegio) …

  • Rasgos de personalidad y otros trastornos mentales o del neurodesarrollo: En algunos casos, la presencia de un rasgo de personalidad de alta afectividad negativa puede estar relacionado con un componente genético.

TRATAMIENTO

La terapia psicológica COGNITIVO-CONDUCTUAL se ha mostrado eficaz a la hora de abordar la depresión con niños.

Se trata de un trabajo de equipo. 

En este trabajo, el profesional adquiere la información más fiable en relación a sus pensamientos y emociones del propio niño, mientras que los padres nos van a informar mejor de las conductas que el niño tiene y de problemas específicos en su día a día.

Con el NIÑO:

  • Escucharle y apoyarle en su expresión emocional. Utilizamos sobre todo técnicas proyectivas, dibujos, juegos, etc.
  • Ayudarle a mejorar su estado de ánimo diario: expresión de la ira, de la tristeza… de una manera adecuada.
  • Entrenar sus habilidades sociales: Resolver problemas, enseñarle a decir “no”, comunicarse de forma asertiva, fomentar la inteligencia emocional…
  • Trabajar el afrontamiento: estrategias para solucionar problemas, manejo del malestar emocional…
  • Manejo de su pensamiento: estrategias para identificar los pensamientos que le provocan malestar, enseñarle a debatirlos y transformarlos, a la vez que se introducen de forma progresiva actividades gratificantes en su día a día.
  • Mindfulness: Se trabaja con estos niños la importancia de centrar la atención en el momento presente, en la inmediatez, con el fin de reducir su nivel de abstracción y de predecir hechos futuros de forma negativa.

Con los PADRES:

El apoyo de los padres es fundamental en todo el proceso. A ellos:

  • Se les da pautas para que puedan manejar las conductas del niño.
  • Se trabaja el fomento de la escucha empática.
  • Se enseñan estrategias para controlar su propia ira y evitar la conflictividad ante las conductas del niño.
  • Trabajamos estrategias para comunicar sus sentimientos.
  • Se abordan las formas problemáticas de interacción entre todos los miembros de la familia.

También pueden serte útiles estas PAUTAS:

  • Establece y mantén rutinas: Las rutinas dan seguridad a los niños, les permiten sentirse parte de la actividad diaria de la casa y potencian su sensación de valía y autoestima.
  • Presta atención a su autoestima: estar atentos a cuando el niño dice cosas como “soy tonto”, “eso no puedo hacerlo”, “soy feo”, etc… No se trata solo de decirle que no diga eso, sino de reflexionar con él sobre si ha pasado algo en algún lugar o con alguien que le haya hecho tener ese pensamiento y trabajar formas alternativas de ver esa situación.
  • Intenta que las actividades que el niño realiza no sean motivo de estrés. En muchos casos los niños están sobreestimulados con tantas actividades que más que disfrute les genera una sobrecarga. Si es el caso de tu hijo, plantéate reducir el número de estresores en sus días.
  • Genera experiencias agradables y potenciar todas las cosas con las que disfruta y de divierte: comida favorita, salir a sitios que le gusten, jugar a cosas que le diviertan…
  • Estad atentos a que descanse y tenga un sueño reparador: Establecer un horario fijo a la hora de ir a la cama, realizar actividades relajantes y que le gusten, que no use pantallas al menos dos horas antes de ir a dormir…

REFLEXIÓN FINAL…

La depresión siempre se relaciona con indefensión… es decir, con sensación de que no puedo controlar mi vida, mi realidad…

Como adulto te pido que no colabores en generar niños indefensos. Me explico, generas niños indefensos cuando un día los premias por una cosa y al día siguiente le castigas por lo mismo y otro día esa misma conducta te da igual…

Generas un niño indefenso cuando en tu mundo y en el suyo pasan cosas, y haces como que no existe, que no se entera y no le explicas, siempre respetando su edad, lo que sucede.

También le generas indefensión cuando no le pones límites ni le enseñas a manejar su frustración, cuando no le enseñas a esperar y cuando no le dices “no”.

Es muy importante que enseñes a tu hijo a esperar, a esforzarse, a dedicar tiempo a las cosas, a equivocarse y a volver a empezar, a afrontar lo desagradable, a pesar de que sea incómodo.

Cuando acostumbras a tu hijo a tener lo que quiere, cuando lo quiere, cuando le permites que no afronte lo que le asusta o lo que le preocupa… es ahí cuando vienen los problemas (estallidos de ira, estado de ánimo inestable, falta de control de impulsos…)

Y lo más importante, sea cual sea la conducta del niño es esencial que siempre se aborde desde el AMOR INCONDICIONAL de sus padres hacia él. 

El mensaje que los padres han de transmitir al pequeño es que pase lo que pase, y haga lo que haga, SIEMPRE lo van a querer y van a estar para apoyarlo. Amor sí, siempre, y además, todo lo anterior, por eso también es amor.

«Las lágrimas de un niño, son balas directas al corazón»

Anónimo.

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Artículos Hábitos Saludables

Mis propósitos de año nuevo

Por Ángela Peco Psicología.

¿Qué tal van esos nuevos propósitos para el año nuevo?

¡Otra vez esa idea en nuestra cabeza de voy a proponerme a partir del día 1 de Enero… lo que sea!

Dejar de fumar, apuntarme al gimnasio, trabajar menos, pasar más tiempo con mi hijo, adelgazar, comer sano… etc…

Normalmente siempre que se va acercando un final de ciclo nos vienen los pensamientos que nos plantean si estamos en el camino que queremos, o si tenemos que llevar a cabo algún cambio en nuestra en vida…

Normalmente nos planteamos si podemos hacer algo o no para mitigar esa especie de “incomodidad” que nos asedia cada día.

Es en ese momento, cuando aparecen los famosos “propósitos de Año Nuevo”.
Imagino que ya tienes la experiencia de que ese ímpetu desaparece dentro de unos meses… ¡toda esa fuerza se va desvaneciendo!

¿Pero por qué nos pasa esto? ¿Por qué se desvanecen nuestros propósitos?

Ya os he hablado en otros artículos de lo que a nuestro cerebro le gusta las rutinas y trabajar ahorrando toda la energía que puede, para eso usa el “modo automático”. Esto supone que cualquier novedad que queramos introducir nos generará dudas, inseguridad… y mensajes o pensamientos de “para qué…?”

A pesar de esto, hay un pequeño porcentaje de personas que logra ese cambio de hábitos. Eso significa que puede lograrse.

Entonces… ¿Qué podemos hacer para ser más constantes?

Aunque tenemos claro lo que queremos y dónde queremos llegar, siempre nos pasa “algo”, y ese “algo” puede llamarse:

– Nunca encuentro el momento para empezar.
– Siempre tengo una excusa de algo mejor que hacer.
– No tengo constancia.

Intenta responderte a esta pregunta…. ¿DE VERDAD ESOS PROPÓSITOS SON TUYOS?

Es posible que los objetivos que nos estamos marcando, respondan a modas impuestas, respondan a necesidades que realmente no se adaptan a ti ni a tu forma de vivir, es decir, que no tienen un PARA QUÉ en tu vida.

Lo que te propongo es que cuando desees alcanzar un propósito, éste responda a una reflexión tuya, propia.

Hay una frase que me encanta compartir porque me parece que dice tanto en tan poco, que es fantástica. Es ésta de Gandhi:

Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos porque se convertirán en tu destino.

Y así es… un hábito es el resultado de una conducta que está tan arraigada en nosotros… que lo repetimos por inercia.

Y normalmente los hábitos no se eliminan. ¡Los hábitos se sustituyen!

El primer paso para sustituir un hábito insano o problemático es “darnos cuenta” de que existe, y que aparece y cuándo aparece.

Lo primero siempre es “pillarnos”. El siguiente paso es no reaccionar como siempre lo hemos hecho. Se trata de poner consciencia a la inconsciencia. Y de cuando te pilles, “llevarte la contraria” a ti mismo.

Si ya tienes tus objetivos o propósitos fijados, los tienes claros, y además eres capaz de detectar y pillar esos hábitos problema, pero aún así no te ves fuerte para cambiarlo… entramos en el terreno de la motivación.


¡¡No te quieras comer toda la tarta de golpe!! Ve poquito a poco y a tu ritmo… pero siempre adelante.

Pasito a pasito.

Y prémiate por los pequeños pasos que logres ir dando en la dirección correcta. Y si algún día no lo has logrado… escucha esto: ¡¡¡NO PASA NADA!!!!, mañana es un nuevo día y lo lograrás. Estos baches nos sirven de aprendizaje.

Es importante que te focalices en lo que consigues, y que dejes de focalizarte en los fracasos. Tu sentimiento de autoeficacia y de capacidad de lograrlo es directamente proporcional a lo que creas en ti y a donde focalices tu atención.

En resumen:

– Busca, en principio, centrarte solo un objetivo. No te disperses. Elige el que más te motive.

– Busca objetivos que respondan a tus intereses personales, que no tienen por qué coincidir con los de los demás.

– Busca objetivos medibles, acotados en el tiempo y que te reten, pero no te desanimen.

Cuando vayamos dando esos pequeños pasos y nuestro cerebro vea que es posible vivir así también de forma segura… lo va a aceptar. Verá que no pasa nada y te “permitirá” seguir adelante.

– Busca la manera de llevar a cabo ese reto disfrutando… no lo veas como una obligación. ¡Ya tenemos muchas!

– Repite, repite, repite, repite… El cambio de hábitos es un entrenamiento como cualquier otro. No te canses. Dosifica. Pero sobre todo no abandones. Adquirir un hábito cuesta entre 21 y 60 días.

Recuerda que el comienzo de año, aunque es maravilloso, no es nada mágico… somos producto de nuestras decisiones, de nuestras circunstancias… y si, cada año comienzan 365 nuevas posibilidades de aprender, de equivocarnos, de seguir avanzando, de seguir viviendo, aunque sea a partir de un “borrón y cuenta nueva”.

Siempre existe esa posibilidad. Tienes la capacidad de elegir, de diseñar tu vida, tu destino… y todo empieza en el pensamiento. Así que… piensa bonito, piensa bien, piensa en ti.


“Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

Santiago Ramón y Cajal

 

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